El 13 de mayo se cumple un año de la desaparición física de Pepe. Hay que reconocerlo: su ausencia se siente y mucho. No sé si pasó lo mismo con la ausencia de otros grandes líderes, pero la incertidumbre propia de este cambio de época, sumada a la confusión que muchas veces prima en la reflexión de izquierda, hacen que la ausencia de Pepe resulte demasiado notoria.
El cambio de época
Este cambio de época estaría pautado, principalmente, por una modificación radical de las condiciones materiales que permitieron la expansión del capitalismo en los últimos 100 años. La abundante disponibilidad de una fuente de energía eficiente y relativamente barata como el petróleo permitió la expansión económica y poblacional de manera sistemática y exponencial.
Como señala Mauricio Lima en De expansiones y retiradas. El viaje poblacional del Homo sapiens (2022), hace 10.000 años el Homo sapiens representaba apenas el 1% de la biomasa de todos los animales vertebrados terrestres. Hoy los humanos representamos el 32% y los animales que hemos domesticado el 67% restante; solo el 1% corresponde a mamíferos silvestres.
En la modernidad, o a partir de la era industrial, la fuente de energía que sostuvo esta expansión fue el petróleo. En 1800, la población mundial rondaba los 900 millones de personas; en la actualidad, los casi 8.000 millones se explican, en buena medida, por el petróleo quemado. La disponibilidad de esta fuente de energía no solo llevó a un aumento poblacional, sino también a que el consumo energético de una persona promedio sea hoy unas 200 veces superior al de un cazador-recolector.
Como todos sabemos, los combustibles fósiles son una fuente de energía no renovable: su disponibilidad decrece y su costo de extracción aumenta progresivamente. Esta fuente de energía eficiente y barata se viene agotando. Parece claro que hace tiempo comenzamos a transitar una etapa de declinación de las posibilidades materiales de seguir apostando a un crecimiento perpetuo —que, por otra parte, es la esencia del modelo capitalista—.
Hay tres fuerzas poderosas que, combinadas, están reconfigurando el mundo tal como lo conocemos: La tecnología. Las diez empresas más importantes del mundo son tecnológicas. En un ranking apresurado podemos mencionar a Alphabet (Google), Microsoft, Samsung, Amazon, Meta, Alibaba, Apple, TSMC, Tencent e Intel. El capitalismo industrial y fordista quedó atrás hace tiempo. El posfordismo, o capitalismo tardío, inaugura nuevas formas de producción y de organización del empleo. De la promesa del empleo industrial estable y permanente pasamos a modalidades laborales precarias e intermitentes.
El cambio geográfico. Parece emerger un mundo posoccidental. Si observamos el PIB industrial global, China representa el 31%, Europa el 20%, Estados Unidos el 15%, Japón el 6% y América Latina apenas el 5%. Mientras Occidente declina, Estados Unidos resiste mediante el despliegue de su poderío militar. Otro cambio geográfico relevante se produce a partir del descongelamiento del océano Ártico, que habilita una nueva ruta comercial entre Europa y Asia, reduciendo a la mitad el tiempo de tránsito respecto de la ruta por el canal de Suez.
El cambio demográfico. El envejecimiento poblacional en buena parte de Occidente genera enormes desafíos, ya que tensiona de manera radical los estados de bienestar consolidados tras la Segunda Guerra Mundial. Algunos ejemplos: el promedio de edad en Europa es hoy de 44 años, mientras que en África es de apenas 19. Actualmente, Europa tiene 745 millones de habitantes y África 1.500 millones. En 2100, Europa tendrá 592 millones, mientras que África alcanzará los 3.800 millones. Frente a estas nuevas realidades, la izquierda mundial parece quedarse sin repertorio, sin ideas fuerza que entusiasmen y apasionen. La ultraderecha, en cambio, está siendo más eficiente, movilizando en función del miedo y el odio.
El mujiquismo
Tuve el enorme privilegio no solo de conocer a Pepe y compartir espacios de militancia común, sino también de concurrir con cierta regularidad a su chacra para conversar de política con él y con Lucía.
La izquierda debe tener la capacidad de movilizar pasiones; como decía Pepe, abrazar causas trascendentes y utilizar el tiempo —lo más valioso que tenemos— para comprometernos plenamente con proyectos nobles.
Previo a las últimas elecciones nacionales, le hablé de una idea: el mujiquismo. Me parecía que tenía mucha más relevancia con él activo en la política. Me mandó a pasear. En definitiva, Pepe formaba parte de una generación de militantes de izquierda que combatió el culto a la personalidad practicado por los partidos comunistas que gobernaron, fundamentalmente en Europa del Este.
Los fundamentos de la propuesta pasaban por confrontar con fuerza el debate cultural que venían imponiendo las nuevas derechas a nivel global y que continúa desarrollándose en la actualidad. No alcanza con ganar elecciones si el sentido común dominante en la sociedad está marcado por el miedo y el odio; podremos ganar una elección, pero difícilmente avanzar en programas realmente transformadores.
Las reflexiones de Pepe y, sobre todo, sus prácticas a lo largo de su trayectoria militante pueden constituir una doctrina de cuño nacional y popular que ilumine las tinieblas de este cambio de época. Gramsci decía que cuando lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir es la hora de los monstruos.
Esa doctrina tendría como principio ordenador una concepción profundamente humanista que abrace con pasión las ideas de libertad, igualdad y fraternidad.
La izquierda debe tener la capacidad de movilizar pasiones. Como decía Pepe, abrazar causas trascendentes y utilizar el tiempo —lo más valioso que tenemos— para comprometernos plenamente con proyectos nobles. Vivir la vida de manera plena, orientados por valores y no por paradigmas meritocráticos y consumistas. Ser absolutamente coherentes entre lo que predicamos y lo que hacemos en nuestras prácticas cotidianas. Mantener un compromiso inclaudicable con los más humildes, con quienes no tienen corporaciones que los respalden y, muchas veces, ni siquiera un sindicato que los represente.
Defender una democracia plena, que dé respuestas contundentes a las desigualdades económicas, de género y de raza. Proponerse con firmeza estratégica concretar avances significativos no solo en la redistribución de la riqueza, sino también del poder y de la propiedad. Comprometerse con un modelo de vida y convivencia sostenible y austero, que no deje ciudadanos por el camino. Defender una política elevada, plural, seria y comprometida con el bienestar del pueblo uruguayo. Trabajar por una América Latina unida, complementaria, de fronteras abiertas, que defienda sus recursos naturales y abrace un destino común basado en el bienestar de sus pueblos.
Pepe repetía muchas veces la necesidad de andar liviano de equipaje, filosofía con la que se identificaba. Ese caminar nunca lo pensó en solitario, sino siempre con otros. Entendía que era lo que nos hacía verdaderamente libres.
En este cambio de época, abrazar las ideas de Pepe y convertir el mujiquismo en una doctrina abierta, siempre en permanente diálogo con la sociedad, se vuelve un haz de luz entre las tinieblas que nos tocaron en suerte. Asimismo, permite transitar un camino apasionante para que las nuevas generaciones se sumen a la política, más allá de buscar ser candidatos o aspirantes a burócratas.
En definitiva, seguir soñando que, más temprano que tarde, habrá patria para todos y todas.
Marcos Otheguy es integrante de Rumbo Popular, Frente Amplio.