Hay una propuesta que plantea obligar a los nuevos especialistas médicos a prestar servicios de dos años en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) en el interior del país al finalizar la residencia. Nadie discute que el problema que se intenta resolver es real: el 76% de los médicos vive en Montevideo, mientras que el 61% de la población vive en el interior. La densidad médica en la capital es de 93,2 cada 10.000 habitantes, frente a 29,8 en el interior. Esa desigualdad existe, persiste y tiene consecuencias concretas sobre quién accede a atención especializada y quién no. El punto de discrepancia no es el diagnóstico, es que ya sabemos que obligar no funciona.
En el informe Distribución territorial de especialidades médicas (Ministerio de Salud Pública, 2023) se reconoce que los incentivos salariales no han modificado los patrones de radicación fuera del área metropolitana y que la descentralización de la formación es la herramienta con mejores resultados documentados. Resulta llamativo que el argumento que justifica la obligatoriedad y el argumento que la desmiente coexistan en el mismo documento.
La experiencia internacional es bastante consistente en esto. Las políticas de servicio obligatorio para especialistas generan insatisfacción, y, una vez cumplido el plazo, la mayoría se retira de estos lugares. El sistema tiene cobertura transitoria, pero el problema sistémico persiste.
El desarraigo no se compra ni se impone, se evita cuando se forman especialistas donde luego van a ejercer, cuando pueden construir red ahí, cuando evalúan de forma concreta, no imaginaria, si pueden vivir y trabajar bien en ese lugar. Eso no ocurre en dos años obligatorios al final de la residencia, con unas horas a la semana, ocurre durante la formación de posgrado.
Lo que sí funcionó
En 2010, la Unidad Académica Ginecotocológica A (Gine A) de la Facultad de Medicina apostó por una estrategia diferente. Sin presupuesto extra ni nuevos cargos docentes, armó una red de centros de formación en hospitales y prestadores privados del interior: Paysandú, Salto, Rivera, Maldonado, Rocha, San José, Durazno, Canelones, Colonia. Los resultados, publicados en el artículo “Estrategia para la radicación de especialistas en ginecotocología en el interior del Uruguay: descentralización de los escenarios formativos” (Briozzo et al., 2025), son difíciles de ignorar.
De los 135 especialistas egresados entre 2011 y 2024, el 38,8% se formó en el interior. De ese grupo, el 90% trabaja hoy ahí mismo. Del grupo que se formó en Montevideo, el 62,8% trabaja exclusivamente en la capital. No hubo obligación, no hubo beca especial, no hubo sanción; lo que sí existió fue formación en el territorio, y eso cambió todo.
La mitad de las egresadas y los egresados se radicó por razones familiares, el 43,5% por la oferta laboral, generalmente en los mismos centros donde hicieron la residencia. Cuando uno se forma en un lugar, ese lugar deja de ser abstracto. Hay colegas, hay historia, hay posibilidades concretas y eso es lo que genera arraigo.
Pediatría recorrió un camino similar con resultados comparables (Machado et al., 2024). Y el informe del MSP muestra que son justamente esas especialidades, las que apostaron por la descentralización formativa, las que presentan mejor distribución territorial. El patrón es claro, lo que falta es la decisión de replicarlo.
El MSP identificó qué especialidades están en situación crítica con mala distribución territorial y oferta proyectada a la baja. Ginecología no aparece en esa lista, y no es casualidad: es el resultado de 14 años de trabajo descentralizado. La pregunta que cabe hacerse no es si este modelo sirve, es por qué no se generalizó antes.
Las políticas de servicio obligatorio para especialistas generan insatisfacción, y una vez cumplido el plazo, la mayoría se retira de estos lugares. El sistema tiene cobertura transitoria, pero el problema sistémico persiste.
Lo que hace falta es que las especialidades críticas tengan planes de descentralización formativa con financiamiento real; que los centros docentes del interior sean reconocidos institucionalmente y que sus tutores sean remunerados por su función; que el origen geográfico pese en la asignación de plazas; y que los cupos de residencia se definan según necesidades del sistema y no según inercia histórica o voluntades personales.
Hay algo incómodo en celebrar los resultados de la Gine A sin señalar en qué condiciones se lograron. Once generaciones de ginecólogas y ginecólogos formados en el interior, gracias a especialistas locales que enseñaron sin cargo formal, sin remuneración docente, muchas veces sin más infraestructura que la que ya tenían. Si alguno de ellos hubiera dicho que no, con toda la razón del mundo, el plan no habría funcionado. Esta estrategia funcionó por el compromiso del equipo docente de la Gine A y mayormente por el compromiso de los tutores locales en los diferentes centros.
La Universidad de la República tiene una política de descentralización en su Ley Orgánica. La Facultad de Medicina también apuesta a esto, actualmente focalizada principalmente en la formación de pregrado. Lo que ninguna tiene es el presupuesto que convierta esa declaración en algo estructural. Una política pública que depende de la generosidad individual no es una política: es una apuesta. Necesitamos líneas presupuestales concretas que reconozcan la función docente como parte del sistema de salud para poder sustentar estas estrategias en el largo plazo.
Dos años obligatorios en el interior producen presencia transitoria, no radicación; esta diferencia importa, ya que es la forma de saldar el problema estructural. Sabemos cómo lograr lo segundo: formando a los especialistas donde los necesitamos, con los recursos para hacerlo bien. Lo que falta no es evidencia ni voluntad individual, lo que falta es financiamiento y decisión política.
Josefina Tarigo Galo es profesora adjunta de la Unidad Académica Ginecotocológica A, Facultad de Medicina, Universidad de la República. Los argumentos y datos de este artículo fueron recopilados, analizados y redactados por la autora. La edición del texto contó con apoyo de inteligencia artificial.
Referencias
- Briozzo, L, Nozar, M, Fiol, V, Tarigo, J et al. (2025). Estrategia para la radicación de especialistas en ginecotocología en el interior del Uruguay: descentralización de los escenarios formativos. Revista Médica del Uruguay 41(1): e501. https://doi.org/10.29193/RMU.41.1.8
- Briozzo, L. (2019, noviembre 5). La experiencia en la descentralización académica de la Clínica Ginecotocológica A (2010-2019). Revista Médica del Uruguay35(4): 334-6. https://www2.rmu.org.uy/ojsrmu311/index.php/rmu/article/view/314
- Ministerio de Salud Pública, División de Evaluación y Monitoreo del Personal de Salud (2023, noviembre). Distribución territorial de especialidades médicas. https://www.gub.uy/ministerio-salud-publica
- Machado, MK, Rodríguez, MJ, Venturino, S et al. (2024). Descentralización en la formación de especialistas en pediatría en la Facultad de Medicina, Universidad de la República. Revista Médica del Uruguay 40(1):e207.