Imaginate que sos un cuerpo gestante; que una raza alienígena te captura a la fuerza y te insemina (te viola) para que quedes embarazada; que mientras estás gestando te perforan la vena yugular y te colocan una vía para extraerte un tercio de tu volumen sanguíneo por semana durante tres meses para de ella obtener una hormona que luego transportan a su planeta y les suministran a ciertos animales para que crezcan más rápido y sincronicen sus celos y así puedan aumentar la productividad para comerlos lo antes posible. Además, luego de unos días de gestación, cuando la concentración de esta hormona en tu plasma sanguíneo decrezca y ya no sea rentable su producción, te meterán la mano por la vagina para romperte la placenta y forzarte un “aborto espontáneo” (sin anestesia). Por si fuera poco, después repetirán el proceso dos veces al año por hasta dos o tres años, en los cuales seguramente morirás de anemia o estarás tan debilitada que te enviarán a un matadero para venderte como carne, al igual que a tus hijos abortados.

Esta ficción que suena tan cruel es exactamente lo que la humanidad viene haciendo desde hace tres décadas con las yeguas preñadas para extraerles la gonadotrofina coriónica equina (eCG o PMSG, por sus siglas en inglés), que “sirve para influir y elevar la capacidad reproductiva de ciertos animales, como por ejemplo los cerdos”, al “aumentar y sincronizar la entrada en celo de las hembras para detener el ciclo 24 horas después de la separación de sus crías”.1

Las “sangrías” de yeguas, como se denomina a esta práctica, se realizan en Argentina y Uruguay porque las leyes no permiten hacerlo en Europa, ya que serían una clara violación de los estándares de bienestar animal más básicos, que diversos movimientos animalistas vienen denunciando hace años, como puede verse en el documental Blood farms in South America (2017), que recoge imágenes de cámaras ocultas.

¿Bienestar animal y Uruguay Natural?

En contraste con esta tortura animal que se hace en el más oscuro secretismo y con la complicidad de diversas asociaciones de profesionales y de las agencias de gobierno que deberían regularlas, Uruguay proyecta una imagen al mundo caracterizada por lo natural, donde los animales pastan libremente a sus anchas. No es más que la fachada del neoextractivismo, de una matriz productiva basada en la venta de commodities que llega hasta la sangre de estas yeguas.

Aunque las agonizantes ficciones del antropocentrismo nos lo impidan reconocer, vale recordar que los caballos, como todos los animales, poseen sintiencia, esto es, la capacidad de sentir dolor, y que esto cumple una función evolutiva de adaptación a la vida.

Desde hace más de diez años organizaciones civiles europeas investigan granjas de sangre en nuestro país y la vecina orilla, obteniendo imágenes claras de los procedimientos, manejo y violencia ejercidos sobre las yeguas en el proceso de sangrado. Al documental Sangría de yeguas, un negocio de sufrimiento y muerte que debe terminar, realizado por la organización Animal Welfare Foundation y publicado en 2022 por la organización civil Animales sin Hogar sobre los establecimientos de sangrado de Biomega, le sigue el recientemente publicado por la ONG Trato Ético Animal El negocio de la sangre con yeguas preñadas, producido por Animal Welfare Foundation y Tierschutzbund Zürich. Este último presenta una mirada detrás de las fachadas de las granjas de sangre en Uruguay y Argentina entre diciembre de 2023 y febrero de 2025.

Las imágenes hablan por sí solas: yeguas esqueléticas con heridas abiertas, cojeando, exhaustas, apáticas, en pánico y sometidas a maltratos físicos y psicológicos de trabajadores. El sufrimiento es innegable tanto en los boxes de extracción como fuera de ellos, donde deben soportar recorrer el predio en busca de agua y comida con heridas en las patas, claudicaciones evidentes y sin tratamiento ni manejo diferenciado para su recuperación. En medio del proceso, las intervenciones con fines abortivos ya se han naturalizado y los empresarios dejaron de ocultarlo como parte inherente del negocio de la sangre.

Al compromiso de poner fin a las sangrías de yeguas asumido en campaña por el actual partido de gobierno no le han seguido avances que permitan intuir una solución definitiva. Al contrario.

Acciones legales en curso

El 5 de marzo, parte de esta investigación fue presentada en la sala 17 del Palacio Legislativo por las representantes de la campaña internacional contra las granjas de sangre en el Río de la Plata junto con autoridades del Partido Colorado, Identidad Soberana, Partido Verde Animalista y Partido Ecologista Radical Intransigente. Se dialogó sobre la necesidad de avanzar hacia la prohibición, con la asistencia del equipo de legisladores de Cabildo Abierto y el Frente Amplio, y se instó a los legisladores a tratar los proyectos que actualmente tienen estado parlamentario en nuestro país.

Según informes obtenidos por las organizaciones civiles nacionales Trato Ético Animal y Animales sin Hogar, nuestro país sostiene a más de 4.500 yeguas preñadas al año para la explotación de su sangre en los tres establecimientos habilitados: Biomega (en Cerro Largo), Syntex (en Florida) y La Paloma (en San José). Cinco establecimientos más solicitaron habilitación en 2023, pero no la han obtenido aún debido a la fuerte presión social que ha llevado la iniciativa de prohibición a las juntas departamentales y al Parlamento nacional con diferentes grados de éxito.

En febrero de 2024, el Departamento de Canelones se declaró libre de granjas de sangre tras una votación unánime de su órgano legislativo, seguido por los departamentos de Maldonado, Rocha y Tacuarembó, que laudaron el tema en idénticas condiciones.

Sin embargo, a este panorama y al compromiso de poner fin a las sangrías de yeguas asumido en campaña por el actual partido de gobierno no le han seguido avances que permitan intuir una solución definitiva. Al contrario, las constantes señales de las autoridades marcan un alejamiento del tema, en tanto que los legisladores del Frente Amplio se han mantenido en silencio a pesar de tener mayoría en el Senado y los votos en la Cámara de Diputados para aprobar una prohibición con celeridad.

Uruguay tiene marco legal para prohibir la extracción de sangre de yeguas en granjas de sangre, ya que la crueldad a la que son sometidos los animales es inherente al proceso y no es viable su realización desde el punto de vista del bienestar animal. En este sentido, las doctoras Florencia Saucedo y Alejandra Martínez han interpretado que debería tomarse como ya prohibida por los artículos 12, 17, 22 y 23 de la Ley 18.471, ya que allí mismo se prohíbe el maltrato, el daño o el estrés excesivo en los animales, con agravantes que son registrados en la cotidianidad de las granjas de sangre. Sin perjuicio de ello, hoy existen dos proyectos de ley para la prohibición específica de la actividad, uno presentado por el senador Andrés Ojeda y otro desarchivado por la diputada Nicolle Salle; ambos se encuentran inmóviles en las comisiones de Ganadería de las cámaras de Senadores y Diputados, respectivamente.

El lobby empresarial aún tiene amigos fuertes que toman las decisiones y sostiene los intereses individuales por encima de los de la sociedad y el país. Las únicas voces a favor de la actividad son las de los empresarios, que llenan sus bolsillos a costa de la sangre y la exportación de la PMSG, dejando un saldo negativo no solo para estos animales, sino también para el país. A pesar de que 100 gramos de PMSG reportan al granjero de sangre 1,5 millones de dólares, esto no mueve la aguja de nuestra economía, y lo hace a costa de vulnerar el sello de bienestar animal que Uruguay se esfuerza en mantener y vender como valor distintivo de la producción nacional.

Entonces, ¿por qué aún no están prohibidas las granjas de sangre en Uruguay?

Gustavo Medina Pose es sociólogo y psicólogo. Rita Rodríguez es profesora de Filosofía. Ambos integran el Grupo Académico Interdisciplinario de Antrozoología.