Ilustración: Federico Murro

Un presidente bajo fuego cruzado

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La semana pasada terminó con el impacto causado por la difusión de una encuesta de Equipos Consultores. Esta mostró un aumento de la desaprobación al desempeño presidencial de Yamandú Orsi, de 40% a 48% desde la anterior consulta de la empresa en febrero, y un descenso de la aprobación, de 33% a 27%.

Además, Equipos registró que el cambio se debía sobre todo a una fuerte caída (de 61% a 45%) de la aprobación entre quienes dijeron que habían votado la fórmula integrada por Orsi y Carolina Cosse en el balotaje de 2024 y a un ascenso de la desaprobación en el mismo grupo de personas (de 13% a 28%).

El acierto de la medición no es indudable y por lo menos habrá que ver encuestas de otras empresas sobre el mismo tema. El lunes se conoció una de Factum que no difiere mucho en lo referido al conjunto de la población, pero cruza la evaluación de Orsi con el voto al Frente Amplio (FA) en la primera vuelta de 2024, no en el balotaje, como hizo Equipos: los resultados son distintos y no comparables.

De todos modos, puede ser útil considerar la complejidad de analizar este tipo de datos y sus causas, probablemente diversas y en cierta medida contradictorias.

Causas y azares

¿Qué factores determinan el juicio sobre un gobierno? El más obvio es la evaluación de los resultados, o más precisamente la relación de estos con las expectativas. Equipos y Factum no indagaron sobre causas de la desaprobación, pero buena parte de ella podría deberse a que no se perciben grandes cambios en lo referido a la seguridad pública y “la economía” (más concretamente, la capacidad de compra de los ingresos y la calidad del empleo), preocupaciones prioritarias de la ciudadanía según las encuestas.

Otros factores podrían ser el aumento de la cantidad de personas en situación de calle o la suba de los combustibles, pero seguimos en el terreno de las hipótesis. También cabe preguntarse si el gobierno de Orsi está siendo deficitario en la construcción de una narrativa que excuse lo que no marcha bien, exalte logros y entusiasme. O si la proliferación de procesos de diálogo le resulta satisfactoria a la gente ansiosa de soluciones rápidas. Quizá Orsi paga el precio de un estilo de comunicación consolidado en el gobierno departamental pero menos eficaz en la escala nacional, muy influida por códigos capitalinos.

En todo caso, sobre la percepción, las expectativas y la evaluación inciden las posiciones ideológicas. Muy especialmente en Uruguay, donde la mayor parte de la ciudadanía ha persistido, durante décadas, en sus fidelidades y rechazos, más aún en contextos de polarización.

En la serie de mediciones de aprobación a Orsi, no está claro que eso se mantenga entre quienes lo votaron. Algo novedoso puede estar pasando de ese lado, y tal vez tiene que ver con que, mientras las posiciones de derecha han avanzado, las de izquierda han divergido, moderándose unas más que otras, al tiempo que fallecían dirigentes con influencia sobre ambas partes.

Disputas y riesgos

La fórmula Orsi-Cosse obtuvo algo menos del 44% de los votos emitidos en la primera vuelta de 2024 y algo menos de 50% en la segunda. Importa tener presente ese punto de partida.

Tanto en las mediciones de Equipos como en las de Factum, la aprobación total a Orsi fue desde el inicio inferior a 50%, con niveles bajos de desaprobación e inusualmente altos de “ni aprueba ni desaprueba”. Ambas empresas registraron, desde los últimos meses de 2025, un aumento de la desaprobación y un descenso de la aprobación, con adelgazamiento de la franja media.

Las dos encuestadoras informan sobre el mismo tipo de variación reciente entre votantes de Orsi. Como ya se dijo, los datos no son comparables, porque perder apoyos logrados a último momento para el balotaje es muy distinto a cosechar opiniones negativas de quienes votaron listas del FA en la primera vuelta.

Sea como fuere, es evidente que en el FA persiste una contienda interna intensa, manifestada en las internas de 2024 y en el plebiscito sobre seguridad social del mismo año. En ambos casos y en las elecciones de octubre fueron mayoritarias las opciones respaldadas por el Movimiento de Participación Popular (MPP), al que una parte del FA, como decía Luis Alberto Heber, “no le perdona el éxito”.

Una de las consecuencias es que hay menos militancia para contrarrestar los cuestionamientos opositores a Orsi, y “fuego amigo” de grueso calibre, sobre todo en redes sociales y en charlas de pequeños grupos, que a veces no parece buscar una rectificación del rumbo, sino una condena al MPP. Todo esto contribuye a que se propague una mala evaluación.

Cabe acotar que acceder a los reclamos de frenteamplistas desconformes no significaría que mejorara la aprobación global de Orsi porque crecería el descontento entre otras personas.

El último punto a tener en cuenta, pero no el menos relevante, es que según las encuestas el desempeño de la oposición resulta aún más insatisfactorio que el del oficialismo. La desaprobación generalizada del sistema partidario es una muy mala noticia para el país.

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