Uruguay asumió esta semana la presidencia pro tempore del Mercosur, tarea que suma a sus mandatos provisorios al frente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y del Consenso de Brasilia. Lo hace al tiempo que América del Sur consolida un giro a la derecha: en los últimos nueve meses, ganaron las elecciones en sus respectivos países los ultraderechistas Keiko Fujimori (Perú), Daniel Noboa (Ecuador), Abelardo de la Espriella (Colombia), José Antonio Kast (Chile) y el centroderechista Rodrigo Paz (Bolivia), en los últimos tres casos, desplazando a presidentes de izquierda. Si Flávio Bolsonaro triunfa en las elecciones de octubre en Brasil, el gobierno de Yamandú Orsi pasaría a ser la única administración de izquierda en América del Sur.
Para el canciller Mario Lubetkin, hay que “bajar un poquito” la importancia que se le asigna al tema “del cambio de signo de un montón de países, porque la vida nos está demostrando que tenemos una enorme capacidad de diálogo, de comprensión, y también de cooperación y articulación en la actual realidad de América Latina, gobierne quien gobierne”. Remarcó que eso “es lo que estamos viendo en la realidad, con muy poco de teórico”.
En diálogo con la diaria, el canciller recordó que, “teóricamente, hace unos meses el cambio del signo iba a generar un proceso de polarización y división mayor de la región” y “la vida nos está demostrando lo contrario”. Contó que en el almuerzo oficial de la cumbre del Mercosur, se pudo ver en la mesa a los presidentes de Paraguay, Bolivia, Chile, Ecuador y Uruguay “hablar animadamente del conjunto de los temas y dificultades que tienen ellos y las áreas de cooperación que se pueden dar”, y esa “fotografía, que era impensable hace cinco o seis meses, te marca una realidad objetiva”.
No obstante, la orientación ideológica de los gobiernos ha pesado en la agenda de la integración regional al momento de, por ejemplo, crear o dejar morir determinados espacios de articulación. Un ejemplo es la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), impulsada en la época de gobiernos progresistas en la región y luego abandonada, o el Foro para el Progreso de América del Sur, creado por gobiernos conservadores de América del Sur y que tuvo una vida bastante más breve.
Otros organismos, como el Mercosur, han logrado construir una institucionalidad sólida que le permite trascender los cambios de gobierno en la región. “El Mercosur, por su propia forma y funcionamiento, siempre es el que tiene a veces hasta una inercia que lo hace seguir funcionando permanentemente y es el que está más estructurado para encarar todo tipo de discusiones”, destacó en este sentido la vicecanciller Valeria Csukasi, en diálogo con la diaria. Agregó que “podrá haber temas en los que hay mayor momentum, temas que se van quedando un poco más olvidados o atrasados, pero en general el Mercosur es el que tiene una agenda más rica y más avanzada” de todos los mecanismos de integración regional que Uruguay integra.
La Celac, creada al igual que la Unasur en la época de gobiernos progresistas de la región, permanece, y si bien “pasó por algunos momentos no tan positivos”, hoy “está teniendo algunas discusiones interesantes de temas de integración”, consideró Csukasi. En marzo, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, lamentó que “la Celac prácticamente está dejando de existir porque el crecimiento de la extrema derecha está ahuyentando a los países”, pero la vicecanciller uruguaya consideró que actualmente “la aprobación de la hoja de ruta con la Unión Europea y los diálogos con China ayudan a “ordenar”: “Tener un interlocutor del otro lado te ordena bastante la agenda”, afirmó. Además, destacó “la facilidad que tuvo la Celac para tener un pronunciamiento único” respecto del terremoto en Venezuela.
En cuanto al consenso de Brasilia, una iniciativa impulsada por Lula da Silva en 2023, “es un poquito más nuevo y por lo tanto los temas todavía no están tan maduros, pero también tiene algunos temas interesantes que vienen avanzando”, destacó Csukasi.
Para la vicecanciller, esto muestra que, pese a las diferencias ideológicas entre los gobiernos, “sigue habiendo temas que se pueden encarar en conjunto, mientras que siempre va a haber otros que dependan de las posiciones de los diferentes gobiernos de turno y se puede hacer un poco difícil coordinar”. “Pero creo que también ahí va la inteligencia de las presidencias de encontrar espacios comunes, de ir generando avances en las áreas en las que circunstancialmente se puede ir avanzando”, señaló.
Seguridad y crimen organizado: la preocupación común
Esta semana el presidente Yamandú Orsi recibió a su par chileno, Kast, y una de las noticias más salientes fue que Uruguay se incorporará a la iniciativa denominada “Compromiso de Santiago contra la Delincuencia Organizada Transnacional” que impulsa el gobierno chileno. Esta implica la conformación de un grupo de trabajo integrado por los organismos competentes de cada país para coordinar en materia de seguridad, inteligencia financiera y tributaria, trazabilidad y control migratorio y fronterizo. El grupo deberá elaborar un plan de acción conjunto que incluya “acciones concretas” que abarquen estas áreas.
Uruguay se suma a este acuerdo en un contexto en el que el gobierno busca dar señales a la ciudadanía en materia de seguridad, por ejemplo, a partir de la utilización de vehículos militares en operativos policiales, partiendo de la base de que la seguridad es uno de los principales temas de preocupación de la población según las encuestas –que, por otra parte, no le son favorables al gobierno en términos de aprobación–, y que este tipo de medidas tienen un alto apoyo en la población, como constató recientemente una encuesta de la Usina de Percepción Ciudadana.
Lubetkin explicó a la diaria que en un primer momento Uruguay no fue invitado a la iniciativa, pero el gobierno de Orsi dio su “señal de interés” para sumarse. “Tenemos claro que nadie va a poder resolver solo el tremendo lío de la inseguridad, de la lucha contra el narcotráfico, contra el narcoterrorismo, del crimen internacional. Eso está claro porque ya las bandas no son locales, sino transnacionales, y articulan y son similares para cada uno de nuestros países”, señaló el canciller. En este sentido, indicó que se apunta a crear “grupos de trabajo con nuestros conocimientos, con nuestras especializaciones, para hacer una confluencia”.
Lubetkin aclaró que se buscará que las acciones no se “sobremonten con otros esfuerzos que estamos haciendo en la misma dirección” en el ámbito del Mercosur, por ejemplo, que apuntan a “trabajar mejor en los temas de inteligencia, de cooperación, de distribución de datos, de experiencias”. “Es ir armando gradualmente las posibilidades dentro de la región y en el cuadro de integración de la región de uno de los temas más importantes, que en este momento todos estamos obligados a afrontar de otra manera”, sintetizó Lubetkin.
En el marco de la presidencia pro tempore del Mercosur que ejercerá Uruguay durante este semestre, se seguirán empujando los procesos ya iniciados por el bloque con relación a este asunto y cada vez se le dará “más fuerza a este tema”, remarcó el canciller.
Lubetkin afirmó que la lucha contra el crimen organizado “es un tema decisorio” y de “enorme preocupación, no solamente de la opinión pública uruguaya, también de la argentina, de la chilena”. “Lo habló mucho el presidente Orsi con el presidente Kast. Tenemos que asumir que la realidad hoy es otra. Y yo creo que una de las claves es justamente el desarrollo de la integración regional también en estos temas, no solamente en los temas socioeconómicos, culturales, etcétera. Sobre esto tenemos que entrar en otra etapa. Y eso lo empujaremos”, aseguró el canciller.
Consultado respecto de eventuales diferencias ideológicas entre los países de las que puedan derivar estrategias diferentes para abordar estos problemas, Lubetkin consideró que “teóricamente” existen, “pero la vida nos está demostrando que no es así” y que, “como tenemos realmente problemas tan parecidos, agendas tan parecidas, tenemos la necesidad de afrontarlo en forma conjunta”. Apuntó que el diálogo entre Kast y Orsi, o las intervenciones de los presidentes, en la cumbre del Mercosur así “lo marcaba, claramente”. “No es que porque tenga un signo o el otro, y te aseguro que en el debate y en los intercambios las diferencias son mucho menores de lo que uno puede poner en un libro con relación a que el gobierno este tiene tal signo y este otro gobierno tiene tal otro”, aseguró el canciller.
En temas de seguridad y de “lucha contra el crimen organizado”, y pese a las diferencias ideológicas, “empieza a haber también una cierta sintonía y una preocupación colectiva, y por eso se empieza a escuchar hablar mucho más de esos temas que por ahí eran más ajenos a los procesos de integración hasta hace unos años”, coincidió Csukasi.
Señaló que el Compromiso de Santiago en su declaración “reúne varias de las preocupaciones” que “existen en Uruguay y que tienen que ver con cómo mejorás la cooperación, el intercambio de información entre los países para que el crimen organizado no pueda moverse entre fronteras o utilizar diferentes países para diferentes funciones”. “Entonces, parte de un deseo, yo creo, sudamericano, de cooperar en esos términos entre policías, entre sistemas de información, entre los puntos de entrada y los procesos de entrada desde un aeropuerto a cualquier otro. Tiene que ver mucho con la operativa cotidiana de cómo te avisás”, explicó la vicecanciller.
Agregó que Kast, cuando expuso el jueves en el almuerzo organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing, puso un ejemplo “bien interesante” en este sentido. Mencionó que hay casos en los que hay personas presas en una cárcel con documentos de identidad que pueden ser falsos y para conocer los antecedentes de esas personas en otros países muchas veces hay dificultades, salvo que existan acuerdos bilaterales de intercambio de información. “Entonces, cómo empezás a generar un diálogo regional para estar seguro de que vos no estás dejando que un criminal se esconda dentro del sistema penitenciario porque no se sabía que tenía antecedentes en otro país”, apuntó Csukasi.
Acotó que la voluntad de Chile es “extenderles la invitación a todos los países de la región, porque entiende que esto es algo que hay que conversar entre todos”.
La vicecanciller agregó que este tipo de medidas y articulaciones “tienen mucho que ver con las preocupaciones del propio presidente [Orsi], que las ha planteado en la cumbre del Mercosur, pero que también se han planteado en la Celac, se han planteado en el Consenso de Brasilia”. “Empieza a sentirse esa preocupación en muchos de los países del continente”, afirmó.
Csukasi dijo que, si se escuchan los discursos de los presidentes y de los cancilleres de la región, el tema “que surge en todos, con el que coinciden en todos los discursos, es justamente la lucha contra el crimen organizado”. Por tanto, “hay que saber entender que si el que se repite es ese, es el que los países están identificando como el posible de trabajar en conjunto”. “Uno no escucha hablar de cambio climático de la misma forma que lo hacías hasta hace unos años. Antes, cuando hablabas de los problemas que trascendían las fronteras, el cambio climático aparecía muy seguido. Ahora no aparece, pero sí empezás a escuchar hablar mucho de desastres naturales y del impacto que puede llegar a tener un terremoto, una inundación. Entonces, me parece que va cambiando ese tipo de eje y ahí está la inteligencia de decir ‘bueno, lo que se pueda discutir a nivel regional, subregional, lo hacemos, y lo otro son alianzas de otro tipo, con uno o dos países, o con países de otras regiones’”, evaluó la vicecanciller.
¿Y el Escudo de las Américas?
En marzo de este año, con el objetivo de “erradicar” los cárteles de la droga en la región, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la creación de una coalición militar en una cumbre que denominó “Escudo de las Américas”, en la que participaron 12 presidentes de América Latina y el Caribe, entre ellos, Kast, Paz, Noboa, el argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña y el salvadoreño Nayib Bukele.
Hay al menos tres diferencias con la iniciativa chilena. En primer lugar, en el Escudo de las Américas se planteó desde el inicio, tanto en términos de contenido como de gestualidades, una relación asimétrica entre Estados Unidos y el resto de los países. En segundo lugar, el Escudo de las Américas promueve la intervención directa de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna; en cambio, Kast dijo durante su visita a Uruguay que no está de acuerdo con “pedir la colaboración permanente de las Fuerzas Armadas en las calles”, por entender que esto “puede terminar muy mal”, ya que estas “tienen preparación militar pero no del orden público”. Y en tercer lugar, la iniciativa chilena no incorpora, por el momento, el concepto de narcoterrorismo, que Estados Unidos viene impulsando desde la década de 1980, pero que se ha revitalizado a partir del segundo mandato de Trump, y que ha sido utilizado por el gobierno estadounidense, entre otras acciones, para atacar embarcaciones en el Caribe y matar a sus tripulantes sin que medien procesos judiciales y sin presentar pruebas.
Csukasi afirmó que ninguna de las iniciativas de seguridad planteadas en el marco de los mecanismos de integración regional mencionados hablan de narcoterrorismo. “Ninguna de estas iniciativas van por ese camino, por eso hablan mucho más de crimen organizado y no entran en el tema drogas o narcotráfico, hablan mucho más del concepto de los desplazamientos de criminales o de movimientos criminales”, apuntó la vicecanciller. Consideró que de lo que se trata es de constatar que “es un flagelo que está afectando a todos los países y que empieza a haber una voluntad de entender que son problemas que exceden fronteras”. “De la misma forma que antes coordinamos para encarar otros problemas que trascendían fronteras, yo empiezo a sentir que en la región esto está identificado como una prioridad, y ahí no se perciben diferencias ideológicas”, sostuvo.
En cuanto al Escudo de las Américas, la vicecanciller reiteró, como lo hicieron en su momento las autoridades de gobierno, que Uruguay no ha sido invitado y no se ha planteado integrar ese espacio. “No sé si [el Escudo de las Américas] ha seguido teniendo algún tipo de actividad tampoco, sé que hubo un par de reuniones, pero no me consta que haya seguido teniendo actividad el mecanismo ni siquiera”, indicó Csukasi.
Por su parte, el canciller Lubetkin insistió con que la opción de Uruguay ha sido “trabajar en la integración regional en cualquiera de los temas”, con “nuestros hermanos de América Latina”. “Ese es nuestro marco de trabajo. Después, el resto es teoría”, acotó. En el mismo sentido, sobre el concepto de narcoterrorismo, el canciller afirmó que Uruguay debe ser “muy pragmático” y focalizarse en la articulación en la región, “con el lenguaje que estamos usando” en la región.