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Política Sociedad
Señalización del Sitio de Memoria en el Paseo San Fernando. · Foto: Natalia Ayala

Señalización del Sitio de Memoria en el Paseo San Fernando.

Foto: Natalia Ayala

Excuartelillo militar de Maldonado fue señalizado como Sitio de Memoria

Colectivos de derechos humanos esperan que el edificio, hoy conocido como Paseo San Fernando, tenga un espacio para seguir investigando y para reunir el acervo documental sobre el pasado reciente en el departamento.

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“Ahí nunca pasó nada”. “Yo vivía cerca y pasaba todos los días por la vereda y nunca vi ni escuché nada”. “Miren si, estando en pleno centro de Maldonado, no íbamos a saber que torturaban gente”. Los comentarios negacionistas de vecinos comunes abundaron en las redes sociales, en febrero pasado, al pie de las noticias que daban cuenta de que el cuartelillo militar que hasta 1985 funcionó en la esquina de 25 de Mayo y Sarandí, frente a la Plaza San Fernando, había sido declarado Sitio de Memoria en diciembre de 2025. Una intensa investigación de la sociedad civil organizada en Maldonado demostró ante la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria que el edificio fue sede del Órgano Coordinador de Operaciones Subversivas (OCOA 4) entre 1968 y 1985. Pese a quienes, con intención o sin ella, insisten en negarlo, allí fueron recluidos y torturados sistemáticamente dirigentes sindicales y políticos secuestrados en Maldonado, Lavalleja y Rocha, según indica la voluminosa documentación recopilada por los colectivos de derechos humanos para solicitar y conseguir la declaratoria enmarcada en la Ley 19.641.

La placa que ahora señaliza oficialmente al excuartelillo de la Unidad de Infantería de Maldonado como Sitio de Memoria brilló por primera vez el 27 de junio, día en que Uruguay conmemoraba los 53 años del último golpe de Estado. Una delegación de adolescentes y veinteañeros de la Intergremial Estudiantil bajó el pabellón patrio, que la cubrió durante la mañana cálida y soleada, tras abrirse paso entre veteranos y veteranas que enjugaban lágrimas y se estremecían ante un acto que definieron como “una victoria del pueblo”. Ubicados en sillas desplegadas en la calle 25 de Mayo había ex presos y ex presas sobrevivientes o sus familiares, entre otros testigos del horror consignado en el “expediente de la infamia”, como le llamó Genaro Rivero, integrante de la Comisión Nacional de Sitios de Memoria, al repasar desde el estrado los hechos que llevaron a la Resolución 18/2025 sobre el excuartel.

Durante una hora se sucedieron los saludos de colectivos de derechos humanos de diferentes puntos del país. Ximena González conmovió al leer el mensaje de la Comisión Departamental de Sitios y llegó Elena Zaffaroni para leer el mensaje de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. La carolina Ecilda Marrero, hija de la ex presa Teresa Iriondo, leyó con la voz quebrada el discurso de las mujeres locales detenidas e interrogadas bajo tortura: “Gente común, estudiantes, docentes, amas de casa, trabajadoras, que apenas tenían formación política, dada su juventud”. Mujeres con “el deseo de ser solidarias y el sueño de construir un mundo mejor”, que se opusieron a la dictadura con caminatas, volanteadas, pegatinas, con base en “la información que llegaba de Montevideo”. Contó, rota en llanto, cómo fueron detenidas en “operativos desmesurados en pequeñas localidades de Maldonado” y sometidas a interrogatorios en el cuartelillo. Y cómo los familiares soportaron el dolor, la angustia, la incertidumbre, las amenazas y el desprecio. “Estas paredes tienen una función: que se sepa cómo fue esa etapa desgarradora en la vida de los uruguayos para que todos digamos juntos: ¡Nunca más, nunca más, nunca más!”, gritó.

El horror ahogado por los sonidos del centro

El bancario Miguel Ángel Acosta y el dirigente del Sunca Omar Varona, secuestrados en 1976 y llevados a ese cuartel, “nos legaron un contraste desgarrador”, dijo Genaro Rivero. “Mientras permanecían encapuchados y sometidos a tormentos, oían perfectamente a través de los muros el corso del carnaval, el ruido de la gente en la plaza San Fernando, el pasaje de los coches de la Onda. Una maquinaria clandestina tan perversa que, como denunció Varona, encendía intencionalmente motores ruidosos para ahogar los gritos de los torturados y ocultar el horror a la ciudad que festejaba”.

José Luis Rapetti, durante el acto de de señalización del Sitio.

José Luis Rapetti, durante el acto de de señalización del Sitio.

Foto: Natalia Ayala

El edificio del cuartel, que fue adquirido por la Intendencia de Maldonado y reciclado en los 90 como “Paseo San Fernando”, perdió todo vestigio del pasado reciente. Pero “hacer memoria es poblar este gran espacio físico con las verdades comprobadas por el testimonio y el dolor sobreviviente”, prosiguió Rivero, para mencionar que allí estuvieron el general Liber Seregni, Alba Clavijo, Gabriel Di Leone, Sócrates Martínez, Amado Viera, Gil Rodríguez y Horacio Gelós Bonilla (asesinado en el Batallón de Ingenieros de Laguna del Sauce y aún desaparecido), entre otros ciudadanos.

En la primera fila destacaba la figura frágil del escribano José Luis Rapetti, histórico dirigente del Partido Nacional que fue intendente interino y edil de Maldonado. Su testimonio ante la Comisión Departamental de Derechos Humanos, en 1985, “cobró un valor trascendental” para exponer “la maquinaria deshumanizante” montada por el autoritarismo, resaltó Rivero. Recordó que Rapetti llegó a ingresar al cuartel para certificar la firma del bancario Acosta. “Aunque los captores pretendieron camuflar el tormento lavándolo y afeitándolo a la fuerza momentos antes, el tejido lastimado desbordó el engaño al estampar la firma con movimientos lentos y torpes. El escribano divisó, bajo el puño de la camisa, una hendidura profunda, sanguinolenta, huella forense de un cautiverio que pretendían silenciar mediante la amenaza”, repasó el integrante de la Comisión Nacional. Y continuó, mientras el aludido asentía en silencio: “Su declaración, entre otras, constituye uno de los antecedentes históricos de referencia para la investigación oficial y los crímenes del Estado convertidos en Maldonado durante la dictadura”, dijo, desatando aplausos.

Rapetti levantó los brazos e hizo con sus dedos la V de la victoria, que ya es símbolo de resistencia y libertad. Después, caminó lentamente hacia el estrado y afirmó que el edificio, por el que hoy pasan miles de estudiantes de las escuelas de Arte de la Intendencia de Maldonado, es ahora un sitio para que “el pueblo oriental tenga siempre presente lo que pasó”. “Es una obligación moral recordar que hubo torturas en este lugar y que no deben volver a ocurrir”, insistió. Antes de quedar rodeado por la gurisada de la Intergremial Estudiantil, que son presente y futuro para las acciones de la Comisión Departamental de Sitios, exclamó: “No olvidemos lo que aquí pasó, ¡nunca más dictadura!”. Algunos vecinos, que a esa hora entibiaban sus huesos en los bancos de la plaza, bajaron la vista y sonrieron. Los transeúntes que curioseaban en la esquina siguieron su camino, mientras el Himno Nacional reverberaba más allá de la cuadra.