-¿De dónde sos?

-De Río de Janeiro, pero me considero una persona, una mujer del mundo, porque he vivido más en París que en Río.

-¿Cuándo viniste por primera vez a Uruguay?

-En 1966, con una compañía de travestis que fue una conmoción acá. Éramos 11 travestis en un espectáculo musical maravilloso, una revista brasileña que presentamos en el teatro Stella de Italia y tuvo un éxito enorme.

-¿Cómo se armó esa compañía?

-Grandes productores de televisión tuvieron la idea de montar un espectáculo sólo de travestis y yo frecuentaba los bastidores de televisión porque ya era una artista, pero sin haberme subido a un escenario. De niño (o niña) ya iba a los programas de variedades. En 1964, con el golpe militar, apareció Les girls. Con ese espectáculo vinimos acá. Eran funciones de lunes a domingo, dos veces por día. La gente salía por las ventanas. Cacho de la Cruz era el anfitrión.

-¿Había ya espectáculos con travestis?

-No, no había. La gente no podía creer que aquellos 11 travestis no fueran mujeres. Todas brasileñas, y en aquella época trabajábamos con una orquesta que estaba en el foso del teatro. Era un espectáculo musical pero con sketches, tipo una revista. La compañía volvió a Brasil y yo me quedé viviendo en Uruguay hasta 1969 porque me enamoré. Luego me fui a España, donde tuve problemas para trabajar porque estaba Franco en el poder y tenía que cantar vestida de hombre. Pero igual la indumentaria no me iba a cambiar en nada, me vestí de hombre y actué de hombre. Creo que ahí me inicié como travesti, cuando me vestí de hombre.

-¿Siempre ibas vestida de mujer?

-Bueno, no, solamente para actuar, pero en Europa sí, cuando empecé a viajar por el mundo en el Carrousell de París, que era el templo de los travestis en el mundo.

-¿Cómo fue esa experiencia?

-Maravillosa, porque viajé por todo el mundo, trabajé en grandes escenarios y pude conocer grandes personalidades como George Harrison, Maria Callas, Sofía Loren y Anita Ekberg, con la que hicimos un desfile en Roma en una carroza con cinco caballos blancos. Todos esos viajes me dieron mucha cancha, mucha experiencia. Cuando volví a Brasil la prensa ya conocía toda mi historia por Europa y grandes productores me llamaron para trabajar en Río. Uno de ellos era el marido de Elis Regina. Siempre estoy entre Europa y Brasil.

-¿Tuviste problemas con las dictaduras?

-Yo empecé con el golpe militar en Brasil y acá en Uruguay trabajé en dictadura y nunca tuve problemas para nada. Siempre trabajé muy bien y entre todos los países por los que viajé, Uruguay es el que más tengo en mi corazón. Por haber empezado acá, por haberme enamorado por primera vez acá, por tener tantos amigos. Es impresionante la cantidad de gente que viene a verme, que tiene recuerdos de mí.

-¿Cómo hacés la elección de las canciones para el espectáculo?

-Necesito cantar canciones que me den fuerza interpretativa, que me den energía, como Maria Bethânia, que es una cantante que tiene que tener una tragedia. Siempre canto dos o tres canciones de su repertorio, lo necesito como artista para teatralizar lo que estoy cantando. Mi relación con el público es espontánea, aunque no deja de ser una actuación, porque desde el momento en que estoy allí es la lamparita que se prende y yo soy la actriz, la cantante que tengo que renovar y dirigir. Pero también existe un lado de comicidad, de juego, de cariño con la gente, donde cuento cosas de mi vida, todas cosas que han sido vividas o presenciadas por mí.

-¿Qué estás haciendo ahora?

-En Brasil dejé grabado una parte de un documental sobre nosotros, las travestis pioneras del arte del travestismo en Brasil. Sobre todo algunas que fueron parte de Les girls, que fue donde empezamos todas, y algunas otras que vinieron un poco después y se hicieron conocidas. En total somos ocho. Contamos nuestra vida y hay ciertas investigaciones sobre el espectáculo en Río de Janeiro. La filmación va a terminar con un gran espectáculo de todas nosotras en un teatro en Río de Janeiro.

-¿Cómo fue la reacción de tu familia cuando decidiste actuar y travestirte?

-Soy de una familia de dos hermanas, dos hermanos y yo. Mi papá murió cuando mi mamá estaba embarazada de mí. Cuatro meses después nací yo. Mi mamá ya tenía un hijo y una hija, después ella se casó de vuelta con otro gallego (porque mi papá era gallego también) y bueno, mi padrastro era un hombre severo. Yo tenía que trabajar de tarde para estudiar de noche, porque tenía siempre que estar haciendo algo, no podía estar jugando en la calle como los otros niños, no me lo permitía. Era un hombre muy bravo mi padrastro. Cuando se enteró de que yo era homosexual, me echó de casa. Me fui a hacer mi vida y trabajaba en una compañía de ingeniería como boy [cadete] y enseguida empecé a trabajar en Les girls: entonces yo era boy de día y girl de noche. Cuando salió en la revista Manchete (la más conocida de Río de Janeiro) la foto de todas nosotras, ya no volví a mi trabajo. Seguí en el espectáculo sin saber si iba a poder vivir de aquello, pero gracias a Dios pude. No he hecho otra cosa en la vida que estar en el escenario, actuando y cantando. Es en el escenario que me siento una reina, una estrella y todo el escenario es mi vida. Yo nací para actuar, yo amo esto. Cuando se prenden las luces yo cambio totalmente, mis amigos que están conmigo todos los días, cuando me ven entrar a escena dicen que soy otra persona, porque ahí ya está la artista Valeria. Hay una energía, hay un don, una entidad que baja y yo soy solamente la artista, la actriz. Puedo ser una vieja, una joven, un hombre, una mujer. Incluso estuve haciendo una película hace cuatro años que se llamaba Cidade baixa y yo, mirá qué curioso, hacía de la dueña de un burdel (no sé por qué pero papel de monja no me dan nunca, aunque podría ser una monja de Almodóvar). Conseguí hacer cine, teatro, televisión, radio, pasé por todas las gamas del arte. Hoy en Brasil hay cantidad de publicaciones que hablan de mí, como ahora, que salió un libro sobre la música popular brasileña de Rodrigo Faour [História sexual da Música Popular Brasileira. A evolução do Amore e do Sexo na Canção Brasileira] que tiene una parte que habla de mí como el primer travesti brasileño que grabó un disco, en 1965.

-¿Cómo surgió el nombre Divina Valeria?

-El nombre me lo dieron acá en Uruguay. Siempre fui Valeria hasta que acá en los años 70 hice un espectáculo en el café concert Estrella, abajo del Stella de Italia, que se llamaba “La divina Valeria”. Hacía de una diva y de ahí la gente me llamó Divina Valeria y me encantó y hasta en Brasil hoy yo soy Divina Valeria.

-¿Te sentís una mujer?

-No, no. Yo vivo como una mujer pero no me siento una mujer. Tampoco me siento un hombre. Yo me siento como un ser humano. Hasta en eso Dios fue maravilloso. Yo pude vivir como quise, viajé por el mundo entero y tenía en mi documento el nombre de Walter Fernández González, que llevo con mucha honra también, pero en todos los grandes hoteles del mundo entero siempre me trataron de madame, siempre. Porque siempre supe respetarme y respetarse es ser respetado, para entrar y salir de cualquier parte, y esto es muy importante para cualquiera. No necesitás tener estudios, basta tener educación y entender que hay que vivir dignamente para poder ser respetado. Yo no tengo problemas con el cambio de nombre y esas cosas, a mí nada de eso me importa ni me interesa. Yo soy Valeria y a mí ningún papel me va a cambiar.

-¿Te cambiarías el nombre o te harías operaciones para cambiar de sexo?

-¡No!, con los años que tengo, ¿tú crees que voy a cambiar? Además me conocen por Valeria por todo el mundo. No me toca nada ni me preocupa, yo soy la misma persona, Walter o Valeria es la misma persona, son dos nombres, un nombre que mi mamá me dio cuando nací y otro que yo elegí y ya está.