Hay discursos que no sobreviven más allá del aplauso protocolar y, en el mejor de los casos, las noticias del día. Otros, en cambio, resurgen décadas después como un eco. Por visionarios o debido a los vaivenes políticos parecen hablarle a nuestro tiempo, aunque los personajes y escenarios hayan mutado.
El fallecido escritor mexicano Carlos Fuentes tiene un ejemplo célebre: “Yo les pido a mis amigos norteamericanos que no cambien a sus amigos latinoamericanos por satélites. No desprecien o presionen a sus amigos. No nos digan que prefieren tener satélites a tener amigos, porque el amigo respeta, pero el satélite engaña”.
Las palabras de Fuentes, pronunciadas en un colegio de Los Ángeles y reproducidas por la revista Nueva Sociedad hace más de cuatro décadas,1 eran una crítica a la política intervencionista de Ronald Reagan en América Latina. Sin embargo, no resultan muy distantes.
En menos de un año, el gobierno estadounidense pasó de declaraciones furibundas contra “influencias extranjeras hostiles” —en referencia a China— a una operación militar en Venezuela que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. Y, luego, a la formación del rimbombante Escudo de las Américas, coalición que reúne a países del continente cercanos al gobierno de Donald Trump.
A eso se sumó el reciente pronunciamiento del mandatario estadounidense ante la Asamblea General de Naciones Unidas, donde advirtió que no dudaría en usar la fuerza militar en América Latina si sus intereses se ven amenazados. Las declaraciones, más que a criminales, parecían destinadas a los países renuentes a liquidar el equilibrio en su política exterior. Los que se resisten, dirán algunos, a convertirse en satélites.
Días antes, su canciller Marco Rubio ya había protagonizado una gira por Colombia, Ecuador y Perú que generó suspicacias. La agenda estuvo marcada por anuncios de apoyo logístico y operativo para enfrentar el crimen organizado, la adhesión de Perú al Escudo de las Américas e inversiones estadounidenses en diferentes sectores. También pasó de las insinuaciones al gigante asiático a las referencias directas. “Durante demasiado tiempo, actores ajenos al hemisferio respaldados por Estados extranjeros, específicamente China, han ingresado a nuestro hemisferio con promesas que esconden prácticas predatorias”, arremetió en una columna de opinión publicada en periódicos de las tres naciones sudamericanas. Con ese argumento, Rubio apeló a la necesidad de “asegurar” que la región siga bajo el “control soberano de cada país”.
Para Grace Jaramillo, internacionalista ecuatoriana, profesora de la Universidad British Columbia y editora del libro Políticas exteriores de América Latina en el siglo XXI, la presión era previsible tras la reinterpretación, a fines de 2025, de la Doctrina Monroe, una directriz que guio la política exterior estadounidense en el continente hace 200 años.
“A partir de la Doctrina Donroe —como se conoce a la reinterpretación de Trump—, se determinó que solo recibirían ayuda en cooperación, desarrollo militar y lucha contra el narcotráfico aquellos países que se alinearan directamente con Estados Unidos. Y eso significa desterrar cualquier nueva inversión china de sus territorios. El objetivo central de la visita de Marco Rubio fue sellar esos puntos”, explica.
Entre antiguos y nuevos aliados
La gira de Marco Rubio por parte de América del Sur coincidió con los primeros meses de gobierno de Abelardo de la Espriella, en Colombia, y de Keiko Fujimori, en Perú, representantes de la extrema derecha y la derecha, respectivamente. Daniel Noboa, presidente de Ecuador desde 2023 y también situado en la derecha del espectro político, es uno de los aliados más sólidos de Washington en América del Sur. Fue uno de los primeros gobiernos en unirse al Escudo de las Américas y, además, ha realizado operativos conjuntos con Estados Unidos contra presuntos grupos criminales, a los que denomina organizaciones terroristas. Dichas acciones han incluido bombardeos en el océano Pacífico y tierra firme, similares a los desarrollados en el mar Caribe.2
¿Qué tienen en común los tres países? Para Farid Kahhat, internacionalista peruano, autor de El mundo se ha vuelto un lugar extraño y otra decena de libros, el itinerario de Rubio responde al peso de estas tres naciones en el mercado mundial de cocaína. “Colombia y Perú son, por amplio margen, los dos mayores productores del mundo y Ecuador se ha convertido en el principal puerto de salida para esa droga. Así que las razones [para la visita de Rubio] no eran particularmente alentadoras: somos un problema”, señala.
Grace Jaramillo considera un factor más: el reciente acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela. Gracias a este, el primero se ha asegurado acceso al 20 por ciento de las reservas de crudo del país sudamericano a precio de costo, por un siglo.
Detrás de las negociaciones estuvo Alejandro Betancourt, empresario venezolano investigado por lavado de dinero que, ahora, se ha convertido en el principal socio de Estados Unidos —es dueño de la empresa que obtuvo la concesión en Venezuela—. Mientras el acuerdo avanzaba, funcionarios estadounidenses presionaron en distintas instancias para mejorar la situación legal del magnate, según investigaciones de The New York Times y CNN.3 “Estaban negociando cosas muy grandes y Marco Rubio temía que se le abriera un boquete en los acuerdos de seguridad, narcotráfico y alineamiento frente a China que estaba logrando. Necesitaba que los países de la región no presenten ninguna protesta o cuestionamiento que mine, todavía más, la desconfianza en el resto del continente”, sostiene Jaramillo.
¿Un escudo para frenar qué?
La conformación del Escudo de las Américas fue anunciada a inicios de marzo, durante una cumbre en Miami que reunió a Trump y otros 12 mandatarios del continente: los jefes de Estado de Trinidad y Tobago, Paraguay, República Dominicana, Bolivia, El Salvador, Argentina, Panamá, Guyana, Honduras, Costa Rica, Ecuador y el entonces presidente electo de Chile.
La iniciativa fue descrita como una coalición contra la criminalidad organizada, los cárteles de droga y la trata de personas. Según explicaron, el propósito era compartir información de inteligencia y coordinar operativos militares. Sin embargo, en ese mismo encuentro, Trump hizo una referencia más: “No permitiremos que influencias externas hostiles ganen terreno en este hemisferio y eso incluye al Canal de Panamá”. Meses antes, el mandatario había acusado a China de controlar la infraestructura y, luego, un tribunal panameño anuló la concesión de una empresa de Hong Kong en dos puertos del lugar.
Para Kahhat, existen signos de alerta alrededor de la coalición. “En primer lugar, lo más obvio es que no están Brasil y México, que son las dos mayores economías y los países con mayor población de América Latina y el Caribe”. Como él, múltiples expertos han destacado su raíz ideológica, ya que tampoco está Uruguay.
“Creo que el caso de Ecuador, donde ya hay lanchas hundidas y un bombardeo en tierra firme contra un presunto laboratorio de drogas que resultó ser una granja lechera, es un anticipo de lo que espera Estados Unidos en la región”. El especialista señala que, además de violar derechos humanos, estos ataques contra supuestas lanchas narcos —no hay pruebas que lo sean, por el momento— no han logrado su objetivo. En julio, una investigación de The Washington Post reveló que funcionarios de la DEA y el Pentágono habían determinado que los bombardeos en altamar no redujeron la cantidad de cocaína que llega a Estados Unidos.4
¿Es China una de sus metas? Aunque la información es ambigua, Kahhat recuerda que las bases del Escudo de las Américas están en la estrategia Donroe, donde sí se habla de “contrarrestar y frustrar amenazas extranjeras”. “Esto es una constante de la política exterior estadounidense. La Doctrina Monroe, de fines del siglo XIX, quería impedir que las viejas potencias coloniales intentaran volver a tener control territorial en esta región del mundo. Durante la Guerra Fría, las viejas potencias coloniales fueron reemplazadas por la Unión Soviética y ahora la Unión Soviética ha sido reemplazada por China”, dice.
Oscar Vidarte, doctor en Ciencia Política e internacionalista peruano, tiene una lectura similar. Si bien el Escudo de las Américas es un espacio informal de carácter multilateral —técnicamente no es un organismo internacional— y sus declaraciones no constituyen una obligación para los Estados que lo integran, sí funcionan como compromisos. En otras palabras, pueden acarrear consecuencias políticas. “El Escudo de las Américas me preocupa por tres razones. En primer lugar, es un mecanismo construido en función a los intereses de Estados Unidos y los demás países jugamos a ese ritmo. El segundo motivo es que termina legitimando su narrativa de intervencionismo, y el tercero es que puede convertir a Sudamérica en una herramienta para su enfrentamiento con China”, detalla Vidarte.
La respuesta a la “marea rosa” —como se conoció a los gobiernos progresistas predominantes en la región a inicios de este siglo— comenzó en Estados Unidos hace más de una década. Uno de sus precursores, según Grace Jaramillo, fue Marco Rubio.
Fue él, también, uno de los primeros en apuntar a China. En 2019, cuando era senador, elaboró el informe “Made in China 2025 and the future of America Industry”, en el que señalaba al país asiático como una amenaza para la economía y los intereses estadounidenses.5 Cinco años después, hizo un nuevo informe en el que alertaba “la amenaza” que suponía ese país para Estados Unidos por sus avances tecnológicos.6 “Para Marco Rubio, apartar a China de América Latina o forzar a los países a hacerlo es fundamental. La arista estratégica y de seguridad tiene que ver con eso. Lo que están haciendo con los ataques en el Pacífico Sur es una suerte de globo de ensayo. Lo grave y dramático es que ese no es el sentir de los países involucrados, que, además, están superdivididos”, señala Jaramillo.
Las diferencias y sus impactos
En Perú la tensión es evidente. Chancay, una pequeña ciudad costera ubicada 80 kilómetros al norte de Lima, se ha convertido en el escenario de confrontación de ambas potencias. Allí, en noviembre de 2024, se inauguró la primera etapa de un puerto automatizado, que aspira a convertirse en un hub logístico para la región.
La infraestructura es propiedad de Cosco Shipping Ports Chancay Perú, una empresa controlada mayoritariamente por accionistas chinos, que fue desarrollada a través de un procedimiento administrativo de derecho de uso de área acuática. En otras palabras, no se trata de una concesión, sino de un puerto de titularidad privada y uso público, pues sus servicios pueden ser contratados por cualquier persona o empresa.
La primera etapa de la obra, conformada por dos complejos conectados por un túnel que atraviesa la ciudad, implicó una inversión china de alrededor de 1.300 millones de dólares para Perú. Sin embargo, también ha tenido una arista opaca: daños ambientales en las playas y en la estructura de múltiples viviendas, falta de permisos, autorizaciones irregulares y un largo etcétera. Algunas de ellas han implicado sanciones para la compañía y otras aún son investigadas en el ámbito administrativo y judicial. La compañía también ha iniciado acciones judiciales contra el Estado peruano. Entre ellas, sobresale una acción de amparo, que busca que el Organismo de Supervisión de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público no ejerza sus funciones dentro del terminal. Un juez de primera instancia le dio la razón a la empresa. Pero, meses más tarde, la segunda instancia falló en contra y Cosco Shipping presentó un recurso de agravio ante el Tribunal Constitucional, que todavía debe pronunciarse en última instancia.
Esa controversia fue el puntapié inicial para el enfrentamiento directo entre Estados Unidos y China en tierras peruanas. Desde Washington ya habían cuestionado el potencial uso militar del puerto —está preparado para atender barcos de gran calado—. Pero, a partir de entonces, la soberanía se convirtió en el eje de un debate que incluyó múltiples cruces entre los embajadores a través de redes sociales.
Perú, que tiene a China como su principal socio comercial, procuró mantenerse neutral durante buena parte de la disputa. Sin embargo, diversos especialistas advierten que eso ha cambiado con la llegada al poder de Keiko Fujimori. Como ejemplo, Kahhat menciona la designación de un exfuncionario de la embajada estadounidense como ministro de Relaciones Exteriores, la abstención de Perú cuando se votó la posibilidad de que el presidente palestino participe de forma virtual en la Asamblea de la ONU y la incorporación del país al Escudo de las Américas.
Solo unos días después del anuncio, el Departamento de Estado estadounidense comunicó que, en el marco de los acuerdos adoptados en la coalición, había decidido revocarles la visa a “funcionarios extranjeros corruptos” de cuatro países sudamericanos. Los únicos peruanos en la lista fueron el juez que falló a favor de la empresa china en la disputa por la supervisión del Puerto de Chancay y su familia. “La gran pregunta es si va a llegar un momento en que Fujimori ponga coto a esto”, señala Kahhat.
Chile, que también tiene a China como su principal socio comercial, vive una situación parecida. Ecuador y Colombia, en cambio, tienen a Estados Unidos como principal destino de sus exportaciones. Por eso, en opinión de Jaramillo, el denominador común todavía es la cooperación militar. “Pero, en el fondo, todo está articulado”, remarca.
Gloria Ziegler, periodista argentina residente en Perú desde hace 13 años.
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“Amigos o satélites. ¿Qué busca EEUU en América Latina?”. Nueva Sociedad. Núm. 79, setiembre-octubre de 1985. ↩
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“US sinks an Ecuadorian boat in the Pacific it alleges is tied to drug trafficking”, The Washington Post, 7-9-2026; “La guerra de Estados Unidos contra el narcotráfico golpea a los pescadores ecuatorianos”, El País, Madrid, 11-9-2026; “EEUU dijo haber ayudado a bombardear un campamento de narcotraficantes en Ecuador. Era una finca lechera”, The New York Times, 24-3-2026. ↩
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“Detrás de las investigaciones sobre el empresario petrolero venezolano asociado con Trump”, The New York Times, 4-9-2026; “Investigación cerrada: el papel de Alejandro Betancourt en el acuerdo petrolero entre EEUU y Venezuela”, CNN en Español, 4-9-2026. ↩
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“Deadly US boat strikes have failed to curb cocaine supply, Pentagon and DEA officials say”, The Washington Post, 27-7-2026. ↩
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“Rubio Releases Report Outlining China's Plan for Global Dominance and Why America Must Respond”, US Senate Committee on Small Business and Entrepreneurship, 13-2-2019. ↩
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“Beijing set out to destroy US economic supremacy. It’s nearing its target”, The Washington Post. 9-9-2024. ↩
