“La guerra en Medio Oriente está generando la mayor interrupción en el suministro de petróleo de la historia de la humanidad”, declaró el 16 de marzo el director general de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, en un discurso que tuvo como objetivo anunciar la comercialización de petróleo procedente de las reservas estratégicas de los países miembros de la organización.1 Se lanzaron al mercado 400 millones de barriles de un total de 1.850 millones –cuando el consumo diario mundial asciende a unos 100 millones de barriles de crudo–. Si bien se trató de la quinta movilización de este tipo desde la creación de las reservas, su particularidad fue que se erigió como la más importante de la historia.

Tras el ataque israelo-estadounidense, Irán restringió el paso de petroleros y metaneros en el estrecho de Ormuz, prohibiendo el tránsito a los buques de sus adversarios y aliados. Este bloqueo, sumado a la destrucción de refinerías durante los bombardeos, hizo que el flujo de petróleo se redujera en 250 millones de barriles de crudo entre finales de febrero y finales de marzo, y se estima que la caída podría alcanzar los 600 millones para finales de abril.2 Es por eso que, durante su discurso, Birol prometió que la AIE estaba dispuesta a liberar más “oro negro” en caso de ser necesario.

Si la comercialización de los primeros barriles parece haber tenido tan solo un efecto moderado sobre la cotización del petróleo, es porque la escalada podría haber sido mucho más violenta. “Nunca hemos vivido una perturbación potencialmente tan grave como esta”, señala Carol Dahl, profesora emérita de economía en la Escuela de Minas de Colorado. Tras haber fluctuado en torno a los 60 dólares a principios de año, el precio del barril ya superó los 100 dólares desde que empezó la guerra. Sin embargo, no ha alcanzado su máximo histórico: más de 200 dólares durante la crisis de 2008.3

El impacto es semejante en el caso del gas natural. El equivalente a cientos de millones de metros cúbicos en forma licuada atraviesa cada día el estrecho transportado en metaneros que son, en su mayoría, cargados en Qatar. Tras cinco semanas de bloqueo y tras la destrucción de infraestructuras, la pérdida neta representó el 1 por ciento del consumo anual mundial.4 Como era de esperar, el precio del gas se disparó en Europa: pasó de 30 o 40 euros por megavatio hora (MWh) a principios de año a situarse entre los 50 y 60 euros en marzo de 2026.

A pesar de su importancia para la economía, no existen reservas estratégicas de metano coordinadas a nivel mundial. “Durante décadas, los problemas de suministro que han surgido siempre estuvieron vinculados exclusivamente al petróleo. Nadie iba a crear reservas estratégicas de gas sin ningún motivo”, justifica Francis Perrin, director de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS, por su sigla en francés). No obstante, la escalada del precio del gas por encima de los 300 euros por megavatio hora tras la invasión rusa en Ucrania, a principios de 2022, hizo evolucionar las obligaciones de abastecimiento de los depósitos europeos. Aunque no se les adjudique el adjetivo “estratégico”, su papel no deja de ser neurálgico.

Por definición, las reservas “estratégicas” son aquellas controladas por los gobiernos. “A pesar de la comercialización de la AIE, [...] todavía necesitamos un aporte suplementario a través de las reservas comerciales [es decir, las que están en manos de empresas]”, explica Paola Rodríguez Masiu, analista del mercado petrolero, durante una conferencia en línea de la consultora energética Rystad.5 En un intento de transmitir tranquilidad, Birol presentó la estimación de este almacenamiento global –tanto comercial como estratégico– en 8.200 millones de barriles, y afirmó: “Su nivel más alto desde febrero de 2021”.

Intervenciones de emergencia

Tras la Primera Guerra Mundial, Francia fue el primer país en impulsar un almacenamiento estratégico de petróleo. Algunos años después de la crisis de Suez (1956), los Estados de la Comunidad Europea se comprometieron, por su lado, a mantener una reserva mínima.6 La coordinación se globalizó a raíz de la primera crisis del petróleo en 1973. En aquel momento, Siria y Egipto lanzaron una ofensiva para reconquistar las zonas previamente invadidas por Israel. Tel Aviv respondió con el apoyo de Washington, lo que llevó a los países árabes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a reaccionar, a su vez, embargando los suministros de “oro negro”. En ese contexto, el precio del barril pasó de costar unos 30 dólares a cotizar unos 80.

En aquel momento, Estados Unidos ya había superado su pico de producción, que declinó hasta la explotación del petróleo de esquisto a partir de finales de la década de 2010. Entonces, para poder amortiguar mejor futuras interrupciones del suministro, pusieron en marcha la construcción del Strategic Petroleum Reserve (SPR): un sistema de almacenamiento con una capacidad total de más de 700 millones de barriles en cuatro cavidades salinas situadas a lo largo del golfo de México, en Luisiana y Texas. Al mismo tiempo, convocaron a otros países consumidores para crear en 1974 la AIE, cuyos miembros se comprometieron a mantener reservas suficientes para cubrir, al menos, 90 días de sus importaciones.

La primera comercialización de las reservas de la AIE tuvo lugar a principios de 1991, tras la invasión iraquí de Kuwait; la segunda fue en 2005, después de los estragos que causaron los huracanes Katrina y Rita en el golfo de México, y la tercera ocurrió en 2011, durante la crisis libia. En este sentido, Carol Dahl señala: “El hecho de haber podido recurrir a las reservas calmó a los mercados durante estas perturbaciones de corto plazo”.

A lo largo de la década de 2010, Estados Unidos volvió a exportar hidrocarburos y empezó a permitir el uso de su SPR más allá de los casos de emergencia –por razones presupuestarias, por ejemplo–. De hecho, en 2015, gracias a la venta de petróleo se pudo financiar una ley de transportes y, al año siguiente, otra sobre investigación médica. Además, la SPR también se utiliza para abaratar el precio de venta al público. Tras la pandemia de covid-19 –durante la cual las reservas estuvieron en máximos–, la reactivación de 2021 provocó un aumento de la demanda y una subida de los precios de la nafta, lo que generó una importante inflación en Estados Unidos. Entonces, para bajar los precios, Washington buscó el apoyo de los países petroleros y les pidió que aumentaran su producción, pero como consideraron que su respuesta había sido insuficiente, el presidente demócrata Joseph Biden liberó 50 millones de barriles de la SPR. Sin embargo, esta medida fue tildada de simbólica: el banco Goldman Sachs la definió como “una gota de agua en el océano”.7

La invasión rusa de Ucrania volvió a tomar por sorpresa a la economía mundial. Los operadores financieros se lanzaron en masa a apostar por el petróleo, lo que provocó que el precio de los hidrocarburos se disparara hacia nuevos máximos. La AIE decidió entonces intervenir en el mercado de petróleo por cuarta vez en su historia. Por su parte, Washington movilizó 180 millones de barriles, lo que llevó a un vaciamiento parcial de la SPR, cuyo nivel descendió a menos de 350 millones de barriles –su nivel más bajo desde la década de 1980–. “Las ventas masivas de la SPR inyectaron mucho dinero en las arcas del Tesoro”, subraya el experto en geopolítica de la energía Philippe Sébille-Lopez.

Según las autoridades, el objetivo era atenuar la escalada de los precios. Sin embargo, la eficacia de la medida fue objeto de debate. “Es probable que el gran desabastecimiento sin precedentes de la SPR en 2022 haya generado pánico en el mercado y haya contribuido a la subida de los precios de la nafta”, estima Valentina Galvani, coautora de un estudio sobre este tema.8 Otros expertos hacen un análisis diferente: “Utilizar las reservas estratégicas permite amortiguar las grandes crisis de suministro. Después, el mercado se ajusta: la oferta se restablece y la demanda disminuye hasta que el mercado recupera su equilibrio. Pero todo eso puede llevar tiempo”, considera Carol Dahl. La evolución de los precios, que finalmente bajaron a finales de 2022 y durante 2023, parecería darle la razón. “Es un debate largo y no se ha establecido ningún consenso definitivo –sostiene Scott Montgomery, investigador de la Universidad de Washington–. Pero afirmar que una liberación mundial de la AIE no tiene ningún efecto no es más convincente que sostener que es la única responsable de la moderación de los precios”.

Alarmas en Europa

A pesar del debate, la crisis de 2022 reforzó la voluntad de los países dependientes de armarse de reservas. En aquel momento, la Unión Europea, que depende del gas natural para calefaccionarse, tomó conciencia de su dependencia de los suministros rusos. Moscú, además, controlaba la gestión de parte de las instalaciones de almacenamiento europeas –que son las que posibilitan pasar los inviernos sin grandes sobresaltos–. La empresa rusa Gazprom gestionaba o cogestionaba depósitos subterráneos de vital importancia, como los de Rehden en Alemania y los de Haidach en Austria. Sin embargo, para principios de 2022, estos depósitos ya estaban prácticamente vacíos. “Esta situación dejó a Europa en una posición de vulnerabilidad mientras la cotización del gas se mantenía en alza”, analiza Anne-Sophie Corbeau, investigadora del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia.

Para reforzar la seguridad energética del bloque, los organismos europeos acordaron rápidamente un reglamento que obliga a los operadores de todos los Estados miembros a llenar sus reservas de gas al 90 por ciento a más tardar para el 1° de noviembre de cada año. El texto también exige a los países que certifiquen a los gestores de las instalaciones de almacenamiento. Así, Austria implementó nuevas normas para desalojar al operador ruso de Haidach, mientras que Alemania nacionalizó Gazprom Germania, la empresa encargada de Rehden y de otros dos depósitos.

La crisis de 2022 también afectó al continente asiático. Por eso, China –que ya había implementado una política de almacenamiento– se vio obligada a redoblar sus esfuerzos, dado que su sistema de calefacción depende cada vez más del gas. “Desde entonces, la nueva consigna es ‘almacenar tanto como sea posible’”, escribe Sylvie Cornot-Gandolphe, consultora de la asociación Cedigaz.9 Pekín, que no facilita ninguna cifra oficial, también contaría con una reserva significativa de petróleo. A principios de 2026, la consultora Vortexa estimó que el país asiático contaba con unos 1.300 millones de barriles (ver mapa), incluyendo los depósitos comerciales; esa cantidad representaría cuatro meses de importaciones.10 Se trata de un amortiguador considerable que los otros países del continente distan mucho de tener. De hecho, muchos de ellos importan hidrocarburos de forma masiva desde el Golfo, sin contar con grandes almacenamientos debido a su elevado costo.

En Europa, los expertos se preocupan sobre todo por el suministro de diésel y querosén, que proviene en parte del Golfo y cuyas reservas se encuentran en el nivel más bajo desde 2005.11 Sin embargo, el gas natural también podría escasear. A pesar de la experiencia de 2022, los depósitos están –una vez más– casi vacíos, prácticamente al mismo nivel que cuando comenzó la invasión de Ucrania. ¿Cómo se explica esta situación? “Aprovechando la obligación europea de completar las reservas antes del invierno, los agentes del mercado apostaron por este abastecimiento y los precios del gas aumentaron a principios de 2025”, explica Corbeau. Para evitar este efecto oportunista, la Unión Europea flexibilizó sus exigencias, lo que explica, en parte, su bajo nivel actual. “Además –prosigue la investigadora–, hubo varios períodos de frío este invierno que contribuyeron a la baja en las reservas”.

El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, ya instó a los Estados miembros a no esperar al final del verano boreal para volver a abastecerse.12 Poco tiempo después, al abordar la cuestión del diésel y del querosén, subrayó la importancia de una respuesta europea coordinada.13 Es que, aunque el almacenamiento le permita a Europa ganar algo de tiempo, lo cierto es que no será capaz de resolver por completo el problema de la dependencia. Por lo tanto, la mejor energía del viejo continente será, sin duda y como siempre, aquella que logre ahorrar.

Eva Thiébaud, periodista. Traducción: Paulina Lapalma.


  1. “Video statement by IEA executive director on IEA oil stock release”, Agencia Internacional de la Energía, 16-3-2026. 

  2. Homayoun Falakshahi, “Running out of barrels: cumulative oil losses hit 133 mbbls since the start of the war”, kpler.com, 20-3-2026. 

  3. Los precios del petróleo que figuran en este artículo corresponden al West Texas Intermediate (WTI), ajustados por inflación y expresados en dólares de marzo de 2026 (fuente: Federal Reserve Bank of St. Louis). 

  4. “Special report #3 - Middle East conflict implications”, rystadenergy.com, 24-3-2026. 

  5. “Rystad talks energy special edition: Middle East conflict, infrastructure impacts and commodity market shockwaves”, rystadenergy.com, 18-3-2026. 

  6. Paul Kaeser, “Les stocks stratégiques pétroliers: une construction ‘à la française’”, La Revue de l’énergie, n° 630, lugar, marzo-abril de 2016. 

  7. Citado por Florence Tan, “Goldman Sachs says global oil reserves release ‘a drop in the ocean’”, Reuters, 24-11-2021. 

  8. Noha Razek, Valentina Galvani, Surya Rajan y Brian McQuinn, “Can US strategic petroleum reserves calm a tight market exacerbated by the Russia-Ukraine conflict?”, Resources Policy, n° 86/B, lugar, octubre de 2023. 

  9. “The golden age of China’s gas storage – An excerpt from the undergound gas storage in the World 2024 report”, cedigaz.org, 3-12-2024. 

  10. Emma Li, “China’s crude import stress resistance in a Hormuz crisis”, vortexa.com, 9-3-2026. 

  11. IEA, “Oil market report”, 12 de marzo de 2026. 

  12. Ellen O’Regan, “EU urges member countries to ease gas demands amid Iran conflict, politico.eu, 21-3-2026. 

  13. Discurso ante la prensa, 31-3-2026.