Nigel Farage está de buen humor. “¡Reform no tiene intención de acoger a todos los diputados conservadores a la deriva!” (The Telegraph, 17 de enero). Desde las elecciones generales de julio de 2024, 23 diputados o exdiputados tories [del Partido Conservador] se unieron a las filas de la formación de extrema derecha, situada a la cabeza de las encuestas de preferencia política. Todos esos candidatos –entre ellos, Suella Braverman o Nadhim Zahawi, exministra de Interior y excanciller de Hacienda, respectivamente– tuvieron que empezar por reconocer la contribución de su antiguo partido a la destrucción del país. Ocurre que la relación de fuerzas parece inclinarse con claridad a favor de Farage. El agitador cambió de estatus y de estilo a la vez al ser elegido, finalmente, para la cámara de los comunes después de siete intentos, primero bajo los colores del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) y luego bajo el Brexit Party –Reform UK desde 2021–. Se acabaron las chaquetas de tweed y la risa sardónica. Ahora les toca a los trajes clásicos y las sonrisas amables. Pero ¿alcanza esto para ganar Downing Street?

En un primer momento, se trataría de alcanzar el objetivo declarado en la conferencia del partido en setiembre de 2025: ampliar el electorado. En Birmingham, Farage instó a sus dirigentes a “tomar el modelo de los liberal-demócratas, que han establecido delegaciones territoriales [...]. Esta fortaleza les permitió concentrar sus esfuerzos en circunscripciones específicas”. Adaptada al sistema uninominal de una sola vuelta, la estrategia, en efecto, les permitió a 72 centristas (liberal-demócratas) ganar en 2024, elección en la que solo fueron elegidos cinco candidatos de Reform UK (a pesar de que a nivel nacional habían tenido más votos). En el siguiente escrutinio nacional, la formación de ultraderecha ya podrá apoyarse en los 677 representantes locales y regionales que fueron elegidos en mayo de 2025, es decir, el 42 por ciento de los escaños que estaban entonces en juego (un cuarto de ellos se renueva cada año).

Por su parte, durante el mismo plazo, en los territorios que a priori les son favorables, los conservadores han perdido 676 de sus 993 mandatos, así como el control del conjunto de sus consejos municipales. La caída tory continúa: en julio de 2024 habían perdido 244 de sus 365 escaños en la cámara de los comunes y solo habían obtenido el 23,7 por ciento de los votos (el peor resultado de su historia). Con el 1,9 por ciento de los sufragios a fin de febrero, en Gorton y Denton –en las afueras de Manchester–, batieron otro récord: el del peor resultado tory en una elección parcial. Y los sondeos nacionales no le asignan más que el 16 por ciento de intención de votos.

Los conservadores sufren el contragolpe de una larga década de austeridad, de escándalos y de promesas sin cumplir, en especial, sobre la puesta en marcha del Brexit. El avance del partido de Farage se debe, en parte, a esta desilusión. Su base social presenta en efecto algunas similitudes con las de la fuerza durante mucho tiempo dominante de la derecha. “El 94 por ciento de los votantes de Reform son blancos y viven en los suburbios o en pequeñas ciudades, como los votantes conservadores”, señala Luke Tryl, director del centro de estudios More in Common. En una nota reciente sobre la composición del partido, aclara: “Las dos terceras partes de ellos son propietarios, lo que es similar a los conservadores. Pero un elemento sociológico los separa significativamente: más del 80 por ciento no fue a la universidad y no tiene formación profesional o técnica. En fin, [...] el 26 por ciento tiene dificultades para llegar a fin de mes”.

Según Luke Tryl, dos elementos determinan la dinámica de Farage dentro de estos sectores de la derecha: el sentimiento de que “los partidos tradicionales han demostrado ser incompetentes” y las posiciones sobre la inmigración de su favorito que prometió expulsar a 600.000 solicitantes de asilo en el curso de su mandato. En este terreno, los conservadores han perdido toda credibilidad después de que el saldo migratorio aumentara notablemente en los años posteriores a la entrada en vigor del Brexit.1 Por otra parte, observa el politólogo Tim Bale, “su jefa actual, Kemi Badenoch, se expresa de la misma manera que Reform. Legitima así a sus adversarios y les allana el camino”.

La maquinaria se financia

El 13 de setiembre de 2025, el cofundador de la Liga de Defensa Inglesa, Stephen Yaxley-Lennon, más conocido como Tommy Robinson, reunió entre 110.000 y 150.000 personas en el centro de Londres contra una supuesta avalancha inmigratoria. Se trataba sin duda de la manifestación de extrema derecha más importante de la historia británica. El resurgimiento de este extremismo desembozado le confiere a Reform UK un aura de moderación. El 23 de febrero, durante la presentación de su plan contra la inmigración, Farage de hecho no dudó en situar a su movimiento como el único con capacidad de impedir “el crecimiento de una forma verdaderamente inquietante y peligrosa de etnonacionalismo”.

Respetable, creíble, Reform UK despierta el interés de los patrocinadores. En agosto de 2025, Christopher Harborne, un inversor en criptomonedas con base en Tailandia, le aportó nueve millones de libras, la mayor donación individual jamás hecha a un partido político en Reino Unido, a la que le agregó otros tres millones en diciembre. En los últimos tres meses de 2025, el partido recibió 5,4 millones, es decir, más que los conservadores y los laboristas sumados (2,4 y 1,9 millones, respectivamente).2 ¿Esto, más el éxito rotundo en las elecciones locales de mayo, será suficiente para preparar un triunfo nacional? Farage sabe bien que el camino sigue estando sembrado de obstáculos.

En efecto, actualmente, los medios masivos examinan con atención el menor desvío de su parte o de algunos de sus dirigentes. Algunos asuntos internos, y la adhesión de varias figuras tories estropearon la imagen de un movimiento que ha prosperado hasta ahora gracias a la denuncia de las torpezas de los otros partidos. El control sobre varias administraciones locales, por otra parte, va a conducir a los votantes a juzgar el movimiento por sus acciones. Y la situación internacional expone todavía más a Farage a la crítica, se trate de su admiración por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump –poco querido por los británicos–, de su apoyo al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, o de su inconstancia en materia geopolítica. Aunque al principio apoyó la agresión de Estados Unidos e Israel a Irán, la impopularidad de la guerra en su propio país finalmente lo forzó a denunciarla.3

Una victoria en la elección general programada en 2029 no está, por lo tanto, garantizada.

Tristan de Bourbon-Parme, periodista. Traducción: María Eugenia Villalonga.


  1. “Net migration to the UK”, Observatorio de Migraciones de la Universidad de Oxford, 18-12-2025. 

  2. “Political parties accept almost £65m in donations in 2025”, electoralcommission.org.uk, 5-3-2026. 

  3. Ben Quinn, “Nigel Farage accused of U-turn as he says UK should keep out of Iran war”, The Guardian, Londres, 10-3-2026.