¡Eslovenia, siempre a la vanguardia! Al menos eso es lo que dicen los habitantes de las demás entidades de la antigua República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY). Este pequeño país alpino fue el primero en separarse, ya en 1991, y su breve guerra de independencia se cobró muchas menos víctimas que las que siguieron en Croacia, Bosnia y luego en Kosovo. Ya dentro de la Yugoslavia socialista, la república era considerada la eterna primera: la más rica, la más liberal en el plano social y la más “occidental”. Y hoy Eslovenia se cuenta entre los Estados europeos más a la vanguardia en la defensa de la causa palestina.

Algunos eslovenos ven la causa palestina, y la búsqueda de la autodeterminación, como un reflejo de su propia historia. A veces también, el compromiso del país se relaciona con el papel que desempeñó Yugoslavia en la fundación del movimiento de los no alineados, que había intentado trazar una vía política distinta a las de Estados Unidos y la Unión Soviética.1 En 2024, una exposición en el Museo de Arte Moderno de Liubliana narraba cómo la RFSY había acogido la primera cumbre del movimiento en 1961, había otorgado becas a jóvenes palestinos para que pudieran estudiar en sus universidades –a principios de la década de 1970, nada menos que el 43 por ciento de los estudiantes extranjeros del país procedían de Palestina– y abrió la primera oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Europa en 1971.2

El verano boreal pasado, Liubliana se proclamó la primera capital europea en imponer un embargo sobre la venta de armas a Israel. El gobierno liderado por Robert Golob lamentaba entonces que, “debido a desacuerdos y divisiones internas, la Unión Europea se mostrara impotente”.3 Un año antes, el país había reconocido al Estado independiente de Palestina. Más recientemente, anunció el boicot a Eurovisión debido a la participación de Israel, y pidió la transmisión de películas palestinas.

Cubo negro

El 16 de marzo, una semana antes de unas cruciales elecciones legislativas, la revista eslovena Mladina informó que empleados de la famosa empresa de inteligencia israelí Black Cube –a veces apodada el “Mossad privado”– se habrían reunido con el líder de la oposición de derecha Janez Janša, del Partido Democrático Esloveno (SDS), en diciembre de 2025.4 Ferviente partidario de Israel, Janša ocupa un lugar destacado en la escena política eslovena desde hace 35 años. En particular, como presidente del gobierno, cargo que ocupó en tres ocasiones y al que renunció en mayo de 2022, cuando Robert Golob, del Movimiento Libertad (GS), un partido liberal, asumió el cargo.

Durante el invierno pasado, los directivos de Black Cube habrían viajado incluso en varias ocasiones a la capital eslovena. La delegación israelí que se reunió con Golob en diciembre incluía al presidente y director ejecutivo (CEO) de la empresa, Dan Zorella, así como a un asesor de gran experiencia, el general de división retirado Giora Eiland, exjefe del Consejo de Seguridad Nacional de Israel. En febrero y marzo, Black Cube envió a agentes que se hacían pasar por inversionistas de una empresa británica ficticia llamada Stockard Capital para que se pusieran en contacto con funcionarios del gobierno. Invitados a suntuosas comidas, los “objetivos” fueron grabados antes de que, a principios de marzo, se publicaran videos de esas conversaciones en un sitio web anónimo en inglés. Si bien Janša sostiene que estos fragmentos revelarían “una corrupción sin precedentes de la élite de izquierda” (Euronews, 18 de marzo), lo que se ve principalmente son personas difundiendo chismes sobre diversos responsables políticos, presumiendo de su red de contactos y ofreciendo sus consejos a los falsos inversionistas.

En un primer momento, la operación pareció volverse en contra de sus autores. Si bien, de febrero a principios de marzo, las encuestas situaban al SDS a la cabeza por delante del GS, tras la revelación de la operación de Black Cube a mediados de marzo, la dinámica se invirtió. En las elecciones del 22 de marzo, el GS se impuso, aunque por un estrecho margen. Si la revista Mladina no hubiera revelado la maniobra, el tema de la presunta corrupción de este partido habría dominado la campaña de principio a fin. El caso esloveno recuerda que una injerencia extranjera puede tener efectos decisivos, moderados... o contraproducentes. No obstante, el 20 de abril, Golob finalmente renunció a formar un nuevo gobierno, y todo apunta a que Janša asumirá el liderazgo del país. Una oportunidad para Israel, que antes había perdido su mejor “escudo” en Europa con la derrota de Fidesz en las elecciones húngaras del 12 de abril. Hasta entonces, Tel Aviv podía contar con Viktor Orbán, siempre dispuesto a ejercer su derecho de veto, como en febrero pasado, cuando 26 de los 27 Estados miembros de la Unión Europea votaron a favor de sanciones contra los colonos de Cisjordania.

La Eslovenia de Janša podría desempeñar ahora un papel similar. Pero siguen sin resolverse algunas cuestiones. El 12 de marzo, es decir, solo unos días antes de las elecciones, el gobierno de Golob anunció que no se sumaría a la demanda por genocidio presentada por Pretoria contra Tel Aviv ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Esta decisión fue una sorpresa, y el momento elegido llevó a muchos eslovenos a preguntarse si Israel no había influido en esta decisión. La ministra de Relaciones Exteriores, Tanja Fajon, reconoció que “existen presiones externas”.5 Pero ¿cuáles? La votación sobre la demanda ante la CIJ tuvo lugar en una sesión a puerta cerrada del Consejo de Ministros… Fajon también declaró que las preocupaciones sobre posibles “riesgos para la seguridad” habían influido en la postura. Mientras que a Golob se le informaba de las amenazas que pesaban sobre el país si se sumaba a las gestiones contra Israel ante la CIJ, responsables de la seguridad nacional le habrían advertido del riesgo de dependencia de Eslovenia vinculado al uso de los sistemas de ciberseguridad israelíes suministrados por la empresa Check Point desde hace 15 años.6

Puestos clave

“Al igual que los de Defensa e Interior, el Ministerio de Transformación Digital utiliza Check Point”, nos explica Emilija Stojmenova Duh, quien estuvo a cargo de ese departamento ministerial de 2022 a 2024, antes de aclarar que ella misma no firmó ningún contrato para la adquisición de software israelí. El imperio de Check Point se extiende por todo el continente. Socio del Foro Económico Mundial, el cofundador de Check Point, Gil Shwed, es un veterano de la Unidad 8200, la tristemente famosa agencia de inteligencia del ejército israelí. El actual director general de la empresa, Nadav Zafrir, es un excomandante de esta agencia que habría contribuido a planificar y ejecutar el ataque con buscapersonas contra Hezbolá en setiembre de 2024. Como indica un informe publicado por el sitio web Open Intel, “la dirección de Check Point está, en la práctica, integrada en el aparato de inteligencia militar israelí”.7

Bajo condición de anonimato, una persona cercana al caso da cuenta de las preocupaciones recurrentes que esta dependencia ha suscitado en el Estado esloveno cada vez que ha sido necesario tomar decisiones sobre Palestina. Así lo confirman otras dos personas bien informadas en esos círculos. La cuestión se planteó, por ejemplo, en mayo de 2024, cuando Eslovenia estaba a punto de reconocer a Palestina: al parecer, los servicios de seguridad alertaron entonces al gobierno evocando amenazas contra la ciberseguridad si ofendía a Tel Aviv. Golob decidió finalmente correr el riesgo, para no alejarse de los votantes ante la proximidad de las elecciones europeas de junio. Otras consideraciones, a veces políticas, a veces oportunistas, pueden contrarrestar las presiones extranjeras y limitar su alcance.

Este año, los servicios han emitido otras advertencias de la misma índole. La difusión de las grabaciones de Black Cube –y el temor a que se publiquen otras– habría acentuado la presión. Según varias fuentes cercanas al caso, esto explicaría la decisión de retirarse del procedimiento ante la CIJ. Pero Golob y algunos de sus partidarios sostienen que esos videos no habrían tenido ninguna incidencia:8 por un lado, se difundieron después del anuncio de que Liubliana no se sumaría al procedimiento; por otro lado, las personas que aparecen en ellos no pertenecen al círculo cercano del primer ministro. En realidad, sostiene Golob (Mladina, 20 de marzo), parecería que la participación de Eslovenia en el procedimiento ante la CIJ podría comprometer el otro, independiente, contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ante la Corte Penal Internacional (CPI), donde se encuentra un juez esloveno; un argumento ridiculizado en las redes sociales como un intento de disfrazar una capitulación como un valiente apoyo a Palestina...

Independientemente del sentido que se les dé a estos acontecimientos –sin duda bastante opacos…–, el caso de la pequeña Eslovenia sigue siendo revelador. Demuestra que Israel ejerce múltiples formas de presión sobre Estados situados a miles de kilómetros de sus fronteras. Mientras Black Cube sigue operando con total impunidad, la Unión Europea se mantiene en silencio sobre la injerencia en Eslovenia. Esto contrasta con el revuelo que acompaña sistemáticamente a las supuestas injerencias rusas. Durante las elecciones presidenciales rumanas de 2024, por ejemplo, cuando la votación fue anulada tras una intervención de Moscú –nunca demostrada–.9 O, más recientemente, durante unas elecciones en 2025 en Moldavia, acompañadas de numerosas advertencias sobre el riesgo de injerencia rusa, con visitas preelectorales del presidente francés, Emmanuel Macron, del canciller alemán, Friedrich Merz, y del primer ministro polaco, Donald Tusk. No todas las injerencias extranjeras son iguales.

Lilly Lynch, periodista. Traducción del inglés: Marion Dubois. Traducción del francés: Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.

Comunidad internacional

Décadas de complicidad

Si bien Israel es el principal responsable, la destrucción de Gaza y la masacre de sus habitantes nunca habrían sido posibles sin la complicidad de terceros. ¿Cuántos Estados han intentado realmente detener esta carrera mortal hacia el abismo? Desde el inicio de la ofensiva, solo una decena de países (Belice, Bolivia, Colombia...) han roto o alterado sus relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Entre ellos, Sudáfrica fue la primera en acudir a la CIJ, el 29 de diciembre de 2023, acusando a Israel de violar la convención de las Naciones Unidas sobre el crimen de genocidio. Posteriormente se le unieron otros 13 países. No es mucho para una “comunidad internacional” que cuenta con cerca de 200 miembros, y menos aún a la luz de una masacre cuyas imágenes han acosado diariamente las redes sociales. A pesar de que la presión de la opinión pública para exigir medidas más decisivas iba en aumento, muchas naciones desestimaron las iniciativas judiciales. Los más poderosos no escatimaron esfuerzos para sabotearla, como Reino Unido, que amenazó con privar de financiación a la CPI, o Estados Unidos, que impuso sanciones a 11 de sus magistrados, así como a la relatora especial de las Naciones Unidas, Francesca Albanese.

¿Y qué recordará la historia de quienes continuaron sus entregas de armas a Israel, Estados Unidos, Alemania o Italia, por citar solo a los proveedores más importantes? Al cancelar sus contratos con este país dependiente de los aprovisionamientos exteriores, España y Eslovenia eligieron otra vía, la del rechazo a participar en los crímenes cometidos contra los palestinos. ¿Qué decir, finalmente, de quienes, en el seno de nuestras sociedades, han persistido sin remordimientos en invocar el derecho de Israel a defenderse mientras se acumulaban las pruebas de un genocidio?

La complacencia con Israel no es algo nuevo. La aniquilación de Gaza es el desenlace trágico de décadas de impunidad, que han deslegitimado los derechos de los palestinos y reforzado su deshumanización. Según el portal de búsqueda Résolutions!, desarrollado por la edición francesa de Le Monde diplomatique, la comunidad internacional ha permitido que Israel pisotee nada menos que 1.201 resoluciones de la ONU desde 1947, desde el derecho al retorno de las poblaciones hasta la restitución de los territorios ocupados después de la guerra de 1967, pasando por el cese y el desmantelamiento de los asentamientos.

Akram Belkaïd y Angélique Mounier-Kuhn, periodistas. Extracto del artículo publicado en Le Monde diplomatique (París).


  1. Régis Debray, “Le nouveau radicalisme des faibles”, Le Monde diplomatique, octubre de 1979. 

  2. “Borba drugim sredstvima”, oblakodermagazin.rs, 26-12-2024. 

  3. “The Republic of Slovenia is the first European country to prohibit the importing, exporting and transit of weapons to and from Israel”, comunicado del primer ministro de la República de Eslovenia, 31-7-2025. 

  4. Borut Mekina, “Israeli intelligence agents in Slovenia”, Mladina, 16-3-2026. 

  5. “Slovenia decides not to join ICJ genocide case against Israel”, english.sta.si, 12-3-2026; Emma De Ruiter, “Slovenia decides not to join ICJ case against Israel as political scandals deepen”, euronews.com, 20-3-2026. 

  6. Monika Weiss, “Izraelska tehnologija v Sloveniji”, Mladina, 3-4-2026. 

  7. openintel.uk 

  8. Borut Mekina, “Dokazi o izraelskem vmešavanju v volitve”, Mladina, 3-4-2026. 

  9. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, enero de 2025.