Han transcurrido diez años desde que se votó a favor del Brexit. En Irlanda del Norte, esta salida de la Unión Europea (UE) dio un nuevo impulso a la idea de reunificación con la República de Irlanda. Los republicanos consideran incluso inevitable una victoria en el referéndum que podría poner fin a la partición. Como decía el nacionalista irlandés Daniel O’Connell (1775-1847): “Cada dificultad de Inglaterra es una oportunidad para Irlanda”.
Al norte de Belfast, la colina de Cave Hill evoca el rostro de un gigante aletargado. Se dice que inspiró a Jonathan Swift (1667-1745) para crear el personaje de Gulliver. El perfil del coloso se divisa desde Waterworks, una reserva natural que solo los cisnes y las aves zancudas podían disfrutar durante el conflicto conocido como The Troubles [los problemas o los disturbios] (1968-1998). “¡Era demasiado peligroso!”, relata John Finucane, diputado del Sinn Féin (SF) por Belfast Norte. “Uno corría peligro de muerte si iba a ese lugar; pero hoy la reserva Waterworks es un punto de encuentro para una multitud de católicos y protestantes que comparten el espacio para pasear y hacer deporte”.
La noche del 12 de febrero de 1989, la familia Finucane estaba sentada a la mesa en su domicilio, cerca de Waterworks, cuando un comando lealista derribó la puerta de entrada. Acribillaron a balazos a Patrick Finucane, abogado de miembros del Ejército Republicano Irlandés (IRA) [todas las siglas son en inglés], delante de su esposa y de sus tres hijos, entre ellos John, de 8 años. En 2003, una investigación concluyó que existió colusión entre los asesinos y algunos miembros de la Real Policía del Úlster, que desde entonces fue sustituida por el Servicio de Policía de Irlanda del Norte.1 Tras las disculpas que el primer ministro David Cameron ofreció a la familia en 2012, Finucane señaló que “en setiembre de 2024 el secretario de Estado para Irlanda del Norte anunció la apertura de una investigación”. Según explicó, la colusión “formaba parte de un sistema cuyo objetivo era eliminar a personas como mi padre”. Otra abogada, Rosemary Nelson, también fue asesinada en 1999; ella defendía a los residentes de Garvaghy Road, en Portadown, que se oponían en su barrio a las marchas orangistas [naranjas, por la herencia de Guillermo de Orange, color que por asociación identifica a los leales a la Corona británica].
Un pasado, dos memorias
Finucane estudió abogacía, como su padre, antes de lanzarse a la política. La circunscripción de Belfast Norte concentra algunos de los barrios más castigados por The Troubles, en especial New Lodge y Ardoyne. Casi 30 años después del acuerdo de paz conocido como el de Viernes Santo, todavía hay vallas que separan los sectores católicos de los protestantes, llegando incluso a dividir en dos el parque público Alexandra Park. Glenn Patterson, escritor de Belfast –“nacido protestante, antimonárquico y casado con una irlandesa de Cork”–, confesó su amargura: “La mayoría de estos muros datan de 1969. Ya tienen 56 años, es decir, el doble de la edad que tenía el Muro de Berlín cuando fue derribado en 1989”. A ambos lados de estos peace walls [muros de la paz], los residentes justifican su permanencia repitiendo exactamente las mismas fórmulas: “es mejor para todos” y “es más seguro así”.
En Belfast Oeste, una gran valla separa los barrios de Falls Road (republicano) y Shankill Road (lealista). Si bien existen portones que permiten circular de un sector a otro, la Policía los cierra por la noche. Unos murales inmensos cubren los costados de algunas casas: de un lado, dedicado a la gloria del IRA y del Ejército Irlandés de Liberación Nacional; del otro, a la de la Fuerza Voluntaria del Úlster y la Asociación de Defensa del Úlster (UDA). Estos murales –así como innumerables calcomanías y grafitis– representan dos imaginarios colectivos opuestos: del lado de Falls, encontramos homenajes a Nelson Mandela, apoyo a los kurdos y a los palestinos, y consignas antirracistas; del lado de Shankill, retratos de los Windsor, homenajes al ejército británico, apoyo a Israel (incluso al primer ministro Benjamin Netanyahu) y calcomanías xenófobas. Cada comunidad glorifica su propia historia: los lealistas honran la batalla del Boyne (1690) y el Sinn Féin enaltece la insurrección de Pascua en Dublín (1916). Cada una conmemora a sus mártires a través de memoriales, pequeños museos y exposiciones privadas; y cada una también guarda silencio sobre las atrocidades cometidas en su nombre... “Ambos bandos pueden interpretar el acuerdo de paz como una victoria –observa Glenn Patterson–. Eso permitió que cada uno se reafirmara en su enclave, sin cuestionarse nada. Estas visiones sesgadas se erigen como verdades ante las nuevas generaciones”.
Sin embargo, algunos detalles sugieren cierta calma: en Shankill Road, el pub lealista The Rex Bar ahora cuenta con una terraza, algo que resultaba impensable durante la guerra civil, dado que los bares que ostentaban su cercanía con los paramilitares eran blancos directos de sus enemigos. Puede verse la misma transformación en The Felons Club, en Falls Road: este pub republicano –antaño un auténtico búnker– también habilitó una terraza que da a la calle. “Todos son conscientes de que un retorno a la violencia no aportaría nada”, resume Duncan Morrow, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Úlster. Si bien en la década de 2000 la región todavía se veía enlutada de manera regular por asesinatos sectarios, “la violencia ha disminuido mucho”, confirma John Nagle, profesor de Sociología en la Universidad de Queen’s en Belfast (QUB). “Los partidarios de la violencia, tanto de un bando como del otro, ya no son figuras centrales en el juego político” dominado por el SF y el Partido Unionista Democrático (DUP, ultraconservador, fundado en 1971 por el reverendo Ian Paisley). Desde 2007 –y a pesar de largas interrupciones–, ambos partidos comparten el poder en el castillo de Stormont, sede del gobierno local. En la actualidad, la ministra principal de Irlanda del Norte desde febrero de 2024, Michelle O’Neill (SF), es hija de un miembro del IRA, mientras que la viceministra principal, Emma Little-Pengelly (DUP), es hija de un antiguo integrante de la UDA.
En los barrios populares ya no se ven blindados, sino turistas que van a fotografiar los murales. Los guías –algunos exparamilitares– presentan a los visitantes su propia visión del conflicto. “Compartimos el mismo pasado, pero no la misma memoria”, resume Karen Logan, curadora de la exposición The Troubles and Beyond [Los disturbios y más allá]. Inaugurada en 2018 de forma permanente en el Museo del Úlster, la muestra se esfuerza por presentar una historia de la guerra civil que satisfaga a todas las partes. Los norirlandeses son invitados a aportar sus testimonios y a confiar sus reliquias; tras una vitrina, puede verse un tambor republicano con la efigie del militante encarcelado Bobby Sands (1954-1981) –quien murió tras una larga huelga de hambre– debajo de un cartel unionista que sentencia: “Los asesinos tuvieron opciones. Sus víctimas no tuvieron ninguna”.
Brexit, un divorcio amargo
Aunque a primera vista Irlanda del Norte pueda parecer estancada en su pasado “problemático”, lo cierto es que está atravesando cambios profundos. En las elecciones a la Cámara de los Comunes de 2019, el candidato del SF, John Finucane, le arrebató la circunscripción de Belfast Norte a Nigel Dodds, vicepresidente del DUP. La victoria de un republicano irlandés en este bastión unionista sugiere que la perpetuidad de Irlanda del Norte –separada en 1921 del resto de la isla con el fin de asegurar el dominio de la minoría protestante probritánica– ya no está garantizada. En las elecciones de 2024, Finucane fue reelecto con el 43,7 por ciento de los votos, frente al 29,8 por ciento del candidato del DUP.
La derrota del DUP en Belfast Norte se debe, por supuesto, al descenso tendencial de la población protestante en esta circunscripción, algo que ya se venía observando desde el censo de 2011 (45 por ciento de católicos y 48 por ciento de protestantes).2 Además, la población que se ha instalado en el último tiempo en Belfast –integrada principalmente por británicos de origen indio y nigeriano– no vivió el conflicto y, por lo tanto, es probable que se sientan atraídos por el programa de izquierda del partido republicano irlandés, o bien rechazados por el conservadurismo del DUP. Por último, Dodds, uno de los arquitectos del Brexit, se vio perjudicado por el descontento que generó la salida de la UE.
En el referéndum del 23 de junio de 2016, el 56 por ciento de los electores de Irlanda del Norte se pronunció en contra del Brexit, a contramano de la mayoría de los partidos unionistas. “Los unionistas tienen una larga tradición de oposición a Bruselas –explica John Nagle–. Muchos perciben a Europa como una aliada de Dublín y de la reunificación de Irlanda. Para ellos, la UE debilitaba su vínculo con Gran Bretaña”. “Los unionistas a favor del Brexit sienten nostalgia por el Imperio británico”, señala por su parte Richard English, profesor de Ciencias Políticas en la QUB. “Querían fronteras fuertes, soberanía, que nada de lo que los afecta pudiera decidirse en Bruselas. ¡Incluso hubo quienes votaron a favor del Brexit simplemente porque el Sinn Féin militaba en contra! No tenían idea de las repercusiones que tendría la salida para la región”.
“En Gran Bretaña, los debates se centraron, sobre todo, en la inmigración –explica John Nagle–. Los ingleses jamás pensaron en las consecuencias que tendría para Irlanda del Norte”. Tras el referéndum, Londres tuvo que tomar una decisión sobre la frontera aduanera entre Reino Unido y la República de Irlanda. El regreso de una separación física entre ambas partes de la isla era inconcebible: durante el conflicto, la frontera fue escenario de enfrentamientos sangrientos entre el ejército británico y el IRA, por lo que su eliminación constituye uno de los logros del proceso de paz. Por lo tanto, el Protocolo sobre Irlanda del Norte (NIP), firmado por Londres y Bruselas el 24 de enero de 2020, mantiene a Irlanda del Norte dentro del mercado único europeo y establece, en los puertos del territorio, el control de las mercancías procedentes de Gran Bretaña. “Los unionistas no obtuvieron el Brexit que querían –observa Richard English–. Al contrario: el Brexit alejó a Irlanda del Norte del resto de Reino Unido. Por lo que terminó siendo un trago amargo para el unionismo”. Durante la implementación del protocolo en 2021, el personal de aduanas en los puertos de Belfast y Larne recibió amenazas de muerte.3
Esa frontera marítima complica los intercambios comerciales entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte. “El Brexit es un divorcio amargo e Irlanda del Norte es el hijo que quedó en el medio”, espeta Roger Pollen, al frente de la filial norirlandesa de la Federación Británica de Pequeñas Empresas. “El referéndum fue en 2016 y nos sigue pesando tanto como entonces. Tenemos que gestionar las consecuencias con nuestros asociados”. En un principio, el Brexit provocó escasez: “A los puestos de fish-and-chips les faltaban papas. Las variedades locales son demasiado harinosas. Imagínense lo que representa aquí, en términos simbólicos, la falta de papas”, dice con un suspiro Pollen, en una clara referencia a la Gran Hambruna de Irlanda (1846-1851). “Casi todo se convirtió en un problema; y cuando se resolvía uno, aparecía otro”. Para agilizar los trámites, Londres y Bruselas adoptaron el Marco de Windsor el 27 de febrero de 2023. Desde entonces, los productos de Gran Bretaña vendidos en Irlanda del Norte que tienen prohibida su exportación a la República llevan la etiqueta “Not for EU”. No obstante, Pollen señala: “La situación ha empeorado. ¡Un tercio de las empresas británicas encuestadas dejaron de comerciar con Irlanda del Norte! Termina siendo demasiado caro y complicado para un mercado tan pequeño” –la región cuenta con apenas 1,9 millones de habitantes–. Costos y plazos adicionales, cargas administrativas, desabastecimiento, reorganización de las cadenas logísticas... Para un exportador inglés, ahora sería “más sencillo vender sus productos en Australia que en Belfast”. Algunas empresas norirlandesas están perdiendo proveedores ingleses “con los que trabajaban desde hacía tres décadas”. [N. de R.: Aunque Irlanda del Norte forma parte de Reino Unido, quedó dentro de las reglas del Mercado Único de la UE ya que poner una frontera física “dura” entre las dos Irlandas sería contrario al espíritu de los acuerdos de paz de Viernes Santo; por eso la UE controla todo producto que tenga la potencialidad de cruzar luego a la República de Irlanda según el Marco de Windsor desarrollado líneas arriba].
El Brexit, sin embargo, contó con el apoyo mayoritario de los unionistas. Katy Hayward, profesora de Sociología Política en la QUB, recuerda que las tres cuartas partes de los electores del DUP, el 90 por ciento de los de la Voz Unionista Tradicional (TUV, de extrema derecha) y el 57 por ciento de los del Partido Unionista del Úlster (UUP, de derecha; el único partido unionista que se oponía al Brexit) votaron a favor de la salida de la UE. Por el contrario, cerca del 80 por ciento de los votantes del SF, del Partido Socialdemócrata y Laborista y del partido Alianza votaron a favor de permanecer en la UE. “Los unionistas jamás habrían imaginado que Irlanda del Norte se quedaría dentro de la unión aduanera de la UE –explica Hayward–. Se sienten traicionados por Londres. Algunos de ellos creen que Dublín está manipulando a Bruselas para provocar estos efectos negativos y poner fin a la partición”.
Nuevos clivajes
Rober,4 un taxista de Shankill Road de 45 años, explica por qué en 2016 votó a favor del leave [N. de R.: nombre de la opción de salida de la UE propuesta en referéndum que al ganar llevó al Brexit, que fue el proceso completo, económico y administrativo, de salir efectivamente]: “La economía no es lo importante. Tenemos que proteger nuestra cultura y nuestra identidad. El Brexit tendría que haber frenado la inmigración, ¡pero cada vez llegan más botes! Los inmigrantes consiguen un turno médico en un día; a mí me toma un mes. El contribuyente les paga todo”. Irlanda del Norte está experimentando una afluencia de población inmigrante y de ciudadanos británicos de origen extranjero. Ahora bien, el lealismo norirlandés no solo se basa en la unión de la región con Gran Bretaña, sino también en la subordinación de la minoría católica (mediante la discriminación en el empleo, la vivienda y el voto durante el régimen conocido como de Stormont, entre 1921 y 1972, y con las marchas orangistas que siguen teniendo lugar hoy en día). Aunque a veces lo nieguen –y mencionen, por ejemplo, la existencia de una logia orangista en Ghana–, los lealistas se sitúan, por lo tanto, en la extrema derecha.
En junio de 2025, en Ballymena –una ciudad de 30.000 habitantes ubicada a una hora de Belfast– estallaron disturbios xenófobos que provocaron el saqueo de decenas de viviendas y la huida de sus inquilinos, en su mayoría rumanos. El barrio de Clonavon Terrace todavía está poblado de casas destrozadas, algunas de ellas calcinadas. Muchos vecinos exhiben en sus ventanas la Union Jack, la bandera de la mano roja del Úlster, o carteles con la frase “Locals live here” (“Acá viven nativos”). La exhibición de estas insignias tiene la clara función de evitar los ataques de los vándalos. Todos los transeúntes consultados se niegan a responder preguntas. Una joven camarera, Ann, apenas desliza: “Unos inmigrantes agredieron a una chica, entonces hubo represalias”. La detención de dos adolescentes rumanos por agresión sexual pareció desencadenar la rivalidad. Todo eso sucedió antes de que los paramilitares lealistas se vieran superados por la virulencia de manifestantes llegados de toda Irlanda del Norte e incluso de la República de Irlanda. En agosto de 2024, en el barrio lealista de Sandy Row en Belfast, un disturbio similar ya había reunido a xenófobos de ambos lados de la isla, que se mostraron codo a codo con la Union Jack y la bandera tricolor irlandesa.
Jack Gibson, un joven representante electo del partido Alianza en la Asamblea provincial, se muestra indignado ante estos disturbios “racistas e irracionales, alimentados por la desinformación que circula en las redes sociales. A algunas empresas les cuesta reclutar personal, sobre todo en el sector agroalimentario: en Ballymena, como en cualquier otro lugar del mundo, los inmigrantes hacen los trabajos que los locales desprecian. Por lo tanto, la prosperidad de nuestra ciudad depende en parte de ellos”. Alianza, un partido liberal y multiconfesional fundado en 1970, se mantuvo estancado durante mucho tiempo –llegaba a alcanzar apenas el cinco por ciento de los votos–, hasta que las repercusiones del Brexit hicieron que sus resultados electorales se dispararan: “La proporción de gente que se niega a encasillarse en las categorías ‘naranja’ [lealistas] o ‘verde’ [republicanos] viene en aumento. Solo quieren vivir en un lugar con una economía y servicios que funcionen”, resume Gibson.
Sin embargo, hay otro partido que también viene con viento a favor: el TUV. Dan Boucher nos recibe en un café de Ballymena, no muy lejos de las casas incendiadas. De origen galés y exdirigente del Partido Conservador –se unió al DUP cuando se mudó a Irlanda del Norte–, Boucher ahora es asesor de Jim Allister. Por su parte, Allister es un antiguo miembro del DUP que fundó el TUV en 2007 tras reprocharle a Ian Paisley (1926-2014) que aceptara gobernar junto con el SF. El giro a la derecha del electorado unionista hizo crecer al TUV en detrimento del DUP, cuyo auge a comienzos del milenio ya había desplazado al histórico UUP, que había dominado la región desde la partición de 1921. En julio de 2024, Allister fue elegido diputado por la circunscripción de Antrim Norte, que incluye a Ballymena. Su elección representó un golpe de efecto para el DUP: el rival derrotado por Allister no era otro que Ian Paisley Junior, quien ocupaba el escaño desde 2010, después de que su padre lo hubiera conservado desde 1970.
En lo que respecta a los disturbios, Boucher se pronuncia con cautela: “La fisonomía de esta ciudad ha cambiado muchísimo debido a la fuerte concentración de inmigrantes. Eso alimenta un sentimiento de inseguridad. La gente de acá se siente amenazada en su identidad”. En las elecciones de 2024, el TUV selló un pacto con el partido de extrema derecha británico Reform UK, de Nigel Farage. “La idea del Brexit era recuperar el control –recuerda Boucher–. Dejar de estar en minoría frente a Bruselas. Pero el Úlster sigue sujeto a las leyes europeas. Nadie votó por un ‘medio Brexit’ con una parte de Reino Unido –el Úlster– todavía dentro de la UE. El TUV propone una solución: el refuerzo mutuo. Las empresas que quieran exportar a los Veintisiete [UE] producirán bajo las normas europeas y, en ese caso, ya no habrá necesidad de una frontera”. Boucher sospecha que el primer ministro laborista, Keir Starmer, está trabajando para el regreso de Reino Unido a la UE: “La situación del Úlster es una bendición para este gobierno anti Brexit. Les ofrece la oportunidad ideal para dar marcha atrás”. Por su parte, Boucher apuesta por la victoria electoral de su partido para poder, finalmente, obtener “un Brexit completo”.
“El TUV se alimenta tanto de las dificultades del Marco de Windsor como de los miedos de los unionistas en relación con la inmigración o con la unidad irlandesa –analiza Katy Hayward–. Y el DUP, haga lo que haga, está atrapado por el TUV. Del mismo modo que el Partido Conservador británico lo está por Reform UK”. En febrero de 2022, el DUP se había retirado del gobierno de Stormont en protesta contra el NIP. “Solo que, ante esa parálisis de las instituciones, las encuestas de opinión mostraron un renovado interés por la unidad de Irlanda –recuerda la socióloga–. Por eso, a principios de 2024, el DUP aceptó volver a gobernar con el SF. ¡Pero, desde entonces, el apoyo al TUV no para de crecer!”.
A favor de la unidad
El acuerdo de paz de 1998 reconoce el derecho a la autodeterminación de los norirlandeses: el secretario de Estado británico para Irlanda del Norte debe convocar a un referéndum en caso de que la mayoría de los habitantes de la región se muestre favorable a la unidad irlandesa. Ahora bien, el censo de 2021 indicó que, por primera vez, los protestantes serían minoría frente a los católicos: un 43,5 por ciento contra un 45,7 por ciento, a los que se suma aproximadamente un 10 por ciento que se niega a definirse.5 Los jóvenes norirlandeses son, en su mayoría, católicos; mientras que los adultos mayores son, en su mayoría, protestantes. Además, el impacto del Brexit impulsó la idea de la reunificación, incluso entre algunos protestantes: en octubre de 2024, también por primera vez, un sondeo situó el apoyo a la permanencia en Reino Unido por debajo del umbral del 50 por ciento (48,6 por ciento).6
“Arrancaron a Irlanda del Norte de la UE contra la voluntad de la mayoría de sus habitantes”, lamenta Colin Harvey, profesor de Derecho en la QUB y uno de los responsables de Ireland’s Future, un movimiento creado en Dublín tras el Brexit que tiene como objetivo promover la unidad. “La pertenencia de toda la isla a la UE era una pieza clave del acuerdo de paz. Las divergencias van a aumentar con el paso del tiempo: Reino Unido seguirá su propio camino, cada vez más alejado del de los Veintisiete. Hoy la República de Irlanda es un país próspero y, por lo tanto, la reunificación es la única solución. Sin embargo, esto implica una preparación minuciosa para que ninguna comunidad se sienta perjudicada. Los unionistas deberán sentirse bienvenidos en esta Irlanda unida. Creo que es posible: somos una sociedad posconflicto, donde nadie quiere repetir los errores del pasado”.
Amigo de Bobby Sands, a quien conoció durante su detención, Séanna Walsh fue el encargado de leer ante la BBC, el 28 de julio de 2005, el comunicado mediante el cual el IRA anunciaba el “fin de la lucha armada” y la determinación de lograr sus objetivos “por vías pacíficas”. Actualmente concejal del SF en Belfast, Walsh se muestra optimista respecto de su concreción: “La comunidad unionista va a poder elegir por referéndum si quiere permanecer en ‘Reino Unido’, un país que volvió a ser ‘el hombre enfermo de Europa’, ¡o bien regresar a la UE a través de la unidad de Irlanda!”, celebra el antiguo oficial del IRA. Por su parte, Pat Sheehan, también concejal del SF y exmiembro del IRA, espera un referéndum sobre la unidad irlandesa “antes de que termine la década”. Y agregó: “Tendrá que estar bien preparado: el del Brexit fue un ejemplo de todo lo que no hay que hacer, con una campaña electoral que encadenó una mentira tras otra. La gente debe estar bien informada, saber con exactitud qué es lo que va a votar. Se tendrán que abordar todos los puntos, incluida la protección de las tradiciones culturales de los protestantes”.
Algunos protestantes también empiezan a creer que la unidad de Irlanda va a ser “inevitable”, tal como lo declaró a la BBC en 2024 uno de los fundadores del DUP, Wallace Thompson: “El Brexit dañó el vínculo con Gran Bretaña y no hay vuelta atrás”. Glenn Patterson recuerda que “el acuerdo de paz prevé que, en caso de que gane el ‘no’ en el referéndum, debe organizarse una nueva consulta siete años más tarde, y otra siete años después. Matemática e inevitablemente, algún día el resultado será ‘sí’”. El escritor se pregunta: “En Dublín, ¿qué están dispuestos a cambiar para recibir a los unionistas del Norte? ¿Su bandera? ¿Su himno nacional?”.
Davy Adams, exmiembro de la UDA, participó en las negociaciones que llevaron al alto el fuego lealista de 1994 y, posteriormente, al acuerdo de paz de 1998. Tras el conflicto se convirtió en trabajador humanitario en África. Adams califica su etapa paramilitar como un “lamentable error de juventud”. En 2024 participó en una conferencia de Ireland’s Future. “Para algunos irlandeses –advierte–, la unidad de Irlanda es el único objetivo y poco les importa cómo se adaptarán los protestantes del Norte. Tienen la idea de que ‘si no les gusta, se pueden ir a otra parte’. ¡Ojo!: este nacionalismo irlandés se parece al mismo nacionalismo inglés que cometió el Brexit. No hay ninguna esperanza de construir una Irlanda en paz consigo misma sin una reconciliación inclusiva”. Además, según Adams: “Existe suficiente gente con buena voluntad como para lograrlo”.
Cédric Gouverneur, periodista, enviado especial. Traducción: Paulina Lapalma.
-
John Stevens, “Stevens Enquiry. Overview and recommendations”, patfinucanecentre.org, 17-4-2003. ↩
-
Dr. Raymond Russell, “Census 2011: Key statistics at Northern Ireland and LGD level” y “Census 2021. Main statistics for Northern Ireland statistical bulletin. Religion”, Asamblea de Irlanda del Norte, nisra.gov.uk, 20-2-2013 y 22-9-2022, respectivamente. ↩
-
Daniel Finn, “¿Podrá el Brexit reunir las dos Irlandas?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2021. ↩
-
Las personas presentadas solo por su nombre de pila prefirieron permanecer en el anonimato. ↩
-
“Census 2021. Main statistics for Northern Ireland statistical bulletin. Religion”, Asamblea de Irlanda del Norte, 22-9-2022. ↩
-
John Manley, “Research reveals supporters of the union are now a minority”, irishnews.co, 22-10-2024. ↩
