Para las tortugas gigantes y la biodiversidad marina, el atolón de Aldabra es un santuario. Muy cerca de esta joya declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en la isla de Asunción, Nueva Delhi soñaba con instalar una base militar para contrarrestar a Pekín. En 2017, India llegó a presentar una propuesta en este sentido. Pero el gobierno de Seychelles finalmente prefirió construir allí un complejo hotelero de seis estrellas de 51.000 metros cuadrados que incluyó 37 villas, cuatro restaurantes (francés, japonés, orgánico y de servicio continuo) y que requiere la ampliación de la pista de aterrizaje para permitir el acceso aéreo directo desde el resto del mundo.1 ¿Quién está detrás de estas maniobras? Unos multimillonarios sirio-cataríes involucrados en varios proyectos similares en otros lugares. Desde Seychelles hasta Albania, pasando por Egipto, Ramez y Moutaz Al Khayyat, están convirtiendo puntos neurálgicos del planeta en activos privados.
Tres actores en disputa
Para comprender a fondo esta geopolítica, en la que el sector hotelero sería el caballo de Troya, hay que detenerse un poco más en el caso del océano Índico. La zona concentra el 40 por ciento del comercio marítimo mundial y el 80 por ciento de las exportaciones energéticas del golfo árabe-pérsico hacia Asia. Actualmente, tres actores se enfrentan allí: China, India y, ahora, las monarquías del Golfo. Desde 2013 Pekín ha financiado puertos de aguas profundas en Pakistán (Guadar), en Sri Lanka (Hambantota) y también en Yibuti, asegurándose así el abastecimiento chino de hidrocarburos a lo largo del “collar de perlas”, como se conoce a esta red de bases militares, puertos y rutas estratégicas que China controla en el océano Índico. Estas infraestructuras le permiten ampliar su influencia militar, como lo demuestra su base naval en Yibuti, operativa desde 2017. China también despliega sistemas de vigilancia y drones para controlar las rutas marítimas. Para Pekín el objetivo está claro: hacer del océano Índico un “mar chino”.
Ante esta expansión, India ha reaccionado con su doctrina del “collar de diamantes”, una serie de bases navales y acuerdos de cooperación con Maldivas, Mauricio, Seychelles y Sri Lanka. El proyecto de una base en la isla de Asunción, cuyo objetivo era vigilar las rutas marítimas del oeste del océano Índico, fracasó ante la presión de la oposición local y los temores por la soberanía nacional. Sin embargo, en marzo, las Seychelles reabrieron finalmente un puesto de guardacostas en la isla, con el apoyo de India. Nueva Delhi no puede tolerar que Pekín amplíe su influencia en lo que considera su mare nostrum.
Por su parte, Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Arabia Saudita buscan diversificar sus economías y extender su influencia más allá de Medio Oriente. Frente a las dos grandes potencias asiáticas rivales, cuentan con una ventaja. Sus fondos soberanos, Qatar Investment Authority (QIA), Mudabala y Public Investment Fund (PIF) saudí, y sus redes empresariales les permiten movilizar sumas colosales, mientras que los Estados insulares del océano Índico, cuya economía depende en más de un 30 por ciento del turismo, tienen una necesidad acuciante de capital extranjero. Y Catar, en particular, se destaca por una estrategia especialmente ofensiva: desde mediados de la década de 2010, ha convertido la hotelería de lujo en una herramienta fundamental de su diplomacia económica. Mientras que Riad apuesta por las inversiones industriales y Abu Dabi por la infraestructura logística, Doha opta por centrarse en el turismo de lujo. En el océano Índico, pero no solamente allí.
Ofensiva catarí
En una década, los inversionistas cataríes han puesto en marcha varios megaproyectos, cuyo importe total asciende a decenas de miles de millones de dólares: el complejo Atlantis The Royal en Maldivas, en la isla de Vaaredhdhoo Faru (270 habitaciones de hotel y 223 villas, 20 restaurantes, dos beach clubs, un parque acuático de 70.000 metros cuadrados con 15 atracciones), complejos de alta gama que combinan hoteles de lujo, canchas de golf y puertos deportivos en Alam Al Rum, en la costa mediterránea de Egipto. Tanto en las Maldivas como en las Seychelles, los proyectos tienen como objetivo atraer a una clientela internacional adinerada en islas privatizadas parcial o totalmente. Este enfoque presenta varias ventajas: las inversiones turísticas suelen suscitar reacciones menos hostiles que el establecimiento de bases militares. Sobre todo, las alianzas con grupos hoteleros internacionales (como Rosewood en Seychelles o Kerzner en Maldivas) y las concesiones a largo plazo crean relaciones de dependencia económica y política que benefician a Doha y a sus representantes.
Los hermanos Al Khayyat son las figuras más destacadas de esta ofensiva catarí. Provenientes de una familia influyente de Damasco, han construido un conglomerado de gran alcance, presente en los sectores de la construcción, el sector inmobiliario, la industria agroalimentaria y la hotelería de lujo. El éxito de su imperio, que se extiende desde África hasta Asia, pasando por Medio Oriente y Europa, se basa en su acceso privilegiado a los círculos de poder cataríes, a través de su madre, Sumaya Hamsho, cercana al emir Tamim Ben Hamad Al Thani, así como en su capacidad de ingeniería financiera respaldada por una miríada de sociedades offshore.2 Su método consiste en centrarse en zonas estratégicas, a menudo protegidas, e implantar allí complejos hoteleros de gran lujo. De este modo, se hacen con emplazamientos clave para la vigilancia marítima o el control de las rutas comerciales, y extienden su influencia en regiones donde las grandes potencias se disputan el liderazgo.
Los hermanos no descuidan a la potencia principal, Estados Unidos. El mayor, Mohamad, habría propuesto hace unos años al actual presidente estadounidense, Donald Trump, construir por su cuenta una cancha de golf en Siria, cerca de Lataquia. Este proyecto, presentado como un símbolo de la recuperación del país, tenía por objetivo conseguir que se levantaran las sanciones de Washington contra Damasco. Para los hermanos Al Khayyat, que ya habían obtenido contratos lucrativos para la reconstrucción de Siria (el aeropuerto capitalino, centrales eléctricas, adquisición de mansiones históricas en el casco antiguo de la capital), esa medida debía allanar el camino para una afluencia masiva de capitales. El 18 de diciembre de 2025, Trump promulgó finalmente una ley en este sentido, unas semanas después de que los hermanos Al Khayyat ofrecieran a los representantes republicanos la “primera piedra” del proyecto del terreno de golf Trump, símbolo de las futuras oportunidades económicas estadounidenses en Siria.3
Este savoir-faire no pasó desapercibido para la hija del presidente estadounidense, Ivanka Trump, ni tampoco para su yerno y exasesor, Jared Kushner. El matrimonio se asoció discretamente con los Al Khayyat para llevar adelante dos proyectos controvertidos de resorts colosales en Albania, uno en las costas de Zvërnec, frente a la laguna de Vjosa-Narta, y otro en una isla situada justo enfrente: la señora Trump se enamoró de Sazan a primera vista, tras descubrirla durante un crucero en yate. “Queremos contribuir a revelar su potencial para transformarla”, explicó al conductor de podcast David Senra, el 31 de marzo. “Pero con discreción y precaución, porque este territorio es realmente hermoso”.4 Por un importe total de varios miles de millones de euros, podrán florecer un hotel de 800 habitaciones, restaurantes, spas, puertos deportivos, una cancha de golf o un casino. Aún quedan por concretarse los detalles de los planes para Sazan, pero la isla es también un emplazamiento estratégico para el control del acceso al Adriático y al mar Jónico. Alberga, entre otras cosas, antiguas instalaciones militares soviéticas, que incluyen 3.600 búnkeres antinucleares, 30 kilómetros de túneles y puntos de fondeo para submarinos.
Si bien el fondo de inversión de Kushner, Affinity Partners, lidera el proyecto en Sazan, teniendo en cuenta que Kushner a su vez está financiado por la QIA y por el Public Investment Fund saudí, los terrenos se adquirieron mediante una compleja estructura financiera ideada por los hermanos Al Khayyat. El proyecto en la costa de Zvërnec [en el sur de Albania] es aún más opaco. Los hermanos han creado una cascada de sociedades pantalla que conectan Tirana con Ámsterdam y después con Doha, de manera que es prácticamente imposible identificar a los verdaderos inversionistas. La empresa que ha conseguido el permiso de desarrollo del gobierno albanés se llama Zvërnec South Adriatic Development LLC, pero sus beneficiarios permanecen desconocidos para el público. Los terrenos, por otro lado, pertenecen a Albania Land Development, una entidad propiedad de los hermanos cataríes.5
Sin embargo, surge un problema: la zona donde se ubicaría el complejo hotelero en Zvërnec estaba protegida por su inclusión en la red europea Natura 2000, hasta que una ley de 2023, impulsada por el primer ministro Edi Rama, flexibilizó las restricciones normativas. En la primavera boreal de 2026, unas vallas cerraron más de un millón de metros cuadrados de playas donde generaciones de albaneses han crecido y pasado sus vacaciones. La protesta se organizó de inmediato hasta convertirse en un levantamiento popular que ya reúne a decenas de miles de personas cada día en Tirana. Desde junio, marchan detrás de flamencos de cartón, la “revolución de los flamencos rosas”,6 reclamando la renuncia de Rama al grito de “Albania no se vende”. El 2 de julio la policía respondió con camiones de agua y gases lacrimógenos.
Al mismo tiempo, la fiscalía anticorrupción congeló los 127 millones de dólares en activos de Albanian Land Development, provenientes de la venta de terrenos, antes de desbloquearlos por presión política. Además, se está llevando a cabo una investigación por tráfico de estupefacientes y lavado de dinero contra el vendedor, Artur Shehu, sin que la justicia haya imputado, hasta el momento, a la empresa compradora ningún delito, ni haya atribuido a los inversionistas conocimiento alguno de estos hechos.
En el mar Adriático, en el mar Rojo y en el océano Índico, el mismo panorama recuerda los métodos de las compañías comerciales europeas de los siglos XVII y XVIII. Al igual que las sociedades offshore creadas por los hermanos Al Khayyat o la familia Trump actualmente, la Real Compañía Británica de Aventureros de Comercio con África, la Compañía de Nueva Francia y la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales intentaron conseguir concesiones territoriales a cambio de “protección” o “desarrollo”. ¿Acaso lo que está sucediendo hoy no es una nueva forma de colonialismo? Ya sean estatales (Catar, EAU) o privadas, las potencias extranjeras se apoderan de los recursos y territorios de los países anfitriones mediante la corrupción, el clientelismo y la deuda.7 En este sistema, el Estado no es más que una élite cómplice de los inversionistas extranjeros. Los bienes públicos, islas, playas, bosques, terminan privatizados en beneficio de una ínfima minoría, mientras que los pueblos locales son desplazados y los ecosistemas destruidos, en un abandono total de la soberanía.
Lindita Çela y Tristan Coloma, periodistas. Traducción: Emilia Fernández Tasende.
-
“Environment and social impact assessment report. Proposed hotel development on Assomption Island, Seychelles”, Island Conservation Society, Pointe Larue, 13-5-2024. ↩
-
Joan Tilouine, “La diplomatie de l’hôtellerie de luxe des milliardaires Al-Khayyat à haut risque environnemental”, africaintelligence.fr, 3-7-2026. ↩
-
Eric Lipton, “Syrian billionaires needed a favor in Washington. They invoked the Trump name”, The New York Times, 19-4-2026. ↩
-
Citado por Andrew Higgins, “Watch out for the snakes”, The New York Times, 11-7-2026 y 12-7-2026. ↩
-
Lindita Çela, “Albanian drug trafficking investigation overlaps with probe into planned resort that sparked ‘Flamingo Revolution’”, occrp.org, 18-6-2026; Rob Schmitz, “In Albania, anger grows against the government for supporting a Kushner-linked luxury resort”, npr.or, 16-6-2026. ↩
-
Ana Otašević, “De Belgrado a Tirana, ces chefs d’État qui vénèrent M. Trump”, Le Monde diplomatique, París, julio de 2026. ↩
-
Arnaud Orain, Le Monde confisqué. Essai sur le capitalisme de la finitude (XVIe-XXIe siècle), Flammarion, París, 2025. ↩
