En Lehnitz, a menos de una hora al este de Berlín, el tiempo parece haberse detenido. En pleno corazón de un bosque, algunas calles empedradas conducen a villas rodeadas de abedules. En la esquina de la calle Ernst Thälmann –el dirigente del Partido Comunista Alemán (KPD) asesinado en el campo de concentración de Buchenwald en agosto de 1944–, hay una estela que honra la memoria de las víctimas del nazismo. En el cruce de las calles Friedrich Wolf y Magnus Hirschfeld, una placa conmemora a Julius y Ethel Rosenberg, la pareja acusada de haber filtrado a la Unión Soviética documentos sobre la fabricación de la bomba atómica y que fue ejecutada en Estados Unidos el 19 de junio de 1953. Como ocurrió en otros pueblos de la ex Alemania comunista (la República Democrática Alemana, RDA), Lehnitz se resistió a la oleada de cambios en los nombres de los lugares conmemorativos que se produjo tras la caída del Muro de Berlín. En la calle que lleva su nombre se encuentra el Museo Friedrich Wolf, mientras que la calle Magnus Hirschfeld lleva a lo que fue un sanatorio judío fundado en 1900, y vandalizado por los nazis al igual que todos los negocios con propietarios judíos, las sinagogas y los lugares comunitarios durante el pogromo de la “Noche de los Cristales Rotos” del 9 de noviembre de 1938.

Apenas finalizada la guerra, cuando el Ejército Rojo llegó al pueblo, la mayoría de las casas ya había sido abandonada. Cuando volvió de su exilio en la Unión Soviética, las autoridades de la ocupación le asignaron una de esas casas al médico y dramaturgo Friedrich Wolf. Vivió ahí hasta su muerte en 1953. Su regreso había sido precedido por el de sus hijos, Konrad –que se convertiría en el gran cineasta de la RDA, y cuyo nombre lleva hoy la Escuela de Cine de Babelsberg (Potsdam)– y Markus, futuro responsable de los servicios de inteligencia exteriores, el “Karla” de John Le Carré.1

Obligado al exilio, al igual que Friedrich Wolf por las leyes raciales del Tercer Reich, 20 años mayor que él, el médico y sexólogo Magnus Hirschfeld jamás volvió. Murió en Niza en 1935. Se desconoce quién tomó la iniciativa de dar su nombre a una calle, precisamente la que lleva hasta el sanatorio judío, pero cabe suponer que fue Friedrich Wolf. Los vínculos entre ambos médicos se explican: ambos habían llevado a cabo luchas pioneras en la Alemania previa a 1933. Mientras que Hirschfeld había luchado por la despenalización de la homosexualidad y la derogación del artículo 175 del Código Penal que la reprimía, Friedrich Wolf lo había hecho contra el artículo 218 que sancionaba el aborto. Incorporadas en 1871 al nuevo Código Penal, estas medidas ponían de manifiesto la voluntad de control del Estado sobre los cuerpos. El Imperio del que Bismarck fue canciller no fue el único que ostentó esas leyes, pero Alemania fue pionera en combatirlas. Hirschfeld y Wolf tuvieron como aliado, en particular, al socialdemócrata August Bebel, figura destacada en la lucha contra el antisemitismo y autor del famoso manifiesto a favor de la emancipación de las mujeres, Die Frau und der Sozialismus [La mujer y el socialismo, 1879], quien firmó todas las peticiones que exigían la derogación de los dos artículos mencionados.

Estudios sobre intersexualidad

En noviembre de 1919, Hirschfeld y sus colaboradores fundaban en Berlín el Instituto de Sexología, que tomaba el relevo del Comité Científico Humanitario, creado en 1897 en defensa de los homosexuales.2 La ceremonia de inauguración del instituto fue oficial, pero la prensa se hizo poco eco del evento. Además del hecho de que comenzó con un recital de Leo Gollanin, el futuro cantor de la Gran Sinagoga de la calle Oranienburg, en Berlín, se sabe poco sobre cómo se desarrolló el acto, ya que el instituto y sus archivos fueron saqueados por los nazis en mayo de 1933. El comité del que surgió el instituto ya contaba en su haber con una carta enviada al Parlamento en 1904, firmada por 750 directores de escuelas secundarias y 2.800 médicos, en la que se felicitaba a la institución por su lucha. En El tercer sexo de Berlín, libro que acababa de publicar por entonces, Hirschfeld tomaba la precaución habitual en aquella época de advertir que no iba a hacer apología de la homosexualidad. Escribía: “Paso ahora al temor muchas veces manifiesto de que los escritos populares sobre un tema semejante contribuyan a propagar las costumbres homosexuales. Ese peligro no existe: demasiado grandes son las ventajas del amor sexual normal [normalsexuelle Liebe], por citar solo una, las alegrías de la vida familiar, que ejercen sobre todo corazón de hombre un atractivo tan poderoso. Demasiado grandes son también las miserias que se derivan de las tendencias homosexuales”. Veía en la gran ciudad un refugio: “Es poco verosímil que en Berlín nazcan más homosexuales que en una ciudad pequeña, pero ahí pueden vivir ‘más en las sombras’ y, en consecuencia, más tranquilos. En una gran ciudad, el individuo escapa al control del entorno mejor que en cualquier rincón de provincias donde todo, sentido y espíritu, se reduce...”.3  En este punto nos vemos tentados de establecer un paralelismo con la libertad que Berlín (oeste) volvería a ofrecer, medio siglo más tarde, a las personas transexuales, tal y como lo describiría la artista y activista trans, Nora Eckert.4

Mientras seguía con la actividad militante del comité, el instituto, gracias a sus investigaciones, permitiría que la sexología alcanzara el estatuto de disciplina científica. Sostenía que la homosexualidad no constituía una desviación sexual, sino otra forma de sexualidad y, según la fórmula de Hirschfeld, que la identidad sexual estaba más en la cabeza que en el cuerpo. En el instituto se llevaban adelante estudios que cuestionaban el carácter binario del sexo y allanaban el camino hacia la transexualidad. Se exploró en profundidad la teoría de la intersexualidad, en especial a partir del caso de Karl M Baer, un hombre declarado mujer en el momento de su nacimiento debido a una indiferenciación sexual. Antes, en 1906, gracias a la ayuda de Hirschfeld y de su colega Iwan Bloch, el abogado berlinés Sammy Gronemann había logrado imponer el cambio de estado civil, del que Karl M Baer fue probablemente el primer beneficiario en Alemania. Alentado a dar testimonio de su sufrimiento, este último publicó en 1907, bajo el seudónimo de N O Body, un relato titulado Los años de niña de un muchacho, que tuvo tal éxito que se reeditó siete veces antes de la Primera Guerra Mundial.5

Es un caso que podría recordar el de Herculine Barbin, descubierto por Michel Foucault en los archivos médicos del siglo XIX.6 Recordamos que Herculine Barbin había vivido una pasión mutua y feliz con una joven hasta el día en que, por temor a las sospechas que despertaba su relación, había confiado sus dudas sobre su identidad sexual a las autoridades religiosas. Después de un examen médico, fue obligado a modificar su estado civil y, bajo el nombre de Abel Barbin, abandonó a su novia y su región de origen para trasladarse a París. Incapaz de soportar este nuevo estado que le había provocado un enorme desclasamiento, pobreza y soledad, Barbin terminó suicidándose.

Pero más que al caso de Herculine Barbin, el de N O Body/Karl M Baer remite al de Anne Grandjean, también mencionado por el filósofo en sus clases en el Collège de France a principios de 1975.7 Conocida gracias al escrito de su abogado Vermeil, quien la defendió en 1765, esta persona que nació mujer, vivió como hombre y se casó con una mujer fue protagonista de la película de Jean-Claude Monod Un día niña (2023), en la que el actor Thibault de Montalembert, notable en el papel del abogado, pronuncia un discurso sorprendentemente moderno. Karl M Baer, por su parte, se casó varias veces después de su transición. De origen judío, como revelaría el historiador berlinés Hermann Simon, se convirtió en asistente social de la comunidad de Berlín después de haber luchado, antes de su transición, contra la trata de jóvenes judías de Europa del Este. Huyendo de los pogromos y atraídas hacia Berlín, estas mujeres terminaban siendo presa de los proxenetas. Karl M Baer no se decidió a abandonar Berlín hasta 1938, cuando sufrió una golpiza a manos de la Gestapo. Después se trasladó a Palestina y murió en Israel en 1956.8

Hasta que Hirschfeld le confirmó que era un hombre, Karl M Baer pensaba que era una mujer y sufría por sentirse atraído por las mujeres. Semejante sufrimiento no tenía nada de asombroso, dado que las relaciones sexuales entre mujeres (aunque no estuvieran contempladas dentro del artículo 175 de la ley, que solo se refería a los hombres) eran rechazadas por la sociedad. Además, aunque no tenía menstruación ni senos, sino una voz que había cambiado e incluso barba, ¿cómo podría Karl M Baer haber pensado que pertenecía a otro género que el que le había sido atribuido al nacer, en una época y en un ámbito en el cual el pudor era la norma? Fue el examen clínico de Hirschfeld el que le reveló que era, efectivamente, un hombre “como los demás”. El sexólogo le habría hablado de la necesidad de una “pequeña operación”. Pero de hecho no hay rastros de ninguna operación de cambio de sexo en aquella época, aunque la literatura reciente a veces mencione que sí –como si se quisiera proyectar otras situaciones sobre su caso, en lugar de aceptarlo tal y como él mismo lo describió–. Además, hay que ver en la operación una interpretación anacrónica, ya que solo aparecen registros de operaciones de esa índole a partir de la fundación del instituto y, con mayor certeza todavía, a principios de la década de 1930. Hirschfeld y sus colegas solo las habrían aceptado como un último recurso para evitar las automutilaciones y los suicidios. Sin embargo, en el caso de N O Body/Karl M Baer, según la historiadora de la medicina Marion Hulverscheidt, “la pequeña operación” podría haberse referido a una circuncisión, dado que Baer era judío y que Magnus Hirschfeld, como la mayoría de sus colegas, también lo era. Judíos ciertamente laicos, pero que no por eso habrían dejado de respetar la tradición, la cual tenía además un carácter profiláctico. Tanto más cuanto que, en lo que respecta a N O Body, Hirschfeld fue categórico: esta persona, cuyo anonimato respetará siempre, presentaba todos los caracteres masculinos.

Más allá de este debate difícil de zanjar por falta de fuentes, las siete reediciones de Los años de niña de un muchacho entre 1907 y 1914 dan testimonio del interés que suscitaba la cuestión de la identidad sexual en la Alemania de Guillermo II. Por otra parte, Foucault menciona, en su presentación de Herculine Barbin, llamada Alexina B, que fue en Alemania donde la vida de Alexina tuvo mayor repercusión. El relato de N O Body era desconocido en Francia y Michel Foucault no podía saber de él. El filósofo había llevado a cabo sus investigaciones mucho antes de que Hermann Simon exhumara, en 1991, ese testimonio firmado como N O Body gracias a una ficha del catálogo de la biblioteca universitaria de Berlín, en la cual el nombre de N O Body había sido tachado (a lápiz) y reemplazado por el de Karl M Baer.

Frente al Instituto de Sexología en Berlín en 1921.

Frente al Instituto de Sexología en Berlín en 1921.

Foto: Kunstbibliothek SMB / Willy Romer

Cine, cabarets y chantajes

El compromiso de Magnus Hirschfeld había sido doble: por un lado, intentaba despatologizar la homosexualidad y, por otro, despenalizarla. Y para eso no dudaba en intervenir públicamente. Así es como participó en la película Diferente de los demás, de Richard Oswald, estrenada en 1919. El filme narraba el sufrimiento y el chantaje a los que se veían sometidos los homosexuales. Pero, tal como lo cuenta su primera biógrafa, Charlotte Wolff, era con este objetivo (aunque sin duda no exclusivamente) que frecuentaba los cabarets nocturnos controlados por la policía de costumbres.9 Hirschfeld intentaba convencer a sus agentes de las consecuencias negativas de las medidas represivas que favorecían el chantaje y que estaban en el origen de los suicidios. En 1902, el de Friedrich Alfred Krupp, el heredero del imperio industrial, había conmocionado a la opinión pública. Mientras se encontraba en Capri, la prensa italiana había difundido informaciones sobre su homosexualidad. Berlín bullía por entonces de rumores sobre el “vicio de la sodomía”, incluso en el círculo del emperador. Aunque se había convertido en el gurú del underground homosexual, Hirschfeld se cuidaba mucho de mostrar su homosexualidad y, pese a que había defendido a Oscar Wilde durante su juicio por “inmoralidad” en la Inglaterra victoriana de 1895 haciendo circular El retrato de Dorian Gray, el sexólogo había publicado su primer libro, Sappho und Sokrates, con seudónimo.10

Como lugar que recibía a personas que sufrían, el instituto de Berlín abría sus puertas a las víctimas de los chantajistas. Hirschfeld y sus colaboradores las acompañaban en los juicios contra quienes los atormentaban, multiplicaban las intervenciones públicas para denunciar el artículo 175 y daban conferencias en la universidad y ante sindicatos, donde eran acompañados a veces por comisarios de policía, como Heinrich Kopp y Hans von Tresckow, quienes podían también tomar la palabra. Un joven médico francés, Pierre Najac, brindó el siguiente testimonio: “Los doctores Hirschfeld y Abraham son consultados con frecuencia como peritos por los magistrados responsables de juzgar delitos o crímenes pasionales: abuso de menores, exhibicionismo, homosexualidad, asesinatos. Muchas veces testifican en los tribunales penales, y no solamente en Berlín, sino también en toda Alemania. El instituto también funcionaba como residencia. Los psicoterapeutas realizan una labor caritativa al certificar que la angustia que padecen estas personas con ansiedad puede reducirse en gran medida mediante un simple cambio de nombre y el uso, en público, de ropa del otro sexo. La policía alemana tiene en cuenta estas declaraciones: autoriza a los hombres a adoptar un nombre femenino y a usar vestidos; permite a las mujeres elegir un nombre masculino y vestirse como hombres”.11

Esto fue lo que se llamó Tranvestitenschein (certificado de travestismo) y que se utilizó ampliamente en la década de 1920. Se supone que inspiró a Billy Wilder en su famosa película Una Eva y dos Adanes (1959). La imagen de Tony Curtis como travesti sigue siendo inolvidable. En la Berlín de los años 1920, el cineasta se había ganado la vida durante un tiempo como bailarín y gigoló en discotecas nocturnas. La fama de la capital durante los “años locos” se debe en gran parte al escritor Christopher Isherwood, con su no menos célebre obra Adiós a Berlín (1939), en la que se inspiró a su vez Bob Fosse para su película Cabaret (1972). Durante un tiempo huésped del Instituto de Sexología, Isherwood, que recordaba la visita de André Gide, recibido por Hirschfeld, evocó con talento la atmósfera que reinaba entonces en la ciudad, planteando una hipótesis interesante: ¿no habría sido la legendaria “decadencia” del Berlín de entreguerras una imagen publicitaria creada para rivalizar con París? “Hacía mucho tiempo que París acaparaba el mercado normal de las prostitutas jóvenes; entonces, ¿qué podía ofrecer Berlín a sus visitantes, sino una mascarada de perversiones?”.12 En cuanto al otro Berlín, el de los patios traseros del Scheunenviertel, donde se amontonaban judíos del este que huían de los pogromos y la gente sin trabajo, y donde pululaban los proxenetas, encontramos su retrato más verosímil en la novela de Alfred Döblin, Berlín Alexanderplatz (1929).

Aunque Magnus Hirschfeld se tomaba muy en serio ocultar no solo su homosexualidad, sino también su origen judío para evitar que eso perjudicara sus trabajos, su obra se inscribe en el período que se llegó a denominar de “simbiosis judeo-alemana”. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, mientras la sociedad se inflamaba en defensa de la patria, los judíos alemanes o, por retomar la célebre expresión del satirista Kurt Tucholsky, los “judíos de fe alemana”, rivalizaban en patriotismo. Así es como, aunque él mismo era pacifista, Hirschfeld intervino –sin éxito– ante el ministro de Guerra para pedir que los homosexuales fueran admitidos en el ejército, cuando por norma se los debía excluir.

Sin embargo, después de un ataque antisemita en Múnich en 1920, Hirschfeld multiplicó sus viajes al extranjero. Fue a la Unión Soviética (URSS), donde había sido invitado y cuyas conquistas derivadas de la Revolución admiraba, en particular la derogación de la criminalización de la homosexualidad y del aborto –avances que serían cuestionados unos 15 años más tarde–. Se fue de forma definitiva en 1930, hizo largos viajes por varios países de Asia y Oriente Medio. Después de esto, escribió La vuelta al mundo de un sexólogo, pero, que nosotros sepamos, no dijo nada sobre su viaje a la URSS.13

El trabajo del sexólogo, a quien el director de cine alemán y activista LGBT Rosa von Praunheim llamaría “el Einstein del sexo” en la película que le consagró en 1999, sigue siendo todavía hoy ampliamente desconocido. Al igual que el psicoanálisis, la sexología no es una ciencia “judía”, pero ambas deben atribuirse a investigadores para quienes una cierta marginalidad impuesta pudo servir de estímulo. La Alemania de Guillermo II y la República de Weimar constituyeron un crisol sociocultural en el que la cuestión de la diversidad sexual fue planteada por primera vez con total apertura de espíritu, con un deseo absoluto de comprensión, al margen de cualquier prejuicio –una disposición que salvó a N O Body/Karl M Baer y a otras personas-.

En cuanto al hecho de que el cuestionamiento de las identidades sexuales haya quedado eclipsado en el espacio público durante casi un siglo, esto tendería a probar, si todavía fuera necesario, hasta qué punto las guerras provocan un retroceso en las mentalidades, como si el nacionalismo y el repliegue identitario –sea cual sea su origen– que originan frenaran el desarrollo del pensamiento.

La lucha por el aborto

Por su lado, el médico Friedrich Wolf hacía público otro combate: el que libraba a favor de la derogación del artículo 218, que penalizaba el aborto. Al igual que Hirschfeld, intervenía ante sindicatos obreros donde, según se dice, repartía métodos anticonceptivos, los famosos Fromms, la primera gran marca de preservativos modernos creada en 1919 y a la cual su fabricante le había puesto su propio nombre. Después de visitar la fábrica en Berlín-Köpenick, el propio Magnus Hirschfeld había garantizado su calidad.

Magnus Hirschfeld en 1928. Foto: sin datos de autoría / picryl.

Magnus Hirschfeld en 1928. Foto: sin datos de autoría / picryl.

Proveniente, igual que este último, de la burguesía judeoalemana, Friedrich Wolf se orientó con rapidez hacia la homeopatía y la naturopatía. También era conocido por predicar el naturismo. Médico en el frente durante la guerra de 1914-1918, había sido internado en un hospital psiquiátrico por antimilitarismo y pacifismo. Se inició muy pronto en la literatura y la dirección teatral. Tenía 40 años cuando se afilió, en 1928, al KPD. Fue a través de una obra de teatro, Cianuro (1929), que luego fue adaptada al cine, como –igual que Hirschfeld con la película Diferente de los demás– Friedrich Wolf dio a conocer la angustia derivada de la imposibilidad de abortar para una trabajadora, madre de varios hijos y cuyo marido no tenía trabajo. Como nueva prueba de la colaboración entre estos dos pioneros de la revolución sexual en la Alemania previa a 1933, fue Magnus Hirschfeld quien presentó la primera proyección de Cianuro en el cine Babylon de Berlín en 1930. Durante esas proyecciones, Wolf proclamaba: “¡Queremos que todos los nacimientos sean deseados, que todos los niños sean esperados con amor! Que sean bienvenidos a la mesa de la vida”. Después de más de 100 funciones en Berlín, la obra se representó en varias grandes ciudades alemanas y suizas, provocando en cada ocasión abucheos y polémicas con los círculos conservadores.

La lucha por la derogación de la criminalización del aborto había comenzado ya con la introducción del artículo 218 en 1870, pero tuvo un amplio eco cuando el médico Friedrich Wolf y su colega, Else Kienle, fueron detenidos en febrero de 1931 en Stuttgart, acusados de practicar abortos. La campaña de apoyo, en la que participaron, entre otros, el dramaturgo Bertolt Brecht y el periodista Carl von Ossietzky, fue tan intensa que fueron rápidamente liberados. El profesor Mamlock fue la segunda película de Wolf. Contaba el destino de un médico, director de una clínica, judío y comunista, que era perseguido por los nazis. La película se estrenó en 1938 en Moscú, donde fue producida. Fue la primera película que escenificó la persecución de los judíos bajo el Tercer Reich.

Friedrich Wolf abandonó Alemania el 4 de marzo de 1933. Antes de llegar a la Unión Soviética, pasó un tiempo en Francia, donde fue internado en el campo de Vernet (Ariège), del que logró escapar en 1941. De vuelta en Alemania después de la guerra, se instaló en la zona que se convertiría en la RDA, de la que llegaría a ser embajador en Varsovia. Se dice que fue por iniciativa del presidente de la RDA, Wilhelm Pieck, que también había vuelto de Moscú –una decisión que, al parecer, habría impuesto a Joseph Stalin–. Enviar a Polonia –que fue escenario de pogromos en la posguerra hasta que el poder comunista les puso fin– a un judío defensor del aborto quizá no fuera una decisión sin segundas intenciones. O bien, es lo más verosímil, no había nadie más que se pudiera enviar en su lugar.

La derogación del artículo 175, que criminalizaba la homosexualidad, estaba a punto de conseguirse poco antes de que los nazis llegaran al poder. En el preciso momento en que, en 1929, los diputados comunistas y socialdemócratas iban a defenderla ante el Reichstag, el Gobierno cayó y fue sustituido por el de Heinrich Brüning y Franz von Papen, ambos conservadores opuestos a la derogación. Lo mismo pasó con el artículo 218, que un fuerte movimiento respaldado por los partidos obreros no logró derogar antes de la fatídica fecha de enero de 1933.

Magnus Hirschfeld y Friedrich Wolf obtuvieron la victoria, a título póstumo, en la parte oriental de Alemania, que derogó antes que la antigua República Federal Alemana (RFA) las leyes contra las que habían luchado. La derogación del artículo 175 (aunque no en el caso de los menores) en la RDA se produjo en 1968. Esto fue fruto de la labor del doctor Siegfried Schnabl, un psicólogo reconocido por su compromiso con la educación sexual. Su libro El hombre y la mujer en la intimidad (1969) reinaba en las habitaciones de todas las parejas jóvenes. El acoso y la vigilancia a los que lo había sometido la Stasi durante años terminaron de la noche a la mañana, cuando recibió una carta (interceptada por la Stasi) de felicitación del ministro de Salud por su compromiso en defensa de la homosexualidad.14

El artículo 278, por su parte, fue derogado más tarde. La píldora anticonceptiva se había introducido en la RDA ya en 1966, y en 1968 se llevó adelante una campaña estatal para fomentar su uso con un gran refuerzo en publicidad, mientras que, en paralelo, el Ministerio de Salud introducía medidas en favor de la natalidad. Al igual que en los demás países del bloque socialista, el aborto se practicaba sin restricciones. Sin embargo, el famoso artículo no fue derogado por la Cámara del Pueblo hasta 1972. Un caso quizá único en la historia del multipartidismo de fachada que había mantenido la RDA: el Partido Demócrata Cristiano se abstuvo de votar.15

En lo que concierne a Alemania Occidental, donde el peso de la Iglesia era mucho mayor, hubo que esperar a la reunificación de la RDA con la RFA para que, en 1994, se despenalizara la homosexualidad. En cuanto al aborto, sigue estando hoy en día contra la ley, pero ya no es pasible de sanciones.

En definitiva, la armonización de las prácticas en materia de política sexual fue probablemente la principal herencia que la desaparecida RDA legó a la parte occidental de Alemania.

Sonia Combe, historiadora. Autora de La Loyauté à tout prix. Les floués du “socialisme reel”, Éditions du Bord de l’eau, Carignan-de-Bordeaux, 2019. Agradecemos a Raimund Wolfert, de la Magnus-Hirschfeld-Gesellschaft en Berlín, y a Thomas Naumann, hijo de Friedrich Wolf. Traducción: Merlina Massip.

Celuloide

El Wolf cineasta

Tal como se indica en el artículo de Sonia Combe, uno de los hijos del médico Friedrich Wolf fue “el gran cineasta de la RDA”. Se trata de Konrad Wolf, de quien se pueden ver varias películas en la plataforma Mubi. En este momento está disponible la vibrante Solo Sunny (1980), sobre una cantante rebelde, que muestra la forma de vida de una parte de la juventud alemana de fines de los años 1970. Desde el 4 de setiembre se puede acceder al clásico Yo tenía 19 (1968) y a dos buenos ejemplos del cine político de sus comienzos: La estrella de David (1959) y El cielo dividido (1964).

Su obra llegó a Uruguay de manera relativamente tardía. El 8 de marzo de 1962 el cine Trocadero estrenó Nuestra ciudad arde, de cuatro años antes, y cinco demoró en llegar a Cine Universitario El profesor Mamlock (1961). La dictadura implicó un paréntesis en el estreno de sus filmes, sólo roto al inicio por Goya (1971), que desembarcó en el cine Eliseo el 30 de agosto de 1973. A partir de la transición democrática de 1983, sus películas fueron estrenadas por Cinemateca Uruguaya.


  1. NdR: Aunque negado por el novelista inglés, varios críticos tienen el convencimiento de que Merkus Wolf inspiró el personaje de la Trilogía de Karla, formada por El topo (1974), El honorable colegial (1977) y La gente de Smiley (1979). 

  2. Sobre el Instituto y su prehistoria, cf. Rainer Herrn, De l’amour et de la souffrance. L’Institut berlinois de science sexuelle (1919-1933), Éditions de la Maison des sciences de l’homme, París, 2025. 

  3. Magnus Hirschfeld, Berlins Drittes Geschlecht, Hermann Seemann, Berlín y Leipzig, 1904. 

  4. Nora Eckert, “West-berlin in den 1970er Jahren - Ein Testgelände und Fluchtpunkt für trans?”, Mitteilungen der Magnus-Hirschfeld-Gesellschaft, n° 73/74, Berlín, octubre de 2024. 

  5. Ver mi traducción de este testimonio, de libre acceso en la plataforma universitaria https://shs.hal.science. Destinado inicialmente a ser publicado en Éditions du Seuil, la presentación que lo acompañaba fue censurada y mi trabajo apropiado, circunstancias relatadas específicamente en Louri Chrétienne de Penanros, “Controverse éditorial autour de N.O. Body”, Le Monde, 17-4-2026 y en Claude Grimal, “Mon nom est Body Snatcher”, www.en-attendant-nadeau.fr, 6-4-2026 

  6. Herculine Barbin, llamada Alexina B., presentada por Michel Foucault, trad. Ana Canellas y Antonio Serrano, Editorial Revolución, Madrid, 1985 [ed. orig. francesa: París, Gallimard, 1978, reed. En 2021]. 

  7. Michel Foucault, Los anormales. Curso en el Collège de France (1974-1975), Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2000. 

  8. “Hermann Simon à la recherche de N.O. Body”, www.en-attendant-nadeau.fr, 3-6-2022. 

  9. Charlotte Wolff, A Portrait of a Pioneer in Sexology. Magnus Hirschfeld, Quartett Book, Dublín, 1986. 

  10. Magnus Hirschfeld, Sappho und Sokrates. Wie erklärt sich die Liebe der Männer und Frauen zu Personen des eigenen Geschlechts?, Max Spohr Verlag, Leipzig, 1902. La primera edición fue publicada bajo el seudónimo de Th. Ramien. 

  11. Pierre Najac, “L’institut de la science sexuelle à Berlin”, en Janine Merlet, Vénus et Mercure, Éditions de la Vie Moderne, París, 1931. 

  12. Christopher Isherwood, Christopher et son monde, Fayard, París, 2014. 

  13. Magnus Hirschfeld, Weltreise eines Sexualforschers, Bözberg-Verlag, Brugg, 1933, publicado en 1938 por Gallimard con el títiulo Le tour du monde d’un sexologue [La vuelta al mundo de un sexólogo]. 

  14. Une société sous surveillance. Les intellectuels et la Stasi, Albin Michel, París, 1999 [2015]. 

  15. La República Democrática Alemana había autorizado un pluripartidismo, pero solo de fachada. Junto al Partido Comunista, el SED, estaban el Partido Liberal Demócrata de Alemania y la Unión Demócrata Cristiana.