El fútbol me ha dado muchas cosas, estoy super agradecida y por eso quiero dedicarme a ello. Quien soy es por todo lo que he vivido y eso me hace mejor porque me he sanado con la vida, he sanado con el fútbol. Virginia Torrecilla

Aunque empezó a pelotear con su padre desde muy chica y estaba claro que la cosa iba por ahí, a Virginia Torrecilla, que todavía era una niña a finales de los noventa, los Reyes Magos le seguían trayendo Barbies. «Yo decía que no quería, lo que quería eran camisetas de fútbol y balones», recuerda.

A los 9 años logró que su madre la inscribiera para practicar fútbol en el Club Deportivo Serverense de Son Servera, pegado a su pueblo natal, Cala Millor, una localidad situada en la costa este de la isla balear Mallorca. «Fue a escondidas de mi padre. En el pueblo no había fútbol femenino, tenía que jugar con los chicos y él no quería que me hicieran daño».

Una vez que su padre se enteró de que estaba entrenando en el Serverense, se convirtió en su aliado. «Ve que soy buena jugadora, que puedo competir con los chicos, y empieza a ir conmigo a cualquier lado».

El talento saltaba a la vista y en 2009 fichó por el Unión Deportiva Collerense de Palma de Mallorca, con 14 años. Allí jugó en la primera división, en la que debutó en setiembre de ese año con un permiso especial, ya que para eso se requería tener 15 años.

Fueron dos años muy buenos en el club, pero el costo de ser adolescente y la distancia de 70 kilómetros la fueron desgastando. «Volvía a mi casa a las 23:30 pasadas, tenía que ir al instituto al día siguiente; veía que mis amigos, mis seres cercanos, hacían vida normal», cuenta. A los 16 años dejó el fútbol: «Llegó un momento en el que mi cabeza dijo que no, se acabó. Entonces me puse a trabajar de camarera».

Así renunció, entre otras cosas, a la convocatoria a la selección española sub-17.

En el verano de 2011, meses después de abandonar el fútbol, en plena temporada del bar en el que trabajaba, se pusieron en contacto con ella del Sporting Ciutat de Palma, el rival del Collerense: «El entrenador me dijo: “Virginia, tengo muchas amigas tuyas en el equipo. Estamos en la segunda división, va a ser otro rollo, no va a ser para nada de primera ni de segunda división, así que si quieres venir, te vengo a buscar y vamos”». Y aceptó.

Al mismo tiempo que entrenaba en el Ciutat, accedió a la propuesta de Ángel Vilda —conocido preparador físico en el fútbol masculino y entrenador de selecciones femeninas de categorías inferiores— de ser parte de la categoría sub-19 y prepararse de cara a un campeonato europeo cuya fase final sería en Turquía. «Me fui al torneo de Turquía, quedé subcampeona de Europa e hice un año muy bueno con el Sporting Ciutat. Quedamos segundas a un punto de subir a primera. Y eso me devolvió las ganas de volver a jugar al fútbol».

Pero su momento cúlmine llegó en 2012, con 17 años. Recibió la llamada del Barça. Empezaba la profesionalización, la exigencia y también la remuneración. «Eso implicó independizarme, vivir en un piso con mis compañeras, vivir por y para el fútbol, empezar a alimentarme bien, a cuidarme, para poder estar de la mejor manera posible. Y luego también que empiezo a ganar ligas, copas. Era la primera vez que salía de casa, super lejos, sin conocer a la gente. Yo no sabía qué era el fútbol femenino».

En el Barcelona ganó tres ligas (2012-13, 2013-14 y 2014-15) y una Copa de la Reina en 2014; también participó por primera vez en la Champions League.

Vivió un gran momento con la selección mayor, con la que debutó en junio de 2013 en un partido amistoso frente a Dinamarca. Fue convocada a jugar la Eurocopa en Suecia; la Roja llegó a cuartos de final, pero Virginia aún no tenía minutos en un juego oficial. Recién en octubre de ese año, en la fase de clasificación al mundial de 2015, en Canadá, es que Virginia obtiene minutos oficiales.

El salto

En 2015 se propuso jugar en el exterior; le llegaron ofertas de Estados Unidos y del Bayern de Múnich alemán, el mejor equipo de ese país, pero optó por irse al Montpellier Hérault Sport Club, en Francia, por cuatro años, por la cercanía del francés al mallorquín.

«Me iba a ser profesional. Me fui a Francia cobrando mucho más, a un club en el que tenía vestuario, zona de juego, gimnasio propio; fueron unos años increíbles».

Virginia Torrecilla y Svenja Huth durante el partido del grupo B de la Copa Mundial Femenina de la FIFA entre Alemania y España, el 12 de junio de 2019, en el estadio Hainaut, en Valenciennes, Francia.

Virginia Torrecilla y Svenja Huth durante el partido del grupo B de la Copa Mundial Femenina de la FIFA entre Alemania y España, el 12 de junio de 2019, en el estadio Hainaut, en Valenciennes, Francia.

Foto: Mélanie Laurent, A2M Sport Consulting, DPPI, AFP

El paso al exterior la llevó a una exigencia triple en comparación al ritmo que desarrollaba en España. Virginia cuenta que durante la pretemporada «las porteras corrían más que yo, y decía “¿en qué nivel de físico estoy?”. Al final esa era la gran diferencia entre las selecciones, incluso en la Champions con Lyon contra el Barça, porque físicamente allí en Francia estaban muy bien preparadas; equipos nórdicos también iban por encima nuestro».

En paralelo, siguió siendo citada a la selección y su primer gol con la absoluta fue en octubre de 2015 en la fase de clasificación para la Eurocopa 2017. Además, llegaría a ser una de las jugadoras con más participaciones en la Roja.

Hacia 2019, en plena preparación final con la selección para participar en el mundial, se dio cuenta de que la liga española estaba creciendo mucho. A mediados de marzo se jugó Atlético de Madrid versus Barcelona en el estadio Wanda Metropolitano por la liga de la primera división. Fue un hito para el fútbol femenino español al marcar un récord de asistentes, con más de 60.000 personas.

«En ese momento dije: “Quiero volver a España”». Entre junio y julio disputó el mundial, en el que «destaco, donde estoy físicamente muy bien; había estado cuatro años muy buenos en Montpellier», relata. El mundial de Francia fue un antes y un después para el fútbol femenino. La gente empezó a tomárselo, finalmente, en serio. A los estadios concurrieron 1.200.000 espectadores y las transmisiones televisivas alcanzaron una audiencia de más de 1.000 millones de espectadores.

España finalizó su participación en octavos de final al ser eliminada por Estados Unidos, que se llevó la copa. Virginia firmó contrato con el Atlético de Madrid a mediados de julio de 2019 y cumplió su deseo de volver a su país. En los medios, que destacaban su físico, visión, toque y capacidad organizadora, fue catalogada como un «fichaje estrella».

Con el Atleti debutó en setiembre de 2019. Virginia hace referencia a que las condiciones del equipo colchonero cuando desembarcó allí eran «muy buenas, con vestuario y campo propios; un Atlético de Madrid que lo está dando todo por el fútbol femenino».

Virginia detalla que en 2020 «la imagen de la selección española era totalmente otra. Era un portento físico increíble, había muchas más jugadoras que habían salido fuera de España, estábamos mejorando muchísimas cosas y vimos que íbamos hacia adelante». Cuando regresan a España, se declara el estado de alarma por la covid-19.

El parate de su vida

A partir del 15 de marzo de 2020, España comenzó el confinamiento de toda la población. Virginia en ese momento se aisló con su representante y compañeras del Atlético. «Seguimos entrenando porque no sabíamos qué iba a pasar con la liga y él [su representante] tenía una cinta de correr y me subía todos los días. ¿Qué pasó? Uno de los últimos días de confinamiento empiezo a marearme en la cinta; tenía mucho dolor de cabeza, me dolían mucho las cervicales. Empecé a sentir que no estaba bien», relata.

Al agravarse la situación sanitaria, «el Atlético de Madrid nos da la baja laboral; tenemos que pasar por el hospital para hacernos la prueba de covid-19». Allí cuenta sobre sus dolores de cabeza y cervicales recurrentes y es dirigida a realizarse una resonancia magnética.

Adentro del resonador, Virginia pensaba: «Si tuviera cáncer, ¿qué haría?», y decía: «“Me iría con mi familia por ahí; el dinero que tengo, gastármelo lo mejor posible”, sin saber realmente lo que era un cáncer; para mí era morirte directamente».

Salió del resonador y el doctor le dijo que en el estudio se había visualizado un quiste en el cerebro. «Fue como “¿perdón?”. Y me dijo mi doctor: “Vete a casa y vengo a por ti a las tres de la tarde y te llevo directamente al hospital porque hay que operar, y llamaremos a tus padres para que vengan mañana”».

Virginia fue operada en mayo de 2020, con buen resultado. «Vuelvo a Madrid, me hacen otra resonancia, me curan la herida y me coge en una habitación la oncóloga y me dice: “Vas a tener que someterte a radioterapia y quimioterapia. El proceso será más o menos de un año y medio”. Y yo le digo: “Pero si me dijeron hace una semana que iban a ser tres, cuatro, cinco meses”».

Lo que había imaginado dentro del resonador era cierto. Su oncóloga, Luisa Sánchez, continúa sus indicaciones y dispara: «Es que el tumor es maligno... tienes cáncer». En medio del shock, la doctora le dijo, además, que iba a perder sensibilidad en las manos y los pies, que congelara óvulos, porque no iba a poder ser madre, y también que no volvería a jugar al fútbol. La reacción de Virginia fue responder: «Wow, para». «Dije: “Me da igual no ser madre, me da igual no jugar al fútbol, me da igual perder sensibilidad en las manos y los pies. Yo lo único que quiero saber es si voy a vivir”».

La oncóloga le aseguró que el tumor, «dentro de todo lo malo, es bueno. El 70% de la gente se cura». Virginia le preguntó: «¿Pero el otro porcentaje?».

Ser deportista ayudó a Virginia a asimilar mejor la medicación de la quimioterapia. Narra que llevó muy bien el tratamiento, pero los últimos dos meses «fueron horribles». Virginia mide 1,75 centímetros y su peso habitual era de 63 kilogramos; ese último tramo «me quedé en 42 kilogramos».

«Tu cuerpo es super agradecido con todo lo que te estamos metiendo, porque la quimio que te estamos dando es para un caballo. Le doy este tratamiento a una persona normal que no haga deporte y no lo soporta».

«Yo no me podía levantar de la cama, estaba muy cansada, no comía; recuerdo que antes de las últimas quimios que tenía que darme dije: “Mamá, si no me voy a curar, no quiero las quimios, si es que las quimios me van a matar; es que no puedo con mi vida”. Estuve ingresada 15 días en el hospital porque ya no podía con mis fuerzas y recuerdo que al acabar la quimio estaba tan débil que no podía ni celebrarlo. Me fui dos días a casa y al tercero empecé a marearme, estaba muy floja y me tuvieron que volver a ingresar al hospital 12 días. Ya no sabía qué hacer».

Virginia recuerda el momento en que sintió que iba a poder. «Un día llegó mi oncóloga, que no trabajaba, y me dijo: “Virginia, ¿no quieres comer nada?”. Y digo: “Ya no quiero ni sopa, no quiero nada”. Y me dijo: “¿No te apetece un helado?”». La cara de Virginia al contarlo rememora la expresión de su rostro en ese momento: «Se me abrieron los ojos». Se lo trajeron después de no haber comido por la boca durante 12 días: «Empecé a comérmelo y dije: “Ahora empiezo a remontar”».

«Fueron momentos muy complicados; es verdad que lo llevé de la mejor manera posible, pero ahora soy muy consciente de lo que he sufrido y mucho», arroja Virginia.

***

En mayo de 2021, con 28 años y el fin de la quimio, Virginia tuvo el alta médica. «Estaba sana pero hecha polvo; es verdad que empezaba a remontar porque mi cuerpo estaba expulsando todo lo que tenía dentro de quimio, de no comer, de todo», cuenta.

Virginia Torrecilla jugando para el Atlético de Madrid, el 1º de agosto de 2022, en Murcia.

Virginia Torrecilla jugando para el Atlético de Madrid, el 1º de agosto de 2022, en Murcia.

Foto: José Bretón, Pics Action, NurPhoto, AFP

A las tres semanas empezó a entrenar lentamente con el Atleti. Pero dos meses después su vida volvió a dar un vuelco. Mientras manejaba en Madrid, fue embestida de atrás por un coche y por el accidente su madre, que iba en el asiento de acompañante, sufrió un impacto que la dejó paralítica. «Fue el peor momento de mi vida. Cogí una depresión muy grande. Sentí una culpa enorme». Luego de estar en la unidad de cuidados intensivos sin despertarse por unas semanas, su madre se tuvo que ir a Toledo «para poder empezar otra vez una nueva vida y para que le enseñaran a ir en silla de ruedas. Mi padre se tuvo que ir también a vivir a Toledo; yo en Madrid, mi hermana acababa de ser madre, mi hermano estaba aquí [en Mallorca], también solo. Fue como: “¿Qué le he hecho a la vida para que me lo pague así?”», expresa Virginia.

«Ahí fue cuando tuve que pedirle ayuda al psicólogo», lo que para Virginia supuso reconvertir la relación con el fútbol. «Yo los días libres me iba a Toledo, que estaba en Madrid, a una hora. Los fines de semana que tenía libre me iba allí. Yo no tenía cabeza para otra cosa que no fuera mi familia», expresa. En paralelo, logró empezar a entrenar sola, correr, tener la pelota. En diciembre de 2021 se unió a practicar con sus compañeras del equipo colchonero, pero fue «muy duro porque realmente me pesaba todo lo que me pasaba».

Volver

Finalmente, Virginia logró pisar el césped de un campo de juego luego de dos años de combatir el cáncer. Fue el 23 de enero de 2022, en el minuto 86 de la final de la Supercopa de España frente al Barcelona. El Atleti perdió 7-0, pero poco importó la derrota y que fuera una final, ya que al culminar el partido sus compañeras y las jugadoras campeonas celebraron el retorno de Virginia al fútbol tirándola por los aires.

Para Virginia, su redebut pasó a ser «uno de los momentos más bonitos; la gente me abraza. Fue algo que sé que se queda para la historia y que jamás voy a poder olvidar», señala con una sonrisa sentida. Y describe ese partido con muchas emociones y «sentimientos encontrados que nunca se me borrarán de la cabeza». La sensación de «tocar un vestuario para vestirme de futbolista, calentar para volver a entrar a un partido, que todo el mundo me está aplaudiendo, incluso las otras jugadoras; entrar fue algo que no puedo explicar con palabras, porque recuerdo que entraba al campo y lloraba. Se me caía el alma, no podía ni escucharme».

A pesar de su vuelta a las canchas, la participación de Virginia en el Atleti era irregular; tuvo pocos minutos y siempre de suplente. El 19 de mayo de 2023 se despidió de la hinchada colchonera en un homenaje emotivo dentro del Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares del Atleti. Una semana después estuvo presente en la convocatoria de la final de la Copa de la Reina, en que las Rojiblancas vencieron al Real Madrid por penales; Virginia levantó una nueva copa con sus compañeras.

La mallorquina tiene palabras de agradecimiento para el Atlético: «Cuando me pasó todo lo que me pasó, le agradezco al Atlético de Madrid siempre de corazón. El Atleti siempre va a estar conmigo, voy a ser atlética toda mi vida, porque me salvaron la vida; para mí la afición ha sido increíble, así que mi corazón siempre va a ser rojo y blanco». «Es verdad que al final mi cabeza no funcionaba, estaba muy deprimida y lo intentamos hasta donde pudimos, luego el final, y era normal y totalmente comprensible. No jugaba, perdían dinero conmigo, lo entiendo. Lo dejamos por ambas partes super bien», detalla.

En julio del mismo año Virginia fichó por el Villarreal, para darle otra oportunidad al fútbol. Aunque acarreaba separarse de sus compañeras, una nueva ciudad y estar más lejos de su familia. Lo positivo sería que compartiría equipo con su mejor amiga, Nerea Pérez, así como lo habían hecho en la selección española.

El 4 de enero de 2024, Virginia comunicó en su redes sociales el final de su carrera profesional. «Me di cuenta de que no tenía que volver a jugar al fútbol, que lo que me hacía realmente sentirme bien era volver a casa y estar con mi familia. Y de verdad lo digo, es que la mejor decisión que tuve fue dejar el fútbol para volver a estar aquí [en Mallorca]».

«Mi cabeza no funcionaba, solamente quería jugar al fútbol para que mis padres se sintieran bien, fueran un poquito más felices dentro de todo lo que estaba pasando y que sintieran que era feliz». Y Virginia agrega que sufrió por el fútbol «porque me quitaba mucho tiempo de estar con mi familia, no jugaba. Me retiré tarde, muy dolida con el fútbol porque me había dado cosas muy buenas, pero los últimos años no era así», explica.

«He sanado con el fútbol»

A pesar de haber dejado de tocar el césped con los botines, en su primer año sin jugar profesionalmente Virginia se asentó en su pueblo natal y se prometió nunca separarse del fútbol, así que abrió una escuela de verano de fútbol y multideporte para niñas y niños que mantiene hasta el día de hoy.

Luego se inició en charlas deportivas y proyectos vinculados al deporte y el cáncer, y a continuación comenzó a cosechar experiencia como comentarista y analista en partidos de la UEFA Women's Champions League a través de Disney+ y en la radio Marca, en partidos del Atlético de Madrid masculino. «El fútbol me ha dado muchas cosas, estoy super agradecida y por eso quiero dedicarme a ello. Quien soy es por todo lo que he vivido y eso me hace mejor porque me he sanado con la vida, he sanado con el fútbol».

Virginia quiere trabajar «para hacer que el fútbol femenino siga creciendo». Es por eso que a finales de junio de este año fue presentada como nueva directora deportiva del Club Esportiu Manacor Femenino de Mallorca. Este es un afán colectivo derivado de una condición innata que desarrolló siendo capitana del Atleti y de la selección desde 2021. «Sé que tengo un liderazgo por la persona que he sido siempre; he jugado de pivote defensivo, veo todo el juego. Siempre he preferido los trofeos conjuntos o en clubes o en selecciones. Quería ser mejor cada día por el equipo».

Es un momento de gloria para la selección española, sobre todo para el seleccionado femenino, opina Virginia. Pero hay que seguir remando. «Solo pedimos derechos e igualdad. Ni siquiera estamos pidiendo cobrar lo mismo que ellos [los varones], solo seguir creciendo. Creo que no es algo descabellado».

Lucía da Silva (Montevideo, 2001) es licenciada en Comunicación y periodista interesada en la política, el deporte, los derechos humanos y la cultura con perspectiva de género.