Este jueves se realizó en Francia la cuarta jornada de movilización de los estudiantes de educación secundaria y universitaria, que, apoyados por grupos de padres, sindicatos docentes y partidos políticos, están reclamando un refuerzo de los recursos destinados a la educación, además de plantear demandas más amplias, que van desde la falta de profesores hasta el acceso a la universidad, pasando por la mejora edilicia de muchos centros de enseñanza del país.
De acuerdo a lo que informó Le Monde, en total 71.500 personas se manifestaron el jueves, casi 25.000 de ellas en París, según informó el Ministerio del Interior. El martes, se habían manifestado entre 266.000, según el Ministerio del Interior, y 450.000 personas, de acuerdo a la versión de los organizadores.
Por otra parte, el Ministerio estimó en 55.000 el número de personas que participaron “en acciones frente a centros educativos, aunque solo una parte se unió a las manifestaciones”. También informó de 504 detenciones y de 48 policías y gendarmes heridos.
En París, en la plaza de la Bastilla, estallaron incidentes al final de la concentración, con lanzamiento de adoquines y bombas de estruendo contra los policías, quienes respondieron cargando contra los manifestantes y disparando gases lacrimógenos.
Desde el inicio de las movilizaciones, el 17 de setiembre, 215 estudiantes resultaron con heridas de diversa entidad, así como también 85 miembros del personal educativo, y cerca de 800 policías y gendarmes. En el contexto de la intensa represión denunciada por los manifestantes, el ministro del Interior del gobierno del presidente Emmanuel Macron, Laurent Núñez, anunció la suspensión del uso de granadas de estruendo, después de que un manifestante de 15 años sufriera la amputación de una mano el lunes en la ciudad de Lens, en el norte del país.
En este contexto, el jueves el ministro de Educación francés, Edouard Geffray, se comprometió a desplegar 3.000 docentes suplentes adicionales “en los próximos días” para hacer frente a la crisis en los institutos franceses. Geffray señaló que estos docentes se encuentran actualmente a la espera de ser asignados a un centro educativo. La escasez de profesores es una de las principales preocupaciones expresadas por los manifestantes.
Un día antes del anuncio de Geffray, el primer ministro, Sébastien Lecornu, dijo que a “finales de octubre” el gobierno iba a tomar “las primeras decisiones” para solucionar los motivos de las protestas, al tiempo que declaró que “nadie puede permanecer indiferente ante la angustia que expresan los jóvenes”.
La manifiesta represión ejercida por la policía y la gendarmería francesa durante las manifestaciones llevó a que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) pidiera el jueves una “desescalada de la violencia” y “la protección de los menores”, instando a las autoridades francesas a respetar el derecho de los jóvenes a “manifestarse pacíficamente”.
“Los jóvenes tienen derecho a ser escuchados, a participar en las decisiones que les afectan y a manifestarse pacíficamente”, declaró la filial francesa de la Unicef en un comunicado.
“El derecho a manifestarse libre y seguramente es un derecho fundamental para niños y adolescentes”, se agregó desde el organismo de la ONU, subrayando que este derecho está consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño.
