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Paysandú Sociedad
Foto: Santiago Fleitas

Foto: Santiago Fleitas

El día en que León XIV bendijo a la Heroica

Las calles se convirtieron en un gran mercado a cielo abierto y los emprendimientos familiares brotaron en los frentes de las viviendas.

Paysandú no fue la misma este sábado. Desde las primeras luces de un día que amaneció gris y con una persistente lluvia de madrugada, la ciudad se transformó en el epicentro de la fe en Uruguay. Sobre las 9.40, el papa León XIV pisó suelo sanducero y marcó un hito al elegir este departamento para su primera misa en el país y en América del Sur.

El movimiento comenzó mucho antes de que el sol asomara. A las 7.00, desde los puntos más altos de la ciudad, se podía observar una romería incesante de fieles que, desafiando el clima hostil, se dirigían hacia el parque París Londres. La devoción no conoció distancias: un grupo de ciclistas paranaenses había partido el jueves a la medianoche y pedaleado durante días para llegar apenas unas horas antes de la celebración.

Foto: Santiago Fleitas

Foto: Santiago Fleitas

En las calles, el paisaje urbano se vio alterado por una fuerte presencia policial. Jóvenes efectivos, llegados desde diversos departamentos para reforzar la seguridad, estaban apostados en cada esquina. Sin embargo, su procedencia foránea se hacía evidente cuando los peregrinos les consultaban por alguna calle o por el ingreso al predio; el desconocimiento de la nomenclatura local delataba que ellos también eran visitantes en cumplimiento del deber.

El transporte local, liderado por la cooperativa Copay, se vio desbordado. En la intersección de Soriano y Guayabos, una inspectora de tránsito observaba el flujo constante de personas que buscaban un lugar en los micros: “Copay no da abasto”, admitió mientras el ir y venir de gente con sillas plegables, termos y mates se convertía en la postal definitiva de la mañana.

En las adyacencias del parque París Londres, el barrio se convirtió en un gran mercado a cielo abierto. Emprendimientos familiares brotaron en los frentes de las viviendas: gazebos donde se ofrecían tortas fritas, pasteles, chorizos y dulces caseros. El aroma de la comida acompañaba a un sobrio merchandising compuesto por estampitas, banderas y camisetas con la imagen del pontífice.

Foto: Santiago Fleitas

Foto: Santiago Fleitas

Más arriba, por la avenida San Martín y en las inmediaciones del estadio cerrado 8 de Junio, decenas de ómnibus y micros con matrículas de toda la región daban cuenta de la magnitud del evento. Mientras tanto, en el cielo, un helicóptero de la Policía Nacional sobrevolaba la ciudad, marcando una presencia de observación constante. Incluso los clubes deportivos locales se sumaron a la logística: sus canchas se utilizaron como estacionamientos improvisados para los cientos de automóviles que llegaban minuto a minuto.

El corazón del evento: el parque París Londres

Dentro de las 27 hectáreas del predio hubo una gran organización. Más de 100 jóvenes voluntarios, con una energía contagiosa, no solo orientaban a los recién llegados, sino que acompañaban con cantos la música religiosa que atronaba desde las torres de amplificación. Más de 30.000 personas se habían acreditado y la concurrencia fue confirmada a la diaria por autoridades del gobierno departamental: unas 33.000 personas pudieron desplazarse con comodidad dentro del predio.

La cobertura sanitaria fue otro punto alto. Dos empresas de emergencia móvil –una local y otra llegada desde Durazno– y el SAME 105 montaron un operativo estratégico. “Estuvo tranquilo”, comentó una médica duraznense, quien informó que solo se atendieron casos menores, como mareos o bajas de presión por la emoción del momento. La limpieza también fue una constante: personal municipal recorría el predio recogiendo descartes, evitando que la multitud desbordara la capacidad de los servicios instalados.

La llegada del papa al aeropuerto de Paysandú, a unos cinco kilómetros del parque, fue transmitida en pantallas gigantes. El estallido de palmas acompañó cada maniobra del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya. Tras ser recibido por el intendente Nicolás Olivera y el jefe de Policía, Alejandro Sánchez González, el pontífice inició su trayecto hacia el parque.

Un hombre, vestido de artista callejero, cruzó un costado del predio haciendo sonar una estruendosa bocina mientras se dirigía al escenario. Poco después, el ingreso del papamóvil desató la emoción contenida. León XIV, con un saludo sobrio y cercano, recorrió las filas de fieles en uno de los momentos más vibrantes de la jornada.

Durante la ceremonia, monseñor Arturo Fajardo, de la diócesis de Salto, fue el encargado de dar voz a las inquietudes de la región. Al entregarle un presente al papa, destacó el rol de los voluntarios y mencionó algunas de las realidades del territorio: el desempleo y la fragmentación social. Agradeció profundamente la presencia del papa en Paysandú, a la que calificó de un gesto de cercanía necesaria.

La desmovilización fue tan ordenada como la llegada. Mientras la reconocida artista Catherine Vergnes interpretaba temas de su repertorio, incluyendo el emotivo “Soy de Paysandú”, la gente comenzó a retirarse lentamente.

Ya al mediodía, la actividad se trasladó al centro. La calle 18 de Julio mostraba restaurantes colmados y una fila incesante en la confitería del emblemático postre sanducero. Familias –entre ellas una que había llegado desde Corrientes, Argentina, tras recorrer 630 kilómetros– aprovechaban para almorzar antes del regreso.

Un papa estuvo en Paysandú, la tierra de hombres y mujeres valientes, y les dejó su bendición.