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Trabajo Economía Social
Hugo Montaño, Alejandro Sánchez y Graciela Fernández, el 21 de octubre, en el anexo de Torre Ejecutiva. Foto: gentileza Inacoop

Hugo Montaño, Alejandro Sánchez y Graciela Fernández, el 21 de octubre, en el anexo de Torre Ejecutiva. Foto: gentileza Inacoop

Cooperativas en acuerdo UE-Mercosur: “Redoblar el compromiso para construir una diplomacia internacional de la economía social”

En un evento que organizó Inacoop, Alejandro Sánchez, Giuseppe Guerini y Pablo Gentili expusieron sobre el rol del movimiento cooperativo en el marco del acuerdo entre los bloques, desde el acceso a mercados hasta la integración.

Este miércoles, en el marco de la presidencia pro tempore de Uruguay en el Mercosur, el Instituto Nacional del Cooperativismo organizó el encuentro Cooperativas y Economía Social y Solidaria en el Acuerdo Mercosur-Unión Europea, que tuvo como expositores al secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez; el presidente de Cooperatives Europe y miembro del Comité Económico y Social Europeo, Giuseppe Guerini, y el director de Mecanismos de Integración de CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, Pablo Gentili.

En el diagnóstico de Sánchez, el escenario internacional actual está “fragmentado” y la apertura comercial frenada por disputas globales para “establecer las nuevas reglas de juego del mundo que surgirá producto del cambio tecnológico, la inteligencia artificial, la biotecnología y la bioeconomía”. En ese contexto, la relevancia de haber ratificado el acuerdo comercial entre bloques no debe ser vista únicamente desde lo arancelario, sino que también se “entrelazan un conjunto de valores” y “va más allá de aspectos meramente comerciales”.

Dijo que el acuerdo genera “enormes oportunidades” para las cooperativas. No obstante, si bien abre la puerta a nuevos mercados, también es necesario estar en las mejores condiciones para “ocuparlo” en términos de calidad, volumen y capacidad, al tiempo que existen “riesgos” a mitigar, entre ellos un desafío a la quesería artesanal. “Tenemos que trabajar en una agenda país interna que nos permita ubicar correctamente en dónde están las oportunidades y dónde están los desafíos para prevenir esa situación”, señaló sobre un punto que “no se puede discutir con la ausencia del movimiento cooperativo”, sino que debe estar “en el centro de este debate”.

Sánchez dijo que Uruguay necesita “ir un poco más rápido”. Señaló que el mundo “avanza a pasos agigantados” y el país requiere “mayor velocidad en la toma de decisiones y en las transformaciones”, por lo que se necesita “cooperar” para “construir un destino común” con el objetivo de ganar escala y poder competir internacionalmente para el desarrollo de un modelo cooperativo. “Las luces largas nos sirven para identificar grandes orientaciones en donde podemos tener oportunidades, pero también para adquirir una velocidad mayor en nuestra reconversión y en nuestro trabajo de planificación, de generación y de incubación de nuevas unidades de negocios”, acotó.

Por último, indicó que innovar también implica conocer la demanda de los consumidores, por lo que subrayó la importancia de generar alianzas con este fin. El jerarca dijo que es necesario integrarse con la UE y los vecinos de la región para “aprender de las mejores prácticas” y “entender dónde están las demandas”, por lo que consideró que el “gran desafío” es “generar mecanismos de financiamiento para la internacionalización de las empresas cooperativas y de la economía solidaria, aprovechando las oportunidades, en este caso, de la apertura de mercados que se genera con el acuerdo con la UE”.

Hay que “construir una diplomacia internacional de la economía social”

Guerini dijo que en los últimos años se vivió “algo que parecía imposible”: por un lado, una alineación mundial para reconocer a las cooperativas y a la economía social “por su papel en el desarrollo sostenible” y, por otro, una “disrupción increíble de las relaciones internacionales” por la que, con instituciones que “parecen cada vez más débiles”, ese reconocimiento “todavía carece de infraestructura y herramientas concretas”. Así, llamó a redoblar el compromiso para “construir una diplomacia internacional de la economía social” para concretar “lo que no logra la diplomacia institucional de los países”.

Tras describir los planes de acción para la economía social en Europa –sector que emplea a 12 millones de personas–, identificó “ámbitos de refuerzo” que van desde la “colaboración entre administración pública y economía social” hasta el acceso a instrumentos financieros. Con todo, planteó que las cooperativas representan una “oportunidad única” en el marco del acuerdo porque implican “desarrollo centrado en la persona, propiedad comunitaria y resiliencia local”, además de que el modelo ofrece “lo que el Global Gateway de la UE dice buscar: ecosistemas locales sólidos, capacidades institucionales y desarrollo humano”.

Así, nombró ámbitos en los que el documento puede “dejar de ser un texto y ponerse en práctica”. Entre ellos, sostuvo que las cooperativas agrarias de ambas regiones pueden “garantizar alimentos de calidad compatibles con la sostenibilidad y con la reutilización del desperdicio”; las de vivienda son capaces de enfrentar la crisis habitacional presente en varias zonas del mundo; las energéticas pueden “compartir energía y datos”, dos “transformadores de la industria y de la economía”, al tiempo que evitan fluctuaciones por tensiones geopolíticas; las industriales pueden jugar un papel importante en el sector –que en Europa, durante el último año, perdió casi un millón de empleos– a través de la compra de empresas por sus trabajadores, y finalmente pidió innovar en vías de financiación.

Señaló que existen tres condiciones para que lo anterior funcione y, entre ellas, listó generar “una alianza cooperativa estable” entre continentes; crear un marco institucional para esa relación donde el Mercosur es “un lugar institucional muy importante”, y generar “estadísticas comparables” a través, por ejemplo, de un observatorio regional o redes universitarias. “En tiempos de guerra y de rearme, de aranceles y de incertidumbre, esta estabilidad del idioma cooperativo es un valor. Las cooperativas siempre han preferido compartir los recursos antes que competir por ellos hasta el conflicto, y son las primeras en actuar en la reconstrucción y en la paz”, reafirmó.

El lugar del cooperativismo en los procesos de integración regional

Gentili, por otro lado, indicó que el cooperativismo y la economía social “necesitan ocupar un lugar estratégico en los procesos de integración regional” porque permiten no solo que se piense en “procesos de apertura comercial, ampliación de mercados y desarrollo de cadenas productivas de valor” –los ejes “convencionales”–, sino también que se traduzcan en “mecanismos y dinámicas de inclusión social, ampliación de derechos, bienestar, fortalecimiento democrático y de construcción de prosperidad para los pueblos”.

En integración, advirtió que se trata de fortalecer lo hecho, pero también hacer otras cosas sin “repetir el pasado”, ya que uno de los errores latinoamericanos ha sido que esté “marcada por grandes objetivos y grandes ideales que pocas veces se tradujeron en conquistas concretas”. Un indicador de ese déficit es “el bajísimo comercio interregional” de América Latina –que situó entre el 13% y el 15%–, además de que la región no piensa sus cadenas de valor “en términos complementarios”, sino “sustitutivos”. Por otro lado, a nivel mundial, sostuvo que existen “los mayores procesos de integración que se han visto a lo largo de toda la historia de la humanidad” pero también “el mayor número de guerras”.

Gentili dijo que hay unas “tres millones de cooperativas en el mundo”, lo que abarca al 12% de la población mundial. En su visión, esas instituciones demuestran que “es posible organizar la actividad económica a partir de la cooperación y no solo de la competencia”, que “la cooperación no se contrapone a la eficiencia económica” –sino que es “un componente necesario e indispensable de la eficiencia y de la productividad”– y que “convivir en la diversidad no significa suprimir las diferencias” ni “desaparecer nuestras especificidades”, sino “construir instituciones capaces de procesarlas democráticamente”.

Finalmente, opinó que la agricultura cooperativista –y la familiar en particular– es un campo “especialmente fértil”. De cara al acuerdo Mercosur-UE, con los agricultores franceses posicionados en contra, señaló que hay poca disposición a “discutir cómo es a partir de una necesidad de mejora –y eso se logra a partir de los mecanismos de integración– de la agricultura familiar en América Latina y especialmente en el Cono Sur, que podríamos lograr una complementariedad productiva en el campo agrícola con Europa enorme”, ya que la agricultura familiar latinoamericana tiene “un enorme potencial, pero no exporta”.

Con todo, valoró que hay que ver el acuerdo Mercosur-UE de la forma en que Europa “vio su integración, pero muchas veces no ve la integración con otras regiones”: de forma “pragmática”. Consideró que ese fue el principal mérito de la UE y señaló que, en muchos casos, la experiencia latinoamericana “es contraria”: “Los países se tienen que poner de acuerdo en aquello en lo que están de acuerdo y dejar las disidencias para otro día. Lo que nos une es lo que tenemos en común y podemos hacer juntos. Lo que no tenemos en común y nos desune, no es motivo de conversación”, cerró.