El auspicioso estreno de la pequeña editorial especializada en libros álbum para niños ¡Más Pimienta!, que en mayo de 2011 presentó cuatro títulos de poetas uruguayos en la colección Desolvidados, prometía que habría más. En diciembre salieron a luz dos nuevos títulos, esta vez textos inéditos: Besos de azúcar, de Evelyn Aixalá y Claudia Prezioso, y Terremoto, de Natacha Ortega y Valentina Echeverría.

Cerebritos

Desprovista de la carga despectiva que tenía el término “nerd” en el Río de la Plata y cercano al concepto de “friki” que se maneja principalmente en España, la palabra “geek” se impone en nuestro medio. Desde su origen, en el mundo anglo, designa a aquellos apasionados por la tecnología y la ciencia como modo de vida, y engloba su interés por la ficción que privilegia estos temas y algunos afines, como el género fantástico y los videojuegos. Como subcultura orgullosa, además, los geeks se reproducen: el eslogan de la comunidad GeekDad es “criando a la generación geek 2.0”.

Como parte de su campaña educativa, la gente de GeekDad publicó en la última edición web de la revista Wired una lista de “Los 67 libros que los geeks tienen que leerles a sus hijos antes de que cumplan 10 años” (http://ladiaria.com.uy/Uy). La lista es un buen ejemplo de la amplitud de miras que comprende la cultura geek, y entre sus recomendaciones hay algunos textos cercanos a la ciencia ficción (como El juego de Ender, de Orson Scott Card) pero también cuentos simplemente estimulantes e imaginativos (por ejemplo, Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak, o El Lórax, del Dr Seuss, ahora popular entre nosotros gracias a la versión animada). Del mismo modo, la lista no reúne solamente libros recientes, sino más bien de una lista de “clásicos cotemporáneos”.

Aunque muchos de los libros mencionados han sido editados en español, se destaca por la cantidad de títulos mecionados la figura de Shel Silverstein (1930-1999). Prolífico dramaturgo, guionista, músico (es el compositor de “A Boy Named Sue”, que se convirtió en un éxito interpretado por Johnny Cash), el “tío Shelby” utilizó el verso en sus trabajos para niños, en los que se movía a pura intuición y con mucho sentido del humor. Entre sus poesías publicadas en nuestro idioma están El árbol generoso, Hay luz en el desván, Donde el camino se corta: nuevos poemas para reírse, Batacazos y La parte que falta.

Otros autores de bastante destaque en la lista que se pueden conseguir en librerías de Hispanoamérica son Neil Gaiman (Coraline, El libro del cementerio), CS Lewis (Las crónicas de Narnia), JRR Tolkien (todo), JK Rowling (listan sólo Harry Potter y la piedra filosofal), Brian Selznich (La invención de Hugo Cabret), Terry Pratchett (El asombroso Mauricio y sus roedores sabios) y Roald Dahl (Jim y el durazno gigante, Charlie y la fábrica de chocolate, El gran gigante bonachón).

La edición de Terremoto es una maravilla, en tanto significa la feliz conjunción de personas talentosas que, desde distintos ámbitos, trabajan en la producción cultural para niños. A la calidad y el cuidado editorial ya demostrado por Susana Aliano y compañía se sumaba el aporte de Natacha Ortega -integrante del colectivo Gato Peludo, de incesante actividad relacionada con la literatura y la música para niños que incluye el disco homónimo, premio Graffiti en el rubro infantil en 2011- y el de Valentina Echeverría, ganadora del Bartolomé Hidalgo, junto con la escritora Virginia Brown, por Así reinaba el rey reinante (Alfaguara, 2010).

La alquimia no defraudó. El resultado es un libro hermoso y honesto, en el que las ilustraciones, en gris y azul, dialogan y se entrelazan con el texto, sin fisuras. A partir de una anécdota concreta, un terremoto en su Mendoza natal cuando ella contaba tres años, Ortega habla del miedo con la perspectiva del asombro de quien observa desde la altura de un niño. Cosas que se caen y producen “un ruido parecido al de una ballena cayendo del décimo piso sobre un techo de cristal”, un miedo que paraliza y una madre cuyo abrazo poderoso permite endulzar el miedo y que vuelva la calma.

Besos de azúcar cuenta la separación de una niña y su madre. Cada lunes, Surya recibe del cartero una carta de su madre y una cajita con un beso, que llegan desde el otro lado del mar; su abuela le lee la carta y los besos se apoderan de la escena. A partir de un tema delicado y que genera mucha preocupación y miedo en un niño, Aixalá presenta una historia que tiene la dulzura como protagonista, y los colores, sabores y aromas son su hilo conductor. Las ilustraciones de Prezioso (quien ya había ilustrado Nubes, de Humberto Megget, para ¡Más Pimienta!), en una paleta de colores cálidos (rojo, ocre, naranja, violeta), sintonizan perfectamente con las tonalidades del texto.

Los dos libros son ideales para leer junto a los niños y dejarse llevar por el deleite de los colores y las historias. Tanto uno como otro seguramente sean tierra fértil para conversaciones llenas de preguntas infantiles.

Otra faceta de novelistas adultos

Topito Ediciones es una flamante pequeña editorial que surgió a partir del impulso del escritor Manuel Soriano y la ilustradora Patricia Segovia, quienes convocaron a Horacio Cavallo y Daniela Beracochea para presentar estos dos cuentos a los Fondos Concursables que otorga el Ministerio de Educación y Cultura. Resultaron premiados, con lo que se suman a una bienvenida profusión de libros para niños que aporta diversidad a la oferta nacional y que el año pasado tuvo un fuerte empujón con las ediciones de ¡Más Pimienta! y de Criatura Editora.

El plan es mantenerse en el formato de libro álbum y publicar dos títulos por semestre, con el criterio de que sea “un libro para niños que no sufran los adultos”, define Soriano.

Lector, de niño, de Astérix, Patoruzú, Tintín y los libros de Roald Dahl, Soriano sostiene que le tienta publicar autores que no estén acostumbrados a lo infantil. “Leo Maslíah, por decir uno”, lanza.

Clementina y Godofredo es, como se indica desde el título, un relato en verso. Una pequeña odisea protagonizada por dos hermanos a los que se va sumando una variopinta serie de animales en el trayecto. El camino está lleno de sorpresas; cruzan el campo, la ciudad y el mar, mientras transcurren los meses, para visitar a su abuela el día de su cumpleaños. Uno por uno, se van sumando animales a la comitiva -desde mosquitos a ballenas- hasta sumar 37, en un relato que nunca abandona la rima ni el humor. Las bellísimas ilustraciones de Daniela Beracochea aportan el color necesario y le dan alma a esa multitud diversa de personajes.

La dupla conformada por Manuel Soriano y Patricia Segovia, además de ser la impulsora de Topito, está a cargo de Las aventuras de Jirafa y Perrito. Dirigido a niños pequeños, este libro cuenta una historia de amistad y solidaridad que transcurre en una reconocible aunque no nombrada Montevideo. Una jirafa tiene dolor de garganta y con la ayuda de dos amigos, un perro y un cardenal, emprende una pequeña aventura urbana para encontrar una bufanda que proteja su largo cuello. El humor y la ternura se dan cita en el relato, en el que aparecen algunos guiños cómplices a los padres lectores, entre ellos las propias referencias a lugares y señales de la ciudad.