Partiendo de la teoría de que el Estado debe actuar cuando detecta una situación que avanza en perjuicio de la sociedad, el Ministerio de Educación y Cultura decidió el año pasado “llamar la atención acerca del papel social y cultural de los juguetes y los juegos, en particular, sobre la relación entre éstos y la construcción de identidades y relaciones de género, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”, según anota Gustavo Remedi (coordinador del Departamento de Industrias Creativas) en la publicación donde se reúnen los trabajos premiados y seleccionados en el concurso de afiches organizado con ese fin. Acertadamente, Remedi señala que estamos más atentos a los mensajes que transmiten productos culturales o industriales concretos, como una película o un programa escolar, que a prácticas y discursos establecidos pero igualmente influyentes en la formación infantil, como los juegos y los juguetes.

Bienintencionado, entonces, el proyecto. Sus resultados, en cambio, están lejos de ser brillantes. La premisa curatorial (o el encargo publicitario) “póster - juguetes - igualdad de género” fue entendida en la mayoría de los casos de manera literal, y tal vez por ello no haya demasiada diversidad en las propuestas presentadas (y hay ironía en esto, porque el fomento de la diversidad es uno de los pilares de la Dirección de Cultura presente en el texto de Remedi). En los afiches abundan las consignas: “La igualdad no es un juego”, dice el trabajo ganador (realizado por Roberto Cancro); “La (des)igualdad no es un juego” (Daniel Pereyra), “La igualdad no es juego” (Herbert Ordonez, Denise Rugo), “La igualdad multiplica” (Daniell Flain), “La igualdad no es un juego...” (Nicolás Carril), “La ioualdao no es un juego” (Alicia Oronoz), “La igualdad se construye jugando” (Santiago Velazco). Hay otros eslóganes más concretos: “Hay mucho en juego. Elegí regalar juegos y juguetes NO sexistas” (Sebastián Suárez), “Cambiá la norma. Por un juego libre, sin juguetes sexistas” (Sebastián Plá). El lema más efectivo de todos, “¡Basta de rosado! Queremos juguetes que sirvan para todos” (Alejandro Rodríguez), tal vez sea acusado de discriminación por algún colectivo gay. En el extremo opuesto en cuanto a contundencia está “Andemos en bicicleto: campaña por la igualdad de género en los juguetes”, pero en un periódico llamado “la diaria” estamos acostumbrados a la oscilación entre género gramatical y género sexual. El segundo premio se acerca a la poesía visual: se trata de la letra de las primeras estrofas de “Arroz con leche” transcrita con letras de collage y “censurada” con un tachón que solamente respeta la frase inicial (o sea, “arroz con leche”); todo mal con esa canción infantil, digamos.

En cuanto a lo gráfico, el montaje es la regla y son pocas las excepciones. El póster ganador dispone juguetes y herramientas típicamente masculinos para formar un cochecito de bebé. El tema de las Barbies aparece en dos ocasiones (en una deformación del logo para formar la palabra “barbarie”, a cargo de Denise Rugo -tercer premio-, y en la incomprensible escena con robots de Sebastián Plá). El futbolito también se repite: “Un equipo donde juguemos [email protected]”, pide Marcelo Carreto, en tanto que Pablo Batista y el publicista Alexis Quenón aportan la imagen más potente del catálogo al sobreponer en primer plano y en modo realista una muñeca de plástico a un tablero de jugadores estándar (o sea, masculinos). El propio “logo” de la iniciativa (un subibaja en equilibrio) es también sugerente (y tal vez sea obra del diseñador Rodolfo Fuentes, jurado del concurso junto con la activista Lucy Garrido y el artista Gustavo Tabares). En general, se trata de afiches que, en el mejor de los casos, no funcionan integralmente, y en ese sentido se entiende la decisión de otorgar el premio a una obra compuesta con sobriedad, a pesar de ser poco impactante.

Más allá de estos pósters, queda la esperanza de que la campaña promueva una reflexión sobre el tema. Ojalá que en una etapa menos urgente, pero igualmente imprescindible, también se discuta sobre la necesidad -o, si se quiere, sobre el porqué- de la existencia de algunos roles claros en la educación infantil. Otro de los supuestos aceptados por la mayoría de los artistas -más allá de lo aniñado de algunas de sus propuestas- es que se trata de concientizar a los padres; el “vale todo” creativo, la consigna abstracta, el mensaje ambiguo, sin embargo, tienden a despistarlos.