Los ingresos de los hogares exhibieron un importante crecimiento en el pasado período de gobierno, pero los últimos datos relevados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran un enlentecimiento del incremento e incluso algunas caídas en la comparación interanual. El economista Pablo Moya, de la consultora Oikos, evaluó que el ingreso ha seguido, en general, el curso del nivel de actividad aunque “en muchos casos” los ajustes excedieron la suba del PIB. En ese sentido, valoró que los ingresos de los hogares, y particularmente los salarios, “tuvieron una fuerte recuperación desde mediados de la administración [de Tabaré] Vázquez, que se mantuvo en el primer trimestre de este año”. A su entender, “eso, obviamente, impacta en las empresas, porque no todas pueden absorber de la mejor forma el incremento de costos que implica y los salarios, en general, son rígidos a la baja”. En virtud de ello, para el período constitucional en curso “no son esperables aumentos como los de la pasada administración”.

Por su parte, Caumont opinó que el desempeño de los ingresos “es producto del empleo y de los salarios” en expansión, con el telón de fondo de la suba registrada por el PIB. “El ingreso subió porque la economía creció y ello implica más capital y más mano de obra”, interpretó el experto privado, añadiendo que “si hay una economía en expansión, es lógico que los ingresos crezcan [...]: sería una contradicción absurda que no lo hiciera”, explicó. No obstante esto, observó críticamente el hecho de que la distribución del ingreso se deteriorara en los últimos años en beneficio de un mayor grado de concentración. “Si bien todos ganan más, los que ya ganaban más, ahora, ganan mucho más”, resumió.

El economista Bruno Giometti, del Icudu, analizó los aspectos más recientes e internos del indicador asegurando que durante el último trimestre “la única fuente de ingresos que creció es la salarial”, mientras que las demás presentan caídas en términos interanuales. Al respecto señaló: “No encontramos una explicación desde el punto de vista económico” para esa diferencia con otras fuentes, aunque “quizá tenga relación con la forma en la que se releva la encuesta”, es decir, sobre la metodología del INE.

Giometti aseguró que en el Icudu “no se hizo una estimación” del crecimiento de los ingresos respecto del quinquenio anterior, si bien cabe esperar “un menor crecimiento del PIB [...], lo que podría implicar un menor aumento de los ingresos”. Sin embargo, interpretó que su evolución futura dependerá, “en buena medida, de lo que suceda en los Consejos de Salarios”. Caumont, a su turno, estimó probable que el ritmo de incremento de los ingresos se enlentezca, aunque enfatizó que igualmente continuarán creciendo.

Cruzados

En torno al desempeño de los salarios, Caumont sostuvo que en el período 2005-2010 crecieron en base a tres componentes: la evolución de la inflación, la prometida recuperación salarial y el “forcejeo” en los ámbitos de negociación tripartitos, factor que “permitió que la recuperación fuese mayor” a la deseada. En esa línea, valoró: “Lo recuperado ya está recuperado”, por lo cual, a partir de ahora, “los aumentos quedarán más asociados a la productividad y la inflación”, algo en lo que coincide con el gobierno “no porque yo me esté haciendo oficialista, sino porque el gobierno está más liberal”, consideró, antes de advertir riesgos frente a una eventual mayor expansión. “Si los incrementos salariales fueran mayores que la inflación y la productividad, las empresas van a liberar gente, lo que provocaría un aumento del desempleo”, aseveró.

Moya explicó que “no hay una pauta de incremento que sea, de por sí, sostenible en el largo plazo”, dado que “hay sectores de la economía que tienen un dinamismo mayor que otros, por lo que existen cuestiones sectoriales y coyunturales” a tener en cuenta. Y recomendó el análisis por caso: “Es bueno analizar las diferentes productividades de cada sector: eso es algo que comparto con el gobierno”, destacó.

Por el contrario, Giometti apuntó que en el Icudu tienen “algunas diferencias con el gobierno” en torno a la intención oficial de que “la masa salarial se mantenga constante y no aumente en relación al PIB, lo que impide aumentar la participación [en la economía] de la masa salarial”.

Asimismo, exigió que los ajustes sean diferenciales, indicando que, para lograrlo, es menester “incrementar el salario mínimo nacional más alto y rápido que lo planteado por el gobierno”. El joven técnico aclaró que “no hay una cifra puntual de incremento” prevista por el Icudu ya que esto depende de la evolución del PIB, pero rechazó de plano la idea de negar aumentos de relevancia porque vayan, presuntamente, a generar más inflación. “En el período anterior hubo un aumento importante de los ingresos y eso no implicó mayor inflación”, fundamentó Giometti.

Con relación al período iniciado el último 1º de marzo, Moya estimó que la evolución de los ingresos “está muy atada a las negociaciones en estos Consejos de Salarios”, aunque definió “un escenario base para 2010 y 2011 de 2% de crecimiento real anual”. Caumont fue más allá y proyectó un aumento de los ingresos de entre 16% y 18% medido en pesos constantes, es decir, descontando el efecto inflacionario, para todo el quinquenio.