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Cultura | Lunes 05 • Marzo • 2012

Libertad programada

El activista cibernético Evan Henshaw-Plath hoy en el café la diaria.

Fue uno de los creadores de Twitter, aunque vendió sus acciones por el precio de un auto usado. Eso fue antes de que la red social se volviera una empresa multimillonaria y antes de que él decidiera repartir sus días entre Portland (Estados Unidos) y Montevideo. Evan Henshaw-Plath (Berkeley, 1977) es conocido entre los programadores como Rabble; es decir, agitador: un apodo directamente vinculable a su vocación de activista, o más bien, hactivista.

-Te considerás un hacker; en la comunidad de programadores el término se maneja de forma distinta a la que maneja la acepción común, que connota cosas como "ilegalidad" o "ataques cibernéticos".

-Hay mucha gente que dice que Anonymous o los que entran a la seguridad de un sistema son crackers u otra cosa. Pero un hacker es alguien fascinado por los sistemas, por entender cómo funcionan, y por cómo adaptar esos sistemas o tecnologías para que hagan cosas que no deberían hacer. Entonces, los hackers son la gente que inventó casi toda la tecnología que usamos: son los que unen las partes para construir algo nuevo. Ahora, el mismo tipo de pensamiento que se usa para inventar Twitter también se puede usar fácilmente para hacer cosas como Anonymous o WikiLeaks, hacer intrusión o robar códigos: es el mismo tipo de actividad, de juego. En algunos medios se califica Anonymous como un grupo maligno, pero si ves su historia, comenzaron como un grupo de bromas, de chistes. En eso se toparon con un grupo de cientologistas, con los que era muy divertido pelear y bromear, por el tipo de creencia que tienen. Pero a través de los años, esos chistes repetidos llevaron a los de Anonymous a encontrar una política más formada, una política comparable a las de los yippies, los pranskters de los 60. Anonymous son los yippies actuales: hacer chistes, hacer política, romper las leyes. Son antiautoritarios, pero no se alinean con una ideología. Son hackers. Dejo claro que no soy miembro de Anonymous -y como es anónimo, en realidad nadie debe saberlo-, pero la filosofía de los hackers que están inventando Google y todas estas nuevas tecnologías de comunicación parte del mismo juego. Interesante, divertido, pero es un juego intelectual.

Conferencia "Nuevas tecnologías y cambio social"

*"Voy a hablar sobre la historia de la fundación de Twitter, sobre la historia de otros startups, del equipo que inventó YouTube, Instagram y Flickr. También hablaré sobre cómo se puede aplicar la filosofía del startup, que viene del modelo de Toyota sobre el e-manufacturing, a la fundación de nuevas instituciones". *Hoy a las 19.00 en café la diaria. *Entrada libre, previa inscripción en http://ladiaria.com.uy/eventos .

-Y es un juego que puede convertirse en un modo de vida y en un modo de ganarse la vida.

-Tenemos una cultura hacker, que es mundial: tenemos nuestros propios chistes, nuestros propios valores, nuestros propios mitos de creación y nuestra propia forma de valorar quién es el mejor de nosotros. Es un pequeño mundo, que además aloja comunidades: aquí está Montevideo Libre, UyLug, hay diferentes programadores, diferentes lenguajes de programación. Gracias a internet la subcultura se expandió y estos grupos existen en todo el mundo.

-A veces hay más conexión entre grupos afines de distintos países que entre grupos de la misma localidad.

-Incluso hay guerras "religiosas" entre los grupos: hay gente que cree mucho, hay distintas filosofías y diferentes tecnologías. Pero se dan dentro de la comunidad.

-¿Cuál fue exactamente tu papel en la creación de Twitter?

-En los 90 tenía un startup [esbozo de emprendimiento que busca atraer inversores] de empresas de comunicación, calendarios, publicación de eventos, música. En 1999 fui a la manifestación contra la Organización Mundial del Comercio, en Seattle, y participé en la fundación de Indymedia. También vendí mi primera empresa y pasé cuatro años viajando por el mundo armando grupos de Indymedia para la lucha contra el ALCA [Área de Libre Comercio de las Américas] y demás. En este proceso, estuvimos investigando VOIP [protocolo de envío de comunicación con la voz a través de internet], mensajes de texto, todo el tipo de tecnología para el cambio social. En 2004 yo tomé un trabajo con un grupo que hacía radio por internet -fue el primer proveedor de una empresa que se llama Odeo-, trabajando en cómo reinventar la radio. Con algunos amigos activistas que trabajaban en la misma empresa estuvimos tratando de ver cómo armar un sistema de mensajes de texto para coordinar manifestaciones grandes (en 2004 el tema era manifestar contra la reelección de Bush). Entonces con alguna gente del MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts, por sus siglas en inglés] y un montón de otros activistas hackers armamos un sistema que se llama TextMob. Fue como el prototipo de Twitter. Surgió después de una hackathon [de hack y marathon], en la que los hackers tiran ideas en la mañana, programan rápido al mediodía y al fin del día o al día siguiente se muestra el resultado. Estuvimos jugando con si debía ser programación por llamadas, programación por mensaje de texto, privado o público. En TextMob sólo eran grupos privados, no tenía la relación de "seguidor" que tiene Twitter; luego otro sugirió aplicar esa relación, que existía en el mundo del blog, y lanzar Twitter. Salió de una mezcla de hacking de diferentes ideas: una fue el TextMob, otra fue el funcionamiento de los blogs, otra los correos de voz (puede escuchar todo el mundo o no), otra fue la mensajería en bicicleta (para localizar dónde están). De ahí salió Twitter.

Adversarios

-¿Qué opinás sobre los proyectos de ley como SOPA [Acta de cese a la piratería en línea, por sus siglas en inglés] y ACTA [Acuerdo comercial anti-falsificación, por sus siglas en inglés], que buscan regular el acceso a internet? -Silicon Valley entró a la música y la reinventó: mejor para los músicos, pero malo para la gente que está en posición de controlar los sellos. Silicon Valley mira también a Hollywood y piensa cómo aplicar su tecnología para renovar y reinventar; cómo se renuevan los supermercados, el transporte, lo que sea. Hay una pelea muy grande entre Silicon Valley y Hollywood, la industria de contenidos. Silicon Valley no está contra el copyright, pero prefiere que tenga una duración de 15 o 20 años, no más. Hollywood quiere que sean productos físicos, reales y quiere controlar el total. Por eso promociona un serie de leyes que permiten que se dé de baja, sin juez mediante, a cualquier dominio o sitio web. SOPA dice que los dueños de páginas web son responsables de verificar el copyright de todo el contenido publicado. De los links, de los links a links, o del contenido. Con estas reglas es imposible que exista la web como la conocemos. Google no puede existir, Twitter no puede existir, Facebook no puede existir, Tumblr no puede existir, porque son de filosofía abierta: cualquiera puede publicar y si hay algún problema se baja el contenido. Al mismo tiempo, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual promueve ACTA, que es la misma cosa, pero a través de un tratado entre países. Se manejaba en secreto hasta que WikiLeaks lo reveló en 2008. El problema es que la gente de la tecnología no forma sus lobbies, entonces no tiene voz. Las manifestaciones contra SOPA en Estados Unidos le dieron visibilidad al problema de ACTA. Hay un grupo de activistas tratando de defender la existencia de internet, y puede ganar porque tiene detrás un grupo de empresas muy grande. No son como los activistas que pelean contra la mina en Aratirí o contra el puerto en La Paloma, que no tienen mucha fuerza económica. Tenemos suerte de que en la lucha por la libertad de internet las empresas son aliadas de los activistas. Sigue la lucha, y está el debate de si hay que comprar políticos como hacen todas las demás industrias. -¿Cómo viste el cierre de Megaupload, en este contexto? -Megaupload tenía un montón de cosas 100% legítimas, era un negocio legítimo y estaba cerca de lanzar un producto de música libre con derecho de copyright. También tiene un montón de cosas que no son legales. Su fundador es un hacker, más bien de derecha libertaria. Los gobiernos de Nueva Zelanda y de Estados Unidos lo tomaron como un caso criminal, pero si violaba leyes eran leyes civiles, no penales. Entrar con armas y tomar servidores estaba fuera de lugar. Cuando es aceptable tomar los dominios y los sitios web de ellos y de otros como RojaDirecta empieza un proceso que vuelve más común censurar internet. Es muy importante que la Electronic Frontier Foundation defienda a la gente que pierde sus derechos de comunicarse por problemas de copyright. Si Estados Unidos puede eliminar sitios por copyright, otros pueden hacerlo por motivos políticos. Megaupload fue una empresa hecha para ganar plata, pero el ataque contra Megaupload fue totalmente inapropiado. Abre la puerta a un mundo donde se puede censurar páginas web.

-¿Cómo decidiste instalarte con una empresa de desarrollo web, Cubox, en Montevideo?

-Cuando Bush ganó la reelección decidí no quedarme en Estados Unidos. Demoré algunos años en concretarlo. Vine acá ocho meses durante la crisis, antes había estado en Buenos Aires. Pensamos en ir a España, luego en volver acá. Estoy casado con una uruguaya, aunque ella no tiene mucha familia acá. Pero Uruguay es tranquilo, podíamos probar. No nos mudamos a Montevideo: fuimos a vivir a Punta del Diablo en noviembre, pero en marzo nos pareció demasiado tranquilo. Entonces vivimos acá. En ese momento estaba trabajando en un proyecto de Yahoo, pero se cerró. Hice consultorías, contacté a la comunidad geek y hacker de acá y había un grupo de Ruby, el lenguaje de programación que uso. Con ellos pensamos: todos hacemos teletrabajo desde casa, vamos a juntarnos en una oficina compartida, un club de trabajo. Ahora estamos en una oficina grande: hicimos un upgrade. Tengo conexiones para hacer trabajos interesantes, me gusta un ambiente de trabajo democrático y participativo, convencía a gente de trabajar conmigo, ayudé a conseguir clientes, trabajamos en proyectos juntos.

-¿Cubox nace como una empresa que piensa globalmente?

-No, fue un accidente. Yo quería trabajar en Uruguay, pero trabajaba en cafés y me aburría de estar solo. Quería trabajar con otras personas. Como tenía experiencia en Yahoo, Twitter y similares, tenía más posibilidades de conseguir clientes y proyectos interesantes. La idea es juntar a los hackers más interesantes e inteligentes que conozcas, trabajar juntos: van a salir cosas interesantes.

-No es un modelo de startup clásico.

-En verdad, es exactamente el modelo de startup clásico. Ningún startup nace con una idea caída del cielo. Siempre tienen una idea, claro, un espacio, pero después de que tenés un grupo de gente vas inventando en el camino, descubriendo cómo funcionan los productos y el mercado, experimentando, y al final sale un producto. Ninguno de los startups más grandes del mundo ni siquiera sus fundadores saben que van a hacer algo importante y grande. Tienen sueños, claro. Pero, por ejemplo, los fundadores de Google trataron de vender la empresa a Yahoo por menos de un millón de dólares. Mark Zuckenberg trató de vender Facebook a diferentes personas por unos miles de dólares. Los inversionistas de Twitter tasaron el valor de Twitter en cero. Yo estaba en el consejo y apoyé cerrar la empresa, que ya estaba funcionando, y decidimos tirar nuestras acciones. Ahora la empresa vale 10.000 millones de dólares. Yo tampoco lo sabía: vendí mis acciones por 7.000 dólares. Pensaba que comprarme un auto usado era mejor que tener acciones de Twitter.

-¿Adónde te parece que van las redes sociales?

-Creo que hay un montón de valor en la idea de usar internet conociendo a tus amigos y tu comunidad: familia, amigos, personas que podrían ser tus amigos. Es claro que la internet anónima tiene mucho menos valor: ahora están integradas todas nuestras actividades. Sí, perdimos un montón de privacidad en esto, pero estamos vendiendo nuestra privacidad por beneficios como ver las fotos del hijo de tu primo. No se trata de que nos estén robando nuestra privacidad: uno no necesita usar Facebook ni Twitter ni Google+, uno lo hace porque recibe valor. Ellos, obviamente, reciben un montón de valor también. Pero la idea de estar desconectado va a desaparecer. No sólo porque están los teléfonos y las computadoras conectados, sino porque en diez o 15 años llegarán las tecnologías de reconocimiento facial que harán posible que todo el mundo sepa dónde estás y qué estás haciendo, y adónde vas. La idea de ser anónimo, que es una idea de la ciudad, va a desaparecer. Cuando vivís en un pueblo de 100 personas no tenés privacidad. Ahora vamos a volver a esto. No sé si es una buena idea, pero es a donde vamos. La red social va a estar más integrada a nuestra vida real, porque la tecnología va a estar en todos lados.

-¿Y cómo se compatibiliza el activismo hacker con estas empresas multimillonarias de redes sociales? Hay propuestas de armar redes paralelas, mientras otros hablan de integrarse más.

-Si querés organizar un movimiento social tenés que ir adonde está la gente. Si querés llegar a la gente en los cantegriles precisás ir ahí. Ahora, si querés organizar uruguayos no vas a Londres porque allá hay buena infraestructura. El subte de Buenos Aires es muy bueno, pero está del otro lado del río. Hoy en día tenemos estas redes sociales comerciales. Jugamos con las herramientas del otro, using the master's tools, entonces siempre resulta otra cosa. Facebook hoy es una empresa grande, bastante transparente y participativa, que tiene mucho debate interno y tiene una filosofía propia, pero no hay que olvidarse de que uno de sus primeros inversores fue la CIA. Pero sí, sería bueno tener algo por fuera, algo más libertario.

-¿Te definís un liberarian?

-Es una palabra interesante. Yo soy un anarquista. La comunidad hacker es antiautoritaria, pero no necesariamente de izquierda. Hay gente de izquierda y de derecha, pero a ninguno le gusta la centralización de poder. Yo prefiero la izquierda, pero preciso entender a mi comunidad y acepto a la gente que tiene otra perspectiva.

-Desde la política de acá cuesta entender el acercamiento entre e anarquismo y lo empresarial.

-Ser anarquista en Silicon Valley no es inaceptable en absoluto. Hay bastante tolerancia para serlo, aunque no hay ninguna tolerancia para ser fascista. Ningún autoritario de derecha o de izquierda puede hacer pública su ideología. La gran mayoría de los fundadores de Silicon Valley son antiautoritarios de centroizquierda. El año pasado hice un viaje a diferentes partes del mundo con Geeks on a Plane, un grupo de inversionistas y algunos hackers que no son ricos y otros que son multimillonarios -en mayo haremos el viaje de nuevo- y descubrimos que en América Latina la gente que le abre la puerta a Silicon Valley es de derecha. Pasamos medio día con Piñera cuando llegamos a Chile; cuando llegamos a Buenos Aires no nos recibió nadie del gobierno. En la comunidad estaba todo bien, y también con la gente de la fundación Endeavour. Me impresionó mucho, porque la política del Frente Amplio y la política del PT en Brasil son bastante similares a la política de Silicon Valley. Políticamente, en Silicon Valley sólo existe el Partido Demócrata, hay muy pocos republicanos. La ideología es más antiautoritaria, prodescentralización, menos Estado, pero es bastante similar a la centroizquierda de América Latina. Pero desde acá se piensa a la gente de Silicon Valley como supercapitalistas y creen que son similares a los de América Latina. Es muy rara y triste esa desconexión.

-De todos modos, habrás notado que acá lo estatal tiene un peso importante.

-Sí, tengo una relación de amor-odio con el Estado uruguayo. Porque proyectos como el Plan Ceibal o la internet universal de Antel están increíblemente buenos. Pero me gustaría tener internet más rápido y menos reglas de control. Estuvimos ocho meses para abrir una asociación civil para administrar una oficina cooperativa: estamos alquilando una casa juntos para trabajar, ¿cómo puede ser tan difícil? Entiendo que la burocracia tiene sus razones, pero el efecto es que es muy difícil hacer cosas.

-También has dicho que Uruguay tiene todo para crear una gran comunidad hacker gracias al Plan Ceibal.

-Sí, la gente en este país no sabe el efecto que tendrá el Plan Ceibal. Fue promocionado sobre un proyecto de inclusión social, y con la creencia de que internet y las computadoras son el futuro, pero los hackers de esta oficina, la gente que está inventando nuevos lenguajes de programación, la gente que hace Linux, empezaron haciendo esto cuando eran bastante chicos, entre los cinco y los diez años. Algún "viejo" empezó a los 15 años. Es como ser experto en violín: empiezan de muy chicos y a los 18, 20 hacen un concierto en Carnegie Hall. El Ceibal es una manera de que los niños que quieran experimentar y ser autodidactas puedan serlo. La filosofía del OLPC [Una laptop por niño, po sus siglas en inglés] fomenta el modo autodidacta mucho más que el modelo tradicional: la idea es que no se precisa un maestro, es la filosofía libertaria que viene del MIT y del mundo hacker. Creo que la gente del LATU y los hackers de RapCeibal y CeibalJam sí lo entienden, pero también que los políticos no tienen mucha idea. En cinco años ya hay una generación de niños que crecieron con la habilidad de hacer esto; tal vez sólo 5% se convierta en hacker, pero será un 5% y no un 0,05%. Esto va a ser un cambio muy grande. Uruguay debe dejar de mirar a Singapur, Nueva Zelanda o Israel y mirar a Estonia, un país chiquito con muy buen desarrollo tecnológico, con menos población que Uruguay, pero que tiene mucho futuro. Aquí ya están los hackers, y ellos van a seguir creando cosas. Su forma de aprender está basada en una ideología muy distinta a la de todas las generaciones previas de Uruguay. Esto implicará un cambio social.