Este mes cumple 50 años la novela más emblemática del escritor belga/argentino/francés Julio Cortázar, desde su primera publicación por la editorial Sudamericana, el 28 de junio de 1963. Parte del boom latinoamericano y un clásico del canon literario casi desde su publicación, Rayuela interpeló al lector instando a su participación activa, a partir de elecciones que postulaban una ruptura con ciertas formas clásicas de la narración y la lectura. Es una obra que ha marcado a varias generaciones, por la positiva o la contraria, y que ha sido traducida a una docena de idiomas, entre ellos el polaco y el hebreo. Se puede considerar una lectura vinculada más que nada a los jóvenes; muchos han sido los que quisieron ser la Maga, integrar el Club de la Serpiente, recorrer París y confirmar que un encuentro casual es lo menos casual de nuestras vidas.

Ya se ha escrito mucho sobre Cortázar, su obra, Rayuela, la Maga y Horacio, el “lado de acá” y “de allá”. Incluso varios medios nacionales y extranjeros le dedicaron páginas a revisiones contemporáneas, tanto a cargo de escritores como de críticos o de periodistas. la diaria consultó a distintas personas vinculadas a la academia, el periodismo y la literatura para ofrecer al lector distintas lecturas y perspectivas teóricas acerca de esta novela monumental.

Versiones

Elvio Gandolfo, escritor, ensayista y periodista argentino residente en Uruguay, dijo a la diaria que Cortázar tenía “un talento raro: el de armar libros que daban y dan ganas de consumir como tales, comprarlos y tenerlos, aun sabiendo ya que no nos entusiasman tanto en cuanto a su contenido”. Plantea que hoy, tanto cuando ve Rayuela (“nunca fue un favorito mío como novela o como libro de Cortázar”) en su edición aniversario como La vuelta al día en 80 mundos o Último round en sus actuales reediciones en el formato original, se le “hace agua la boca”. Lo atribuye a que seguramente una cosa (el objeto libro) y la otra (su contenido) apelan a hemisferios cerebrales distintos: “Casi diría que primero meto la mano en el bolsillo para sacar el dinero, y la vuelvo a sacar al instante sin él, al recordar de qué se trata”.

Cree que en cuanto a su totalidad y su “gancho”, Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato -un par de años anterior a Rayuela-, “ha envejecido mejor, aunque parezca lo contrario”. Sostiene que se lee más de corrido y con menos tropiezos una vez aceptada su premisa (“un folletinazo sociosexual desmesurado”), con un tramo de gran densidad expresiva que es el “Informe sobre ciegos”. “Rayuela, en cambio, resulta demasiado plomiza en el arranque y en muchos otros tramos, con varios ejemplos de intelectualismo que quiere ser canchero y resulta ingenuamente esnob”, afirma. Continúa diciendo que Cortázar estuvo a punto de llamarla Mandala, con lo cual habría perdido la mitad del público, pero que sería un título más adecuado al contenido. Finaliza diciendo que se vendió, se vende y se venderá mucho, de todos modos, por su atractivo fuerte de libro con secretos y fuerzas internas raras, “aunque después se descubra que esas promesas no se cumplen”.

“Con Rayuela me sucedió algo curioso”, dice el escritor Sebastián Pedrozo. Cuenta que la “esquivó” sistemáticamente por no querer leerla, si bien Cortázar era una referencia. “Los primeros textos a los que accedí habían tenido en mí una suerte de efecto mágico”, dice. Por primera vez, al leer Historias de cronopios y famas sintió que la literatura era un punto de vista ágil y vital, un conjunto de sensibilidades. Ya transcurrida su veintena, se había alejado de los libros vinculados al boom latinoamericano, ya que, si bien eran los que tenían mayor popularidad en su entorno, le habían cansado las selvas y los militares malhumorados: “Inmerso en un fanatismo absoluto en la lectura de narradores contemporáneos norteamericanos, sospechaba que Rayuela me iba a defraudar. Quería taxistas prepotentes y prostitutas con hijos a los que alimentar, aspirantes a escritores sin dinero, borrachos sensibles y personajes que odiaban y envidiaban en igual medida a los intelectuales”, cuenta. Fue entonces que accedió a la lectura de Rayuela y como lector adoptó la lectura inversa a la propuesta por Cortázar (le pareció correcta hasta el capítulo 56). Dice que, si bien es noble la intención de hacer partícipe al lector, le resulta un fuego de artificio, fugaz, irrelevante; aunque se queda con la Maga y su inseguridad, y con su presencia intermitente en la vida de Oliveira (aborreció el Club de la Serpiente), y se solidarizó con el simpático Wong y su misteriosa imagen de la peor tortura jamás perpetrada en China. “Porque todo aquel que carga con un bolso repleto de libros será, para siempre, mi amigo”, sentencia.

Repercusiones

En 2014 habrá dos sucesos vinculados: el 12 de febrero se cumplirán 30 años de la muerte de Cortázar en París; el 26 de agosto se celebrará el centenario de su nacimiento

Teniendo en cuenta estas conmemoraciones y el cincuentenario de la novela, el diario argentino Clarín lanzó un sitio que celebra Rayuela y el Siglo de Cortázar (www.clarin.com/rayuela-cortazar). Éste incluye un espacio dedicado a su obra, con material multimedia, testimonios, entrevistas a otros novelistas y críticos, junto a materiales de archivo y fragmentos recogidos de los distintos ámbitos en los que participó.

En el mismo medio de prensa, el joven crítico y escritor Juan Mendoza afirma que Rayuela fue, para los lectores de los 90, una de las primeras educaciones sentimentales que reivindicó la locura, “y una forma de pelearnos con la indigencia cultural en la que el menemismo nos hundía”. Cita como ejemplo de su vigencia a Washington Cucurto -autor de La máquina de hacer paraguayitos y Cosa de negros-, a quien le parece una novela “impresionante”, con un lenguaje que no envejeció. Sin embargo, otros autores y críticos contemporáneos cuestionan su envejecimiento, por la postura del narrador frente a las minorías sexuales y por la forma en que la figura de la mujer es subestimada.

Estos aniversarios han sido tomados muy en cuenta en Francia, ya que la costumbre de considerar a Cortázar un escritor absolutamente argentino no debe hacer olvidar que era nacido en Bélgica, se nacionalizó francés y vivió en el país galo toda su vida como escritor, por lo que no es raro que en aquel país se lo considere casi un escritor local. El periódico semanal francés Courrier International menciona la influencia que este libro “complejo” y “fascinante” ejerció sobre cinco generaciones de jóvenes. En otras de sus ediciones describe los festejos que se realizarán en París por el aniversario de la novela, en el marco de las Rutas Cervantes (que consisten en un recorrido por la capital francesa en función de los lugares mencionados en las distintas obras de artistas, así como los lugares donde vivieron y trabajaron). Por su parte Le Monde califica a Rayuela como uno de los principales títulos del boom latinoamericano y compara sus mecanismos con los del Ulises de James Joyce.