Guillermo Lamolle y Jorge Di Pólito son dos compositores, guitarristas, cantantes y amigos que se reúnen mañana en Espacio Guambia, con el pretexto de mostrar sus canciones bajo el evocativo título “Un vals de aquellos melodiosos”. Son dos músicos distintos, que arrancaron hace tiempo en la canción popular; uno, Di Pólito, con intermitencias arquitectónicas alternó con Los que iban cantando, Milongas y Vale 4; el otro, Lamolle, con desviaciones humorístico-carnavaleras conocidas como Asamblea Ordinaria, La Gran Siete o Los Mareados. Dos compositores unidos por Los que iban cantando, el grupo de uno y al que casi entra el otro, y que ante la inminente salida de trabajos solistas se juntan para desarrollar propuestas convergentes.

-Lamolle, contame: ¿quién es Jorge Di Pólito?

GL: -Jorge Di Pólito, arquitecto, folclorista, se hizo muy famoso allá por los 70, con el grupo Los que iban cantando, al que se integró cuando expulsaron a [Jorge] Galemire, y tiene fama de haber sido el que llevó publico -sobre todo femenino- a los primeros recitales de Los que iban cantando, a los que no iba nadie. Tenía unas cuantas canciones lindas y después entró en una decadencia compositiva, que es lo que pretendemos mostrar en este espectáculo, su parte oscura. Ya hicimos algo juntos con él y mi grupo Asamblea Ordinaria, que se llamó “Milonga del 999”, hace tiempo.

-Di Pólito: ¿podrías retribuirle la gentileza?

JDP: -Guillermo Lamolle… Ok, pero así como él menciona la arquitectura, que poco tiene que ver aquí, es coherente que yo diga que él es biólogo, doctorado en tripanosomas y genética, que tampoco viene al caso. GL: -Por supuesto, soy tan músico como tripanosoma... JDP: -Además, es crítico musical, aunque ejerce poco la autocrítica sobre sus canciones y se anima a cantarlas. Tiene varios grupos con los cuales desarrolla mucha actividad, y entiendo que es un gran compositor -esto lo digo bien en serio- y una persona con una particular, grande y fecunda imaginación. Ésta es la primera vez que trabajamos hombro con hombro, uno frente al otro, y ha sido hasta ahora una experiencia muy enriquecedora y placentera. Entiendo que nos complementamos muy bien, cada uno con su énfasis o su perfil.

-¿Qué hay en común entre ustedes musicalmente?

GL: -Depende de cuán lejos mires la cosa, ambos somos guitarristas y cantamos canciones propias con un fuerte complemento folclorístico... ¿libre, no? Hacemos free folk, en el sentido de que si uno se imagina un folclorista uruguayo piensa en milongas, serraneras y afines. Acá estamos haciendo ritmos de todos lados… Bueno, Los Olimareños hacían cualquier cosa, creo que fueron los que abrieron un poco el juego en ese sentido, para toda América e incluso más allá.

-Hacían huainos, joropos, sones…

GL: -Claro, inventando una forma uruguaya de tocarlos… JDP: -Creo que no hablamos de folclore y el culto a la tradición, sino que es arrancar desde la tradición, o tomar algunas preferencias armónicas, melódicas, o formas de plantear temas. Aunque entiendo que las milongas que hacemos o las formas que eventualmente se puedan considerar folclóricas son bien contemporáneas, porque conciernen a nuestro presente personal. Somos un crisol de influencias, pero lo que nos une es una visión de libertad para hacer arreglos, instrumentaciones y voces, o para descontracturarnos frente a determinado tipo de temas. Diría que es como un “canto popular”, en el mejor sentido de la palabra, por más que a veces las clasificaciones son como un frasco en donde la realidad no cabe necesariamente, o sobra un poquito.

-Un gran componente en las canciones de Lamolle es el humor, el sarcasmo y la ironía, mientras que en Di Pólito no están tan presentes. Ahí hay una diferencia.

JDP: -No tengo mucho humor trabajado en mis canciones… este recital nace porque ambos nos encontramos grabando discos solistas. GL: -Ojo, Dipo no tiene humor en las canciones, como pongo yo, pero en los ensayos se le ocurren puestas en escena de las canciones o elementos musicales que son muy graciosos y son de las cosas de las que la gente se ríe aunque no sean chistes verbales.

-¿Cómo hacés para cantar canciones serias? Vi un video en el que la gente ya se reía mientras afinabas, porque se suele asociar tu figura con el 
humor.

GL: -Sí, empecé haciendo cosas humorísticas incluso en Asamblea Ordinaria, y nos costó hacer cosas que no tuvieran nada de humor. Hacías algo que pensabas que era serio y después descubrías que no, que te hacías trampas a vos mismo. No sabía cómo meter una canción seria entre diez cómicas, me llevó mucho tiempo descubrirlo, hasta que me di cuenta de que tenía que cantarla sin avisar: no hay que justificarla, ni introducirla, ni explicarla. Cantás una canción seria y el público cambia automáticamente el chip y no pasa nada. No molesta que un tipo cómico se mande una canción seria, el problema es de uno, que siente cierto pudor. Ahora hago más canciones serias y son las que más disfruto, ya que es bastante nuevo en mí. El humor es un vehículo maravilloso pero es también una especie de cárcel en la que uno puede caer.

GL: -No sé, si mirás el Canto Popular, el humor estaba en dos o tres lugares puntuales.

-Alguien me decía que a Los que iban cantando había que verlos.

JDP: -Claro, porque había un trabajo escénico integral en el espectáculo, entonces había chistes musicales que no se pueden reproducir luego en un CD. ¿Por qué en la chamarrita “La sencillita” [Jorge] Bonaldi, en lugar de tocar la flauta, chifla? Porque le quedó un dedo atracado en la flauta, fuimos a la televisión, hizo ese chiste y el director cortó pensando que se había equivocado. Había muchas cosas así.

-Lamolle, ¿vos te identificás con Los que iban cantando? ¿Qué significó para vos que [Jorge] Lazaroff grabara tu canción “Nene” en su último disco?

GL: -Me identifico y soy posterior, incluso no vi sus primeros recitales; tenemos diez años de diferencia con Dipo. Con respecto a la canción, me emocionó mucho escucharla; primero fue en un teatro, una versión parecida a la mía, sólo con guitarra, y después vino la del disco, aunque entre medio el Choncho me decía que no la iba a grabar porque nadie iba a saber de quién era.

-“Un vals de aquellos melodiosos”... ¿Qué se evoca desde el título del espectáculo?

-GL: Hay una canción mía que se llama así. JDP: -La canción toca un tema -creo yo- muy uruguayo, que es el pudor de cantar y expresar lo que se siente, en forma absolutamente libre, sin importar ser juzgado cursi, de mal gusto o lo que fuera. El título evoca eso, cómo nos hubiera gustado componer un vals de aquellos en los que se exponen los sentimientos de forma hiperexplícita sin estas limitaciones culturales. GL: -Es una canción vieja que nunca grabé... Me quedé pensando que en aquellos momentos ya me hacía ese planteo, porque cuando uno es adolescente hace esos poemas de amor que no le muestra a nadie, pero los hacés y después, cuando los dejás de hacer, los extrañás, o capaz que incluso los cantás cuando sos chico y luego los dejás. Después te da envidia cuando ves a un rockero o un cumbiero cantando esas cosas de forma tan directa. Es todo un tema poder hacer, dentro de la música que uno hace, sin pasarse al melódico internacional, una canción de amor que diga chongueces, pero que las diga en serio, porque el amor tiene un lado chongo. Uno puede tener en el bocho alguna fantasía de ésas, pero sólo logré expresarla al decir: “Quisiera hacer tal cosa”, y no lo pude hacer directamente, es todo un tema psicoanalítico de la música uruguaya que está bueno tratarlo. En ese sentido, mi pasaje por la murga y el carnaval me sacó mucha costra de arriba, especialmente en Los Mareados. Me rindió mucho ese pasaje por esas músicas semiocultas del carnaval, que es lo que me hizo mínimamente conocido; de cada diez personas que me conocen, 9,8 es por el carnaval y el resto son vecinos. Es que a mí en un carnaval me ve más gente que tocando la guitarra todo el resto de mi vida, es increíble. Además, es gente mucho más variada, es espectacular el carnaval. Si uno lo usa como escuela para aprender sobre lo que hace y cómo se escucha, es inmejorable. Así que de viejo he vuelto a lo solístico y me he juntado con otro que tiene un espíritu muy joven. Es un espectáculo netamente joven, con canciones de los dos que no son todas folclóricas y no tienen nada que ver con nada.