Los premios más importantes del mundo de la música, los Grammy, se entregaron el domingo en el Staples Center de Los Ángeles. La edición número 57 de los galardones tuvo como uno de sus máximos protagonistas al joven cantante inglés Sam Smith, de apenas 22 años, que se llevó cuatro premios para la repisa de su casa: Mejor artista nuevo, Mejor álbum vocal pop (por su disco debut, In the Lonely Hour), Grabación del año y Canción del año, por “Stay With Me” (una mezcla de pop con soul, en la que Smith muestra el refinamiento de su delicada voz, que lo llevó a tener más de 200 millones de visitas en su videoclip en YouTube). El disco de Smith dejó por el camino a estrellas omnipresentes del pop a secas, como Miley Cirus (y su álbum Bangerz) y Katy Perry (Prism). A su vez, “Stay With Me” pasó por encima de otro peso pesado del pop actual, como “Shake It Off”, de Taylor Swift. Sobre el escenario, el inglés le agradeció a su ex novio por haberle roto el corazón, ya que de esa situación surgió el disco que hoy le trae tanto éxito.

Otro gran ganador de la noche fue Pharrell Williams, quien ganó en la categoría Mejor álbum urbano contemporáneo (por Girl), y en Mejor performance solista de pop y Mejor video musical (ambos por su exitosísimo “Happy”). Por otro lado, Morning Phase, el último disco del estadounidense Beck, fue uno de los más laureados de la noche, ya que ganó en la categoría Álbum del año y Mejor álbum de rock (aunque el disco tiene raíces folk y country, más que cualquier otro género), superando a músicos como Pharrel, Smith y Beyoncé en la primera categoría y a The Black Keys (con su Turn Blue), Tom Petty and the Heartbreakers (y su bien criticado Hypnotic Eye) y U2 (Songs of Innocence) en la segunda.

En otras categorías se destacaron: Mejor álbum country: Platinum, de Miranda Lambert; Mejor álbum vocal de pop tradicional: Cheek to Cheek, de Tony Bennett y Lady Gaga (superando a discos como Nostalgia, de Annie Lennox, y Night Songs, de Barry Manilow); Mejor álbum de electrónica/dance: Syro, del inglés Aphex Twin; Mejor álbum de música alternativa: St. Vincent, de la artista homónima (que superó a Reflektor, de Arcade Fire, y Lazaretto, de Jack White); Mejor álbum de rap: The Marshall Mathers LP 2, de Eminem; y Mejor álbum cómico: Mandatory Fun, del irreverente “Weird Al” Yankovic.

Por el lado latino, Rubén Blades ganó el premio a Mejor álbum pop por su disco Tangos, Calle 13 se llevó el galardón a Mejor álbum de rock urbano o alternativo por Multi_viral, y Más corazón profundo, de Carlos Vives, ganó como Mejor álbum tropical.

Como en todas las ediciones de los premios Grammy, varios músicos subieron al escenario para desplegar su música. El multipremiado Smith no pudo hacer menos que cantar “Stay With Me” junto con Mary J Blige; Pharrel Williams interpretó “Happy”; la reina del pop, Madonna, demostró que sigue vigente con “Living for Love”, el primer single de su nuevo disco, que saldrá en marzo; Rihanna también cantó su último single, “FourFiveSeconds”, con Kanye West y nada menos que Sir Paul McCartney.

Una de las sorpresas de la noche fue la presencia de la inoxidable Electric Light Orchestra. El grupo británico, que no lanza un álbum desde 2001, tocó “Mr. Blue Sky” y su hiperclásico “Evil Woman”, que dejaron extasiado a McCartney, quien los seguía atentamente con palmas. Pero la presencia más destacada fue la de AC/DC -que abrió la ceremonia-, sobre todo, por los últimos acontecimientos poco felices que rodearon a la banda: la ida del guitarrista rítmico y fundador, Malcolm Young, quien sufre demencia, y los problemas con la Justicia de su baterista, Philip Rudd. La novedad fue el retorno de Chris Slade, veterano baterista que supo ocupar el lugar tras los platillos en la banda australiana a principios de la década del 90 -arrancó su carrera con Tom Jones y luego pasó varios años en Manfred Mann's Earth Band-. Los popes del hard rock interpretaron “Rock or Bust” y su himno “Highway to Hell”, que hizo mover a varios asistentes de la primera fila, como Lady Gaga y Katy Perry, quien hizo el clásico gesto de “cuernitos” con su mano en alza.

Fuera de la música y los premios, como en toda entrega de premios, hubo momentos bizarros, de color y discursos para todos los gustos. Kanye West pataleó en una entrevista después del evento, pero ni siquiera por él: “Beck tiene que respetar el arte y tendría que haberle dado su premio a Beyoncé. Además, West agregó que la cantante es una “inspiración para sus seguidores”. Por otro lado, en la ceremonia también hubo espacio para la seriedad, como cuando Prince presentó el premio al Álbum del año e hizo una reivindicación: “Álbumes. ¿Se acuerdan de ellos? Todavía son importantes. Como los libros y la vida de los negros, todavía importan”.

Pero una entrega de premios no es tal sin una muchacha que muestre sus atributos. Eso debe de haber pensado Madonna -de 56 años-, quien se paseó con un ridículo vestido taurino -con el sombrero característico y todo-, y en un momento levantó su pollera para que los inquietos flashes captaran su cola, que todavía da pelea.