-En los agradecimientos del disco decís que la idea te la dio tu esposa: “Dejate de jugar al pop y hacé lo que sabés: tango y candombe”...

-Sí, porque siempre le gustó el candombe, y en su familia son tangueros a muerte. Pero hay que tener tiempo para hacer tango. Se necesita tranquilidad, tiempo y respeto, porque hay que hacerlo muy bien. Y yo estaba, como todo el mundo, en la vorágine de trabajar para vivir. En la época de Tótem, El Kinto y Opa, más bien luchaba por la música uruguaya. Cuando grababa mis discos pensaba: “Pah, ¿le gustará al Hugo [Fattoruso] esto? ¿Le gustará a Urbano [Moraes]? Siempre grababa para los músicos; hasta que un día, de tocar para los músicos, me quedé sin casa, sin nada. Y bueno, todo el mundo lo sabe: me junté con Cachorro López, grabamos “Cha-cha, muchacha”, plena, y entonces me pude quedar en Uruguay, me compré mi casa. Le dije a todos los músicos “Muchachos, voy a hacer un disco para hacer un mango”, y nos pusimos “Qué Chorro López” y “Ruben Roba”. Pero después los músicos me dijeron: “Olvidate, es semejante disco”. La plena tiene una letra importante: “Cuando el amor sea lo más urgente, / no tendrá caso la guerra de Oriente. / Cuando el racismo no tenga parientes / me sentiré orgulloso de la humanidad./ Quién va a cantar”. Siempre le meto una letrita diciendo cosas. Todos los músicos buscamos otro horizonte, otra forma de componer, otro aire. Siempre fui respetuoso de los productores y siempre hice lo que el productor me dijo, y ahora soy un irrespetuoso que hago lo que quiero. Entonces, me lancé a hacer este disco, de tango, milonga y candombe, que hace más o menos tres años que estoy armando. Me costó mucho trabajo juntar los tambores, los músicos. Tengo la suerte de que en este disco tocó Osvaldo Fattoruso -antes de que falleciera-, el Hugo, Nicolás Ibarburu, Guzmán Mendaro; toca una cantidad de gente increíble.

-Es loable que siempre hayas expresado que buscaste un disco comercial con Quién va a cantar (2000), ya que no es cosa de todos los días tal sinceridad en ese aspecto.

-A veces es una mentira eso, porque intenté en varias oportunidades... Cuando grabé “La mandanga:” “Se come la mandanga...”, pensé que iba a ser un taponazo, y no pasó nada. La gente no me creyó. ¿Entendés? Era un tema buenísimo; lo usaba Moria Casán para un programa que tenía en televisión. Lo único bueno fue que ahí sí agarré guita por derechos de autor, porque cuando un programa está un año pasando la cortina con tu música, agarrás muy buena guita.

-¿De qué habla “La mandanga”?

-De nada. Después descubrí que en Colombia “la mandanga” le llaman a la coca. Yo no sabía eso. “Se come la mandanga” para mí era otra cosa, como “se come la bala”.

-Hablemos del nuevo álbum, la parte de tango es bien gardeliana.

-Soy gardeliano a muerte. Después le hice un homenaje a Cacho Castaña [“Café la humedad”], medio electrónico, al que en vez de Bajofondo le puse “Altofrente”. El tema “Ay” lo grabé con Julieta [Rada], que cuando cantó esa canción tenía 16 años, y ahora tiene 24. Hace muchos años que estaba preparando esa canción...

-Recién arrancamos la entrevista y ya nos interrumpió alguien para saludarte. ¿No te abruma, a veces, el cariño de la gente?

-En Uruguay es más tranquila la gente. En Argentina te agobian, te paran y te piden autógrafos, y te hablan de la familia. “Mi viejo se crió con tu música, y mi abuelo, no sé cuánto”. Tenés que estar preparado para eso. O, si no, la típica, agarrar un auto, ponerle vidrios negros y que nadie te vea; pero, negro y con vidrios negros, no me suena... Es como andar con lentes de sol. Hay gente que no se saca los lentes para saludarte, no se sabe si te está mirando o si se está riendo de vos. La expresión es muy importante. Yo soy un tipo abierto. A veces me enojo, porque les digo: “No tengo tiempo, tengo que ir al banco”, o cuando iba a llevar a mi hijo al colegio, y me dicen: “¿Cómo me hacés esto? Es una falta de respeto, no sé cuánto”. Hay gente que me critica. “El negro es un repugnante”. Basta con que no te saques una foto con una persona, que quedás quemado para todo el tiempo, y eso lo aprendí, una o dos veces cometí el error de decir que no, y ya soy un sorete.

-Hoy todos los celulares tienen cámara de fotos...

-El peor invento del mundo. Amo el celular, me parece maravilloso que la gente pueda comunicarse, pero tiene un solo defecto: la máquina fotográfica. La gente abusa de eso. Todo el mundo anda con el celular en la mano. Si me paro en una esquina puedo estar media hora sacándome fotos.

-Retomando lo de Gardel, ¿fue lo primero que escuchaste?

-Sí, lo primero que escuché en mi vida, a los siete u ocho años, en radio Clarín. Para mí era la gloria. Por eso, la canción que le hice a Gardel [“Tengo un candombe para Gardel”] no tiene ninguna ciencia. Nosotros de chicos agarrábamos los tambores y cantábamos millones de canciones de Gardel. Cuando digo: “Los muchachos de la barra callejera / que sentimos el candombe bien de bien / nos sentamos a cantar en la vereda”, es totalmente cierto, lo hacíamos siempre.

-¿Siempre fuiste de basarte en tu realidad para componer?

-No, también me hago el [Franz] Kafka a veces; no te creas. Pero sí, por lo general hablo de la vida. Puedo componer una canción alegre o seria sentado en el bar, viendo pasar a la gente. En la época de los militares componía canciones como “Dedos”. Es según la circunstancia.

-“Negro”, de Tótem, es quizá una de las primeras canciones de reivindicación de los negros: “Si vos no luchás, no va”.

-Totalmente. Se enojaron conmigo, porque yo decía “negro, no seas tan volvé” -no seas tan boludo-. Porque si te maltratan, tenés que pelear, meterle con todo, y si te echan, pelear, pero tenés que hacerlo. Allá enfrente había un bar que se llamaba Sokos, y no atendían a negros. Un día fuimos 20 y nos sentamos ahí; no nos atendieron...

-¿Sufriste mucho la discriminación?

-No sé si la sufrí porque no me acuerdo. Pero sí me pasó de llegar a un baile y que no me dejen entrar, y que mis amigos quieran romper todo. Yo les decía: “No, vámonos, loco, no pasa nada”, y nos íbamos a otro baile. Instituciones que no te voy a nombrar, donde siempre había baile, y no dejaban entrar negros. “Negro” hablaba de eso. Porque, por ejemplo, vos querés estudiar medicina, y como negro no podés decir “No, porque me van a abuchear por negro”; tenés que ir y estudiar. Como hizo [Barack] Obama, que llegó a ser presidente, o [Mahatma] Gandhi, que peleó y armó un país maravilloso, y después de que se murió él se fue todo a la mierda. Tenés que ir y pelear, tenés una sola vida. Por eso yo era fanático de Malcolm X, porque Martin Luther King era paciente: el blanco tenía que entender que los negros, que no sé cuánto; en cambio, Malcolm X decía: “Yo tengo una sola vida, no puedo esperar a que el blanco me conozca y que se dé cuenta de que soy igual que él”, entonces, decía: “Si yo tengo un arma y vos tenés un arma, podemos negociar, pero si el blanco tiene un arma y yo no, tengo que hacer lo que él quiere”. Y eso referido a todo. Hay que tener más negros médicos, militares, artistas, psicólogos... La gente que no es famosa como yo siente la discriminación que sentía yo cuando no era conocido, ir a pedir un laburo y que no te lo den. “Dejá esto que después te llamo”, y no te llaman nunca. Aún pasa eso en Uruguay. Si no, fijate cuántos negros ves laburando en las tiendas, en las oficinas. Andá a los shoppings... De chico fue una época muy brava; y, para peor, mi madre se crió con muchos complejos, porque fue maltratada. Entonces, nos inculcó eso. Al colegio nos mandaba prolijitos -las mejores túnicas eran las nuestras-; nos decía: “Negro, pero sucio no”. Al decir eso ya te estabas tirando abajo. En el colegio creí que me iba mal porque la maestra era racista. Esperanza, una mujer maravillosa, y yo no pasaba de clase porque no estudiaba. Era por culpa mía, pero me costó años reconocer eso.

-Hablando de tu infancia, en el disco incluís “Soy de Cuareim”, un homenaje a tu niñez.

-Mamá y papá se pelearon, y nos fuimos de Ansina -yo nací en Isla de Flores y Tacuarembó-, para la calle D’Azeglio y Avenida Italia, a seis cuadras del estadio [Centenario]. Entonces, iba a ver a mi viejo a Ansina, y a mis tíos, Juan Ángel, Raúl y Welington Silva, que eran los creadores de Morenada; empecé a salir con ellos a los diez años. En la canción digo: “Cuando toco mi tambor / lo hago de forma sentida, / con respeto y con honor, / cruzo la cuerda de Ansina. / Porque allí nació mi padre, / repique de Fantasía, / pero yo soy de Cuareim / porque lo quiso la vida”. Si mi viejo hubiera estado conmigo sería de Ansina. Es un homenaje, no solamente a mi padre, sino al toque de Ansina y Cuareim. Para mí son los toques más maravillosos. Cuando cruzaban los tambores se armaban unas piñatas tremendas. Ahora no pasa nada.

-De la cercanía con el estadio debe de venir tu fanatismo por el fútbol...

-Sí, claro. El jugador más grande que vi en mi vida se llamaba Juan Eduardo Hohberg. Fue el que hizo los dos goles cuando jugamos en 1954 [Mundial de Suiza], que perdimos 4-2 con Hungría. Salió campeón con Peñarol en el 49 y en los 50; en el 60 ganó la Copa Libertadores. Después fue técnico de Peñarol. Un jugador increíble.

En el disco Bailongo, de 2008, le dedicaste una canción a Juan Joya y a Alberto Spencer.

-Por lo respetuosos que fueron. Eran muy queridos. Preguntale a cualquier hincha veterano de Nacional qué pensaba de Joya y Spencer. Eran dos negros que amaban el Uruguay y que decidieron vivir acá. Los dos se pusieron la celeste.

-¿Seguís yendo a ver a Peñarol?

-Voy. No voy a los clásicos. Porque los clásicos son el circo romano. Si cae una persona muerta en la cancha, disfrutan, y a mí no me gusta eso; para mí sigue siendo fútbol. Si pierde Peñarol, lloro, me encierro en mi casa, no hablo con nadie, pero no peleo, no mato gente.

-Pero, ¿tuviste un problema alguna vez en el estadio?

-Nunca me peleé en mi vida. Dejé de ir a los clásicos porque antes que empiece el partido cantan “Cómo me voy a olvidar, / cuando matamos a una...”. Vas a ver Peñarol-Fénix, por ejemplo: “Y el bolso, que le vamo’ a cag…, / se acuerdan cuando le rompimo’ el o…” ¿Si estamos jugando con Fénix, qué tiene que ver el bolso? Ya lo tienen incorporado eso del odio al bolso. Y lo mismo del otro lado, “Estos manyas, no sé cuánto”. Quiero que sepan esto, porque la gente después se enoja, yo respeto muchísimo a todos los hinchas de Peñarol; cada cual ama a Peñarol a su manera. Yo lo amo respetándolo, entendiendo que todos somos humanos, que a veces jugamos bien y a veces mal, como a veces cantamos bien y a veces trabajamos bien o mal. Como decía [Horacio] Buscaglia, “Antes de ver la paja en el ojo ajeno, pon tus párpados a remojar”. ¿Vos sos excelente en tu trabajo, sos un gran médico, un gran psicólogo? Todos tenemos defectos, el jugador igual.

-Volviendo al disco. El CD de tango cierra con “Tomo y obligo”, que es un verdadero tangazo. En la actualidad, que impera casi un fetiche por lo políticamente correcto, esa letra haría saltar a varios.

-Totalmente. “Un hombre no debe llorar”; yo lloré como todo el mundo. Ibas al cine o a ver a los cabezudos, y te asustabas. “No lloren, los hombres no tienen que llorar”; ya te obligaban. ¿Qué somos nosotros? ¿Unos insensibles? Lloramos como todo el mundo. Yo veo una novela y lloro. Y otra cosa, los hombres antes no se daban un beso. Si un tío mío me daba un beso, le ponía la mano. Estábamos preparados como robots.

-Entre los temas de candombe, me pareció de lo más simpático “Bo va tomaruna”, que es como una improvisación de un borracho.

-Cuando vas a las llamadas del barrio, siempre hay un mamado atrás que va cantando canciones. Es un homenaje al tipo que se mama o que es un linyera que se goza con el candombe; va cantando canciones y le gritan de todo. “Bo, mugriento. -Ahh, ¡atendé tu kiosco!-”. Me encanta, porque el uruguayo no dice “¿vamos a tomar una?”, sino: “Bo, ¿va tomaruna?”. Es más, me gustaría abrir un boliche que se llame así.

-Grabaste “Milonga para una niña”, de Alfredo Zitarrosa. ¿Llegaste a compartir escenario con él?

-En La Claraboya Amarilla, en 21 y Ellauri. Estaba la Camerata Punta del Este, Manolo Guardia, Federico García Vigil; toda una barra, y Alfredo Zitarrosa con sus guitarristas. Yo cantaba “Guantanamera” y toda esa onda, con Manolo Guardia. Me acuerdo de que Alfredo me dijo: “Rada, usted, que es tan querido por el público -ya había grabado “Las manzanas”-, ¿por qué no le canta un poco al pueblo?”. Y le dije: “No quiero ser demagogo”. Porque en ese momento decías “viva la libertad” y todas las cosas que tenían que ver con la revolución en contra de los militares, y te llevabas a todo el público contigo. “No me gusta el panfleto, si algún día me sale una buena”, y me salió “Dedos”. Después dijo: “Está buena ésa”.

-¿Cómo era Zitarrosa en el trato? Parecía un tipo muy serio.

-Divino. Era un tipo serio, pero tenía su chispa. Siempre perdía la cédula cuando estaba en Argentina. “Che, Alfredo, ¿vamo’ a Montevideo?” “Sabés que perdí la cédula, bo”. Siempre perdía la cédula, o no quería venir... En una época no estaba muy contento con Uruguay, como muchos que nos fuimos para afuera.

-Tango, milonga & candombe reivindica la música negra del Río de la Plata. Si nos ponemos a pensar, excepto la música clásica, que viene de europeos blancos, casi toda la música que uno escucha surgió de los negros.

-Toda. La que escuches. El rock and roll viene del blues. Fijate lo que habrá cambiado el rock and roll, que era “Tutti frutti, / oh rutti”, y ahora: “I want to ride my bicycle / I want to ride my bike. / ¡Bicycle, bicycle!”. Se fue para otro lado.

-¿Te gusta Queen?

-Claro que me gusta. Me parece maravilloso.

-Ahora que recuerdo, hace años grabaste una versión de Queen que está perdida por ahí.

-Sí, grabé “Esa cosita linda llamada amor”. Nadie tiene eso, lo tengo guardado en mi casa, escondido. Hice de todo. Pero nosotros no teníamos música. Escuchábamos El Club del Clan; todo lo que venía de afuera, bienvenido sea. Y nosotros esperando. A veces, nos preguntan: “¿Cómo, ustedes son los creadores?”. Yo no soy creador de nada, alguien puso esta música en mi cabeza y la defendí; no podía hacer otra cosa, porque era lo que sentía. Pasan los años y quedás como un pionero, pero nosotros no lo hicimos por eso. Los Beatles tampoco hicieron eso para ser los reyes del pop y de la música. Lo sintieron. Habrán sufrido, como todo el mundo, tocando en un sótano, los cagaban a pedos, hasta que vino un productor que los llevó para arriba. Para mí los Beatles no son ingleses, son del mundo. Es más, son más queridos afuera que en Inglaterra, porque cuando vos estás en un país con un grupo tan tremendo como los Beatles, querés salir de los Beatles, y la mejor manera de salir es: “Sí, unos viejos que tocaban divino, pero nosotros tocamos otra cosa”. Si no, no salís nunca. Por eso en Uruguay aparecen grupos nuevos tocando una música que no tiene nada que ver con El Kinto, ni con Tótem, ni con nada. No Te Va Gustar, La Vela, La Triple Nelson; todos tocan otra música. El único tipo que tiene reminiscencias de El Kinto y que se quedó con cosas de [Eduardo] Mateo es Martín Buscaglia; todos los demás tocan otra música. Es que hay que tocar otra música, porque si no, no crecés, te quedás en la misma. Yo no soportaba ir a ver a Uruguay y que pusieran la bandera del 50. Cada vez que ponían la bandera, perdíamos. El 50 es una cosa maravillosa para tenerla en la vitrina, recordarlo el 16 de julio -que es mi cumpleaños-, pero yo quería que Uruguay ganara ahora. ¿La garra del 50? [César] Menotti, cuando estuvo dirigiendo a Peñarol, dijo: “Cuando apareció la tarjeta amarilla se acabó la garra charrúa”. Se terminó. Ahora hay que jugar.

-Volviendo a la música, siempre fuiste autodidacta.

-Nunca estudié nada. Lo lamento mucho... Los músicos me dicen: “Radita, quedate quieto que así te fue bárbaro”; de repente hubiera sido un músico catedrático rompebolas. Pero una de las cosas que más rabia me da es no haber estudiado música, porque estaría escribiendo música para películas, estaría haciendo cantidad de cosas más grandes. Podría componer otro tipo de cosas. Yo soy limitado, tengo la suerte de que siempre me junto con grandes músicos.

-¿Es verdad que Tom Jones te quiso llevar a Inglaterra?

-Yo trabajaba en el hotel Sheraton de Buenos Aires, lo inauguramos en 1973, y tocaba con la banda S.O.S., en un lugar que se llama Golden Horn; cantaba “Delilah”: “My, my, my Delilah”. Bajó el director del coro de Tom Jones, y se murió con lo que estábamos tocando; llamó a Tom Jones, bajó a escucharnos, y el director me dijo: “Queremos que te vengas con nosotros a Londres”. Y me cagué... No, no me cagué, estaba con S.O.S., habíamos grabado un disco con canciones mías; y bueno, me quedé con la banda. No podía abandonar a la banda que había sacado un disco con música mía. Me pasaron muchas cosas, también [Joan Manuel] Serrat me quiso llevar a España. Yo estaba en México con Tania Libertad, una cantante que me llevó en un momento difícil, y también le tuve que decir que no a Serrat. Pero no me arrepiento, nunca fui oportunista. Nunca vi la oportunidad, siempre me equivoqué. Si hubiera estado con Serrat, de repente hoy sería un artista reconocido en España, y viviría como un dios. Bueno, lo que le pasó a [Jorge] Drexler, que se lo llevó Sabina y se transformó en un artista internacional. Si vos venís de España para acá es distinto que salir de Uruguay al mundo. Siempre digo que Argentina está en el culo del mundo y Uruguay está atrás del culo. Es difícil que nos vengan a buscar acá.

-Una faceta tuya que no conocía es que sos fanático de Star Wars.

-Sí, claro. ¿Viste que el tipo [Harrison Ford] se cayó en un avión el otro día? Me dio mucha pena; divino el tipo. Con Star Wars me morí, y mis hijos más. Fue una maravilla lo que crearon, los personajes, los muñecos, Arturito. Estábamos en Estados Unidos cuando vi esa película. En la escena en la que aprietan el acelerador de la nave y pasan por las estrellas, ¡shhffff!, como balazo, había un grone, que se ve que había tomado una pastillita, que se paró y dijo: “Play it again, please!” [“¡pásenla de nuevo, por favor”!]. Agarró un viaje el tipo... Maravilloso. Después, con Airto Moreira [músico brasileño que tocó en Opa] vimos King Kong, que ellos le llamaban “Kingui Kongui”. Airto dijo “No gusté muito de Kingui Kongui”; entonces, al otro día fue con un puchito de marihuana. "Agora sim".

-¿Cómo te llevaste con las drogas?

-Siempre me cuidé mucho, pero fui cagón toda la vida. Te hablé recién del racismo y del complejo. Me encontré en un lugar muy importante que me dio el público; entonces, por respeto a mi raza, no me emborrachaba, no tomaba droga. Porque cualquier macana que yo hiciera iba a perjudicar. Mi vieja siempre decía: “Vos te podés portar maravillosamente toda la vida, te mandás una cagada y es ‘cosa de negros’”. Como que adentro tenemos esa cosa de hacer cagadas, que es mentira, cualquiera hace cagadas.

-¿En los conciertos siguen pasando cosas raras?

-Siempre pasan cosas raras.