Ya resulta cansador resaltar cada año el excelente momento artístico que está atravesando la televisión (al menos la anglosajona) desde que comenzó el siglo. 2015 no fue una excepción, y la pantalla chica estuvo llena de buenos momentos. No obstante, al igual que en 2014, también se notaron algunas señales de agotamiento del impulso de hace un lustro y se establecieron como las ofertas más atractivas y premiadas series ya estrenadas hace algunos años o sus derivados (Game of Thrones, Better Call Saul), al tiempo que fracasaban apuestas jugadas pero de flojos resultados (Sense 8, The Bastard Executioner) y se hundía en el caos el programa que había deslumbrado en 2014, True Detective. Pero no hablemos sobre las sombras y los pifies sino sobre lo que valió la pena ver durante el año que acaba de concluir.

Unbreakable Kimmy Schmidt (Netflix): Fue el esperado regreso de Tina Fey a la televisión, sólo que no lo hizo frente a cámaras sino manejando los hilos del guion y la producción de esta serie sobre una mujer, Kimmy, de casi 30 años, de los cuales pasó 15 secuestrada por una secta en un búnker bajo tierra, donde esperaba el apocalipsis. Al salir, Kimmy decide recuperar el tiempo perdido y viajar a Nueva York, donde su desfasaje temporal y su irrefrenable optimismo la llevan a meterse en todo tipo de situaciones absurdas. Diseñada su temporada como un todo, la serie arrancó más bien lenta, tomándose su tiempo para desarrollar sus estrambóticos personajes y las relaciones entre ellos, pero una vez que apretó el acelerador terminó volviéndose uno de los programas más divertidos y amables de la pantalla chica, en buena parte gracias al carisma radiante de su protagonista, Ellie Kemper, que va a ser una estrella si es que ya no lo es.

South Park (Comedy Central): Hace unos cinco años, cuando esta ya muy veterana serie de animación parecía haberse atorado en su modelo de transgresiones pasadas de rosca, sus responsables -Trey Parker y Matt Stone- hicieron algo poco frecuente en la televisión: maduraron. En virtud de ello, la hostilidad anárquica y escatológica de las primeras temporadas dio paso a una continuidad enfocada en la realidad circundante, e inesperadamente South Park se convirtió en uno de los mejores programas de comentario sociopolítico de la televisión mundial. Posiblemente en la temporada 2015 esta orientación haya llegado a su cenit, proponiendo una historia conceptual que atravesó todos los episodios del año, en la que los personajes de Parker y Stone diseccionaron la cultura de lo políticamente correcto con una amplitud de miras que no se quedó en su simple destrucción. Más ácida y corrosiva que nunca, South Park también se hizo espacio para tomar posición y apoyarse en algunos elementos emotivos que habían aparecido en cuentagotas en los años anteriores. Toda una serie de cambios sutiles que consiguieron que, en su 19ª temporada, esta serie fuera más profunda, divertida y crucial que nunca.

Daredevil / Jessica Jones (Netflix): Aunque HBO le sigue ganando en osadía, calidad de programación y premios Emmy, éste fue el año del canal de streaming Netflix, cada vez más ambicioso y contando ya no sólo con series y documentales, sino con sus propias incursiones en el mundo del largometraje. Pero tal vez la más llamativa de sus propuestas de 2015 haya sido la de sumarse al universo de Marvel Comics, produciendo no una sino cuatro series interrelacionadas y basadas en personajes menores (o al menos más terrenos) de la escudería de superhéroes que sigue dominando las pantallas de cine. La primera muestra fue Daredevil, que retomó a este personaje -un abogado ciego pero con asombrosas capacidades físicas y un sistema único de percepción similar a un radar- que casi había sido arruinado por su pasaje por la pantalla grande (en la que lo interpretó Ben Affleck). Esta nueva versión, más oscura y terrenal, se aproximaba a la visión del personaje que tuvo el dibujante Frank Miller, haciéndolo más oscuro y cercano al policial noir e introduciendo además la novedad narrativa de dedicar toda la temporada al combate con un solo enemigo. Igualmente atractiva fue la adaptación de Jessica Jones, una antiheroína relativamente reciente en el universo Marvel, que presentó a un personaje femenino bastante distinto de cualquier equivalente previo: renuente, traumada y de hábitos poco recomendables, fue considerada por muchos una auténtica superheroína feminista. La serie presentó también como personaje lateral a Luke Cage, que tendrá su propio programa este año, en un microuniverso interrelacionado que se completará con otra serie sobre Iron Fist, redondeando una invasión de superhéroes que, por una vez, ha dejado satisfechos a sus seguidores en el formato cómic.

Mad Men (AMC): La épica serie sobre publicistas de los años 60 liderados por el ambiguo Don Draper (Jon Hamm) arribó a su última temporada justo cuando empezaba a desgastarse, y lo hizo con un final digno del entusiasmo que había despertado en sus primeros cuatro años de emisión. Ya considerada uno de los mejores dramas televisivos que se hayan visto, Mad Men atravesó durante sus siete años toda la década de los 60, con un realismo pocas veces visto y presentando una nada luminosa imagen del sueño estadounidense, en una historia que se movió siempre en una gama de grises morales y con personajes tan memorables como ambivalentes, que marcaron un antes y un después en la historia de la televisión reciente.

Show Me a Hero (HBO): Con esta miniserie adaptada de un libro periodístico de Lisa Barkin, el guionista, director y productor David Simon consiguió volver al nivel que sólo había alcanzado ocasionalmente en sus proyectos posteriores a The Wire, para muchos la mejor serie dramática de toda la historia. Pero además lo hizo con el que a priori parecería el menos atractivo de los materiales: una trama social sobre los conflictos ocasionados por la construcción de unas viviendas populares en un suburbio de clase media de Nueva York, y su interrelación con la clase política. Sin acción, sexo ni fantasía, Simon se las arregló para contar esta historia en forma atrapante, educativa y emocionante, consiguiendo uno de los mejores retratos de las fricciones sociales y raciales que se recuerde.

Better Call Saul (AMC): El final de Breaking Bad dejó a miles de fans con una adicción a la serie peor que la de sus personajes en relación con el dinero o las anfetaminas. Como paliativo, este spin off y a la vez precuela funcionó a la perfección; gira alrededor de uno de los personajes más atractivos de Breaking Bad, el pragmático y más bien amoral abogado Saúl Goodman (Bob Odenkirk), y narra sus inesperados negocios previos a que su camino se cruzara con el del inefable Walter White. Ambientada seis años antes de Breaking Bad y con similitudes obvias con la serie madre, pero también con radicales diferencias en relación con aquélla, Better Call Saul optó por un ambiente menos existencial y violento, y con una mayor cuota de humor que, en manos de Odenkirk, se volvió un auténtico placer complementario de una de las mejores series de los últimos tiempos. Con perfil más bajo y tono más liviano, Better Call Saul se ganó una merecida segunda temporada, aunque no parece que vaya a repetir un fenómeno como el de la serie de la que proviene.

Louie (FX): En la diaria ya hemos escrito varias veces sobre esta especie de sitcom semiautobiográfica creada por el comediante Louis CK, que comenzó siendo una especie de versión más áspera y actualizada de Seinfeld y se fue convirtiendo en algo absolutamente personal e inclasificable, generando incluso un raro espacio intermedio entre la comedia que era originalmente y el cine independiente más experimental. Convertida en una obra en desarrollo dedicada a la pura expresión de CK, sin especulaciones comerciales de ninguna clase, la quinta temporada de Louie consistió sólo en ocho episodios (que fue lo que duró la inspiración de CK, guionista, director, protagonista y actor de la serie). Pero esos ocho episodios marcaron el cenit de una obra ya completamente inclasificable, asombrosamente oscura por momentos y totalmente hilarante por otros, llena de experimentos narrativos y deslumbrante de principio a fin. Es incierto cuándo o cómo va a regresar la serie -que depende exclusivamente de los criterios de autoexigencia de su autor-, pero esta quinta temporada será vista en el futuro como algo histórico.

• Last Week Tonight with John Oliver (HBO): Escindido del show de noticias y humor de Jon Stewart, el inglés John Oliver consiguió -con amplias libertades concedidas por el canal HBO- hacer un programa que continúa la larga tradición de talk shows dedicados a extraer carcajadas de la realidad cotidiana, pero dándole una revolucionaria vuelta de tuerca. En lugar de hacer un paneo por el material compartido con el de los noticieros, cada programa de Oliver se dedicó a hacer periodismo investigativo y luego presentarlo con un formato humorístico que, sin embargo, no diluía la indignación provocada por las notas. Una nueva forma de infotainment que con sus despiadadas indagaciones en los secretos de los poderosos -incluyendo a la FIFA, a la que destruyó en un informe varios meses anterior a los actuales escándalos judiciales- convirtieron a Oliver en una especie de vengador público, graciosísimo y furioso a la vez.

Documentary Now! (IFC): Tres ex Saturday Night Live (Bill Hader, Fred Armisen y Seth Rogen) se reunieron bajo la tutela del creador de ese programa, Lorne Michaels, para realizar esta serie limitada de ocho episodios, que superó cualquier cosa que hubieran hecho antes en el programa del que provienen. Un ejercicio cinéfilo en apariencia para pocos, ya que se trata de parodias de documentales históricos (que no por ser clásicos son precisamente populares y conocidos), Documentary Now! es un notable ejercicio de humor culto que no intenta satisfacer al máximo común denominador, sino simplemente hacer lo que a sus creadores les parece divertido. Y el logro fue absoluto: de los ocho episodios, al menos seis fueron completamente hilarantes, además de un refinado ejercicio formal en el que no sólo se imitaron tramas originales, sino también ediciones y texturas fotográficas. Con las carreras de todos los implicados funcionando individualmente, tal vez la primera temporada de Documentary Now! haya sido también la última, pero en todo caso fue memorable.