“Todo el mundo sabe a esta altura que hay una millonada de libros sobre mí, ya editados o por editarse en el futuro cercano. Por lo tanto, estoy alentando a cualquiera que me haya conocido, escuchado o simplemente visto a participar en la acción y garabatear su propio libro. Nunca se sabe, alguno de ellos podría ser un gran libro”. La cita es de Bob Dylan y fue publicada por él, en su sitio web, poco antes de cumplir 70 años, en un estilo de crítica directa que a esa altura parecía ser ya cosa del pasado lejano. El hecho es que realmente se ha escrito muchísimo sobre él: los interesados pueden consultar el sitio http://bobdylan-comewritersandcritics.com/books, cuya página de inicio exhibe la frase que abre esta nota, y a la tonelada de material del que se da cuenta allí hay que agregarle el que sólo está en internet, donde existen numerosos sitios de intercambio de comentarios acerca del artista, algunos de ellos enormes y con una cantidad asombrosa de contribuyentes.

El otorgamiento a Dylan, este año, del premio Nobel de Literatura privó a editoriales y librerías de su habitual zafra de ventas de obras que pocos conocían antes de que la Academia sueca decidiera distinguirlas, y se ha intentado resolver ese problema con reediciones o traducciones de libros que recopilan textos de sus canciones, comentan su obra o intentan narrar su vida (hay que decir “intentan”, porque el cantautor es una persona notablemente cuidadosa de su privacidad, y el único período en que fue locuaz al referirse a su propia historia fue en los inicios de su carrera, cuando difundió todo tipo de invenciones extravagantes). Este último es el caso de Bob Dylan. La biografía, de Howard Sounes, un voluminoso trabajo que corresponde a la edición ampliada en inglés de 2011, cuyo original en inglés es de 2001.

Información no es conocimiento

Lo que cualquiera puede saber sobre Dylan (nacido Robert Zimmerman en 1941), apenas consultando Wikipedia, no vale mucho la pena editarlo en un libro. Creció en un hogar judío de clase media en Minnesota, descubrió en la radio la música country, el blues y el rock, no avanzó en los estudios, se fue a Nueva York a probar suerte y a conocer a su ídolo Woody Guthrie, tuvo un gran éxito como cantante folk “de protesta”, empezó a grabar rock con letras surrealistas, produjo una serie de discos deslumbrantes en pocos años, paró de golpe, volvió más calmado y ha alternado varios períodos en los que parecía decadente con regresos espectaculares, en algún momento se convirtió a una versión fundamentalista del cristianismo y desde hace algunos años ya se le perdona todo. Hasta aquí, este párrafo no indica en qué consisten los méritos artísticos del personaje. Y por ahí viene, justamente, el problema de Bob Dylan. La biografía.

Sounes es británico y, además de su trabajo periodístico, ha publicado biografías de Charles Bukowski, Paul McCartney, Lou Reed y Amy Winehouse, o sea, de figuras cuya notoriedad asegura una gran cantidad de potenciales lectores. Esto no significa que sea un simple oportunista, del tipo de los que las editoriales contratan para producir con rapidez libros acerca de celebridades. Su trabajo sobre Dylan, apoyado en tres años de trabajo paciente y en entrevistas con unas 250 personas cercanas al artista, muchas de las cuales hablaron por primera vez o dijeron cosas que antes habían callado (no habló con Dylan mismo, que una vez más se negó a colaborar), es sin duda alguna esforzado, meticuloso y tiene anhelos de llegar a ser “definitivo”. Incluso alardea de eso, y en varios pasajes el autor parece demasiado interesado en destacar sus propios logros como investigador.

Sin embargo, el resultado de tanto esfuerzo está muy lejos de ser un libro que pueda dejar satisfechos a los interesados en formarse una opinión, por ejemplo, sobre la controvertida decisión de darle un Nobel a Dylan. O a quienes querrían dilucidar si hay realmente algo novedoso o destacable en su desempeño como músico, o se trata solamente de un gran letrista. Y mucho menos a quienes admiran al biografiado y, conocedores ya de los datos básicos acerca de su vida y obra, buscan comprender mejor su producción artística.

Aquí no hay aportes al análisis musical o literario en términos técnicos ni a modo de divulgación, tampoco una consideración de los hechos que sitúe las composiciones o ensaye una periodización (de hecho, Sounes ni siquiera incluyó un anexo con la discografía de Dylan). Lo que hay es una recopilación de datos exhaustiva y por momentos extenuante, cuyos lectores, después de recorrer las 651 páginas, quedarán muy informados pero no necesariamente entenderán más que antes.

Qué ves cuando me ves

Sin duda, hay un público para este tipo de libros, formado en buena proporción por personas deseosas de enterarse de detalles de la vida de las personas famosas, y en especial de las actitudes que se puedan considerar censurables. Sin embargo, la capacidad de apreciar la obra de Dylan no aumenta ni debería disminuir por el conocimiento de que desde que era un muchachito se propuso ser una estrella de la música y, para alcanzar ese objetivo, se sirvió en forma insensible de muchas personas, desprendiéndose de ellas cuando ya no le resultaban útiles (aun de las que le dieron casa y comida cuando era todavía un desconocido y no mostraba el menor interés en conseguir un trabajo que no tuviera que ver con la música).

Tampoco debería mejorar ni empeorar nuestra opinión sobre sus canciones saber que ha sido un gran mujeriego, muy a menudo infiel a sus parejas o enredado en varias relaciones simultáneas; que su interés en la política era escaso mientras se lo aclamaba como conciencia y portavoz de causas progresistas; que ha tenido que adoptar medidas de seguridad para cuidarse de toda clase de fans lunáticos; que sufrió las consecuencias del consumo problemático de alcohol y otras drogas; que en 1986 se casó y tuvo una hija en secreto, o que ha realizado importantes inversiones inmobiliarias.

El problema no es, por supuesto, que este libro retrate a un Dylan por momentos mezquino, extraviado o antipático. El problema es que hay bastante más que eso en él, y Sounes parece olvidarlo. El problema es que, si se tratara sólo de lo que el británico estuvo tan atareado en averiguar y escribir, realmente no habría ningún motivo para interesarse mucho en Dylan.

Sounes registra, correctamente, que el caso del artista no es el de un folkie que se pasó al rock, sino el de alguien que se crió escuchando y tocando rock, que luego se subió a la ola del folk progre y que pronto lo dejó atrás, pero no nos ayuda a entender por qué, porque en realidad nada dice en términos musicales sobre eso. Acumula datos sobre las fechas y circunstancias de grabación de sus discos, pero por momentos parece totalmente falto de interés en la música que grabó. De hecho, no da muestras de que distinga la calidad de los discos: a todos, desde los que marcaron una época hasta los más olvidables, les aplica el mismo tratamiento descriptivo rutinario, y les dedica similar espacio. No parece haber podido averiguar algo que explique por qué se produjo la escandalosa y beligerante conversión de Dylan al cristianismo, ni por qué se le pasó luego. Despacha el período de reclusión que produjo en 1967 los fascinantes basement tapes con unas pocas páginas insulsas, y -pecado mayor que todos los demás- no es capaz de referirse a las letras de las canciones de otra forma que con pueriles y fastidiosas descripciones de su contenido (y, por lo tanto, se abstiene de comentar algunas de las más interesantes, que son precisamente aquellas en las cuales no es fácil describir de qué hablan).

En estilo de escritura y en capacidad de interpretación, Sounes está muy lejos de otros autores que se han ocupado de Dylan, sea mediante biografías amistosas como No Direction Home. The Life and Music of Bob Dylan (1986), de Robert Shelton; análisis pormenorizados de sus discos y actuaciones como la trilogía Bob Dylan: Performing Artist (The Early Years -1991-, The Middle Years -2004- y Mind Out of Time -2005-), de Paul Williams; ensayos estupendos como Invisible Republic: Bob Dylan's Basement Tapes (1997), de Greil Marcus; o narraciones de su vida con un fuerte componente ensayístico como Bob Dylan: Behind the Shades (2011), de Clinton Heylin. Todos ellos, y unos cuantos más, trataron de dialogar con la presencia de Dylan en el arte. Sounes se conforma con menos, aunque parece convencido de que hizo mucho más.

En la contratapa del libro, los editores sostienen que la lectura de Bob Dylan. La biografía atrapará a “cualquiera que haya escuchado alguna vez un tema del genial compositor”. Es difícil estar de acuerdo, porque en realidad no se establece una conexión entre la experiencia de escuchar a Dylan y lo que la obra de Sounes ofrece. Pero quizá lo más grave, lo que está muy cerca de ser imperdonable, es que la lectura de este libro no da ganas de escuchar a Dylan.

Bob Dylan. La biografía

"Down the Highway: The Life of Bob Dylan", de Howard Sounes. Reservoir Books, 2016. 651 páginas.