La dieta de los chinos –y de los asiáticos en general– cuenta con un componente lácteo muy bajo, sobre todo si se lo compara con la de Latinoamérica y con la de Estados Unidos o Europa. Mientras que los ciudadanos de estas regiones consumen unos 250 litros de leche por año –cuando el promedio mundial es de 110–, los chinos consumen apenas 34, según datos aportados por el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre. Acerca del potencial agroindustrial de Uruguay, el secretario de Estado demostró así que el mercado de lácteos “aún no está desarrollado en China” y, en ese sentido, “hay oportunidades desde lo cualitativo” mediante el desarrollo de biotecnologías.

La carne –uno de los principales productos de exportación de Uruguay– también parece contar con oportunidades en Asia, en opinión del ministro, quien sostuvo que el hecho de que 1.400 millones de personas pasen a ser parte de “la clase media” aumenta el consumo de proteínas animales, y que China, con “20% de la población mundial, 8% de los suelos agrícolamente aptos y 4,9% del agua”, carece de los factores necesarios para producirla. “Los problemas de sostenibilidad van a hacer que parte de lo que hoy se produce allá empiece a producirse acá”, dijo el jerarca, y aseguró que “el gran desafío tiene que ver con la productividad del trabajo, de la tecnología y, a largo plazo, con los productos que tenemos implícitos”.

Por su parte, Nie Min, director de la empresa china Universo Verde –que compra soja en Brasil–, sostuvo que los objetivos de las compañías agrícolas de su país no implican sólo cubrir las demandas internas, sino “impulsar la mejora de la actualización tecnológica” de las empresas locales, para contribuir al desarrollo agrícola en América Latina.

Conectar el globo

Con el avance de las tecnologías, los servicios globales de exportación han sido uno de los rubros más dinámicos en los últimos años. Para el presidente de Zonamérica, Orlando Dovat, la oportunidad de América Latina en el comercio global de servicios es “crear áreas logísticas donde podamos tener stocks de productos chinos y atender con estos las demandas de la población”, al mismo tiempo que “poner stocks de productos latinoamericanos y atender las necesidades de la población china”. Según sostuvo, para aprovechar las oportunidades será “necesario levantar los mínimos de compra para los latinoamericanos”, de manera que “pueda fluir todo el comercio minorista”.

Alex Chen, director general de los servicios de modelo de entrega global de PWC, observó que, mientras que el Producto Interno Bruto mundial crecerá 14% con la instauración de la inteligencia artificial para 2030, en los países en desarrollo la expansión asociada será de 6% y en China de 26%, por lo que “el desafío consistirá en acelerar los resultados”. “En los primeros años de la adopción de la automatización, la inteligencia artificial nos va a ayudar a mejorar nuestros procesos, y sólo los países que hayan invertido en tecnología y en capacitar a sus equipos van a poder aprovecharlo mejor”, dijo. Las tres claves para esto serán “pensar en digital” y “aceptar la tecnología” “entendiendo y procesando los datos disponibles”; “crear ecosistemas que apoyen a las organizaciones que comienzan con el cambio del modelo de mercado”, y “promover [estos ecosistemas] mediante una alineación entre los negocios y el gobierno que posibiliten la transición”. “Sé que hay un miedo asociado a la automatización y a que esta elimine los empleos, pero si miramos nuestra historia con detenimiento, vamos a ver que los empleos han sido creados y eliminados numerosas veces”, afirmó.

En tanto, Gu Tao, vicepresidente de negocios internacionales de Beijing DiDi Infinity Technology, creadora del llamado “Uber chino”, anticipó “tres grandes transformaciones” en su rubro, que están “a la vuelta de la esquina”: la autoconducción de vehículos, los autos electrónicos y la compartida de vehículos. Según dijo, gracias a esto existe “una enorme oportunidad en Latinoamérica para funcionar mejor”.

Construcción electrónica

El comercio electrónico es un motor del auge del intercambio entre los asiáticos y nuestro continente, que conecta el mayor mercado online del mundo y la población de mayor crecimiento en cuanto a acceso a internet. En este sentido, el subsecretario de Economía y Finanzas, Pablo Ferreri, resaltó la necesidad de buscar el “difícil equilibrio” entre “el control que asegure el pago de impuestos que financia la vida en sociedad”, sumado a “que no haya ventajas competitivas sustentadas en la evasión de impuestos”, con la “libertad de los consumidores”. “La tecnología y el sector privado siempre van más rápido que la regulación, porque esta última reacciona ante las primeras”, explicó.

Benjamin Ghalmi, vicepresidente de mercados extranjeros de Jumore E-Commerce, dijo que la tendencia al comercio electrónico en China es “enorme” e incluso mayor que la de Estados Unidos. Auguró que se duplicará la transmisión de información referente a transacciones comerciales en “menos de tres años”, y que esto significará un empuje en la infraestructura de internet –“especialmente móvil”–, ya que el país asiático planea invertir en el rubro un billón de dólares para el fin del próximo quinquenio.

En opinión de Ferreri, las oportunidades en el rubro para la región vienen por el lado de generar centros de servicios de atención al cliente, ya que además es un sector “con muchas posibilidades de expansión”.

Pilotos

A pesar de que China es cuna de algunas de las ciudades más contaminantes del mundo, la realidad es que la bicicleta es el transporte más usado por su población. Yang Zhongjie, vicepresidente de Beijing Mobike Technology, una empresa de bicicletas “inteligentes” –es decir, que se abren y cierran con una aplicación– que es la cuarta con mayores inversiones en el país, explicó que su éxito se debe al modelo de compartir: las siete millones de bicicletas que forman la red fueron usadas por más de 200 millones de usuarios.

Por su parte, la ministra de Industria, Energía y Minería, Carolina Cosse, consideró las posibilidades de Uruguay para instalar ciudades “inteligentes”. Dijo que lo ideal sería comenzar por “pilotos”, destinando “áreas de una ciudad donde haya posibilidades de tomar riesgos por parte de las compañías” a experimentar y hacer pruebas, para poder plasmarlas luego con mayor confianza.