Después de un tiempo opera algo así como una saturación. Cosplays que remiten a personajes que uno conoce demandan más esfuerzo de la memoria y, en el peor de los casos, quedan asimilados a esa nube multicolor de ruido visual que, vista desde algún punto elevado del Auditorio Adela Reta, parece una reconstrucción de aquellas viñetas del clásico Crisis en tierras infinitas (Marv Wolfman y George Pérez, 1985-1986), que mostraban al satélite de Monitor poblado por todo tipo de criaturas superpoderosas.

Y si desde el primer momento es difícil identificar a tantos personajes de videojuegos y de series de anime y manga, el paso del tiempo no lo hace más fácil. La vista se cansa y pronto sólo parece posible reconocer a los personajes más familiares; así, el domingo en Montevideo Comics conté tres Joker -uno más “tradicional”, en un grupo con trajes de excelente factura que incluían los de Batman, Batgirl, Poison Ivy y Harley Quinn; otro tomado de Escuadrón suicida (David Ayer, 2016); y el más inquietante de los tres, extraído de la historia publicada en distintas series de cómics La muerte de la familia (2012-2013)-, un impresionante xenomorfo de la saga Alien, una espléndidamente ataviada pareja de Rocketeer y Wonder Woman, Gunter y Rosita de la película Sing (Garth Jennings y Christophe Lourdelet, 2016), un maravilloso Capitán Garfio y un Frodo y un Sam junto a los que pensé en sacarme una foto -pero estaban comiendo en la zona de cafetería y no quise molestarlos: se sabe que los hobbits se toman muy en serio sus siete u ocho comidas diarias-.

Está clarísimo: Montevideo Comics saca a la luz a tu nerd interior, lo despliega y lo agiganta. Incluso desde los personajes que no se reconocen: es inevitable andar por ahí preguntando, bajito, “¿y ese quién es?”.

Sin duda, de los dos días que dura la convención -que en esta oportunidad de 15º aniversario contó, además, con una muestra de arte en el Centro Cultural de España-, el mejor para apreciar trajes y disfraces es el domingo, porque en las horas finales de ese día se celebra el concurso de cosplay (contracción de “costume play”, o sea juego de disfraz), que en esta oportunidad contó entre sus jurados a Martín Magnus Pérez, guionista y editor al frente del grupo GAS Comics.

Según dijo Pérez, este año el nivel fue “altísimo; la ganadora de la categoría Yamato [que es la más importante] fue indiscutida entre los jueces, y en el resto de las categorías hubo mucho laburo y calidad” (esa ganadora obtuvo su premio con un disfraz de Morgana, el personaje del videojuego League of Legends). Pérez añadió que muchos cosplayers llevan trajes de altísima calidad pero no participan en el concurso, sino que se dedican a “pasear por la convención y sacarse fotos con la gente”, lo cual haría necesario, para futuras ediciones, una categoría de premiación pensada precisamente para esa “pasarela”.

Invitados, juegos, films

Pero por supuesto que en Montevideo Comics hay mucho más que trajes atractivos y selfies con Mario Mapache, Spiderman, Jinx y Freddy Kruger. Esta edición contó, por ejemplo, con invitados internacionales de la talla de los dibujantes (y guionistas) David Lloyd, quien le puso las imágenes al guion de Alan Moore para V de Vendetta (1982-1985 y 1988- 1989), Émile Bravo (Spirou, Mi mamá está en América), Charles Soule (Wolverine, Swamp Thing, Daredevil) y Marcelo Frusín (Hellblazer, Wolverine), además de Ana Sainz, Jorge Lucas, Paula Andrade, Marcos Vergara, Alberto Jiménez Albuquerque, Ana Oncina, Lubrio, Tute, Lucila Quintana y Andrés Lozano, y con charlas y participación en paneles y mesas redondas de los recién nombrados y también de historietistas locales, entre ellos Gezzio, Silvio Galizzi, Magnus, Fiorella Santana, Alejandro Rodríguez Juele, Matías Bergara, Maco, Nicolás Peruzzo, Beatriz Leibner, Paulo Escalada y Leonardo Caresani. El domingo, además, los músicos Guillermo Peluffo y Santiago Tavella ofrecieron -en el contexto del seminario Inspira- una charla sobre sus procesos creativos.

Otro punto de interés -además de las mesas del cuarto piso, donde se reunieron aficionados a los juegos online y de mesa, y también creadores de videojuegos uruguayos; además de las sesiones de dibujo en vivo; además de los talleres y las exposiciones- estuvo en las películas y documentales presentados. Entre estos últimos se destacaron Future Shock! The Story of 2000 AD (Paul Goodwin, 2014), sobre la mítica revista británica donde vio sus primeras publicaciones Alan Moore, y Neil Gaiman: sueños peligrosos (Patrick Meaney, 2016), que sigue al autor de Coraline, Sandman y American Gods por la más reciente gira de promoción de sus libros y firma de autógrafos, repasando además su carrera y su peculiar acercamiento a la escritura de ficción, gráfica o literaria.

Y, por supuesto, cómics

A la vez, buena parte del atractivo –al menos para un no-cosplayer– de Montevideo Comics está en la posibilidad de recorrer los stands de las editoriales locales (y algunas argentinas, entre ellas LocoRabia, que presentó en esta ocasión los compilados Fabulas en viñetas, Edípica y Las tierras del oso, este último reunión de varias historietas autoconclusivas de Carlos Vogt ambientadas en el Salvaje Oeste), para formarse y llevarse un buen panorama de lo que se está publicando actualmente.

En ese sentido, hay que mencionar a la joven Ediciones de la Uniceja, con Maco y Troche al frente, que propuso para esta edición de Montevideo Comics nueve fanzines y libros artesanales, incluyendo las historietas Próximo vuelo, de Troche; ca_teter y norris, de ca_teter; Desayuno, Desde todas las ventanas, Café, El nido y Manual de circo, de Maco; y también el libro ilustrado En el fondo y el compilado de poemas y textos breves La casa está vacía, ambos de ca_teter.

También la séptima edición de la revista semiprofesional GAS3K, a cargo del grupo GAS Comics; La viuda Ching y los piratas del mar de la China, una novela gráfica de Paulo Escalada y Pablo Fernández inspirada (pero no estrictamente basada) en “La viuda Ching, pirata”, de Jorge Luis Borges (parte de Historia universal de la infamia) y publicada por la editorial Nueve Grullas (que además promocionó su tercer concurso de historieta para nuevos autores, recientemente organizado, cuyas bases pueden encontrarse en nuevegrullas.com); la visualmente deslumbrante ICH naturaleza salvaje, de los argentinos Luciano Saracino y Ariel Olivetti pero publicada en Uruguay por DragonComics (y reseñada para la diaria por Matías Castro en ladiaria.com.uy/UON); y las dos novedades de Ninfa Comics: a saber, el segundo volumen de la divertidísima serie de tiras Pancho el pitbull (con guion del estadounidense Neal Wooten y dibujos de Nicolás Peruzzo), y la segunda entrega de Las andanzas eróticas de Vlad Tepes, con guion de Silvio Galizzi y arte de varios ilustradores.

Winter is coming

Una mención aparte merece Invierno, editado por AUCH (Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta). Se trata de la tercera entrega de una serie de cuatro volúmenes dedicados a las estaciones, y reúne relatos de historietistas afiliados a la asociación, muchos de ellos ya consagrados en el medio local e internacional. El libro cuenta con las historias “Bucle”, de Santiago Musetti (guion) y Pablo Staricco (dibujos) -que recuerda al cuento “El puente romano”, de Héctor Galmés, con su excelente propuesta de desplazamientos temporales-; “El invierno no encara”, de Alceo (guion) y Nicolás Rodríguez Juele -una pieza ligera y por momentos divertida, aunque fácilmente olvidable, más allá del buen trabajo del dibujante-; “Miradas de invierno”, de Gabriel Serra -con importantes fallas de guion, a tal punto que, en rigor, no se entiende del todo qué está pasando-; “Solsticio”, de Abel Alves (guion) y Edgard Machiavello -una historia acerca de celtas, romanos, magia y sacrificios, acaso resuelta en forma un poco apresurada-; “Vapor”, de Gabriel Ciccariello -la más experimental o minimalista de las historias incluidas-; “Y con ellos... llegó el invierno”, de Rodolfo Santullo (guion), Ignacio Calero y Gabriel Ciccariello -otra de las mejores: una historia sólida que propone a los vikingos como metáfora del invierno o viceversa-; y finalmente “Rashomontevideano”, de Nicolás Peruzzo -un relato autobiográfico en el estilo de su ineludible Ranitas, también entre lo mejor del volumen. Como en los libros anteriores de la serie, el gran interés de Invierno está en su repertorio de estilos y encares distintos, que sirven siempre de muestrario y mapa de la escena historietística local.

Hay que mencionar también los dos libros que se ofrecían como regalo con la entrada: uno de ellos, la cuidadosamente editada (y prologada) recopilación de historietas de Williams Gezzio Genimazzio, verdadera leyenda viviente de la historieta uruguaya, y homenajeado en esta edición de Montevideo Comics; el otro, Caminando juntos, de Nicolás Peruzzo y Alejandro Rodríguez Juele, un relato gráfico protagonizado por cinco niños (de Uruguay, Galicia, Paraguay, Brasil y República Dominicana) que viven una serie de peripecias en su camino a la celebración de los diez años de la Carta Cultural Iberoamericana.