Casi como si fuera una fotonovela, la historieta Capa, estrella fugaz atraviesa la intensa vida del fotoperiodista y corresponsal de guerra húngaro Robert Capa (1913-1954) y sus andanzas por el mundo. El material de base es a priori muy atractivo para una novela gráfica porque, como el personaje de la película Forrest Gump, pero en la vida real, Capa estuvo presente en episodios bélicos fundamentales del siglo XX, conoció a celebridades del arte y la cultura, y entabló amistades y amoríos casi de leyenda. El punto de arranque es el último invierno del fotógrafo, y desde ahí el joven historietista francés Florent Silloray recorre distintas etapas de su vida, mediante flashbacks en los que el propio fotógrafo aparece como narrador.

Silloray es, ante todo, un ilustrador, y conviene tener eso en cuenta a la hora de leer este libro. Hizo su carrera con libros infantiles, recién en la última década se acercó a la historieta y este es su segundo álbum. Esta trayectoria se refleja en el modo que eligió para contar su historia, casi con estampas o fotografías dibujadas que van ilustrando lo que el protagonista cuenta.

Pero, como se trata de una historieta, la narrativa secuencial importa mucho. A pesar de ese recurso, que convierte al libro en algo semejante a un álbum fotográfico con comentarios, Silloray logra una fluidez pareja desde la primera hasta la última página, y esto resulta más notable si se tiene en cuenta que apela poco a los diálogos y que buena parte de las viñetas van acompañadas por largos párrafos de narración en primera persona. Sin embargo, en el balance global no es una gran obra, y más allá de ciertas delicadezas visuales en la pluma de Silloray, vale sobre todo como difusión de la trayectoria del protagonista.

Es una tarea difícil sintetizar una vida que estuvo llena de acontecimientos en las páginas de un libro o en una película, más aun en una novela gráfica. Los autores que lo han intentado en este último medio normalmente deben apostar por procedimientos de condensación y simplificación, elegir algunos episodios concretos muy representativos o buscar un punto de vista particular que les permita acotarse a determinado aspecto de la figura cuya vida cuentan. Silloray concentra casi dos décadas de vida y carrera en 86 páginas. Empieza en 1936, cuando Gerda Taro, colega y gran amor del fotógrafo, que cubrió junto con él la Guerra Civil Española, la segunda guerra entre China y Japón, la Segunda Guerra Mundial, la guerra árabe-israelí de 1948 y la guerra de independencia de Indochina contra Francia, le propone dejar de usar su nombre real, Endre Friedmann, y pasar a utilizar el seudónimo Robert Capa (que fue compartido por ambos), y termina con su muerte. Se trata, entonces, de la historia del personaje público, porque la infancia en Budapest e incluso su vida pobre en París quedan fuera del plano.

En cierto momento de esa historia, cuando Capa está viviendo en Nueva York, lejos de la guerra, dice que hace lo posible por no ir nunca al cuartucho que tiene alquilado y vive de noche, entre juegos de azar, alcohol y mujeres. Es un reflejo de cómo llevaba su vida, pero también del aspecto que el historietista elige retratar, sin ingresar en la intimidad y las posibles soledades del protagonista.

No por ser un relato parcial de su vida es menos ambicioso. En los 18 años que cubre el libro, Capa pasó de ser un desconocido al reconocimiento internacional como fotógrafo estrella que registraba conflictos bélicos y revelaba mucho sobre ellos en sus imágenes, tomadas con importante riesgo para su propia vida, con el lema “si tus fotografías no son suficientemente buenas, no estás suficientemente cerca” (por ejemplo, durante el desembarco de los aliados contra el nazismo en Normandía, tal vez uno de los mejores pasajes del libro). También fue amigo de personalidades tan destacadas como el pintor español Pablo Picasso, el escritor estadounidense Ernest Hemingway y el director de cine (de la misma nacionalidad) John Huston, tuvo un trato cercano con el chino Chiang Kai-Shek, fueron incontables sus amantes (entre ellas, la actriz sueca Ingrid Bergman), cambió los códigos del registro noticioso cuando cubrió el Tour de France para la revista francesa Paris Match, e incluso logró hacer un fotorreportaje sobre la Unión Soviética junto al escritor estadounidense John Steinbeck, además de haber sido uno de los fundadores, en 1947, de Magnum Photos, la primera agencia internacional cooperativa de fotoperiodistas.

Son muchas cosas para incluir y por eso, en la mayoría de las páginas, cada viñeta es más la ilustración de algo específico que parte de una secuencia narrativa de imágenes. “Cada palabra, un dato; cada frase, una idea”, decía el periodista Homero Alsina Thevenet como recomendación para la escritura de los artículos; este libro cumple con esa premisa como si su autor hubiera conocido al uruguayo. El ritmo es parejo y el interés de la historia, a pesar de las limitaciones narrativas, no decae, porque es muy intensa la vida que se relata entre tonos de sepia y pastel blanco.