Se puede decir que los rótulos “DocMontevideo” y “La semana del documental” representan la cara interna y la cara externa de un mismo evento. Por un lado, talleres, clases magistrales, encuentro de realizadores y productoras a nivel regional. Por otro, una serie de exhibiciones de documentales en las que el público se encuentra con los creadores. Hace 11 años, sin embargo, sólo existían las actividades sectoriales.

“DocMontevideo surgió para reflexionar en torno al espacio del cine documental y pensar los caminos que se podían abrir para dinamizar su producción en América Latina, para involucrar a los canales de televisión, para buscar otras formas de distribución”, dice Luis González Zaffaroni, director ejecutivo del proyecto, y agrega: “También para evolucionar a nivel formal, de lenguaje, en torno al documental contemporáneo, que desde hace un tiempo es el territorio más interesante a nivel creativo en cuanto a complejidad, posibilidades interpretativas y a las distintas capas que tiene su relato. Se basa en la realidad, pero es una construcción; tiene su parte de ficción, tiene la tensión entre el relato construido y el mundo, y las relaciones con el otro, la ética, el periodismo y demás”.

En esta década larga, han sido más de 100 los proyectos que pasaron por DocMontevideo y se hicieron película. El número no sólo sirve para cuantificar, sino para explicar la evolución del evento, si se tiene en cuenta que el proceso de producción de un documental lleva cuatro o cinco años. Pasado ese lapso, el encuentro empezó a tener películas “propias” terminadas: “Inicialmente el espacio de exhibiciones estaba exclusivamente vinculado a la parte de formación, a las clases magistrales. Venía un referente a dar una charla y por la noche se compartía una de sus películas. Luego pensamos que era bueno compartir las películas que habían pasado por el encuentro y mostrar el resultado final para los que habíamos estado cuando era sólo un proyecto, para ver el salto y para construir comunidad”. Así, el encuentro pasó a agregar de ocho a diez películas por edición.

Paralelamente, los organizadores comenzaron a sentir la necesidad de ampliar sus horizontes. “Queríamos abrirnos a la ciudad, al público, y compartir un fenómeno regional, ampliando la diversidad de películas y de oferta. Trajimos producciones que no pasaron como proyecto por el DocMontevideo pero que nos parecía relevante compartir”, dice González.

Hoy, el festival tiene tres ingredientes: películas vinculadas a gente que está en el seminario, películas que pasaron por el DocMontevideo y un conjunto de películas seleccionadas especialmente para el festival. La encargada de elegirlas es Marta García: “Como vienen los realizadores de casi todas las películas, en el intercambio que se da en las salas después de las exhibiciones no sólo participan profesionales, sino también el público en general. Es un diálogo muy rico”.

La transformación del festival no termina: “Siempre nos preguntamos si vamos a mantener o aumentar la películas, y siempre se han ido aumentando. El panorama regional es muy amplio, y al seleccionar una porción relevante ya estamos dejando mucho fuera”, explica García.

Brasil como tema

El tema central de esta edición –el foco– es Brasil. Cinco películas y sus directoras estarán presentes en Montevideo (y cuatro de ellas darán una charla especial el martes). “Nos imaginamos que va a haber buenos intercambios, porque sus documentales tocan temas de la agenda actual: los asesinatos cometidos por la Policía en las favelas (Letal), el Movimiento sin Tierra (Suelo), un grupo de presas políticas que recuerdan sus años de cárcel (Torre das Donzelas), la movilización estudiantil en un proceso democrático (Espero tu (re)vuelta), el análisis de lo que le pasó a Brasil políticamente en los últimos tiempos (Al filo de la democracia)”.

Es claro que el documental brasileño tiende, desde hace unos años, a explicar la actualidad. “Se vio el año pasado, cuando también hubo muchas películas de allí. Los procesos de hacer películas son largos, entonces generalmente se habla de algo que pasó hace cinco años, no es un periódico con la noticia en caliente, sino un proceso más decantado y de construcción más lenta, donde el tiempo mismo es un elemento narrativo, dramático. En Brasil, sin embargo, hay un sesgo hacia la situación política y social del presente”, opina González.

Se podría pensar que el fenómeno responde a una realidad política especialmente atribulada, pero García no está de acuerdo: “En el resto de la región también, y eso no se ve tan profundo. Aquí hay cinco películas que acercan lo ocurrido en los últimos cinco años, pero quedaron por fuera 20, por lo menos. Hay una producción que acompaña el hoy que no existe en otros países. Colombia también está atravesando un proceso muy complejo, hay asesinatos de líderes sociales a partir del conflicto del proceso de paz, y hay una, dos películas, pero no un panorama”.

Actividad en un encuentro de DocMontevideo. Foto: www.docmontevideo.com
Actividad en un encuentro de DocMontevideo. Foto: www.docmontevideo.com

González agrega: “Aquí y en Argentina las dictaduras generaron situaciones de un impacto que llega hasta hoy. En Brasil lo que está impactando es el ahora, y los documentalistas lo están contando casi en vivo”.

Hoy sería imposible pensar en el festival sin un contingente norteño, pero no siempre fue así. “En las primeras ediciones encontrar proyectos brasileños era muy difícil. En el pitching tenemos un máximo de tres proyectos por país, y con Brasil nunca llegábamos al tope. Pero la producción en Brasil fue creciendo y entramos en el radar de los realizadores de allá. El elemento detonante fueron las políticas públicas de fomento del cine”, aclara González.

Otras películas programadas también dialogan con el “foco Brasil”. “Quizás no es tan frontal, pero Dios acerca la situación de la crisis religiosa en Chile cuando la visita del papa. Pirotectnia pone en conflicto el imaginario que se ha construido en Colombia en torno al conflicto armado y cuestiona el límite entre ficción y realidad. Historia de mi nombre cuestiona la construcción democrática en Chile”, dice González.

Otro lugar para la no ficción

El encuentro se da en un contexto de crecimiento del documentalismo en todas partes; alcanza con ver la oferta en los servicios de streaming para calibrar el interés que despierta el formato. “Festivales que históricamente se dedicaban a la ficción en los últimos años se han abierto al documental. Varias de las películas que están en nuestra Semana del Documental estuvieron en Berlín; la sección Panorama programa hoy mucho documental”, opina García.

“Cuando el Festival de Cannes instauró un premio para documental, los dos primeros ganadores fueron proyectos que pasaron por DocMontevideo: el de Eryk Rocha, Cinema Novo (2016) y Allende mi abuelo Allende (2015), de Marcia Tambutti Allende. Ese premio evidenciaba el interés de poner en el radar el documental y darle un espacio de relevancia. Ahora una película uruguaya, La fundición del tiempo, de Juan Álvarez Neme, ganó el premio a la mejor película latinoamericana en una sección del Bafici, donde compiten documental y ficción. Hay varios festivales, como el Bafici, Locarno, Rotterdam, que funcionan así”, dice González.

“Buena parte de la audiencia de estas películas va a estar en los festivales. Después no hay mucha oportunidad de encontrarlas. Salvo excepciones, no van a parar a las plataformas de streaming, no son las que van a estar licenciadas por cadenas panregionales; van a ir a su televisión local. En el circuito tradicional de cine el documental precisa un cuidado diferente; si lo tirás en un cineplex o en un shopping no encuentra su audiencia. Se dan contrastes: películas que han visto 1.500 espectadores en un festival, y luego se exhiben en cinco ciudades en su país de origen y las ven solo 1.000. En la sala Zitarrosa tenemos la mejor media de público del año de la sala.

Natural y paritario

Desde hace un tiempo, en DocMontevideo hay mayoría de realizadoras. ¿Es algo buscado? “Marta siempre quiere explicitarlo, pero yo digo que la verdad es que no tenemos cuota: se da así sin que lo busquemos. En el documental hay más realizadoras mujeres que en la ficción”, contesta González, pero su socia acota: “Igual este año hay seis preestrenos nacionales y sólo hay una directora, Mariana Viñoles. No lo buscamos explícitamente, pero nos interesa el balance. El año pasado había 19 películas y 11 eran dirigidas por mujeres. Fue natural, fueron las seleccionadas; nos dimos cuenta después”.

Otro de los números que llama la atención es el de la cantidad de preestrenos uruguayos: “Vamos a tener seis, lo que es algo inédito”. “Nos buscaron porque querían que el DocMontevideo fuera su lugar de lanzamiento. Varios de ellos pasaron como proyectos: El campeón del mundo, La libertad es una palabra grande, La intención del colibrí.

Luego se suman El gran viaje al país pequeño, Fraylandia y La fundición del tiempo. Esas películas que el año pasado estaban en su primer corte o en los screenings, o se las había pasado un programador de festivales aquí, ahora están exhibidas”.

El documental uruguayo no es ajeno al buen momento del género. “El festival de Ámsterdam, el IDFA, es el mayor del mundo en audiencia; tiene más de 200.000 espectadores. Su programador nos decía que le asombraba la diversidad del documental uruguayo. Había visto cinco películas que estaban para salir al mercado y le parecía que tenían estilos y lenguajes muy distintos, sobre todo comparando con el cine europeo, que tiene un nivel de realización y calidad alto, pero se mueven en un universo similar. Acá hay cinco miradas que representan a cinco creadores con impronta personal y particular, y él lo rescataba mucho”.

El apoyo estatal

¿Ven un impacto de los cambios políticos que ha habido en el continente en la producción de documental?
Totalmente. El desarrollo del cine en Latinoamérica necesita de las políticas públicas. A partir de ellas se construyen formas de potenciar o de dar un salto para acceder a otros mercados, pero sin el fomento público es casi imposible. Habría lugar para muy pocos. En Brasil, por ejemplo, con la ley Rouanet, de incentivo fiscal, producían quienes tenían acceso a los contactos de empresas y no mucho más. Con una política pública, con un fondo sectorial con más de un millón de reales por año fueron otro el impacto y la diversidad de voces. Hoy en día Brasil está en un veremos, porque la ley está en peligro. En Colombia todo lo que vimos en 11 años sobre el desarrollo de la tevé pública, en el que las instituciones cobraron fuera y entablaron un diálogo con la producción independiente, hoy en día está un momento de crisis. También en Chile. Es muy delicado y está atado a coyunturas políticas. Construcciones bien interesantes se pueden destruir de la noche a la mañana. Es algo que la sociedad civil organizada tiene que defender. Pensemos que el INAE [Instituto Nacional de Artes Escénicas] en Uruguay cumplió diez años el año pasado; es algo muy nuevo. El de Ecuador tiene más o menos el mismo tiempo. En algunos países de Centroamérica no existe algo así. Son procesos muy nuevos. Saliendo de la industria cinematográfica mexicana y argentina, y de lo que hizo Brasil, de forma muy elitizada, el resto no tenía nada. Como pasaba acá: la primera película uruguaya la hicimos muchas veces.

Hay quienes creen que no es prioritario el estímulo al audiovisual.
La exoneración impositiva en la cultura es un porcentaje ínfimo de otras exoneraciones que el país ofrece en otros aspectos: zonas francas, subsidios agrícolas, etcétera. Si medís proporcionalmente el estímulo y el retorno, es muy interesante. En Brasil por un real directo volvía 1,5, pero toda la cadena de valor implicaba 3,5. Así funcionan los estímulos.

.