Mirar el candombe desde el urbanismo es reconocer su fuerza social y simbólica, pero también cuidar que no se lo vacíe de sentido y se lo convierta solo en imagen.
El período 2025-2029 será decisivo para saber si Uruguay logra pasar de las respuestas improvisadas a una política planificada de emergencia habitacional. Una política que combine rapidez con dignidad.
Una política eficaz de suelo urbano debe contemplar un inventario permanente del suelo disponible, evaluación técnica de su aptitud urbana, asignación transparente y equitativa, y participación social en la gestión del territorio.
La pregunta de fondo es simple: ¿quién paga el costo de las casas vacías? Hoy lo hacen las familias que no acceden a un techo digno, los barrios que se deterioran y el Estado que destina recursos a nuevas construcciones.
La búsqueda de terrenos baratos ha empujado muchos proyectos de vivienda social hacia la periferia. Esto reduce los costos iniciales de adquisición de tierra, pero genera costos ocultos mucho mayores en el mediano y largo plazo.
Una adecuada resolución de la ecuación calidad-localización-costos resulta clave para el logro de impactos positivos en las condiciones habitacionales de las poblaciones objetivo y en la integración socioterritorial.
El debate sobre vivienda debe dar un giro: en lugar de enfocarse exclusivamente en la construcción de nuevas casas, se debe aprovechar el stock ya existente.
Es fundamental ampliar el alcance y cobertura de los subsidios al ahorro previo, a las cuotas, a la vez que brindar mecanismos que permitan sostener el pago de alquileres y fomenten el acceso a fondos de garantía.