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Wendy Gosselin

Ciudadanos y agentes del ICE que mantienen un perímetro después de que uno de sus vehículos sufriera una pinchadura en Penn Avenue, el 5 de febrero. · Foto: Stephen Maturen, Getty Images, AFP
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No pasarán

Minneapolis es una de las «ciudades santuario» que reciben a migrantes en Estados Unidos. No se trata solo de una política de Estado, sino que también tiene que ver con un sentido de comunidad, lo que quedó claro en los últimos meses, cuando en medio de las redadas más violentas de las fuerzas federales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, los vecinos armaron redes de vigilancia, protección y protestas, arriesgando (y perdiendo) sus vidas en lo que podría ser la semilla de un movimiento nacional.
Foto principal del artículo 'Adiós a los hombres' · Ilustración: Pez León
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Adiós a los hombres

En escenarios apremiantes de avanzada misógina y antiderechos, el llamado a bajarles la cortina a los hombres se volvió tendencia en redes sociales. La premisa no es nueva: desde las amazonas de la Antigua Grecia, pasando por las feministas radicales de los años setenta hasta el movimiento 4B en Corea, existe la fantasía de un paraíso gineceo. Tras la victoria de Trump, las mujeres estadounidenses se sumaron al llamado. Pero ¿cuán factible es desconectarse de la mitad de la población? ¿Es un acto de lucha progresista, una performance de redes sociales o una reacción conservadora?