Cíclicamente, Estados Unidos produce historias de ciudadanos comunes que, atravesados por las fallas estructurales y culturales de la sociedad, se transforman en “monstruos” con carreras criminales. Uno de esos casos es el de Theodore Ted Kaczynski, conocido como el “Unabomber”: un matemático superdotado, académico de la Universidad de California y terrorista doméstico quien entre 1978 y 1995 llevó adelante una campaña sistemática de atentados con bombas enviadas por correo (sobre todo a la comunidad tecnológica y académica), dejando tres muertos y 23 heridos, lo que provocó la investigación más costosa y compleja en la historia del FBI.
Kaczynski, un absoluto prodigio, ingresó a la Universidad de Harvard a los 16 años y durante un tiempo participó en un controvertido y siniestro estudio psicológico dirigido por el psicólogo Henry Murray, vinculado con el programa MK Ultra de la CIA (un proyecto secreto e ilegal de experimentación con humanos). En estas pruebas, Ted sufrió intensas humillaciones psicológicas diseñadas para medir la reacción de las personas ante el estrés extremo. Finalmente, quebrado psíquicamente, renunció a la docencia y en 1971 se mudó a una solitaria cabaña en Montana, sin agua ni electricidad. Ese habría sido el inicio de su camino de aislamiento social y su descenso a la más extrema maldad.
La oscura historia de Kaczynski fue retratada en la docuserie Unabomber: En sus propias palabras (2020) y también como ficción en la serie Manhunt: the Unabomber. Ahora regresa en formato ficción con el thriller psicológico homónimo dirigido por Janus Metz (de la brillante True Detective) y protagonizada por Jacob Tremblay (como el joven Ted), Shailene Woodley (la agente del FBI que lo descubre) y el interminable Russell Crowe (como Murray, el profesor de psicología de Harvard).
La trama oscila entre dos líneas temporales: el presente se ubica en la desconcertada investigación del FBI luego de los atentados de mediados de los 90 mientras que una serie de flashbacks nos llevan a finales de 1950. En ese pasado vemos el temprano ingreso de Kaczynski a la universidad gracias a su intelecto sobresaliente y cómo el profesor Murray lo recluta con un engaño para ese sádico programa experimental de someter a jóvenes a una intensa presión psicológica y destrucción del ego. Ese evento termina siendo el punto de inflexión que determina la ruptura mental de Kaczynski.
La película, como Murray, toma la premisa de que todos los hombres pueden ser quebrados. Así, reconstruye una historia fascinante sobre un joven brillante que, incapaz de conectar con los demás y con una mente hiperanalítica pero carente de imaginación, encuentra en el terrorismo su macabra vocación. Kaczynski fue deliberadamente expuesto a una presión sistemática y a una necesidad de validación en una serie de debates desparejos. Dotado para el cálculo, quería ser filósofo, pero fue hostigado hasta la ruptura de su esquema psicológico y moral. Como resultado de ese experimento, se vuelve un hombre completamente falto de empatía.
La película pone en foco el problema de la maldad y desarma la idea tradicional de que el mal es sinónimo de ignorancia, bestialidad o locura desorganizada. Tremblay ofrece una actuación sólida, encarnando con maestría a un Kaczynski al borde del abismo, mientras Crowe es maravillosamente siniestro como Murray y la sutil Woodley resulta la mejor del trío protagónico.
La historia de Unabomber toca uno de los puntos más perturbadores de la criminología moderna: la ruptura del preconcepto del "loco irracional". Kaczynski quería ser disruptivo a través de la maldad y logró difundir su propósito a través de un manifiesto publicado en The New York Times y The Washington Post, titulado “La sociedad industrial y su futuro”, que terminó siendo, vía conexiones de lingüística forense, la pista principal para descubrirlo.
En el manifiesto, el Unabomber expuso su idea de “revolución” contra el sistema con una gran capacidad retórica. El texto no es un cúmulo de desvaríos incoherentes, sino un encadenamiento de argumentos sociológicos y filosóficos sobre la pérdida de autonomía humana y los riesgos del progreso tecnológico; exponer esas amenazas sería el objetivo de sus acciones terroristas. Así, Kaczynski se muestra como alguien que decidió matar pensando en “salvarnos” de la amenaza del futuro, como un genio y un apasionado. La combinación es aterradora.
Unabomber. 97 minutos. En Netflix.
