Con su último álbum, Eli Almic parece haber encontrado una suerte de llave maestra; no necesariamente para el éxito –en su definición tradicional, de sonar en la radio y ganar el primer millón–, pero sí en el alcance de su libertad y curiosidad creativa. “Hay algo que se abrió, desbloqueó, habilitó, no sé cómo llamarlo”, dice, al recordar la presentación de La llave el año pasado en la sala Zavala Muniz, donde las canciones dialogaban directamente con su faceta actoral.
“Siempre quise hacer un show de música, pero teatral. Y cuando finalmente se concretó, hice un despliegue escénico tan complejo, que me dio la seguridad que necesitaba por el simple hecho de apostar a más”, cuenta.
La libertad viene con una curiosidad personal, pero también es resultado de un recorrido. Hace diez años, cuando publicó Hace que exista, su primer disco, Eli todavía estaba descubriendo qué significaba dedicarse a esto. “Soy de esas artistas que empiezan a vivir su ser artístico mientras sacan sus primeras canciones. No es que hacía música encerrada en mi casa durante años hasta que me animé a mostrarla. Tampoco vengo de una familia artística”, recuerda.
En el medio hubo nuevas maneras de interpretar sus canciones, escenarios y formatos distintos. También una decisión cada vez más firme de hacer de la música y la actuación su forma de vida. “Uno sacrifica comodidades. La inestabilidad económica tiene su precio emocional”, reconoce. “Hoy sé que estoy dispuesta a tomar otros riesgos. Mi vida está 100% jugada a esto”.
A la mexicana
La pandemia fue un detonante para su impulso nómade. La imposibilidad de salir la llevó a pensar en una experiencia en otro país, no por un desencanto con Uruguay, sino por la necesidad de ampliar su horizonte. En 2023 empezó por Buenos Aires, una primera aproximación que le permitió probar cómo era trabajar y moverse fuera de su entorno habitual.
En 2024 viajó a Colombia para participar de BIME Bogotá. Allí, algunas personas que conocieron su trabajo le recomendaron mirar hacia México, y el año pasado, ya con La llave afuera, siguió ese consejo. Se presentó en Guadalajara rapeando sobre pista, sin banda ni DJ. “Había pibas que saltaban con ‘Brujas’ y coreaban el estribillo. Entonces me fui envalentonando”, dice.
Este año volvió y pasó unos meses trabajando en su nuevo disco, entre México y Uruguay. En setiembre tuvo su primera presentación en formato banda en Ciudad de México, un showcase de 25 minutos, con las canciones enganchadas y sin pausas. “Me fue re bien. Sentí que la gente estaba enganchada. Creo que es posible y que estoy construyendo algo que va a repercutir a largo plazo, que es lo que busco”.
“Cada vez que salgo valoro más lo que tengo. Siento que cada día soy más uruguaya”, admite. Le interesa representar al país y construir una carrera internacional, pero también abrir un camino para otras artistas. “Cuando me pongo a pensar en la representación de las pibas en la música afuera, no se conoce mucho y sabemos que no tiene que ver con la calidad. Por eso, si yo puedo lograr abrir un lugar, también va a ser beneficioso para todas”.
Cambiar el foco
No parece tener demasiadas ganas de apurarse para seguirle el ritmo a una industria que pide novedades constantes. Aunque admite que a veces se siente ansiosa por los tiempos entre un lanzamiento y otro, prefiere respetar sus propios procesos. “Si veo que estoy dentro de un proceso sufriendo o apurándome, freno”, defiende.
Después de Días así (2020), la inspiración la esquivaba; se preguntaba sobre qué quería hablar y hasta si quería trabajar en un disco de rap. La puerta de salida del bloqueo fue su propia historia. En La llave conviven experiencias personales, recuerdos familiares y una mirada sobre los roles de género y las formas de crianza. “A veces pensamos que hablar de lo que nos pasa no es político, pero si hablamos de lo que nos pasa y de dónde venimos hay un lugar de encuentro”. Al recordar la casa en la que creció, con su madre dedicada a la crianza de cuatro hijos y su padre como sostén económico, encontró una forma de abordar también los mandatos de otra generación: “Para mí hablar de eso fue reparador, no sé si liberador, pero fue bastante reparador conmigo”.
Por eso, a más de un año de su lanzamiento, a La llave le queda recorrido. Mientras trabaja en la expansión de esas canciones a un nuevo formato, este viernes se reencontrará con ellas sobre el escenario de Sala Rondeau. “Voy a tocar el disco entero. Es mi capricho personal, porque los discos los presentás y después no volvés a tocarlos enteros”, cuenta.
Habrá invitados y canciones de distintas etapas, en un concierto más largo y con el público de pie, muy diferente a la presentación teatral de la Zavala Muniz. La actuación, de todos modos, seguirá teniendo un lugar. “Más allá de las canciones que yo elija para un show, creo que La llave me brinda la posibilidad de jugar más con la actuación. Hay algo que me aporta que yo no tenía, algo que me divierte y me motiva. En cierta forma, el disco abrió un portal”.
Eli Almic. Viernes 6 de noviembre a las 21.00 en Sala Rondeau. Entradas por RedTickets desde $ 900. 2x1 para Comunidad la diaria.
