La ausencia de Pablo Cuevas será la norma dentro de unos años, cuando el mejor tenista uruguayo de todos los tiempos ponga fin a su carrera. Mientras tanto, el público sacó entradas para un duelo que prometía estirar un poco más el idilio tenístico con el que la celeste quedó depositada en el Grupo Mundial I de la Copa Davis.

Expectativa y realidad no siempre condicen, y entonces una lesión de rodilla privó a Uruguay de la oportunidad de ser competitivo a este nivel, y a los portadores de boletos, de disfrutar de la razón de su inversión. Tras la baja de Pablo Cuevas, también algunas molestias físicas motivaron la ausencia de Ariel Behar. Dos tenistas top 100, en singles y dobles respectivamente, y los dos afuera.

Acondicionamiento de la cancha la serie entre Uruguay y Países Bajos, por el Grupo Mundial 1 de la Copa Davis, en el Carrasco Lawn Tennis.

Acondicionamiento de la cancha la serie entre Uruguay y Países Bajos, por el Grupo Mundial 1 de la Copa Davis, en el Carrasco Lawn Tennis.

Foto: Alessandro Maradei

Fue cuatro a cero la victoria de los neerlandeses, consumada sobre Martín Cuevas, Francisco Llanes e Ignacio Carou, los locales que finalmente pudieron salir al polvo de ladrillo.

En el corazón del barrio de Montevideo al que las clases altas dan forma, se jugó una serie de Copa Davis contra una selección de jugadores europeos de alto nivel. Países Bajos tenía en sus filas a Botic van de Zandschulp, reciente cuartofinalista del US Open, el único que le ganó un set a Daniil Medvedev en ese torneo, en el que el ruso fue luego campeón.

De uno de los escenarios más grandes del mundo en Flushing Meadows a una cancha de aquel barrio, un estadio chico para la escala del tenis mundial. Aun así, el principal escenario para el tenis uruguayo.

Pablo Cuevas, durante el partido de dobles entre Uruguay y Países Bajos, en el
Carrasco Lawn Tennis. Foto: Alessandro Maradei

Pablo Cuevas, durante el partido de dobles entre Uruguay y Países Bajos, en el Carrasco Lawn Tennis. Foto: Alessandro Maradei

Foto: Alessandro Maradei

Pablo Cuevas estuvo, desde el banco, alentando a los jóvenes y también a su hermano. “Vamos, animal. Vamos, Bebote”, gritó en varias ocasiones, combinando el apodo con pretensión feroz con el otro, el más cálido y familiar, que distingue al menor de los Cuevas.

No fue un fin de semana como el que se esperaba, pero para algunos presentes fue la oportunidad de ver a tenistas que, de otra forma, no jugarían en Uruguay.

El silencio interrumpido por el golpe seco de la raqueta, el deslizar del calzado sobre el polvo de ladrillo, el aplauso y posterior aliento de un público ya resignado, nunca encendido, en cuatro partidos que no ofrecieron la experiencia adrenalínica de la alta competencia.

Público en las tribunas del Carrasco Lawn Tennis, durante uno de los partidos el entre Uruguay y Países Bajos, por el Grupo Mundial 1 de la Copa Davis, el domingo 19.

Público en las tribunas del Carrasco Lawn Tennis, durante uno de los partidos el entre Uruguay y Países Bajos, por el Grupo Mundial 1 de la Copa Davis, el domingo 19.

Foto: Alessandro Maradei

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