No es suficiente conocer la verdad.
También es necesario hacerla oír.1

“Estas invenciones de los poderosos, adornadas con los colores de la nación, se convierten en leyes; y los hombres perversos con codicia insaciable se reparten entre ellos los bienes que debían destinarse a la necesidad de todos. Qué lejos está esto del bienestar de la República de Utopía”.

El texto precedente forma parte de un libro escrito hace más de 500 años por el religioso Tomás Moro: librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de la república y sobre la nueva isla de Utopía.

La palabra “utopía” tiene sus orígenes en el griego y significa literalmente “no lugar”. Fue acuñada por T. Moro para describir una sociedad ideal, y, por lo tanto, inexistente. Esta sociedad es imaginada mejor que las conocidas, por eso también puede usarse el término “Eutopia”, que significa “el buen lugar”, en oposición a distopía o “mal lugar”.

Si bien la palabra “utopía” admite más de una interpretación, aquí la usaremos como una representación imaginaria de la organización de una sociedad que favorece a todos sus habitantes por igual, tan perfecta e idealizada que es imposible llegar a ella. Se suele decir que las utopías son como las estrellas: son inalcanzables, pero nos pueden guiar.

Dos siglos después de que T. Moro escribiera su libro, el filósofo, matemático, físico, teólogo, jurista y político alemán Gottfried Leibniz planteó la teoría de la Teodicea, en la que establece una visión optimista de la realidad. El término “optimismo” debe ser entendido como “óptimo” y no en el sentido más usual de la palabra, es decir, estado de ánimo contrario al pesimismo.

La visión pesimista de la realidad también tiene sus adeptos. En la mitología griega se establece que el sátiro Sileno le reveló al rey Midas que lo mejor para cualquier ser humano era no haber nacido nunca y que lo segundo mejor era una muerte prematura. El pesimismo es un asunto de la inteligencia, el optimismo, de la voluntad.2

Dejemos el pesimismo y volvamos a la mirada optimista de la realidad. Para Leibniz, vivimos en el mejor de los mundos posibles. Este planteo le costó la sátira, entre otros, de Voltaire, encarnada en su obra Cándido en el personaje del filósofo Pangloss. La Teodicea intenta justificar las evidentes imperfecciones del mundo, estableciendo que tiene que ser el mejor y más equilibrado de los mundos posibles, ya que fue creado por un Dios perfecto.

En la teoría económica existe un concepto similar denominado “óptimo de segundo orden”, no muy tenido en cuenta por quienes entienden que el libre funcionamiento de los mercados genera un orden perfecto, no creado por Dios, sino por una mano invisible. Uno y otro comparten algunas características: la ubicuidad, la invisibilidad y el contar con creyentes.

Leibniz realiza una interesante distinción entre las que denomina “verdades de razón” y “verdades de hecho”. Un ejemplo de las primeras sería “uno más uno es dos”. Esta afirmación es verdadera, ya que para que lo sea no es necesario que se dé un determinado hecho o contingencia.

Sin embargo, en la afirmación “el 3 de julio de 1927, Uruguay se convirtió en el primer país latinoamericano en donde las mujeres pudieron votar”, fue necesario que existieran acciones que llevaron a que ese hecho sucediera. Puede decirse que detrás de las verdades de razón existen tautologías, mientras que detrás de las verdades de hecho existen causalidades.

¿Qué sucede con las jubilaciones con la reforma propuesta?

“Las proyecciones presentadas por el BPS [Banco de Previsión Social] en la Comisión Especial del Senado muestran que el proyecto mejoraría el resultado financiero del BPS en 1,3 puntos del PBI en relación al escenario sin reforma. Más del 90% de la mejora financiera del BPS se explicaría por la baja del gasto en jubilaciones y pensiones”.3

Si la reforma alcanza su objetivo de reducir el déficit del sistema jubilatorio sin afectar de manera relevante los ingresos, la razón nos indicaría que los egresos, es decir, las jubilaciones pagadas a partir de la reforma, deben ser menores que los actuales. Resulta tautológico que, si se reduce un déficit sin incrementar los ingresos, los gastos deben disminuir. La reducción de las jubilaciones se transforma así en una verdad de razón.

No obstante, al analizar los hechos, al comparar las jubilaciones actuales con las que se recibirían con el nuevo régimen, existen visiones no coincidentes. En un comunicado de Presidencia se afirma que con la reforma: “En cualquier escenario la jubilación promedio crece entre un 18% y un 20%. En todos los casos representativos de ingresos de los aportantes del BPS, la jubilación crece o se mantiene”. Esta situación es digna de la isla de Utopía o de la Teodicea de Leibniz. ¿Cómo puede explicarse que sin proponer cambios en los ingresos y aumentando las jubilaciones se logre el objetivo de contener el incremento del déficit?

Si descartamos la hipótesis de estar viviendo en la isla de la utopía, una explicación posible es que, como algunos sostienen, las jubilaciones, con la reforma, van a disminuir.

La ciudadanía se ve enfrentada así a dos representaciones diferentes de la realidad. Para unos, con la reforma las jubilaciones aumentarían, mientras que, para otros, disminuirían. Aunque puede parecer una solución salomónica a efectos de procurar salir de este círculo de tiza caucasiano, podemos decir que las dos visiones pueden tener algo de verdad. Tomando la definición de verdad de hecho de Leibniz, lo que sucede es que existen múltiples casuísticas a la hora de determinar el valor futuro de la jubilación de cada persona. Como consecuencia, en algunos casos las jubilaciones pueden aumentar y en otros disminuir.

En un reciente informe elaborado por el Observatorio de la Seguridad Social4 se realiza una comparación teniendo en cuenta las diferentes casuísticas que se pueden presentar. “Para ello, se recurrió a un amplio conjunto de historias laborales simuladas a las que se aplicaron las reglas correspondientes al régimen vigente y al régimen resultante de la reforma”. En uno de los escenarios incluidos en el análisis se “comparan las asignaciones jubilatorias bajo el régimen actual y bajo el régimen propuesto, asumiendo que las personas se retiran en ambos casos al momento de generar la causal jubilatoria según el régimen propuesto en el proyecto”. El resultado es que en el 66% de las historias laborales se obtendría un beneficio más elevado con las reglas vigentes, en comparación a los obtenidos con el régimen establecido en la reforma.

“¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”5

Para entender los temas vinculados a la seguridad económica en la vejez se requiere incorporar en el análisis la dimensión temporal, de lo contrario se corre el riesgo de arribar a medias verdades. No se puede abordar adecuadamente la estimación de lo que sucederá con las jubilaciones mirando solamente lo que ocurre en un momento de tiempo, considerando solamente el valor mensual de la jubilación. Sería lo mismo que pretender anticipar mirando sólo uno de los primeros capítulos de Breaking Bad la transformación del profesor en Heisenberg. Un problema similar ocurre si se pretende determinar qué ocurre con las jubilaciones considerando solamente una foto que muestre los valores mensuales con y sin reforma. La situación empeora cuando, además, se comparan dos momentos diferentes.

Una posible alternativa para sortear el problema de tener diferentes respuestas para una misma pregunta es reformularla. En lugar de preguntarnos qué sucederá con el valor de las jubilaciones a recibir en cada mes, podríamos preguntarnos cuál debería ser el valor de la variación de la jubilación mensual con el nuevo régimen, para mantener constante el monto que se recibirá desde el momento del retiro hasta el fallecimiento. Es decir, podríamos preguntarnos cuál debería ser el aumento para mantener igual el valor acumulado de todas las jubilaciones a ser cobradas en uno y otro régimen.

El valor acumulado de las jubilaciones a cobrar

La esperanza de vida de una persona a los 60 años, empleada por la Comisión de Expertos, es de 83 años para las mujeres y 77 años para los hombres. Tomando el valor promedio, la esperanza de vida es entonces de 80 años. Extender en cinco años la edad de retiro implica reducir el período de percepción de jubilaciones de los actuales 20 años a 15 años con la reforma, lo que implica una reducción de 25% en el tiempo durante el que se van a percibir las jubilaciones. Si el valor de estas se mantuviera constante, el valor acumulado de las jubilaciones a cobrar también se reduciría en 25%.

¿Cuánto debería ser, entonces, el incremento para compensar la pérdida del valor total de las jubilaciones provocada por la reducción del período durante el cual se van a percibir? El porcentaje de incremento necesario para compensar por los cinco años de menos en el cobro de las jubilaciones es 33%. Según las estimaciones más optimistas, presentadas por quienes impulsan la reforma, solamente tendrían un aumento superior a 33% el 10% de los contribuyentes de mayor salario.

¿Existe margen para distribuir de manera diferente los costos de la reforma?

En la propuesta de reforma planteada por la coalición, todos los costos de las medidas para reducir el déficit previsional recaen sobre los trabajadores. Cabe preguntar: ¿No existen formatos alternativos para alcanzar los mismos resultados en términos de sostenibilidad, pero con una distribución de costos diferente? La respuesta es sí, y existen propuestas concretas al respecto que podrían ser consideradas en el debate parlamentario.

Se puede mencionar, a modo de ejemplo, la siguiente: “Desde una perspectiva técnica es que procuramos contribuir al debate público, aportando una propuesta de creación de un régimen de Aporte Patronal Mínimo por Dependientes a la Seguridad Social con destino al Banco de Previsión Social. La base imponible de esta nueva modalidad de contribución estaría determinada por los ingresos brutos por ventas de las empresas empleadoras, calculados a partir de una alícuota, por ejemplo, del 0,5% (cinco por mil), a calibrar con datos reales, aplicable sobre el monto de los ingresos por las ventas devengados en el período que se adopte como referencia”.6

También se podrían priorizar las transformaciones en los múltiples regímenes excepcionales, que han otorgado reducciones importantes en materia de contribuciones a la seguridad social, cuya razón de ser dista mucho de ser convincente. Es decir, existe tela para cortar si se quiere una distribución diferente de los costos del ajuste, evitando así que recaiga exclusivamente sobre la espalda de los trabajadores.

Adiós juventud: otros impactos de la reforma

Si bien el impacto de la reforma sobre el valor de las jubilaciones ha concentrado la mayor parte de la atención, existen otros impactos que, a pesar de no haber tenido mucha prensa hasta el momento, deberían ser parte del debate. Me refiero al impacto en el desempleo juvenil, al riesgo que implica extender la edad de retiro en el marco de los cambios que se están dando en el mercado de trabajo, al impacto en la salud y en la equidad asociada a las diferencias en la esperanza de vida que son consecuencia de la situación socioeconómica de las personas.

A) Extensión de la edad de retiro y desempleo juvenil

El desempleo juvenil es uno de los importantes problemas que enfrenta nuestra sociedad desde hace muchos años. Según el último dato publicado por el Instituto Nacional de Estadística, la tasa global de desocupación en nuestro país era de 7,8%, mientras que la correspondiente a jóvenes de entre 15 y 24 años era de 27,1%, y para las personas de entre 25 y 29 años de 9,4%.

Como botón de muestra acerca de la importancia que a esta problemática le han asignado diferentes gobiernos, puede emplearse la legislación. En el año 2013 se aprobó la ley 19.133 (Empleo Juvenil) y en el año 2021 se aprobó la ley 19.973 (Políticas activas dirigidas a favorecer el acceso a una actividad remunerada de jóvenes entre 15 y 29 años...).

Dada esta problemática cabe preguntar si en la medida de que aumentar la edad de retiro implica mantener por más tiempo el empleo de personas adultas, esto puede consolidar y/o agudizar el fenómeno del desempleo juvenil.

La preocupación por que el empleo retenido por más tiempo pueda desplazar puestos de trabajo juveniles ha formado parte de los debates en torno a otras reformas, por tanto, se dispone de reflexiones sobre este tema para otras realidades.

Un planteo que surge con insistencia es el que se denomina “falacia del mercado laboral”. Para quienes realizan este planteo, es falaz considerar que la cantidad de puestos de trabajo es un número fijo. Si fuera así, aumentar el empleo de unos reduciría el de otros. Dicho de otra forma, se postula que el mercado de trabajo no se caracteriza por ser un juego de suma cero, y que no es correcto afirmar que el aumento del empleo de las personas adultas traería como consecuencia un desplazamiento del empleo juvenil. Entiendo que sería más correcto llamarle “conjetura de la falacia del mercado laboral”.

Según la Real Academia Española, conjetura significa “proposición que se prevé verdadera, pero que aún no está demostrada”. En ocasiones las conjeturas pueden tardar siglos en ser demostradas y las hay que a pesar de los esfuerzos por resolverlas se mantienen como enigmas durante siglos. Esto es lo que sucede, por ejemplo, respectivamente, con la conjetura débil y fuerte de Goldbach formulada en el año 1742.

No es tarea sencilla encontrar explicaciones teóricas convincentes de la conjetura, me refiero a la del mercado laboral, ya que surge, como principal prueba empleada en su defensa, la evidencia empírica. Al respecto, cabe notar que esta evidencia presenta en algunos casos problemas metodológicos.

El más importante es que lo que se debería comparar es qué hubiera pasado en los países tomados como referencia con el empleo juvenil en dos escenarios, con y sin modificación en la edad de retiro. Pero esa no es la comparación que suelen hacer quienes sostienen la conjetura. En términos más precisos, lo que es necesario para arrojar agua al molino de la conjetura es contar con una evaluación de impacto. No es suficiente como argumentación a favor de la conjetura tan sólo comparar la evolución del empleo juvenil con la del empleo de los adultos.

La realización de análisis en los que se establezca lo que hubiera sucedido con el empleo juvenil en caso de no haberse modificado la edad de retiro conlleva temas metodológicos complejos, pero no abordarlos seguramente nos lleve a un callejón sin salida, o a considerar que habitamos en la isla de la utopía en la que el aumento del empleo de las personas adultas no sólo no afecta el empleo juvenil, sino que lo aumenta. Será que, como decía Leibniz, vivimos en el mejor de los mundos posibles.

En la medida en que la evidencia acerca del efecto desplazamiento no es concluyente, sería conveniente no ignorar el riesgo de profundizar el problema del empleo juvenil que la reforma puede generar. Corremos el riesgo de que buscando solucionar un problema profundicemos otro. Sería conveniente, entonces, contar desde ya con un plan para enfrentar esta contingencia.

B) Exposición al riesgo generado por los cambios en el mercado de trabajo

Aumentar la edad de retiro en el contexto de los cambios que se están observando en el mundo del trabajo hace conveniente evaluar si ese maridaje no puede generar consecuencias negativas.

No es fácil caracterizar los cambios que se están procesando en el mundo del trabajo, no obstante, se pueden destacar, entre otras, las siguientes señas de identidad: aumento en los procesos de automatización que permiten desplazar trabajo humano; tendencia a la desaparición de algunos puestos de trabajo y aparición de nuevos, y crecimiento de ocupaciones intensivas en tareas cognitivas.

De un estudio de la evolución del contenido de tareas en la ocupación promedio según cohorte de nacimiento7 surge que los trabajadores de mayor edad tienen mayores dificultades para adoptar y desarrollar tareas cognitivas no rutinarias que los jóvenes, por lo que, dado el rápido crecimiento en la importancia relativa de estas tareas, los trabajadores próximos a jubilarse pueden atravesar mayores dificultades a la hora de adaptarse a las nuevas exigencias del mercado de trabajo.

En función a su nivel educativo, el subgrupo de personas pertenecientes al rango etario de entre 50 y 59 años muestra un alto grado de exposición al riesgo de automatización en casi un 70% de su población.

A su vez, es posible que quienes se encuentren cerca de cumplir los requisitos de edad para configurar causal jubilatoria enfrenten amenazas adicionales a la obsolescencia de su puesto de trabajo. La disminución en su nivel relativo de productividad los puede exponer a la precariedad laboral, afectando su historia laboral a través de la informalidad o la reducción salarial. Esta precariedad laboral en los últimos años de vida activa afecta de forma negativa el valor de la jubilación.

“Los trabajos empíricos disponibles indican que por cada 100 trabajadores que postergan su retiro por cambios en el sistema de pensiones, menos de 50 continúan trabajando; el resto corresponde principalmente a trabajadores que pasan a estar en situación de desempleo, aunque también se observan situaciones de enfermedad, invalidez, o inactividad”.8

C) Impacto de retrasar la edad de retiro en la salud

Dos estudios, uno para Suecia y otro para Alemania, muestran que reducir la edad de retiro tuvo en esos países, para los grupos poblacionales analizados, efectos positivos en la salud, reduciéndose la mortalidad.9

En economía es habitual suponer la existencia de comportamientos simétricos. Esto quiere decir que si al reducir la edad de retiro disminuyen las tasas de mortalidad, por simetría podríamos afirmar que aumentar la edad de retiro provocaría un aumento en la mortalidad. No obstante, lo positivo de la simplicidad del supuesto de simetría puede tener como contracara negativa nada menos que su falta de realismo. Está bien simplificar, pero no a cualquier precio.

En un trabajo publicado este año se analiza el impacto en la salud de extender la edad de retiro. Más concretamente, analiza la reforma española de 1967. Esta establecía que todos los contribuyentes al 1º de enero de 1967 mantenían el derecho de retirarse voluntariamente a los 60 años, mientras que para los que comienzan a contribuir a partir de esa fecha, la edad de retiro voluntario pasa a ser de 65 años.

El trabajo de emplear metodologías que permiten evaluar la existencia de causalidad entre la modificación en cinco años de la edad de retiro y la salud arroja, entre otras, las siguientes conclusiones: aumenta la probabilidad de que los individuos se acojan a pensiones de invalidez, pensiones parciales y no accedan a ninguna pensión por muerte prematura; retrasar la salida del empleo aumenta el riesgo de morir entre los 60 y los 69 años para casi todos los individuos; al tener en cuenta la heterogeneidad de las personas surge que el aumento de la mortalidad es mayor en el caso de las personas empleadas en trabajos poco calificados y física y psicosocialmente exigentes, y, además, se muestra que permitir esquemas de jubilación flexibles, como la jubilación parcial, mitiga el efecto perjudicial de retrasar la jubilación sobre la mortalidad.

D) Extensión de la edad de retiro y equidad

Extender la edad de retiro tiene impactos en la equidad del sistema jubilatorio que deberían ser tenidos en cuenta. Este resultado es consecuencia de que la pérdida de años durante los que se cobrará la jubilación no es igual para todos. Existe abundante evidencia10 de la existencia de diferencias no menores en la mortalidad según el estatus socioeconómico de las personas. Además, se constata que estas diferencias muestran una tendencia creciente en las últimas décadas.

Al pasar la edad de retiro de 60 a 65 años se pierden cinco años de jubilaciones a cobrar, y se genera así una reducción en una cantidad fija de años que es común para todos, que no depende de la situación socioeconómica de cada contribuyente.

No obstante, esa pérdida de cinco años para todos los contribuyentes se aplica a diferentes horizontes temporales, a diferentes esperanzas de vida. Aquellos con mayor horizonte temporal, es decir, aquellos con mayor estatus socioeconómico, perderán una proporción menor de los beneficios a recibir. Por otro lado, los que tienen el menor horizonte de vida son las personas de menor nivel socioeconómico; son estas las que se ven más afectadas con la medida.

En síntesis, extender la edad de retiro agrega un componente de regresividad al sistema jubilatorio. Se plantea así un típico dilema de política económica: optar entre dos aspectos deseables del sistema, su sostenibilidad y su progresividad. En el ámbito de la política económica, en particular la fiscal, no hay almuerzos gratis. La forma de pagarlos es uno de los temas centrales de la economía política, como lo son, en general, las situaciones en las que existe puja distributiva.

“Toda una vida tapando agujeros, y si en una de esas salís bueno...”

Una reforma de la seguridad social que genere condiciones de sostenibilidad económica es necesaria, sobre esto no existen dos opiniones. También es necesario considerar en el ajuste los dos componentes de la ecuación de equilibrio del sistema: ingresos y egresos. Sobre este punto existe más de una opinión. La propuesta presentada por la coalición multicolor propone realizar un ajuste centrado exclusivamente en los egresos, sin hacer lo propio con los ingresos, a pesar de que existe margen para hacerlo. Dentro del menú de opciones disponibles para poder pagar el almuerzo, se optó por hacerlo exclusivamente reduciendo la ingesta.

El proceso de ajuste propuesto se basa fundamentalmente en la extensión de la edad de retiro, lo que, además de reducir el gasto futuro del sistema, puede generar impactos no deseados y riesgos asociados a la reforma. Estos están vinculados al empleo juvenil, a las posibles dificultades para ajustarse a los cambios en el mundo del trabajo para quienes están por jubilarse, al aumento de la mortalidad y a generar una distribución regresiva de los costos de la reforma.

Dados estos riesgos, deberíamos estar atentos, porque algunas distopías pueden ser utopías que salieron mal. Ojalá que la reforma no les cobre penal a quienes están jugando los últimos minutos del partido.

Carlos Grau Pérez es economista, investigador del Cinve y máster en Economía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.


  1. Simone de Beauvoir. 

  2. Antonio Gramsci, “Contra el pesimismo”, en L’Ordine Nuovo, n.º 2. 

  3. Vallcorba, M; Zelko, B. “El debate sobre los impactos de la reforma previsional, cuando la rigurosidad falta a la cita”. la diaria, 5/12/2022. 

  4. Zunino, G; Pessina, J; Pereira, M; Parrilla, L. (2022). Cobertura, suficiencia e impactos distributivos del proyecto de reforma de la Seguridad Social. Observatorio de la Seguridad Social. Cinve. 

  5. Antonio Machado, Proverbios y cantares, I-XLIX. 

  6. Viñales, G. (2022). Aporte Patronal Mínimo por Dependientes a la Seguridad Social. Laboratorio Fiscal y Tributario. Cinve. 

  7. Apella, I; Zunino, G. (2017). Cambio tecnológico y el mercado de trabajo en Argentina y Uruguay, un análisis desde el enfoque de las tareas. Banco Mundial. 

  8. Sanroman, G. (2021). Seguridad social: decisiones de retiro e impactos de las reformas en los mercados laborales. Consultoría realizada para la Comisión de Expertos de la Seguridad Social. 

  9. Belles, C; Jiménez, J; Han, Y. (2022). The Effect of Removing Early Retirement on Mortality. Fedea. Documento de trabajo. 

  10. Sánchez-Romero, M; Lee, R D; Prskawetz, A. (2019). Redistributive effects of different pension systems when longevity varies by socioeconomic status. NBER Working Paper Series. Working Paper 25944.