Hace ya varios años que el tema está sobre la mesa. Reuniones entre presidentes de turno de Uruguay y Argentina con promesas a futuro,1 mensajes conjuntos de ídolos futbolísticos de un país y del otro,2 el orgullo y hasta la obligación para algunos de que el mundial de fútbol en 2030 deba jugarse donde se jugó el primero 100 años atrás. Aprovechando esta nueva semana de eliminatorias, repasamos qué dice la evidencia acerca de la conveniencia económica de organizar un megaevento deportivo. ¿Es rentable? ¿Cuáles son los pros y los contras de una inversión como esta? ¿Existen efectos positivos y tangibles para algunos sectores de la economía? ¿O es solamente un gran negocio para la institución que lo organiza y un pésimo negocio para el país organizador?

Para responder estas y otras preguntas contamos con una de las investigaciones más exhaustivas que se han hecho sobre el tema. Se trata del libro Circus Maximus: la apuesta económica detrás de organizar los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo3 de Andrew Zimbalist, doctor en economía por la Universidad de Harvard. Zimbalist tiene más de 20 libros y es un referente de la economía del deporte. Su investigación releva el impacto económico que han tenido los Juegos Olímpicos (JJOO) y los mundiales de fútbol durante las últimas décadas con una mirada de corto y largo plazo. En efecto, con más de 130 años de JJOO y casi 100 años de mundiales de fútbol a cuestas, contamos con datos y estudios suficientes para concluir qué tan redituable resulta organizar un megaevento deportivo y cuáles son los impactos que tienen para la economía del país y el bienestar de sus habitantes.

El impacto económico de corto plazo

Al analizar los efectos económicos y sociales de corto plazo es importante precisar la diferencia entre los estudios que se realizan exante (antes) y los que se realizan expost (una vez desarrollado el evento). Los primeros requieren utilizar supuestos para realizar predicciones y suelen subestimar los costos y sobrestimar los ingresos que ingresarán al país (por ejemplo, a cuenta del turismo). Por ello, nos concentraremos en los estudios expost realizados principalmente por académicos, que no tienen intereses particulares ni están involucrados en el negocio, donde se analizan los datos generados antes, durante y después del evento a partir de modelos econométricos que controlan por todas las variables que podrían haber afectado el producto o el empleo durante el período estudiado.

Las conclusiones más relevantes del libro, que recoge 19 investigaciones basadas en estos dos tipos de eventos (algunas de ellas analizan más de un torneo), son las siguientes: 16 de ellas muestran que el evento no generó efectos estadísticos significativos en materia de empleo o ingreso; siete encuentran efectos positivos pero modestos sobre el ingreso o el desempleo de corto plazo; y tres de ellos arrojaron un efecto negativo sobre el ingreso.4

Una de las investigaciones más citadas es la del economista Stefan Szymanski, dado su currículum y el horizonte de tiempo que abarcó su estudio.5 Szymanski tiene un doctorado en economía por la Universidad de Londres y cuenta con decenas de artículos académicos relacionados con la temática. Además, es coautor del bestseller internacional Soccernomics. Luego de analizar tres décadas de mundiales —desde 1970 hasta fines del siglo XX—, Szymanski encontró que el país organizador presenta una tasa de crecimiento del PIB 2,4% más baja en el año del torneo.

Por otro lado, si nos concentramos en estudios específicos sobre un mundial de fútbol particular, la literatura académica también es completa. Dentro de ella, destacan varios estudios. Uno es el de los economistas Baumann6 y Engelhardt, que aborda el mundial de Estados Unidos en 1994 y no encuentra un aumento estadísticamente significativo en el empleo en ninguna de las nueve ciudades que fueron sede, tampoco en el sector de ocio y hotelería, pero sí hallan un impacto negativo en el sector comercial. A su vez, los economistas Hagny y Maennig realizaron un estudio en base al mundial de Alemania 2006, donde demostraron que no había un efecto significativo en materia de empleo en las ciudades organizadoras cuando se las comparaba con otras que no habían sido sede del mundial.7 Por último, Plessis y Venter estimaron que el mundial de Sudáfrica 2010 elevó el crecimiento del PIB un 0,1%.8

A nivel de JJOO también existen investigaciones relevantes para destacar. Una de ellas es la de Baumann9 et al. (2012), que analiza lo sucedido con los JJOO de invierno que tuvieron lugar en Salt Lake City en 2002. Este evento requirió una inversión de 1.900 millones de dólares y pretendía crear 35.000 puestos de trabajo. Finalmente, fueron entre 4.000 y 7.000 los empleos y se concentraron en la industria del ocio. Lo más relevante, sin embargo, fue que ese impacto se diluyó un año después de culminado.

¿Qué pasa con el turismo?

Uno de los sectores donde a priori se podrían esperar efectos positivos importantes es el del turismo. Diversos estudios demuestran lo complejo que es proyectar de manera correcta el flujo de turistas que potencialmente ingresarían al país motivados por un evento de estas características (mundial o juegos olímpicos). Por ejemplo, Sidney esperaba atraer cerca de 132.000 turistas por los JJOO de 2000 y finalmente terminaron siendo casi 97.000. Más dramático fue el caso de Atenas, que estimaba unos 105.000 por noche en los JJOO de 2004 y recibió menos de 14.000. En el caso de Beijing 2008, lo estimado eran 400.000 turistas y terminaron siendo 235.000 en 2008. Sumado a esto, algunos estudios han demostrado que, en algunos casos, el turismo no sólo no crece en los años posteriores, sino que decrece, e incluso son los vecinos próximos quienes se benefician más.10 Así sucedió con Australia (país organizador) y Nueva Zelanda (vecino) en 2000: los arribos internacionales en Sidney fueron disminuyendo de 2,7 millones en 2000, a 2,6 millones en 2001, hasta 2,3 millones en 2003, mientras que Nueva Zelanda incrementó 17% sus arribos durante ese período. El mismo fenómeno se repitió en 2004 con Grecia (organizador) y Croacia y Turquía (vecinos).

¿Qué pasa con los costos?

Lamentablemente, en muchos casos los sobrecostos para un país o ciudad organizadora son desproporcionados. Por citar algunos ejemplos, para los JJOO de Atenas 2004 la estimación inicial había sido de 1.600 millones de dólares y finalmente terminó costando 16.000 millones. Algo similar sucedió con los JJOO de Sochi 2014, cuyo cálculo inicial era de 12.000 millones y terminó costando entre 50.000 y 70.000 millones de dólares. El caso de Sudáfrica era el que presentaba números más conservadores, en torno a 300 millones de dólares, pero finalmente terminó costando entre 5.000 y 6.000 millones de dólares. En 2012, una investigación de la Universidad de Oxford demostró que, entre 1976 y la fecha del estudio, todos los JJOO habían tenido una diferencia negativa notoria entre los costos estimados y los efectivamente observados. Puntualmente, los autores estimaron que el sobrecosto promedio en el que han incurrido los organizadores para el período estudiado ascendió a 252% ajustado por inflación.11

A la hora de organizar un evento de este tipo hay que tener en cuenta los costos que comienzan antes de obtener la sede (postulación, presentación, inscripción, etcétera) y los que le siguen en caso de obtenerla: ceremonia de apertura y clausura, construcción de infraestructura deportiva y hotelera, disrupción de negocios, gastos de seguridad, gastos de transporte, problemas políticos o sociales, entre muchos otros). En función de lo descrito, los ingresos generados no logran superarlos y no es evidente que exista una justificación para desplegar semejante inversión.

El impacto económico de largo plazo

Al analizar los beneficios económicos de largo plazo, tanto el Comité Olímpico Internacional (COI) como la FIFA destacan el “legado” de organizar un mega evento.12 Según señalan, este legado se asocia a la construcción de instalaciones deportivas, construcción de infraestructura de transporte, comunicaciones, energía y alojamiento, impulso al turismo, aumento del comercio y la inversión, mejor coordinación entre agencias gubernamentales, espíritu y estado de ánimo nacionales, beneficios educativos y de salud pública, menores índices de criminalidad, mayores precios inmobiliarios, entre muchos otros.

Sin dudas que muchos de estos factores son objetables, o al menos discutibles. En ese sentido, Zimbalist realiza tres críticas directas al legado que anticipan ambas organizaciones. Primero, señala que, al tratarse de efectos de largo plazo, el país o ciudad organizadora debe esperar años o décadas antes de experimentar potenciales ganancias. A su vez, al entrar en juego variables de largo plazo, es complejo relacionar cualquier cambio con el evento en sí. Sumado a esto, muchos de los beneficios previstos son intangibles y no cuantificables.

Al analizar este tipo de variables, una de las referencias ineludibles es el estudio realizado por Billings y Holiday, que comprende más de cinco décadas de información.13 Los autores desarrollaron un estimador de diferencias en diferencias para todas las ciudades que fueron sede de los JJOO entre 1950 y 2005 y no encontraron impacto a largo plazo en el PIB real o en la apertura comercial.

Por otro lado, otro de los problemas asociados a las inversiones en infraestructura que son necesarias refieren a los llamados “elefantes blancos”, es decir, construcciones que se llevan a cabo para un evento que dura semanas y luego tienen altísimos costos de mantenimiento y no se continúan utilizando. Además, están los costos en materia de deuda que se siguen pagando por varios años y pueden llegar a ser escandalosos. Uno de los casos emblemáticos es el estadio olímpico de Beijing, que costó cerca de 460 millones de dólares, tiene un costo anual de mantenimiento de 10 millones de dólares, y prácticamente no se utiliza.

Brasil ofrece otro ejemplo en este sentido.14 La FIFA exige la construcción de ocho estadios con una capacidad mínima de 40.000 personas; Brasil construyó (o remodeló) doce. Hay que tener presente que este problema se acentúa en países emergentes o en vías de desarrollo, donde las urgencias en materia de inversión en infraestructura, salud, educación, son mayores y el costo de oportunidad de postergarlas en pos de construir un estadio, complejo o villa olímpica son más grandes y dolorosos. Es inevitable en este punto pensar en el caso de Uruguay. La inversión que se precisaría en materia de escenarios deportivos, infraestructura hotelera, carreteras, entre otros, desplazaría otro conjunto de inversiones posiblemente más urgentes y necesarias para los uruguayos.

En línea con esto, otro de los costos de largo plazo para un organizador refiere a la deuda que se debe asumir para financiar algunas de esas inversiones —y el costo de oportunidad que eso supone—. Un caso ilustrativo fue el de Vancouver y los JJOO de invierno 2010. La ciudad tiene solo 600.000 habitantes e incurrió en una deuda de un billón de dólares, que aún sigue pagando.15

¿Todos los eventos fueron negativos para los países o ciudades organizadores? No, como toda regla, siempre hay alguna excepción. En este caso, serían los JJOO de Barcelona 1992, pero con una salvedad. Barcelona ya venía elaborando un plan de reconstrucción y desarrollo de su ciudad luego de la caída de Franco en 1975, y utilizó los JJOO como un vehículo para llevar a cabo su plan. No fueron los JJOO quienes utilizaron a Barcelona, como sucedió en muchas otras ciudades.

En las últimas décadas los costos de organizar un evento de este calibre han aumentado y los ingresos que potencialmente se derivan del evento no justifican la inversión. Prueba de ello ha sido el hecho de que cada vez son más los países y ciudades que han decidido no presentarse o dar de baja su candidatura como organizadores, ya sea por intermedio del gobierno de turno o por medio de referéndums por opinión popular. Por ejemplo, para los JJOO de invierno de 2022 las ciudades de Cracovia, Estocolmo, Múnich y Davos dieron de baja su candidatura, al no recibir apoyo popular (las dos últimas vía referéndum votado por sus habitantes). Lo mismo sucedió con Oslo. Eso dejó al COI con solo dos alternativas, Almaty en Kazajistán y Beijing en China, quien finalmente sería elegida. Algo similar ocurrió con los JJOO de verano: para los últimos que se celebraron, el COI recibió solo postulaciones de cinco ciudades, frente a las 12 que se habían presentado para Atenas 2004.

En 2012 el gobierno holandés creó una comisión para evaluar su candidatura a los JJOO de 2028,16 cuyo informe generó atención en tanto concluía que “en el futuro, es probable que solo los países no democráticos organizarán los Juegos Olímpicos porque solo ellos tendrían el poder centralizado y el dinero para organizarlos”.

De acuerdo a toda la evidencia presentada, ¿parece apropiado para Uruguay llevar adelante la organización de un mundial?


  1. https://www.gub.uy/presidencia/comunicacion/noticias/vazquez-macri-comprometieron-candidatura-conjunta-para-organizar-mundial-2030 

  2. https://elpais.com/deportes/2017/09/01/actualidad/1504285113_263720.html 

  3. Zimbalist, A. (2015). Circus Maximus: The Economic Gamble Behind Hosting the Olympics and the World Cup. Brookings Institution Press. 

  4. Zimbalist, 2015, pp. 41-42. 

  5. Szymanski (2002), “The Economic Impact of the World Cup,” World Economics 3 (1), pp. 169–77. 

  6. Baumann, R. & Engeldhart, B. (2012). “Labor Market Effects of the World Cup: A Sectoral Analysis”. International Handbook on the Economics of Mega Sporting Events, ed. Wolfgang Maenning and Andrew S. Zimbalist, pp. 385-400. 

  7. Hagn, F. & Maennig, W. (2009). “Large Sport Events and Unemployment: The Case of the 2006 Soccer World Cup in Germany”. Applied Economics. 41. 3295-3302. 

  8. Du Plessis, S. & Venter, C. (2010). “The Home Team Scores! A First Assessment of the Economic Impact of World Cup 2010”. Stellenbosch University, Department of Economics, Working Papers. 

  9. Baumann, R. et al. (2012). “Employment Effects of the 2002 Winter Olympics in Salt Lake City, Utah,” Journal of Economics and Statistics 232 (3), pp. 308-317. 

  10. ETOA, “Olympics and Tourism”, ETOA Report 2010 (www.etoa.org), p.3. 

  11. Flyvbjerg, B. & Stewart, A. (2012). “Olympic Proportions: Cost and Cost Overrun at the Olympics 1960-2012”. Said Business School Working Papers, Oxford: University of Oxford. 

  12. https://stillmed.olympic.org/Documents/Olympism_in_action/Legacy/2013_Booklet_Legacy.pdf 

  13. Billings, Stephen & Holladay, James. (2010). “Should Cities Go for the Gold? The Long-Term Impacts of Hosting the Olympics”. Economic Inquiry. 50 (3), pp. 642-47. 

  14. https://www.businessinsider.com/brazil-world-cup-stadium-white-elephants-2015-1 

  15. https://www.cnbc.com/2010/02/25/a-1-billion-hangover-from-an-olympic-party.html 

  16. https://www.dezeen.com/2012/08/01/democracies-find-it-very-difficult-to-host-games-say-authors-of-olympic-cities-book