El ataque de Estados Unidos a Venezuela, a inicios de enero, tiene un impacto “acotado” en el corto plazo y no se prevén cambios en el precio del petróleo ni en el dólar para Uruguay y América Latina, dijeron a la diaria distintos expertos consultados.
“Es un hecho que no tiene un impacto económico real: principalmente es un movimiento geopolítico con efectos indirectos en los mercados”, aseguró Silvia Rodríguez, máster en Economía e investigadora asociada del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve). La especialista remarcó que los efectos serán “marginales o inexistentes” en el precio del petróleo y en otras variables económicas. “El hecho tiene fundamentalmente un efecto geopolítico [...], igual que las amenazas contra Irán, pero no tengo en este momento elementos para pensar que esta movida podría generar factores determinantes de un aumento del precio del petróleo”, agregó Rodríguez, quien también es profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República.
Desde Exante coinciden con la mirada de Rodríguez. El economista y gerente de la consultora, Luciano Magnífico, sostuvo que no hubo modificaciones en las proyecciones cambiarias tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela. “En materia económica no estamos previendo un impacto ni en el plano cambiario ni con relación al precio del crudo para Uruguay, aunque todavía es pronto para ser asertivos respecto de los impactos que pueda tener esta situación en Uruguay y América Latina en un horizonte de mediano y largo plazo. En el corto plazo nosotros no hemos introducido modificaciones a nuestras proyecciones, en parte porque este hecho no va a tener un impacto significativo inmediato sobre la producción de crudo venezolana”, añadió.
En la misma línea, Alberto Landeira, economista en jefe de Balanz Uruguay, indicó que sólo habrá un efecto “acotado”. “La captura de Nicolás Maduro es un evento de alto impacto geopolítico y en la política interna de Venezuela. Asimismo, es una nueva muestra de la impronta de Donald Trump en las relaciones con América Latina. Sin embargo, el impacto de la operación militar en Venezuela en las tendencias macroeconómicas y en los mercados globales es acotado”.
Por su parte, Daniel Chávez, antropólogo y economista uruguayo, profesor en la Universidad del País Vasco e investigador asociado del think tank Transnational Institute, con sede en Ámsterdam, aseveró que el plan de Trump “enfrenta grandes obstáculos” y que la estrategia de Estados Unidos enfrenta la reticencia de las petroleras. “El verdadero objetivo estratégico fue contener a China. La estrategia subyacente de Estados Unidos no se centra en la necesidad del petróleo venezolano, se trata de impedir que China acceda a ese crudo. Tomar el control del petróleo venezolano impide que China lo utilice como recurso estratégico y elimina una fuente clave de ingresos para Venezuela”, señaló Chávez, que es también investigador principal del proyecto S-OIL del European Research Council, focalizado en el futuro de los países dependientes del petróleo en el Sur global.
El experto sostuvo que Estados Unidos ya es el mayor productor de petróleo del mundo: “Entre 2024 y 2025, la producción estadounidense superó los 13 millones de barriles diarios, lo que convierte al país en un exportador neto de energía. Al controlar las ventas de petróleo venezolano y depositar las ganancias, Estados Unidos obtiene influencia política sobre la transición pos Maduro y limita la influencia geopolítica de China en la región”.
En la madrugada del sábado 3 de enero, Washington bombardeó Caracas. Según escribió Trump en su cuenta en la red Truth Social, “Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien, junto con su esposa, ha sido capturado y trasladado fuera del país”. El 9 de enero, Trump aseguró que Venezuela le había entregado a su país 30 millones de barriles de petróleo, cuyo valor ronda los 4.000 millones de dólares. El martes, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció a la agencia Reuters que las sanciones que le impuso Washington a Venezuela podrían levantarse “tan pronto como la próxima semana”, a efectos de facilitar las ventas de petróleo.
Estación de nafta en Caracas, el 7 de enero. Foto: Margioni Bermúdez / AFP
Petróleo
Por su parte, Rodríguez indicó que, frente al ataque a Venezuela, es posible analizar dos elementos: por un lado, la evolución del precio del petróleo en el corto o mediano plazo durante 2026; por otro, lo que puede suceder con la producción de crudo, un elemento que calificó de “relevante” a la hora de fijar los precios. “Por un lado, si consideramos las perspectivas del precio del petróleo que publica la Energy Information Administration [EIA, Administración de Información Energética] de Estados Unidos, ellos tienen una perspectiva de continuidad en torno a la caída del precio del petróleo”, afirmó.
Aunque el análisis parte de una proyección de la EIA de diciembre y el ataque de Estados Unidos ocurrió en enero, la experta remarcó que el hecho no tiene “demasiada influencia fundamental”. “En principio, las proyecciones que tenía la EIA sobre la evolución del barril, ya sea del WTI [West Texas Intermediate] o del Brent, eran de una caída relativamente pequeña, que consistía en más de un 10%, tanto en el Brent como en el precio del barril del WTI durante 2026”.
Rodríguez consideró que hay un escenario de “cierta estabilidad”, con un “pequeño escalón a la baja”. “Ellos estiman que el WTI estaba más o menos en 58 dólares y sobre finales de 2026 estaría en 52 dólares; en el caso del Brent, la caída sería de 69 dólares a 55 dólares. O sea, tendríamos una nueva y leve caída, porque ya los precios de 2025 venían cayendo un poquito”.
El descenso del precio del petróleo se debe a una sobreoferta “muy grande”, a causa de una producción importante en el último período que sobrepasa la demanda de crudo. “Ellos esperan que la producción global siga excediendo el consumo. Por tanto, a partir de la invasión de Estados Unidos a Venezuela y la canalización de la comercialización del petróleo, es posible que no se altere el precio. En todo caso, en el mediano plazo, si se vieran las inversiones, se incrementaría la producción de petróleo, con lo cual no se estimularía a que el precio suba, sino a que baje”.
El crecimiento de la oferta de petróleo en 2025 se explicó por las políticas impulsadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), así como por Estados Unidos, Brasil, Guyana y Canadá, que lideraron el aumento de la producción. “Se presume que en 2026 esta situación continuará, agregó Rodríguez. Asimismo, existen algunos elementos que influyen en esta situación, como la demanda de China en materia energética, la transición hacia fuentes alternativas, la expansión de la demanda de vehículos eléctricos y las políticas de eficiencia energética, que “presionan a la baja”, complementó.
Por su parte, Magnífico señaló que, según cifras de la OPEP, Venezuela concentra el 17% de las reservas globales de crudo, “lo que la posiciona entre los países con mayores recursos petroleros”. “Sin embargo, su producción viene siendo inferior al millón de barriles diarios, luego de un persistente declive que comenzó a inicios de la década pasada y que se consolidó luego de que Estados Unidos bloqueara las exportaciones de [la empresa estatal] PDVSA [Petróleos de Venezuela] en 2019”, indicó.
El economista consideró que el volumen actual representa aproximadamente una tercera parte de la producción que solía tener Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013). “Lo que es todavía más relevante es que el mercado no descuenta que pueda recomponerse en el corto plazo, debido a que en los últimos años ha ocurrido un deterioro significativo de la infraestructura petrolera del país. Algunos analistas han planteado que ese proceso de recuperación podría tardar incluso algunos años, lo que explica que los precios de las diferentes variedades de crudo en estos días posteriores a la captura de Maduro no hayan caído”, añadió.
Los obstáculos
Mientras tanto, Chávez explicó que, con el ataque, Estados Unidos ha tomado posesión de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano. Asimismo, sostuvo que el crudo del país sudamericano puede interesar a las refinerías de la costa del golfo de Estados Unidos, que están “especialmente” equipadas para procesar crudo pesado como el de Venezuela. “Son la mayoría de las refinerías estadounidenses, que se encuentran en estados controlados por los republicanos [Texas y Luisiana], donde son importantes fuentes de empleo. El sector de la refinación genera aproximadamente 600.000 empleos directos y más de 1,6 millones indirectos”, añadió.
Sin embargo, el experto explicó que, para volver a procesar crudo venezolano, las refinerías necesitarían una “inversión significativa”, además de asegurar la regularidad de los suministros y renegociar los contratos. “El petróleo venezolano es caro de extraer y refinar. Cuesta entre 45 y 60 dólares por barril sólo extraerlo del suelo, diluirlo y transportarlo a puerto. Esto es mucho más caro que el crudo de otros países”, añadió.
Asimismo, argumentó que las compañías petroleras no invertirán miles de millones en Venezuela a menos que tengan la seguridad de obtener “ganancias decentes”. “El sector petrolero necesita 183.000 millones de dólares en inversiones durante los próximos 15 años sólo para recuperar los niveles de producción de principios de la década del 2000, que estaba situado en alrededor de tres millones de barriles por día”, dijo.
El especialista sostuvo que las grandes petroleras se muestran reticentes porque fueron confiscadas por Venezuela en 2007 y “nunca lo olvidaron”. “Exigen garantías férreas del gobierno estadounidense antes de invertir: protección financiera, seguridad, eliminación de sanciones y buenas condiciones contractuales”, añadió.
“Las grandes petroleras prefieren invertir en proyectos más económicos y fáciles: petróleo de esquisto estadounidense, perforaciones en alta mar o yacimientos en Medio Oriente. Se centran en obtener retornos rápidos y en la satisfacción de los accionistas, no en proyectos costosos y arriesgados a largo plazo en países políticamente inestables”, añadió. El economista estimó que es “casi seguro” que China buscará “desafiar el control estadounidense del petróleo venezolano por medios diplomáticos y legales, [...] lo que hace incierta la viabilidad a largo plazo del plan”.
Sin impacto relevante
Desde Balanz, Landeira consideró que un gobierno venezolano “más amigable” con los intereses de Estados Unidos podría generar inversiones en el sector petrolero y aumentar la oferta global de crudo. “Sin embargo, la maduración de las inversiones en el sector puede tomar tiempo. Por lo tanto, el impacto de corto plazo en el precio del petróleo podría ser de magnitud acotada. En la actualidad, Venezuela produce cerca del 1% de la oferta global de petróleo y es uno de los países con menor producción dentro de la OPEP”. “Por lo tanto, no creemos que el evento vaya a tener un impacto de magnitud relevante en el mercado de cambios doméstico”, agregó.
“Tensiones geopolíticas”
Las acciones de Estados Unidos probablemente constituyen una forma de limitar el acceso chino a recursos estratégicos, dijo Rodríguez. El hecho genera “turbulencias y aumento de las tensiones geopolíticas”, lo que ocasiona una “mayor incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en América Latina, advirtió la experta, quien señaló que lo más probable es que lo que más le interese a Estados Unidos sea el Caribe.
“El hecho genera una mayor incertidumbre a nivel global, lo que no representa un factor positivo en cuanto a un impulso del crecimiento [...] Pero eso no va a disparar la inflación en Uruguay. [...] Yo no veo un riesgo inminente en el corto plazo en esas variables”, afirmó. En este marco de turbulencia y tensiones, la economista hizo referencia al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que se “ve con buenos ojos”, pero remarcó que no va a significar un “cambio positivo” en el crecimiento de forma inmediata.
Dólar
En cuanto a la moneda de Estados Unidos, Rodríguez estimó que no hay factores relevantes que indiquen un fortalecimiento del dólar como moneda hegemónica, y consideró que es probable que prosiga su debilitamiento.
Por un lado, según las proyecciones de diciembre elaboradas por el Comité Federal de Mercado Abierto (Federal Open Market Committee), que influyen en la determinación de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED), el crecimiento del producto fue ajustado al alza unas décimas –de 1,8% a 2,3%–, la estimación de la tasa de desempleo se mantiene y la inflación bajaría dos décimas, pasando de 2,6% a 2,4%; por lo tanto, hay pequeños “cambios positivos” desde esta perspectiva, sostuvo Rodríguez.
No obstante, por otro lado, “hay un componente importante que de alguna manera estaba cuestionando el fortalecimiento del dólar, que tiene que ver con el deterioro institucional y la pulseada sobre la independencia de la FED. Eso sigue estando y hace unos días el presidente de la Reserva Federal recibió una citación judicial por una acusación penal, lo que es visto como un nuevo ataque de la administración Trump a la independencia de la institución”.
Por otra parte, la experta señaló que las “tensiones geopolíticas” están provocando “ciertas inestabilidades”. “Todos estos factores, que son los que apuntan a explicar el debilitamiento del dólar, no tendrían modificaciones sustanciales de mejora como para pensar que [la moneda] se podría fortalecer. Esta incursión de Estados Unidos en Venezuela, sus amenazas a Groenlandia, ahora el intercambio con Irán, todo iría también a aumentar las tensiones geopolíticas que, de alguna manera, no van tampoco en la línea de un fortalecimiento del dólar”, finalizó.