El dato

En diciembre de 2025, más de la mitad (54%) de los créditos otorgados por el sistema bancario a agentes residentes (hogares o empresas) fueron en moneda nacional, un máximo histórico que duplica los umbrales vigentes 20 años atrás.

El contexto

La economía uruguaya se caracteriza por una dolarización subjetiva o cultural, dado que el dólar no es solo la moneda predilecta por la población a la hora de ahorrar, sino que también opera como referencia para definir el valor de las cosas una vez superado cierto umbral de precios; las cosas chicas las pensamos en pesos, pero las grandes ya se convierten automáticamente a la moneda estadounidense; ejemplos típicos son los electrodomésticos, los vehículos y, por supuesto, las viviendas.

Esta preferencia por el dólar tiene su origen en los elevados niveles de inflación que el país experimentó entre la década de los 60 y mediados de los 90,1 y que generaron una profunda desconfianza sobre las capacidades del peso uruguayo para cumplir con sus funciones. Bajo esas condiciones, el dólar ganó terreno como alternativa, especialmente para los ahorros, dado que su poder de compra se mantenía en el tiempo (en contraste con lo que sucedía con el peso uruguayo).

Sin embargo, a la luz de las lecciones que dejó la crisis de 2002, el Banco Central del Uruguay (BCU) implementó normas que obligan a conceder créditos hipotecarios en moneda nacional (pesos nominales o unidades indexadas a la inflación) a quienes cobran sus ingresos en esa moneda, con el objetivo de reducir el riesgo de impago ante fuertes oscilaciones cambiarias (es decir, evitando un descalce riesgoso entre monedas). Esa medida contribuyó a incrementar el crecimiento del crédito en moneda nacional, dados los importantes volúmenes asociados a los créditos hipotecarios.

Más recientemente, esto se vio reforzado por los avances alcanzados en el frente inflacionario, con guarismos que cayeron desde el 8% interanual al 3,5% actual. También contribuyó, en ese sentido, la depreciación global del dólar, que impactó significativamente sobre el poder de compra de esa moneda entre quienes la utilizan para ahorrar. Se trata, en definitiva, de factores que han contribuido a incrementar la confianza y la demanda por la moneda nacional, volviéndola comparativamente más atractiva.

De esta forma, al igual que los créditos, los depósitos en moneda nacional también han venido creciendo durante las últimas décadas como porcentaje de los depósitos totales dentro del sistema bancario, llegando a representar actualmente cerca de un tercio del total. En efecto, los niveles actuales más que duplican los que estaban vigentes previo al estallido de la crisis en 2002. Igualmente, los datos también sugieren que todavía resta un largo camino por recorrer para convertirse en la moneda principal de los depósitos en Uruguay.

Foto del artículo 'Gráfico de la semana | El avance de la pesificación en Uruguay'

Las implicancias

El uso más intensivo y la mayor confianza en el peso uruguayo tienen como principal beneficio una mayor demanda de esta moneda, lo que fortalece la política monetaria del BCU, que, obviamente, no emite dólares y, por lo tanto, no tiene el mismo alcance con sus instrumentos respecto de una parte importante de lo que circula en la economía.

Entre otros beneficios, esto reduce los costos asociados al cumplimiento de la meta inflacionaria (un tema muy presente en el debate actual), brindando mayor previsibilidad sobre el ritmo de incremento del costo de vida y protegiendo el poder de compra de quienes ganan y ahorran en pesos. En ese sentido, la mayor participación que hoy tiene la moneda nacional en los créditos bancarios y en los depósitos de los agentes representa una buena noticia.

Con este punto de partida, desde que asumió el nuevo presidente del BCU, Guillermo Tolosa, ha sido enfático sobre su intención de intensificar los esfuerzos para reducir la dolarización y reposicionar al peso como la mejor alternativa para los uruguayos. Estos esfuerzos se traducirían en medidas concretas de diversa naturaleza, que pasan por remunerar mejor los ahorros en pesos de las cuentas bancarias y advertir sobre los eventuales perjuicios que puede generar ahorrar en dólares, un fenómeno que ha quedado de relieve durante los últimos años a raíz de la debilidad global del dólar.

En la misma línea, y también a raíz de los impactos que ha generado la caída del tipo de cambio, Tolosa ha señalado la importancia de avanzar también hacia una desdolarización de los precios de la vivienda, en línea con los planteos de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay.

En un contexto de debilidad generalizada del dólar, la dolarización característica del mercado inmobiliario genera dificultades de rentabilidad, en tanto caen los ingresos (dólares) y se incrementan los costos (en pesos). Además, la denominación de los inmuebles en esa moneda altera la percepción de las personas, incentivándolas a ahorrar en dólares cuando los préstamos hipotecarios y los costos de construcción de las viviendas son en moneda nacional. Algo similar sucede con los importadores, que también piensan esencialmente en moneda extranjera (compran y venden), sin tener en cuenta que eso los expone a otros riesgos que pueden conspirar contra sus negocios (principalmente el riesgo asociado a una caída de la demanda).

Igualmente, como han advertido algunos analistas durante los últimos meses, esta estrategia no está exenta de riesgos, en particular bajo las condiciones macroeconómicas actuales. Por ejemplo, el economista Isaac Alfie señaló recientemente que “desdolarizar rápido y no pagar un insoportable costo en materia de actividad requiere, por un prolongado período, la reducción del gasto público e idealmente superávit fiscal, o al menos un sólido superávit primario que genere los pesos para que el gobierno central sea comprador de divisas y con ella pague al menos los intereses en moneda extranjera”.2 Por eso, en su visión, “la situación actual dista mucho de las condiciones necesarias para llevar adelante una política activa en ese sentido”.

Joaquín Pascal, Centro de Estudios Etcétera.


  1. El pecado original y la necesidad de la regla fiscal en Uruguay, la diaria

  2. “Sin condiciones macroeconómicas para desdolarizar”, El País