Un espacio para armar y desarmar

El propósito de este ciclo de reflexiones, que se inaugura con esta primera entrega introductoria, es analizar, desde el enfoque de sistemas complejos, la situación actual de la humanidad. Nada más, ni nada menos. Obviamente, más allá de esta pretenciosa presentación, que es más jocosa que precisa, de ninguna manera pretendo desplegar a través de estas entregas una visión realmente válida o verdadera de la tremenda complejidad que reviste la problemática en cuestión, algo que sería imposible.

Tengo, apenas, el deseo y la intención de aportar algunos insumos para la comprensión de un mundo donde, como decía Eduardo Galeano, vale más el velorio que el muerto. Un mundo dividido en ricos muy ricos y pobres muy pobres; un mundo en el que se cumplen los objetivos del sistema económico a costa de enriquecimientos furiosos, elevados costos ambientales y deterioro de la calidad de vida de las personas; un mundo que puede terminar mal (o terminar a secas) si no se revierten las tendencias actuales y donde escasean propuestas que sean capaces de encaminar las cosas hacia una vida más vivible o disfrutable.

En este espacio de reflexión no encontrará verdades liberales ni marxistas; mucho menos neofascistas, como las que últimamente parecen brotar de todos lados. Podrá encontrar, en cambio, diversas opiniones concebidas desde múltiples enfoques, desde el enfoque de sistemas que aplica al mundo natural y al construido, pasando por enfoques marxistas para recorrer algunas etapas de la evolución del capitalismo, hasta llegar, por supuesto, a enfoques críticos sobre la evolución reciente del sistema mundial.

También podrán aparecer referencias a experiencias vividas por quien escribe; no sin sentido ni criterio, obviamente, sino experiencias que condujeron a observar y analizar ámbitos más generales con el fin de aportar, en la medida de lo posible, reflexiones disjuntas y conjuntas sobre el tema que nos convoca. Y, por qué no, en algunos casos –raros, por cierto– incluso propuestas.

Pero, como principio tienen las cosas, para llegar a ese lugar lo primero es tratar de comprender qué es lo que nos ha traído hasta acá, cuál ha sido el devenir de los acontecimientos que condujo a la humanidad a este cruce de caminos en el que se encuentra actualmente. Este es, en definitiva, el propósito de esta tarea que será secuenciada en entregas mensuales dentro de este suplemento, tarea que expresa y sintetiza muchos años de trabajo, reflexión y esfuerzo en aras de ese noble y esquivo propósito. 

En este mundo de certezas y verdades absolutas, este espacio no pretende más que problematizar, controvertir y refutar ideas y aproximaciones para contribuir a la imprescindible reflexión social que demanda el estado actual de la situación.

Hace mucho mucho tiempo...

En los inicios de su existencia, el hombre vivía de lo que encontraba en la naturaleza. Miles y miles de años atrás, comenzaba a transitar su etapa como recolector y cazador. No sería hasta la llamada revolución agrícola que comenzaría a producir su alimento y otras cosas, “domesticando” gradualmente a la naturaleza. Esto le permitió ir desprendiéndose poco a poco de su dependencia de los ciclos naturales, e inauguró una nueva forma de relación entre la naturaleza y la novel “sociedad” humana que empezaba a conformarse; una relación que iría, lentamente, caracterizándose por un creciente grado de incidencia de la segunda sobre la primera.

Nuestro análisis referirá, en sus primeros compases, y de forma muy escueta, a esta fase de producción para concentrarse, posteriormente, en la etapa capitalista que se iniciaría muchísimo tiempo después. Siguiendo este rumbo, un primer conjunto de artículos describirá la visión del ecosistema, como lo entendemos en este trabajo, y la actividad de producción en el marco del capitalismo.

Y aquí, sin que ello signifique que sea correcto, radica una novedad del enfoque que atraviesa este ciclo de aportes. Como siempre sucede, la distribución de lo producido se inicia con la misma producción; es decir, la forma en que cada actor cumple con determinada función define aproximadamente cómo se distribuye la riqueza creada durante ese proceso. Luego, esta distribución se modifica en función de políticas que no expresan ni suponen necesariamente la satisfacción de mínimos niveles de ingresos, dado que dependen del mundo de la política, que es el mundo del poder, del poder real que tiene su base económica y su expresión política.

Finalmente, aspiro a que podamos encauzar nuestro análisis hacia la comprensión de los aspectos novedosos asociados a la innovación vertiginosa y a la irrupción de la inteligencia artificial, con su consecuente impacto sobre las creencias y decisiones ciudadanas.

Ernesto González Posse, licenciado en Economía por la Universidad de la República (1974) y magíster en Economía por la Vanderbilt University de Nashville, Tennessee (1978). Fue docente en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (Udelar) y en la Universidad Católica del Uruguay, desempeñándose también como consultor para diversos organismos nacionales e internacionales, como el BID, Intal, Aladi, el Banco Mundial y la OEA.