Como antes lo hicieron Londres y París, ahora Pekín, Moscú y Ankara refuerzan sus ambiciones mediáticas desde Dakar hasta Johannesburgo. En paralelo a la penetración de las series televisivas y las agencias de noticias, aumentan las representaciones diplomáticas y se multiplican los montos de los intercambios comerciales.

Estambul, 25 de mayo. Decenas de diplomáticos y de periodistas, procedentes de 45 Estados, participan en la Primera Cumbre Turquía-África dedicada a los medios de comunicación. El objetivo declarado es el de “reforzar la imagen de las dos partes y su cooperación bilateral”. En esta ocasión, Fahrettin Altun, el director de Comunicación de la presidencia turca, lamenta que su país figure entre aquellos que “sufren mayor difamación y campañas engañosas”. Con el fin de remediarlo, anuncia la creación, “lo antes posible”, de una “plataforma digital” destinada al África francófona. Se trataría de un sitio de internet vinculado a la empresa pública Radio Televisión de Turquía (TRT).

Ankara piensa reforzar así su presencia mediática en África, donde la agencia de prensa Anadolu dispone ya de oficinas regionales en Adís Abeba (Etiopía) y en Abuja (Nigeria), así como de corresponsales en Kenia. Su expansión en el continente debería seguir con la anunciada apertura (sin precisión de fecha) de oficinas en Jartum (Sudán), Mogadiscio (Somalia) y Johannesburgo (Sudáfrica). Además, la TRT, que propone programas en hausa y en suajili desde 2014, debería extender su oferta aún más bajo la marca “TRT Afrika”. Medios privados de comunicación turcos también están activos en el continente africano con el apoyo del poder. Así, desde 2017, Natural TV, una cadena de televisión, emite a través de satélites programas de entretenimiento y series de televisión, estas últimas particularmente populares, en 17 países del África subsahariana, entre ellos Benín, Burkina Faso, Senegal, Nigeria y Ghana.

Este crecimiento coincide con la intensificación de las relaciones económicas y políticas entre Turquía y el continente africano. En 20 años, los intercambios comerciales anuales se multiplicaron por cinco. Turkish Airlines ahora presta servicio a 62 aeropuertos en el continente, más que cualquier otra compañía extranjera. El país se convirtió en un socio privilegiado en la venta de equipamiento militar y en la industria de la construcción. Turquía dispone actualmente de 43 embajadas en el continente, contra 12 que tenía en 2000; su Agencia de Cooperación actúa en 22 países. En el transcurso de las dos últimas décadas, señala el politólogo Jean Marcou, Turquía “se convirtió en un socio ineludible de numerosos países del continente, al punto de inquietar a otras potencias como Francia”.1

En efecto, al igual que Pekín o Moscú, Ankara despliega una estrategia de comunicación destinada a sumar puntos en “un contexto de intensificación de las rivalidades que involucran a potencias establecidas y a potencias emergentes”, como explica John Calabrese, investigador del Middle East Institute, un grupo de reflexión estadounidense, quien precisa que “los esfuerzos turcos de conquista de mercados, de proyección de influencia y de aumento del estatus y del prestigio nacional en África son el ejemplo de ese contexto competitivo”.2 Al hacerlo, el gobierno de Recep Tayyip Erdogan recurre a herramientas clásicas de política exterior. En efecto, los medios de comunicación (radio, televisión y agencias de prensa) ocupan un lugar central en el arsenal utilizado por las potencias para defender sus intereses económicos o políticos en el mundo.

“Según los períodos y las técnicas elaboradas –señala el politólogo Philippe Boulanger–, los Estados siempre se sirvieron de los medios de comunicación para afirmarse [...] en las rivalidades de poder internacionales, sean estas políticas, económicas o culturales. Los medios de comunicación son instrumentos al servicio de sus objetivos cuyo primer fin es orientar la opinión pública de los países extranjeros a su favor. En los regímenes autoritarios, la relación medios de comunicación-poder sigue una misma línea política. En los regímenes democráticos, parece más sutil”.3 Financiados en general por fondos públicos, juegan un rol destacado en las estrategias conocidas como soft power [poder blando] y “se han convertido en soportes políticos de influencia de los Estados a lo largo de todo el siglo XX, así como en una estrategia de atracción en la escena internacional. Desde los años 2000, esta tendencia [...] se reforzó con el fin de visibilizar una posición de potencia” adquirida o en ciernes, explica también Boulanger.

Esta batalla mediática es el corolario de una verdadera estampida internacional hacia el continente, la tercera de su tipo en la historia –la primera tuvo lugar entre 1880 y 1914, cuando la porción de los territorios colonizados pasó del 10 al 90 por ciento del territorio; la segunda corresponde a la Guerra Fría, cuando los dos bloques obligaron a los países a elegir su bando–, y tal vez la más destacada por el lugar central que juegan en ella los países emergentes. Entre 2010 y 2016, más de 320 embajadas de países extracontinentales abrieron en África; un crecimiento jamás registrado en ningún otro lugar del mundo. Entre 2003 y 2018 (año, este último, de la elección de Jair Bolsonaro como presidente), Brasil abrió representaciones en 29 capitales, la mayoría al sur del Sahara. Las cartas comerciales también se volvieron a barajar, India sustituyó a Francia en el trío a la cabeza de los socios del continente en 2018, junto con China y Estados Unidos.4 En el plano militar, de un tiempo a esta parte, China celebró acuerdos con 45 países del continente y Rusia con 19 desde 2014.

Los pioneros chinos

Erdoğan realizó 58 viajes a 32 capitales africanas desde 2003. Con la movilización de su presidente, Ankara sigue los pasos de Pekín. En efecto, la estrategia china de influencia mediática en África –que ha sido una fuente permanente de ansiedad, en particular para los medios de comunicación y los laboratorios de investigación estadounidenses5– lleva la impronta de una decisión política al más alto nivel desde los primeros viajes del presidente Hu Jintao hace 20 años. En 2016, su sucesor, Xi Jinping, mencionaba, con especial énfasis, la necesidad de su país de “crear gigantes de la comunicación que dispongan de una influencia internacional con el fin de presentar mejor a China al resto del mundo”.6 Los medios de comunicación chinos comenzaron a instalarse en África a finales de los años 1950 con el lanzamiento de Radio Pekín (primero en Egipto en 1956, y luego en Ghana en 1958), que proponía una línea editorial indulgente hacia los movimientos de descolonización. Se hizo más discreta a partir de 1966 y del lanzamiento de la Revolución Cultural en China, y durante toda la Guerra Fría, antes de vivir una aceleración poco después de la celebración, en 2006, del “año de África” por parte de Pekín.

Radio China Internacional (RCI), que sucedió a Radio Pekín, lanzó entonces su primera estación de banda FM en Nairobi, Kenia, y comenzó a emitir programas en mandarín, en inglés y en suajili (una lengua que cuenta con alrededor de 200 millones de hablantes en la región de los Grandes Lagos). El Imperio del Centro apunta ahora al Sahel. “La instalación de repetidoras en frecuencia modulada de RCI en Senegal, Mauritania y Níger es el resultado de un proyecto a largo plazo del poder chino, cuyo objetivo declarado es el de 'reforzar la competitividad en lo internacional y el poder de influencia de la cultura china' y mejorar el soft power del país”, analiza la investigadora Selma Mihoubi.7

A su lado, la agencia de prensa oficial Xinhua cuenta con 31 oficinas en el continente, siete más que en 2010. Desplazó hacia Nairobi a su personal respectivo, hasta entonces instalado en París. En 2012, el canal público China Central Television (CCTV), convertido en China Global Television Network (CGTN), se instaló en la capital de Kenia, en el momento en que China Daily, el periódico chino en lengua inglesa más difundido, eligió domicilio en Johannesburgo, Sudáfrica.8

Las colaboraciones entre las emisoras chinas y los medios de comunicación africanos pasan principalmente por la agencia Xinhua –cuyos contenidos son retomados por decenas de medios de comunicación del continente– y por la CGTN, cuyos programas son emitidos por las televisiones públicas en Kenia, Liberia o Sudáfrica. Constituyen lo que los funcionarios en Pekín asimilan al “préstamo de un barco para llegar al mar”. Esta imagen, atribuida a Wang Gengnian, director de RCI, nos hace pensar en cierto pragmatismo, y hasta oportunismo, por parte de Pekín, que confía en los operadores locales para maximizar la difusión de contenidos puestos a disposición de modo gratuito.

“Es difícil escapar a la presencia mediática china en África –escribe el universitario Dani Madrid-Morales–. Suba a un minibús en Maputo, la capital de Mozambique, y es probable que note, a lo largo de la ruta, sobre las paredes de los pequeños negocios que venden antenas parabólicas y decodificadores de televisión digital, las etiquetas de StarTimes, una empresa privada de telecomunicaciones china. Los visitantes de la sede de la Unión Africana en Adís Abeba, Etiopía, construida por empresarios chinos y terminada en 2012, notarán sin dudas que las pantallas de televisión en general están sintonizadas en CGTN. Consiga un ejemplar de alguno de los periódicos más leídos de Sudáfrica, desde el Cape Times hasta el Sunday Independent, y hay muchas chances de que lea un artículo escrito por periodistas de Xinhua. Un creciente número de telenovelas chinas son traducidas por actores africanos en China para ser consumidas por un público africano”. Este doblaje permite suprimir el subtitulado tradicional, menos agradable y más difícil de seguir para las poblaciones del continente. “Periodistas, agregados de prensa, técnicos de televisión y otros profesionales de los medios de comunicación –agrega Madrid-Morales– son invitados de forma regular a las universidades, institutos y agencias gubernamentales chinas para sesiones de formación”.9

Como en el caso de Turquía, esta fuerte ofensiva mediática sigue el impresionante auge económico chino en el continente. Entre 2016 y 2020, la suma de las inversiones en capitales provenientes del Imperio del Medio hacia África –del orden de más de 70.000 millones de dólares en cinco años– correspondía al total acumulado de las de los estadounidenses, franceses, ingleses y alemanes en el continente en el mismo período.10

Los desafiantes rusos

Rusia, otro actor mayor de la batalla mediática en África, refuerza su presencia en el continente vía la agencia TASS y las radios y televisiones RT y Sputnik. En Sochi, en 2019, durante la Primera Cumbre Rusia-África, en la cual participaron 43 jefes de Estado del continente, se subrayó la necesidad de combatir el discurso occidental predominante en los medios de comunicación. Fue la oportunidad para Serguei Mikhailov, director de la agencia TASS, de proponer formular “otra visión del mundo y de las cuestiones internacionales” para distinguirse de la de los “medios de comunicación occidentales”.

Esta sugerencia recuerda los argumentos esgrimidos por Jacques Chirac para justificar la creación de France 24 en 2006. El desafío, explicaba en particular el presidente francés, es el de “llevar a todas partes del mundo los valores de Francia y su visión del mundo” y de “difundir” una “mirada francesa sobre los acontecimientos” internacionales. (France Info, 5 de diciembre de 2006). No se trata entonces de proponer otra forma de periodismo, sino de relatar el mundo –a los otros pueblos, entre ellos a los de África– tal como los líderes políticos en Moscú, Ankara, Pekín o París querrían que se les cuente. Se trata, en suma, de estimular la adopción, por parte de las poblaciones a las que se apunta, de una mirada cercana a la del emisor, con fines políticos y económicos. Rusia se focaliza primero en Senegal, Nigeria y Etiopía antes de extenderse hacia Angola, Madagascar, Tanzania y Guinea. Se invita a periodistas a visitar el país de Vladimir Putin para seguir sesiones de formación. Se firman acuerdos de difusión de contenidos rusos por parte de los medios de comunicación africanos, a imagen de aquellos firmados entre Sputnik y las televisiones públicas egipcia, argelina, marroquí, sudafricana y la de la República Democrática del Congo entre 2015 y 2018.

Disponiendo de recursos financieros en comparación menos significativos que China, Rusia se muestra más activa en las redes sociales y parece más eficaz en ese campo que sus rivales. Usa técnicas de manipulación –mentiras, informaciones fuera de contexto, fuentes dudosas y no verificadas, informaciones verdaderas pero sacadas a la luz con la intención manifiesta de hacer daño– a veces puestas en práctica en la publicidad y agudizadas por plataformas tales como Facebook y Twitter, como ha ocurrido en la República Centroafricana (RCA) y en Malí. Moscú logra, a bajo costo, desafiar la dominación mucho tiempo solitaria de los tradicionales medios de comunicación franceses. Toda acción de París es presentada a través del prisma colonial y neocolonial, tal como la operación “Sangaris”, que entre 2013 y 2016 puso fin a las masacres que devastaban a la RCA sin por ello lograr estabilizar el país a largo plazo.11

El relato de una Francia arrogante y motivada por la protección de su patio trasero se propaga, mientras que las acusaciones contra soldados franceses de violaciones vienen a calentar al rojo vivo a poblaciones sumergidas en la miseria y acorraladas en una guerra sin fin. Por su parte, París se hace pleno eco, por todos los medios, de las revelaciones sobre los crímenes cometidos por las milicias Wagner [de origen ruso] reclutadas por el gobierno de la RCA. De los dos lados, ejércitos digitales reunidos detrás de pantallas de computadoras libran una guerra moderna del discurso con cierta ventaja para el Kremlin. En efecto, analiza el think tank estadounidense Africa Center for Strategic Studies, “Rusia es pionera en cuanto a desinformación con el fin de influir en la arena política africana y sus técnicas son ahora imitadas por otros actores”.12

Los tenaces occidentales

Si bien se trata de que un país se autopromocione, el objetivo puede ser también el de debilitar a un competidor denigrándolo o atacándolo de manera más o menos indirecta. En la RCA, las acusaciones que recaen sobre unos y otros son de una gravedad extrema: violaciones cometidas por soldados franceses –respaldadas por investigaciones periodísticas, pero no establecidas por la justicia13–; crímenes masivos (masacres, violaciones, tortura, etcétera) perpetrados por Wagner según varios informes remitidos al secretario general de las Naciones Unidas.14 “El mundo cambió –explicaba así el presidente francés, Emmanuel Macron, en su discurso a los embajadores el 2 de setiembre–, y nuestro país es a menudo atacado. Es atacado en la opinión pública por las redes sociales y las manipulaciones. El continente africano es el mejor laboratorio de ello”, añadiendo que los franceses debían mostrarse “mucho más agresivos, movilizados por este tema”. La guerra de propaganda se aviva desde el inicio de la guerra en Ucrania, período que da lugar a una difusión de discursos antioccidentales orquestada por parte de los rusos. Desde fines de febrero, señalan los investigadores Mary Blankenship y Aloysius Uche Ordu, que trabajan para el think tank especializado Brookings Institution, RT y otros medios de comunicación transmiten y amplifican las acusaciones de racismo contra los europeos, citando y poniendo de manifiesto el caso de estudiantes africanos atascados y abandonados en Ucrania a causa de la guerra.15

Las protestas de los países occidentales parecen un tanto hipócritas en la medida en que estos no rechazan lo que denuncian. Así, desde hace unos diez años, operaciones de influencia discretamente conducidas desde Estados Unidos y Reino Unido apuntaron a Rusia sobre las plataformas Facebook y Twitter. Esas operaciones, señalan los investigadores de la universidad estadounidense de Stanford y de la empresa de servicios Graphika, construyeron y propagaron la imagen de una Rusia y de una China malintencionadas e imperialistas en África.16 Muestran cómo, a fuerza de publicaciones repetitivas e insistentes, decenas de cuentas de Facebook, Instagram y Twitter creadas a tal fin contribuyeron, de manera coordinada y sistemática, a expandir la tesis según la cual el hombre de negocios Yevgueni Prighozin, considerado cercano al Kremlin, estaba a la cabeza de una gran campaña militar rusa en la RCA, en Malí y, en especial, en Siria, ilustrando las así llamadas ambiciones imperiales de Rusia. Al mismo tiempo, esas cuentas ficticias llamaban a resistir a ese proyecto. En paralelo, subrayan también los investigadores, un grupo de cuentas ficticias, de las mismas plataformas, se esforzaban por exagerar, en detrimento de otras informaciones, las críticas dirigidas a las autoridades chinas, en particular en el tratamiento impuesto a las poblaciones del Xinjiang. Además, las antiguas potencias coloniales británica y francesa son pioneras en la influencia mediática, con el respectivo lanzamiento del servicio mundial de la British Broadcasting Corporation (BBC) en 1930 y del Poste Colonial en 1931, que aseguraban la promoción de los efectos positivos de sus imperialismos.

Cuando la Segunda Guerra Mundial obligó a París y a Londres a desplegar de nuevo sus recursos y su atención hacia Europa, fue necesario esperar a los años 1970 para verlos movilizarse otra vez en África. Rebautizada Paris-Mondial y luego Radio France Internationale (RFI) en 1975, la emisora pública francesa amplió su presencia en excolonias, principalmente en el oeste y el centro de África. El servicio mundial de la BBC intensificó por su parte su alcance en África Austral, del Este y del Oeste. Por su parte, Washington promovió la Voz de Estados Unidos, radio creada en 1963 y cuyo nombre tiene el mérito de ser claro. En los tres casos, frente a la competencia únicamente de los medios de comunicación de los Estados –la mayoría de las veces forzados a alinearse con los discursos oficiales–, esas estaciones internacionales abrieron a las poblaciones del continente una ventana al mundo.17 En esa época, la televisión era todavía un lujo inusual e internet no existía.

La apertura democrática de los años 1990 en África permitió a las tres grandes radios internacionales (y a emisoras alemanas y neerlandesas de menor envergadura) extender aún más su presencia. Desde entonces, la BBC, RFI y la Voz de Estados Unidos colonizan las bandas de frecuencia modulada de las ciudades y los pueblos africanos, como lo confirman los estudios de audiencia, que las ubican a la cabeza en numerosas regiones. En las grandes ciudades de siete países francófonos de África –Abiyán, Kinshasa, Uagadugú, Dakar, Bamako, Duala, Yaundé, Libreville y Brazzaville–, RFI es la radio más escuchada por más del 64 por ciento de los altos funcionarios y dirigentes. France 24 es el primer canal internacional en África francófona y uno de los canales más vistos por el conjunto de la población de esos países.18 En los pasillos de RFI, los jefes de redacción repiten a los jóvenes presentadores de los noticieros que deben imaginarse que se dirigen a “la señora Ouédraogo, comerciante imaginaria en el mercado de Uagadugú”, la capital de Burkina Faso.

Respaldada desde 2006 por France 24 y Canal Plus, RFI y los medios internacionales de comunicación franceses –actualmente reunidos en el seno de France Médias Monde (FMM)– ocupan un lugar especial en el espacio audiovisual africano. RFI se mantiene también entre las cinco radios más escuchadas cada día en las capitales del África francófona. El 86,6 por ciento de los habitantes declaran conocerla y el 39,5 por ciento la escuchan cada semana. Es significativo que los candidatos a las elecciones en los países francófonos prefieren aparecer en esos canales más que en los locales. La cobertura de los acontecimientos deportivos más convocantes (Copa Mundial de Fútbol, Juegos Olímpicos, Copa Africana de Naciones) en los países francófonos está garantizada por los medios internacionales de comunicación franceses, procurándoles una visibilidad y una potencial influencia sin igual.

Sin duda preocupadas por no ser aventajadas por sus nuevos competidores, en particular por los chinos, la BBC y RFI proponen programas en lenguas locales africanas. En 2010, RFI lanzó sus programas en suajili para África Central y del Este. En 2015 lanzó una programación en lengua mandinga para Malí, Burkina Faso, Guinea, Senegal e incluso Liberia y Sierra Leona. En el mismo período, la BBC desplazó su redacción africana en francés de Londres a Dakar y emitió también en pidgin desde Lagos hasta Nigeria.

La ambición mediática de Pekín, París, Moscú o Londres parece seguir, extender y servir al proyecto político y los intereses económicos de los gobiernos, como confesó con cierta candidez el presidente Macron, provocando los gritos y las protestas de ciertos periodistas.19 “Debemos [...] trabajar con aliados, socios de Francia en la opinión pública –afirmaba el jefe de Estado francés a los embajadores reunidos en París el 2 de setiembre–. No sólo para obstaculizar evidentemente las falsas informaciones, sino para poder frenarlas de una manera muy clara, lo más rápido posible, y elevar la valorización de nuestras propias acciones. Al respecto, debemos usar mucho mejor la red France Médias Monde, que es absolutamente clave y que debe ser una fuerza para nosotros”.

No obstante, en un entorno mediático africano intenso por la explosión de las redes sociales, las inversiones con vistas a influenciar a las poblaciones no siempre obtienen los resultados esperados. La imagen de China en África es mucho menos plana de lo que los estrategas en Pekín probablemente desean, mientras que el sentimiento “antifrancés” parece más agresivo en el Sahel, a pesar de la omnipresencia de RFI en los hogares africanos.20

André-Michel Essoungou, ensayista, excorresponsal en América del Norte y en África de Radio France Internationale (RFI) y de la British Broadcasting Corporation (BBC). Traducción: Micaela Houston.


  1. Jean Marcou, “La Turquie : une nouvelle puissance africaine”, Orient XXI, 18-1-2022. 

  2. John Calabrese, “Building in Africa: Turkey’s ‘third way’ in China’s shadow”, Middle East Institute, Washington DC, 11-10-2022. 

  3. Philippe Boulanger, Géopolitique des médias: acteurs, rivalités et conflits, Armand Colin, París, 2014. 

  4. “The new scramble for Africa”, The Economist, Londres, 7-3-2019. 

  5. Véase “What is the influence of Chinese media in West Africa?”, Council on Foreign Relations, Washington DC, 14-9-2021; “China ramps up efforts to control media narratives in Africa”, Africa Defense Forum, 18-1-2022. 

  6. “China’s Xi urges state media to boost global influence”, Reuters, 19-2-2016. 

  7. Selma Mihoubi, “La stratégie d’implantation de Radio Chine Internationale (RCI) en Afrique sahélienne”, Revue Noroix, N° 252, Presses universitaires de Rennes, 2019. 

  8. Pierre Luther, “La ofensiva de la agencia Xinhua”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2011. 

  9. Dani Madrid-Morales, “Sino-african Media Cooperation: An Overview of a Longstanding Asymmetric Relationship”, en It is about their story: How China, Turkey, and Russia influence the media in Africa, Konrad Adenauer Stiftung, Berlín, 2021. 

  10. EY Attractiveness report Africa, Johannesburgo, 22-11-2021. 

  11. “More-troll Kombat, French and Russian influence operations go head to head targeting audiences in Africa”, Graphika and Stanford Internet Observatory, 15-12-2020. 

  12. Africa Center for Strategic Studies, “Mapping disinformation in Africa”, Washington DC, 26-4-2022. 

  13. Véase Justine Brabant y Leila Minano, “Les exactions impunies de l’opération Sangaris”, Médiapart, París, 3-1-2017. 

  14. Véase, por ejemplo, “Abus commis par les forces liées à Russie”, informe de Human Rights Watch, 3-5-2022. 

  15. Mary Blankenship y Aloysius Uche Ordu, “Russia’s narratives about its invasion of Ukraine are lingering in Africa”, The Brookings Institution, Washington DC, 27-6-2022. 

  16. “Unheard Voice: Evaluating five years of pro-Western covert influence operations”, Graphika and Stanford Internet Observatory, 24-8-2022. 

  17. André-Michel Essoungou y Fanny Pigeaud, “Les voix de la Françafrique”, Le Monde diplomatique, París, setiembre de 2022. 

  18. “RFI et France 24 suivies par plus de 60 por ciento de la population en Afrique francophone”, La lettre Pro de la radio, 19-9-22; y también “BBC news in Africa increases reach to 132 million people a week”, 23-7-2020, https://advanced-television.com 

  19. “Non, M. Macron, FMM n’est pas le porte-voix de l’Élysée. Nous ne céderons jamais une once de notre indépendance”, Afrique TV, 3-9-2022. 

  20. “How popular is China in Africa”, The Conversation, 17-11-20; y Fanny Pigeaud, “El veredicto de la historia”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2020.