La larga ruta que conecta la ciudad saudita de Tabuk con el mar Rojo está desierta. Vastas extensiones áridas se van transformando poco a poco en formaciones rocosas. Las granjas de los beduinos se extienden a lo largo de estepas dispersas, donde sólo unas pocas matas de pasto resisten el calor. Bajo un sol aplastante, las manadas de dromedarios siguen a los camelleros, que marchan con la cabeza y el rostro protegidos por una kefiya. Por mucho tiempo, la supervivencia dependió de la ganadería nómada y de la explotación de recursos marinos. Los beduinos recorrían el desierto buscando fuentes de agua. Al día de hoy, se están asentando de forma lenta en las pequeñas ciudades, pero los proyectos faraónicos del reino les ocasionan nuevos contratiempos. Justamente, esta región del noroeste de Arabia Saudita es el núcleo de la transformación económica y urbana que está impulsando el príncipe heredero de 40 años, Mohammed bin Salmán, conocido como MBS, hijo del rey Salmán bin Abdulaziz Al Saud. Una nueva zona de desarrollo bautizada Neom se extiende desde el golfo de Áqaba hasta las montañas del interior, a lo largo de 26.500 km², es decir, un área del tamaño de Bélgica. El nombre, convertido en marca registrada, quiere significar “nuevo futuro”: un pleonasmo formado por el prefijo griego neo- y la primera letra de la palabra mustaqbal, que significa “futuro” en árabe.
Megatodo
En este lugar, el reino tiene la ambición de construir una megalópolis ultratecnológica dentro de un complejo urbano que aspira a superar, en términos de innovación, a otras “ciudades inteligentes” de arquitectura futurista, como Songdo en Corea del Sur o Woven City en Japón. Aeropuertos, embarcaderos turísticos, hoteles de lujo, trenes de alta velocidad, torres de vidrio y de acero para albergar empresas y centros de negocios, plataformas logísticas y canales marítimos: nada puede faltar.
Por ahora, el paisaje sigue siendo estéril; las excavadoras perforan la tierra y camiones pesados van y vienen levantando nubes de polvo. “Más de 2.500 camiones circulan por acá día y noche”, explica un empleado egipcio1 de Neom, ante lo que parece ser uno de los sitios de construcción más grandes del mundo. En la actualidad hay unos 140.000 trabajadores en la zona. Estamos en el asentamiento NC1, el más grande de Neom. Es un enclave donde trabajan alrededor de 5.000 personas provenientes de todos los rincones del planeta. Brasil, Estados Unidos, España, Italia, India, Pakistán, Sri Lanka… En cuanto a la población local, las autoridades la invitaron a retirarse. “Arrasaron con los pueblos beduinos para construir este asentamiento”, confirma un empleado europeo. Según las cifras oficiales, desplazaron a unos 6.000 miembros de la tribu howeitat, que llevan siglos instalados en la región. “En 2020, cuando se anunció Neom, los habitantes locales se negaron a irse de sus casas. Para la mayoría de los sauditas, el proyecto no era una prioridad”, explica Lina Al Hathloul, militante saudita de derechos humanos exiliada en Bruselas. Los que se negaron a irse a cambio de una indemnización fueron arrestados, algunos condenados a prisión o a pena de muerte. Abdul Rahim Al Huwaiti, un aldeano que denunció públicamente los desalojos, murió a manos de la policía. Un exoficial de inteligencia, el coronel Rabih Alenezi, reveló que el Ministerio del Interior había ordenado desalojar a la fuerza y eliminar toda resistencia.2 Violencia que recuerda a la pentalogía de novelas Ciudades de sal (La otra orilla/Norma) del gran escritor saudita Abderrahmán Munif, que describe las transformaciones que provocaron los primeros pozos petroleros en la sociedad beduina, a mediados del siglo XX.
Visto desde afuera, NC1 se parece a una base militar rodeada de alambre de púas. Los controles de acceso son estrictos: hay guardias, sistemas de reconocimiento facial y varios niveles de seguridad para regular las idas y venidas. En la entrada, el eslogan “I love NEOM” y el logo del proyecto hacen pensar en una multinacional de Silicon Valley. Un cartel publicitario proclama: “La juventud saudita encarna el espíritu de NEOM, que nos brinda un espacio físico”. En el interior, el decorado recuerda al universo distópico de la película The Truman Show, con casetas en fila equipadas de paneles solares y pequeños jardines bien regados. Las cámaras omnipresentes garantizan una vigilancia constante. NC1 alberga principalmente a los ejecutivos, con comedores que sirven platos internacionales, gimnasios y piscinas al aire libre. Los empleados tienen una rutina estricta: oficina, comedor, gimnasio, dormitorio. Las oficinas, algunas sin ventanas, están climatizadas: una necesidad, considerando que afuera el calor puede llegar a 50°C entre junio y setiembre. “Acá, el dinero fluye a raudales, sin control”, confiesa un empleado cuando alguien le señala que cada edificio tiene su propio generador eléctrico. En las inmediaciones del asentamiento, se alzan viviendas para alojar a los que van llegando. A media hora de ruta, un nuevo aeropuerto (el primero en funcionamiento de los cuatro que están previstos) conecta la zona con Dubái, Doha y Londres.
Detrás de esta fachada de alta tecnología, los empleados de Neom hablan de una cultura empresarial opresiva, marcada por la presión constante y condiciones de trabajo difíciles. No dudan en expresar sus dudas sobre la viabilidad del proyecto. “Vivimos en una jaula dorada”, reconoce un europeo. “Pero cuando llega el salario, se esfuma la depresión”. Los ejecutivos suelen ganar varias decenas de miles de euros por mes, pero para los directivos la remuneración puede llegar a 1,1 millón de dólares por año libres de impuestos.3 “Acá todos los grandes jefes basan su carrera en mentiras. Se dicen: “Está bien, voy a ganar 50 millones en dos años, me la aguanto y después me largo”, confiesa un empleado.
El proyecto Neom, cuyo costo inicial se estima en 500.000 millones de dólares, forma parte de la Visión 2030, un plan de reformas muy ambicioso que inició MBS en 2016 para emprender la transición energética, reducir la dependencia del petróleo y romper con la imagen ultraconservadora del país. En 2024, las exportaciones petroleras de Arabia Saudita ascendían a unos 217.000 millones de dólares, es decir, un 90 por ciento de los ingresos de exportación, un 80 por ciento de los ingresos presupuestarios y un 40 por ciento del producto interior bruto (PIB). El objetivo declarado del príncipe heredero es que para 2030 esta cifra se reduzca al 10 por ciento del PIB. Para lograrlo, el reino aspira a aumentar sus ingresos no petroleros a 265.000 millones de dólares para esa fecha. “Tenemos un espacio vacío y queremos albergar ahí a 10 millones de personas”, declaraba MBS durante una campaña promocional en 2017.4
De todos los proyectos espectaculares de Neom, The Line (La Línea) es el que más dio de qué hablar. Esta ciudad lineal de 170 kilómetros de largo debía emerger de la arena y atravesar el desierto de este a oeste, como una grieta en mitad de la inmensa superficie árida. El proyecto –con un presupuesto de 200.000 millones de dólares– establecía que la ciudad fuera construida entre dos muros de 500 metros de alto (es decir, 170 metros más que la Torre Eiffel), a 200 metros de distancia el uno del otro, con fachadas de espejo que reflejaran el cielo y el océano de arena. En su interior, un tren de alta velocidad iba a permitir recorrerla de punta a punta en 20 minutos. The Line –34 kilómetros cuadrados de desierto transformado– estaba destinada a ser una “ciudad global” de nueve millones de habitantes. A modo de comparación, París intramuros, con sus 105 kilómetros cuadrados, cuenta con dos millones. Además de importantes estudios de arquitectura (Morphosis, Pei Cobb Freed & Partners, HOK), The Line atrajo decenas de empresas occidentales de ingeniería y construcción.
Arca de Noé VIP
Por desgracia, es muy poco probable que este proyecto llegue a ver la luz del día, por lo menos con las dimensiones espectaculares que se presentaron en un principio. El 16 de setiembre, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita anunció su suspensión, pese a que ya en 2024 había decidido reducir la escala del proyecto (tres kilómetros en vez de 170, y 300.000 habitantes en vez de dos millones para la primera etapa). A principios de noviembre, el Financial Times revelaba cómo las dificultades financieras, pero también las leyes de la física, sentenciaron a muerte ciertos aspectos de The Line. Por ejemplo, una torre de 30 pisos que debía estar suspendida encima de un canal marítimo excavado en el desierto para permitir el paso de transatlánticos:5 una catástrofe garantizada, según los ingenieros.
Pero, ¿por qué tamaña desmesura? Con respecto a los proyectos en el Golfo, Davide Ponzini, profesor de urbanismo del Politécnico de Milán y encargado de las relaciones internacionales con Medio Oriente, señala que “la legitimidad del poder se basa cada vez más en la innovación antes que en la tradición. Ya no es más la continuidad con el pasado la que fundamenta la autoridad, sino la capacidad para proyectar una visión de futuro”. Orientación que nos confirma Amal D., arquitecta empleada en uno de los asentamientos. “Al principio, un equipo pequeño de arquitectos y urbanistas estaba considerando una estructura circular, hasta que se les ocurrió este concepto de formas geométricas simples, como el hexágono o The Line, que llamó la atención enseguida”, explica. “Un asesor del proyecto nos señaló que la imagen de Neom tenía que representar el futuro y no una continuación de la cultura saudí. No debía tener nada en común con la arquitectura tradicional”.
Los arquitectos y urbanistas de The Line se inspiraron en el concepto de “ciudad de 15 minutos” que desarrolló Carlos Moreno,6 investigador de la Sorbona. Es un modelo que privilegia la proximidad: empleos, escuelas, atención sanitaria, cultura y comercios accesibles a pie o en bicicleta, dentro de una lógica de diversidad social y de circuitos cortos. Aunque este modelo aspira a consolidar la cohesión social, los diseñadores de The Line sólo se quedaron con el aspecto “movilidad”: se olvidaron de la dimensión humana y se centraron en una visión tecnológica de la ciudad, donde todo se organice en torno a lo digital. “Estas ciudades desmedidas, construidas a partir de la nada, son artificiales. Primero se jactan de sus proezas técnicas, y después se preguntan quién va a vivir ahí. Suelen ser un fracaso”, constata Moreno. “Se olvidan de que lo esencial es la distribución de recursos y el acceso a la educación, la cultura, el comercio”.
“En el fondo subyace un pensamiento posapocalíptico”, considera Alain Musset, investigador de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS, por sus siglas en francés) que escribió un ensayo sobre The Line.7 De hecho, el imaginario del proyecto, que oscila entre El mago de Oz y Blade Runner, toma mucho del director artístico hollywoodense Oliver Pron,8 especialista en superproducciones cinematográficas. Un universo que no podía dejar de seducir a MBS, fanático de los videojuegos y de la ciencia ficción al estilo de Marvel. “Ante el cambio climático, están buscando construir arcas de Noé para las élites globales”, continúa Musset. “Neom es un sueño para los arquitectos, pero una pesadilla para los geógrafos y los sociólogos”.
En la práctica, la utopía se choca contra la realidad. “Es espectacular en la teoría, pero los desafíos técnicos son enormes: vientos, calores extremos, limitaciones estructurales”, admite un ingeniero europeo. Y su colega plantea el quid del problema: “Todo se basa en la visión de un solo hombre, y nadie se atreve a contradecirlo”.
Sin embargo, la historia reciente debería haber instado al dirigente saudita a ser más prudente. La ciudad “carbono cero” de Masdar –en el Emirato de Abu Dabi–, que debía representar una maravilla tecnológica y urbana de principios del siglo XXI, al día de hoy es apenas una pálida sombra de los proyectos iniciales. Lo mismo puede decirse de las experiencias previas de “ciudades económicas”, impulsadas antes de que MBS llegara al poder. “Existen experimentos a menor escala, como la Ciudad Económica Rey Abdalá [KAEC, por sus siglas en inglés] cerca de Yeda”, recuerda Ponzini. “Los plazos de construcción son mucho más largos de lo que se esperaba, hay muchos retrasos”. Lanzado en 2005 por iniciativa del rey Abdalá, este megaproyecto de 100.000 millones de dólares tiene previsto albergar a dos millones de habitantes de acá a 2035, pero actualmente sólo cuenta con 10.000. Otro proyecto emblemático de la época del difunto rey también sigue inconcluso: la Jeddah Tower, punto central de la Jeddah Economic City, anunciada en 2005. La construcción de esta torre –que debía destronar al Burj Khalifa de Dubái, el edificio más alto del mundo– se interrumpió a causa de la purga que impulsó MBS en 2017. Entre las figuras detenidas se encontraba Bakr bin Laden, medio hermano de Osama bin Laden y presidente del Saudi Binladin Group, la empresa a cargo del proyecto. El Estado tomó el control del grupo en 2018, antes de liberar al detenido el año siguiente. Las obras se reanudaron en 2024 con la misma empresa, y se estima que finalicen en 2028.
Sindalah, región de Neom.
Ilustración: Gobierno de Arabia Saudita
Consumismo tech
Muchos jóvenes empleados de Neom, sobre todo sauditas y otros ciudadanos de origen árabe, no quieren perder la fe en el proyecto: “En Qatar pasó lo mismo: dos años antes de la Copa del Mundo, muchos proyectos ni siquiera se habían puesto en marcha. Después, todo se aceleró. Algunas obras se tambalean, otras avanzan. El que desconfía no tiene nada que hacer acá”, vocifera Youssef, asistente de un jefe de proyecto. Amal, la arquitecta, se mantiene optimista, pese al escepticismo que la rodea. “Esto es recién el principio. Ahora los objetivos numéricos me parecen más realistas que antes. Es un proyecto ambicioso, pero nunca fue la idea terminar todo para 2030. Mis padres siempre me recuerdan que al principio nadie creía en Dubái tampoco, que nadie quería ir a trabajar ahí”, señala. Una de sus colegas se indigna por las críticas occidentales contra Neom: “Cada vez que un país de Medio Oriente intenta desarrollarse, se le echan encima”. Otra empleada va aún más lejos: “¡Qué hipócritas! Estados Unidos habla de derechos humanos mientras deja que su propio pueblo viva en la miseria”.
Aunque es evidente que los comportamientos y las modas se están occidentalizando, la crispación chovinista resurge con rapidez ante ciertos temas, como las críticas al reino. “Gran parte de la juventud adoptó la modernidad tecnológica y el modelo de consumo, pero a la vez aceptan el autoritarismo, igual que en China hace 30 años”, observa Hamit Bozarslan, historiador e investigador de la EHESS. “Se apropian de la estética hollywoodense, la diversidad social, la cultura global, pero a la vez reivindican el nacionalismo: ‘Somos nacionalistas, somos musulmanes’. Aceptan el autoritarismo porque el príncipe encarna la modernidad: el autoritarismo es una elección política de los regímenes o las sociedades, no una cuestión cultural.”
Pese a los retrasos y dificultades que entorpecen el proyecto, Neom sigue siendo un valioso exponente de cómo ha evolucionado la sociedad saudita, sobre todo la juventud con estudios.
Cerca de las obras, en una larga playa virgen de arena dorada –no muy lejos de la residencia real de la ciudad de Sharma–, un grupo de jóvenes sauditas, empleados de Neom, se baña al ritmo de “Gloria” de Umberto Tozzi y de música disco. Un joven de barba prolija en short y remera está sentado al lado de su novia, que lleva puesta una musculosa. Podría tratarse tranquilamente de Miami, Cannes o Jumeirah, la selecta zona costera de Dubái. Las jóvenes llevan malla. Una está fumando un cigarrillo electrónico mientras vigila a su perro, que juega con un cangrejo. Una escena inimaginable hace apenas unos años, cuando las sauditas no tenían derecho ni a conducir un automóvil ni a salir de su casa sin hiyab o sin la compañía de un hombre. Ahora la juventud acomodada de Arabia Saudita goza de libertades que la generación anterior jamás hubiera imaginado. Las mujeres pueden viajar solas y ya no están obligadas a llevar la abaya, aunque muchas siguen usando esta túnica larga que cubre todo el cuerpo en el espacio público. “Me impresiona la rapidez del cambio”, admite un jefe de obras europeo. “Hoy podemos verles la cara a las mujeres. Hace apenas dos años, ni siquiera hubiéramos podido sentarnos juntos”.
A nuestro alrededor, se reúnen jóvenes empleadas para dar su opinión. Algunas cuentan sus propias historias. Una se escapó de un matrimonio arreglado, otra acaba de romper su compromiso con un hombre que la obligaba a usar el hiyab. “El matrimonio es una institución para controlar a las mujeres, para confinarlas, para imponerles la maternidad”, afirma una de ellas. “Nos dicen que las mujeres son un freno, pero son ellos, los hombres, los que no nos dejan avanzar. Yo soy la única ingeniera mujer de mi equipo”, agrega con orgullo. “Todos mis colegas varones están casados y son muy misóginos”.
Formadas en el exterior, en general en Estados Unidos o en Europa, muchas sauditas trabajan para empresas internacionales, que están obligadas a contratar empleados locales, incluso en Neom. El príncipe heredero pretende crear seis millones de puestos de trabajo de acá a 2030 para absorber a los 300.000 jóvenes que se incorporan cada año al mercado laboral. Esta iniciativa forma parte de una política destinada a reducir el desempleo en un país de 35 millones de habitantes, donde más del 60 por ciento de la población tiene menos de 30 años y donde las mujeres saudíes representaban un 36 por ciento de la mano de obra en 2024, según fuentes oficiales.9 Ahora se incentiva a la juventud a ocupar puestos de vendedores, camareros, repositores u obreros, empleos que antes estaban reservados a los trabajadores extranjeros. Esta nacionalización –o “saudización”– de los empleos provocó que la política migratoria se endureciera y que fueran expulsados más de dos millones de inmigrantes en los últimos años.
Moderna esclavitud
En 2024, las autoridades expulsaron al menos a 573.000 de los más de 994.000 extranjeros detenidos, muchas veces en condiciones abusivas. Se han reportado casos de tortura y a veces incluso asesinatos en las fronteras. Según las denuncias, entre marzo de 2022 y junio de 2023, cientos de migrantes etíopes murieron a manos de guardias sauditas.10 En Neom, los inmigrantes paquistaníes, bangladesíes, filipinos, indios y nepalíes trabajan –como en tantas otras “petromonarquías” del Golfo– en los sitios de construcción, en los comedores, como choferes o como personal de limpieza. “Los filipinos y los indios hacen funcionar la máquina, los británicos dirigen”, resume con resignación un europeo de origen mediterráneo. “Un británico gana 15.000 riales (3.500 euros) más que yo, aunque tenga las mismas competencias. Los paquistaníes o los indios que hacen el mismo trabajo cobran aún menos que yo. No es racismo, es la norma acá y no se discute”, espeta.
Sin embargo, las acusaciones de racismo y machismo en la cúpula de Neom se multiplicaron. Se dice que Wayne Borg –un exdirectivo de la industria del cine en Hollywood– profiere comentarios islamofóbicos cada vez más exacerbados, y que llamó “idiotas” a los trabajadores asiáticos muertos en las obras, para luego agregar: “Por eso los blancos están en la cima de la pirámide”. Por su parte, el exdirector ejecutivo Nadhmi al Nasr aparentemente declaró: “Yo trato a todo el mundo como esclavos [...]. Cuando uno se muere, me alegro”. Fue reemplazado el año pasado, después de seis años al frente de Neom.11 Las condiciones de vida de los trabajadores extranjeros asiáticos son deplorables, como ya había ocurrido en Qatar durante las obras por la Copa del Mundo. Alojados en asentamientos informales y precarios, suelen estar obligados a trabajar más de 60 horas semanales y sin días de descanso, en violación de los derechos laborales, según un documental de la cadena británica ITV.12 El documental también refiere que, desde 2017, más de 21.000 trabajadores indios, bangladesíes y nepalíes murieron en las obras vinculadas con la Visión 2030.
En contraste, pese a las largas horas de trabajo, los empleados altamente calificados de Neom disponen de asentamientos mejor equipados y de cierta libertad. El desierto de Bajdah, cerca de Tabuk, es uno de sus lugares favoritos para relajarse. Sus dunas rojizas están rodeadas de formaciones de arenisca esculpidas por la erosión, que se desmoronan al pisarlas. Para alcanzar estos paisajes salpicados de rocas ocres y gargantas estrechas, hace falta un vehículo todoterreno y un conductor aguerrido. Sentados alrededor del fuego, las conversaciones fluyen. Algunos llevan años trabajando para Neom, otros acaban de llegar. Hablan de la capital, Riad, que lentamente se está emancipando del conservadurismo wahabita. “Riad se está convirtiendo en un nuevo Dubái”, comenta Antonio, un joven ingeniero, aludiendo al carácter licencioso de la ciudad emiratí. Sin embargo, la capital saudita sigue siendo austera, por más que pueda encontrarse alcohol en las embajadas y otras representaciones oficiales de Occidente. “Hagan lo que quieran, pero con discreción”, le advierte su colega. “[Los sauditas] quieren atraer turistas, pero si los excesos son demasiado evidentes, van a tener problemas”.
En mitad de estas dunas donde sólo los beduinos se sienten en casa, bajo un cielo estrellado, la charla siempre termina estancada en la misma pregunta: ¿qué va a quedar, en el fondo, del proyecto faraónico de Neom?
Lise Triolet, periodista, enviada especial. Traducción: Agustina Chiappe.
Escollos y sueños
Juegos de invierno sin nieve
En 2023, Zaha Hadid Architects presentó un proyecto para un rascacielos en la región montañosa de Trojena, a 50 kilómetros del golfo de Akaba. Es este sitio el que acogerá los Juegos Asiáticos de Invierno en 2029. En esta región salvaje, donde la nieve es escasa, se están construyendo enormes obras. El grupo italiano Webuild ha firmado un contrato de 4.000 millones de euros para construir tres presas, destinadas a crear un lago artificial de 2,8 kilómetros que alimentará los cañones de nieve de una estación de esquí situada a una altitud de 2.400 metros. A su alrededor, un pueblo futurista diseñado por la firma Aedas incluirá pistas para esquiar, villas de lujo, un hotel subterráneo de cinco estrellas y una reserva de animales. Sin embargo, las dificultades financieras que ahora enfrenta el plan ponen en duda la capacidad de Arabia Saudita para organizar el evento.
Otro proyecto emblemático, Oxagon –una plataforma industrial flotante en la costa del Mar Rojo–, está previsto que sea finalizado en 2026 por las empresas belgas Besix y Deme, en colaboración con la firma greconeerlandesa Archirodon.
Sindalah, un lujoso balneario construido en una isla artificial y el primer proyecto de Neom ya entregado, ilustra los excesos del megaproyecto saudita. Finalizada con más de tres años de retraso y a un coste triple, la isla se inauguró con gran pompa en octubre de 2024, mientras muchas de las infraestructuras permanecían inacabadas.
Una auditoría interna reveló graves irregularidades y habló de “manipulaciones deliberadas”. Descontento con el resultado, Mohammed bin Salman rechazó la apertura y luego destituyó al presidente y CEO de Neom, Nadhmi Al-Nasr. Por ahora, Sindalah sigue cerrado al público, y la gestión del proyecto ha sido transferida a otra empresa de desarrollo propiedad del fondo soberano saudita.
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Por motivos de seguridad, la mayoría de nuestros interlocutores prefirieron mantenerse en el anonimato. ↩
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Merlyn Thomas y Lara El Gibaly, “Neom: Saudi forces ‘told to kill’ to clear land for eco-city”, BBC, 9-5-2024. ↩
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Rory Jones, “Saudi Arabia lures executives to Neom with million-dollar salaries, zero taxes”, Wall Street Journal, 11-10-2022. ↩
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The Line: Saudi Arabia’s city of the future, Discovery Channel, 2023. ↩
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Allison Killing, “End of The Line: how Saudi Arabia’s Neom dream unravelled”, Financial Times, 6-11-2025. ↩
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Carlos Moreno, Droit de cité. De la ville-monde à la ville du quart d’heure, Alpha, París, 2024. ↩
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Alain Musset, “Neom et The Line (Arabie saoudite): utopie futuriste ou cauchemar urbain ?”, L’information géographique, vol. 87, Malakoff, marzo de 2023. ↩
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Olivier Pron, “Mythical tomorrow” olivierpron.com. ↩
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“Labor force participation rate of Saudi females reaches 36,2 por ciento”, General Authority for Statistics (GASTAT), 31-12-2024. ↩
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“‘C’est comme si nous n’étions pas des humains’. Renvois forcés et conditions de détention abominables de personnes migrantes éthiopiennes en Arabie saoudite-Synthèse”, Amnistía Internacional, 16-12-2022. ↩
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Rory Jones, “Neom, the world's biggest construction project, is a magnet for executives behaving badly”, Wall Street Journal, 11-9-2024. ↩
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Kingdom Uncovered: Inside Saudi Arabia, ITV, 2024. ↩