Agosto de 2024. Algunos fragmentos de caña de azúcar esparcidos cubren el asfalto brillante de Port-Louis, capital de Mauricio. Un panel de malla metálica yace en el suelo. Acá había un establecimiento artesanal destinado a la captura de monos salvajes. Algunos días antes, la presidenta de la Asociación Monkey Massacre –que pretende terminar con los criaderos en Mauricio– se encontraba en el lugar. Mansa Dabi buscaba documentar la presencia de una trampa: “Todavía estaba activo e intacto en ese momento –informa después de haber sido prevenida por un vecino de la destrucción del establecimiento–. Este tipo de reacciones entre los habitantes es extremo, pero ya ocurrió una o dos veces. Algunos mauricianos no soportan más estas trampas que en ocasiones se encuentran a algunos metros de su jardín”.

Si la Isla de Mauricio ha practicado la cría de macacos de cola larga desde la década de 1980, la actividad conoció un aumento a partir de 2020. China era hasta esa fecha la primera exportadora de monos de laboratorio, esenciales para la infectología o la virología. En 2018, enviaba 30.000 animales al extranjero, sobre todo a Estados Unidos.1 Pero desde la pandemia de covid-19, Pekín reserva los primates no humanos (PNH) a su propia industria farmacéutica. Mauricio se convirtió entonces en el primer proveedor mundial, con 15.097 monos exportados en 2023, muy por encima de sus competidores Camboya (13.305) o Vietnam (3.405). Y como la cría no alcanzaba a satisfacer la demanda, el mismo año, 2.500 animales suministrados a laboratorios fueron capturados en Mauricio en estado salvaje.2 Sin embargo, la lista roja de las especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incluye al mono de cola larga.3

En Mauricio, la exportación de macacos genera más de 4.000 millones de rupias (80 millones de euros) por año. Seis empresas comparten este volumen de negocios, cuyo monto sigue siendo bajo, en relación con el producto interior bruto (PIB) –del orden de los 700.000 millones de rupias–, generadas en gran parte por el turismo y, sobre todo, por servicios financieros (la isla está considerada un paraíso fiscal).4

Para una parte de los 1,3 millones de habitantes, el comercio de animales no puede reducirse a una cuestión de lucro. La práctica choca con las creencias de numerosos mauricianos. Poonam Ramrichia forma parte de aquellos que le señalaron las trampas a la asociación de Dabi. Este habitante de Crève-Cœur, un pequeño pueblo situado en los alrededores del bosque, explica: “En nuestra religión, el mono es un animal sagrado. No podía quedarme callado escuchando los gritos de los pequeños monos capturados a dos pasos de mi casa”. Ramrichia limpia todas las semanas el templo consagrado a Hanuman –un dios con apariencia de mono– situado a la entrada de su casa.

Como ella, la mitad de la población mauriciana se declara adepta al hinduismo, la primera religión del país, por sobre el cristianismo y el islam.5 “Regularmente recibimos comentarios de personas de la comunidad hindú que se sienten culpables con su religión y que quieren actuar –explica Daby–. Los investigadores extranjeros en el sector de la cría de monos han subestimado la importancia de la cultura mauriciana”.  La activista hace referencia a la adquisición de Noveprim, uno de los dos mayores criaderos mauricianos, en noviembre de 2023, por la empresa estadounidense Charles River, líder de la producción y suministro de animales para la investigación. Según la activista, las trampas de Noveprim se habrían multiplicado desde el cambio de propietario.

“Hanuman está ligado al simio y es el dios más importante para los hindúes mauricianos, en todo caso el más venerado en las casas, porque es el que protege, el que fortalece frente a los peligros –explica el pandit (sacerdote hindú) Doorvasa Ramnaria–. Yo percibo descontento y preocupación. Hasta ahora, siempre vi que los fieles tenían miedo de hablar, pero tengo la impresión de que eso está cambiando”.  En marzo de 2004, durante una fiesta nacional hindú, un grupo de peregrinos adornó su kanwar (una instalación en bambú de la efigie de los dioses) con una foto de un mono que decía “Please, help me” (Ayúdame, por favor) –un mensaje político extremadamente raro en ese tipo de fiesta.

¿Por qué tal toma de conciencia en este último período? En marzo de 2023, 446 macacos fueron encontrados en un hangar abandonado de Port-Louis. Según la prensa local, los primates estaban guardados en pequeñas cajas y subalimentados. “El descubrimiento de esos monos, así como diversas encuestas internacionales posteriores, fue el detonante: nuestros videos sobre el comercio de monos tuvieron muchas más vistas en las redes sociales –confirma Mansa Daby–. Las asociaciones organizan manifestaciones de cientos de personas. No es mucho, pero es más de lo que se espera en un país donde no existe la cultura de la movilización”.

La sociedad civil mauriciana, en efecto, parece haberse despertado estos últimos años: en 2020, Port-Louis ha sido el teatro de las mayores manifestaciones en la historia de la joven república, independiente de Reino Unido desde 1968. Cerca de 100.000 personas se reunieron para denunciar la mala gestión del peor derrame de petróleo que haya conocido la isla. Otras movilizaciones tuvieron lugar desde entonces: contra la supuesta corrupción del gobierno o para denunciar el retroceso de la libertad de prensa, a pesar de ser un país que ocupa de forma sistemática el primer lugar en el índice de democracia en África.

La causa de la protección de los monos se benefició con el resurgimiento general de la combatividad. Sin ser, con todo, unánime. El macaco fue introducido en la isla a comienzos del siglo XVII por los colonos holandeses, sin duda como animal de compañía de los marinos.6 Luego la especie se multiplicó a gran velocidad en razón de la ausencia de grandes depredadores. “Muchos estudios han demostrado los daños que puede causar –afirma Vincent Florens, ecólogo de la Universidad de Mauricio–. Ha tenido un impacto directo en el zorro de la fruta, el murciélago endémico de Mauricio, porque [el mono] come las frutas de las que ellos se alimentan, antes de la maduración. También tiene impacto sobre las plantas endémicas, como el tambalacoque o el fruto del ébano. Junto con las ratas y las plantas exóticas, el mono de cola larga forma parte de los factores agravantes de la deforestación de Mauricio”.

El gobierno les atribuye a los criaderos de monos una vocación ecológica, porque contribuirían a limitar la multiplicación de los macacos. Daby se asombra de que “las empresas privadas, cuyo objetivo es conseguir el máximo de ganancias, se encarguen de regular la población de monos y pretendan proteger la biodiversidad mauriciana”. Pero es cierto que la instalación de trampas en las casas particulares responde también a las demandas de ciertos agricultores, indefensos ante la intrusión de los primates.

“La totalidad de los cultivadores ubicados en los límites del bosque se ven afectados… Los macacos comen de todo y en todas las épocas. Algunos han fracasado y han renunciado a ejercer su oficio”, confiesa Kreepalloo Sunghoon, presidente de la asociación de pequeños agricultores. Los campesinos, cuyo salario medio está por debajo del ingreso medio nacional, se benefician con compensaciones por cada mono capturado. “Es un beneficio mutuo”, acepta Nada Padayatchy. El gerente de captura y desarrollo sustentable (trapping and sustainability manager) de Bioculture –principal competidor de Noverim–, con todo, se niega a revelar el margen obtenido sobre la venta de los monos después del pago de las comisiones a los agricultores.

Los criaderos terminaron por convertirse en indispensables en determinados distritos, más pobres que las ciudades o las zonas turísticas. “Tuve casos de varios cuidadores de animales que se encontraban en una relación de dependencia extrema con su empleador ­–cuenta Ivor Tan Yan, mediador sindical y abogado especializado en derecho laboral–. Esas granjas se establecen en zonas donde hay una parte importante de analfabetismo o, en todo caso, un alejamiento de las estructuras escolares de calidad”.  Un cuidador de animales puede ganar hasta 90.000 rupias (1.900 euros), mientras que el salario medio es de 50.000 rupias.

En noviembre de 2024, la cuestión del poder adquisitivo contribuyó a la alternancia política: el laborista Navin Ramgoolam conduce actualmente el gobierno. ¿Cuál será su posición sobre la exportación de monos de laboratorio? La anterior mayoría política –Movimiento Socialista Militante (MSM)– la defendía. En 2016, su ministro de agroindustria, Mahen Seeruttun, designaba al mono de cola larga como una especie entre las “más invasoras y destructivas […], un perjuicio ecológico que destruye la agricultura y la biodiversidad”.  Seeruttun ponía de relieve también “los beneficios que trae la investigación sobre los monos a la comunidad internacional y la contribución que esta actividad aporta a la economía nacional en términos de divisas y de creación de empleo”, con un impuesto especial de 3.750 rupias por animal a las empresas exportadoras.7

Hoy en día, el titular de la misma cartera ministerial, Arvin Boolell, parece considerar la necesidad de un cambio. “Reglamentar la utilización de nuestros monos como ratas de laboratorio es una prioridad”, explicó el 17 de setiembre. Falta, sin embargo, determinar el contenido de esta reglamentación. Boolell, que se expresaba sobre el tema en la embajada de Estados Unidos junto al embajador de ese país, precisó que en el futuro las investigaciones podrían ser realizadas en Mauricio con la ayuda de expertos estadounidenses, sin que sea necesario exportar los monos.8 Una perspectiva tal permitiría a los laboratorios extranjeros asegurar el acceso a los macacos –a pesar del embargo chino– y afrontar el riesgo sanitario.

Según un reciente estudio dirigido por la organización no gubernamental (ONG) animalista Personas por el Tratamiento Ético de los Animales (PETA, por su sigla en inglés), varios monos importados de Mauricio a Estados Unidos por el laboratorio Charles River –propietario de la granja Noveprim– habrían dado positivo en la prueba de tuberculosis.9 Daby ha reaccionado a esta publicación en una entrevista a un medio local señalando el peligro de zoonosis que pesa sobre los habitantes de la isla: “Los riesgos de transmisión de patógenos son reales, dada la proximidad genética entre los monos y los humanos. En realidad, esos riesgos superan los supuestos beneficios sanitarios de los test sobre los animales para la población mauriciana” (L’Express, 15 de junio). Pero, ¿qué peso tienen estos riesgos frente a la importancia de los PNH para la investigación en neurociencias o sobre las enfermedades respiratorias? ¿Quién podrá tenerlos en cuenta en un contexto de competencia entre grandes potencias científicas y de escasez de monos a escala mundial? Un primate valía menos de 5.000 euros a la venta antes del covid. Actualmente, cuesta entre 20.000 y 30.000 euros.

Guillaume Poisson, periodista. Traducción: María Eugenia Villalonga.


  1. Refael Kubersky, “Clash on Monkey Island”, Science, vol. 387, Nº 6740, Washington, D.C., 21-5-2025 

  2. Anisha Madayah, “Mansa Daby: ‘Depuis des décennies, Maurice traîne une tache noire panoptique qui ternit l’image de paradis’”, lexpress.mu, 13-5-2025. 

  3. “Long-tailed Macaque”, iucnredlist.org, actualizado el 7-3-2022. 

  4. “Mauritius in figures and annual digest of statistics”, statsmauritius.govmu.org

  5. “2022. Housing and population census. Republic of Mauritius. Volume II: 'Demographic and fertility characteristics'”, statsmauritius.govmu.org, mayo de 2024. 

  6. Anthony Cheke, “La faune vertébrée terrestre de l'Île Maurice en 1803: données inédites provenant des manuscrits de Péron et Lesueur”, Bulletin de la Société géologique de Normandie et des Amis du Museum du Havre, enero de 2010. 

  7. Citado por Patrick Hilbert, “Le gouvernement défend l’exportation de singes pour des expériences”, defimedia.info, 21-5-2016. 

  8. “Arvin Boolell plaide pour une réglementation sur l’utilisation des macaques”, defimedia.info, 17-9-2025. 

  9. “Tuberculosis runs rampant in monkeys in U.S. facilities, threatening public health”, peta.org, 11-6-2025.