Desde el 15 de abril de 2023, entre batallas con armamento pesado, destrucción y vejaciones contra la población civil, Sudán se fue desintegrando en una guerra civil total en la que la población civil paga el precio más alto. El conflicto enfrenta a las tropas de las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), dirigidas por el teniente general Abdel Fattah Abdelrahmane Al-Burhan, dirigente de facto del país, contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), lideradas por el general Mohammed Hamdan Daglo, conocido como Hemetti. Sin embargo, estos dos hombres no siempre fueron enemigos. En octubre de 2021 derrocaron al gobierno civil nacido de la caída de la dictadura del general Omar Al-Bashir, quien a su vez había llegado al poder mediante un golpe de Estado en junio de 1989. Al-Burhan, que era el jefe del ejército regular, se convirtió en presidente del Consejo de Transición, mientras que Hemetti asumió la vicepresidencia. La entente entre ambas facciones duró apenas un año y medio, mientras cada parte se preparaba para el ineluctable enfrentamiento.1 Al cierre de esta edición, el llamado "gobierno de transición" controlaba la mayor parte del norte, el centro y el este del país, mientras que las FAR, que multiplican sus ofensivas contra las posiciones rivales, controlaban el oeste y algunas partes del sur.
Atrocidades documentadas
Según estimaciones de Naciones Unidas, hubo más de 150.000 muertos desde abril de 2023 y casi 13 millones de personas desplazadas, cuatro millones de las cuales se refugiaron en países vecinos. Como consecuencia de los combates, la hambruna hace estragos y amenaza a 25 millones de personas de una población total de 36 millones. Pese a algunas iniciativas de mediación, ninguna de las partes parece proclive a aceptar una tregua duradera. En noviembre de 2025, después de 18 meses de asedio, la ciudad de El Fasher, capital de Darfur del Norte, cayó en manos de las FAR. Imágenes atroces de masacres, torturas y ejecuciones de civiles llegaron al mundo entero a través de las redes sociales. Darfur es el nuevo “epicentro mundial del sufrimiento humano”, declaraba entonces Thomas Fletcher, secretario general adjunto de asuntos humanitarios y coordinador de los socorros de emergencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), después de una visita de diez días a la región.2 “Según los testimonios que pude recabar, El Fasher es esencialmente una escena del crimen”, agregó Fletcher durante una videoconferencia en la que mencionó ejecuciones de carácter étnico, violaciones colectivas, secuestros extorsivos y la desaparición de niños. Estas atrocidades fueron documentadas por agencias de la ONU presentes en el lugar y corroboradas por análisis de imágenes satelitales realizados a principios de noviembre por expertos de la Universidad de Yale.
El 24 de noviembre de 2025, las FAR anunciaron una tregua humanitaria unilateral de tres meses, un día después de que las FAS rechazaran una propuesta internacional de cese del fuego formulada por el “Quad”, que agrupa a Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Arabia Saudita. Pero ese mismo día las tropas de Hemetti lanzaron su segundo asalto sobre la ciudad de Babanusa, en Kordofán, en el centro del país. El 2 de diciembre de 2025, este estratégico nudo ferroviario cayó en manos de las FAR. Ahí también se cometieron atrocidades múltiples. Las masacres perpetradas contra la población de ambas ciudades arrojaron una cruda luz sobre la violencia que tiene lugar en Sudán. El país terminó por tener derecho de ciudadanía en los medios occidentales, en especial cuando la Corte Penal Internacional (CPI) recordó que había abierto una investigación sobre los actos cometidos por las FAR que “podrían constituir crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, según se deriva del Estatuto de Roma”.[^3]
Durante la captura de El Fasher, los soldados de las FAR no ocultaron su ambición de eliminar a los aproximadamente 300.000 civiles que todavía permanecían en la ciudad, alegando que habían colaborado con el enemigo. Con la publicación de videos extremadamente violentos de torturas y ejecuciones sumarias, las tropas de Hemetti lograron sembrar el terror entre la población de las zonas asediadas, pero también, y sobre todo, dentro de las FAS. En este sentido, parecen inspirarse en la estrategia mediática de la Organización del Estado Islámico (conocida en general como ISIS). Recordemos que la “Yihad 2.0” del ISIS logró sembrar el pánico en las filas del ejército iraquí, cuya desbandada allanó el camino para la captura sin combates de la ciudad de Mosul. Mediante la guerra, las FAR apuntan a tomar el control de todo el país. De este modo, el teatro de operaciones militar sudanés implica diversas facetas. Si bien la atención mediática se focalizó en Darfur –donde el próximo gran enfrentamiento probablemente involucre a la ciudad de El Obeid–, también hay intensos combates en las llanuras al norte de Kordofán y al oeste de esa provincia. Para ambos bandos, la victoria sólo puede ser total, y bajo ningún punto de vista se considera ceder el poder a ningún gobierno civil de transición o de unión nacional.
Infografía: Cécile Marin.
Orígenes y alianzas
Las raíces de la tragedia sudanesa se deben buscar en los restos del antiguo régimen islamista de Omar Al-Bashir, quien se encuentra detenido en la prisión de Kobar desde abril de 2019, mientras la CPI sigue a la espera de poder juzgarlo por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en Darfur. La revolución pacifista y civil de 2018 intentó deshacerse de la herencia política y de seguridad del Partido del Congreso Nacional (PCN) de Al-Bashir.3 Sin embargo, no tuvo en cuenta las ambiciones de Al-Burhan ni las de Hemetti. Al-Burhan, que había surgido de las filas del PCN, no dejó de reactivar las fuerzas leales al antiguo régimen, los “keyzan”, para sacarle ventaja a Hemetti en el nuevo equilibrio de fuerzas político-militar derivado del golpe. El 18 de abril de 2022, Al-Burhan anunció la creación de una coalición llamada Gran Corriente Islámica, mientras que 13 exfuncionarios del PCN fueron absueltos después de ser procesados por atentar contra el orden constitucional, por financiar el terrorismo y por intentar asesinar al ex primer ministro de transición, Abdallah Hamdok, en marzo de 2020.
La estrategia se reveló igual de eficaz para reprimir a los manifestantes que exigían el retorno a una auténtica transición democrática como para apartar a Hemetti de forma gradual. En menos de dos años de “cohabitación”, el general Al-Burhan intentó integrar a los 100.000 miembros de las FAR al ejército gubernamental para controlarlos mejor. Consciente del riesgo de aislamiento, su jefe decidió redistribuirlos por todo el país. Después de esta maniobra, que Jartum percibió como una amenaza directa, los enfrentamientos sólo podían estallar. Desde el 15 de abril de 2023, el ejército de Hemetti y sus aliados se presentan como un baluarte contra el creciente control del país por parte de los “keyzan” y de las FAS, sindicadas como su simple brazo armado. Este discurso, repetido hasta el cansancio en las redes sociales, permitió a las FAR poner de su lado a una parte de la población marginada por el antiguo régimen, pero también obtener el apoyo decisivo de la Federación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y en particular de Abu Dabi, cuyo líder Mohammed bin Zayed al-Nahyan (conocido como MBZ) es ferozmente hostil al islamismo político y a la alianza de los Hermanos Musulmanes.
El vínculo entre las FAR y los Emiratos es fundamental para comprender la situación actual en Sudán. De hecho, es el apoyo masivo de Abu Dabi a Hemetti lo que le permite seguir luchando y enfrentar a las FAS. La relación se remonta a 2015, cuando el general sudanés puso a disposición a sus hombres para que participaran en la guerra que llevaban adelante los EAU en Yemen contra los hutíes. Según uno de nuestros interlocutores en el Golfo, fue entonces cuando Abu Dabi vio a Hemetti como una especie de “navaja suiza” capaz de contribuir al desarrollo de la influencia emiratí en África Oriental. “Abu Dabi lo vio como el intermediario ideal con Rusia para el establecimiento de una base naval rusa en Puerto Sudán que estaría adosada a una terminal marítima de carga emiratí”, precisa esta fuente. Aunque fue el general Al-Burhan quien, tras haber convertido a Puerto Sudán en su capital provisional, aprobó finalmente el proyecto de la base rusa sin la participación de ningún puerto emiratí. Al menos por el momento.4
Infografía: Cécile Marin.
Afortunadamente para él, el jefe de las FAR tiene otros argumentos además de Puerto Sudán para esgrimir ante MBZ. En sus inicios exportador de camellos destinados al Golfo, Hemetti utilizó sus recursos financieros para crear la milicia progubernamental Janjaweed a principios de la década de 2000 –la que luego se convertiría en las FAR–, cuyas atrocidades le valieron a su jefe el sobrenombre de “Carnicero de Darfur”. Para asegurar su autonomía respecto del poder de Al-Bashir, Hemetti se apoyó en su control de las minas de oro de Darfur –en especial las que posee a través de su empresa familiar, Algunade–, desde donde exportaba la mayor parte de su producción a los EAU. Ese tráfico de metal precioso a gran escala destinado a los mercados de Abu Dabi y Dubái ahora le permite financiar su esfuerzo bélico y abastecerse de equipamiento y mercenarios a través de los EAU. Como signo de la creciente importancia de este comercio, los Emiratos importaron 29 toneladas de oro directamente desde Sudán, en comparación con las 17 toneladas de 2023, así como cantidades igualmente grandes que transitaron por países vecinos: 27 toneladas de Egipto, 18 toneladas de Chad y nueve toneladas de Libia. Estos dos últimos países sirven, por lo tanto, como “zonas de tránsito” para el oro controlado por las FAR, según las estadísticas publicadas online el 31 de octubre de 2025 por el sitio web Comtrade de la ONU, que ofrece información sobre el comercio mundial, pero que fueron retiradas unos días después de dicha plataforma.5
Dependencia emiratí
La explotación del oro es, por lo tanto, uno de los principales vectores de la participación de las potencias regionales en el conflicto sudanés. Las FAS recibieron apoyo (armamento y recursos financieros) de Rusia –que también tiene tratos con las FAR–, de Turquía, Irán, Egipto y Qatar. Por su parte, las FAR, además del apoyo de su principal aliado, los Emiratos Árabes Unidos, se benefician de la ayuda de países cercanos a los EAU, como Kenia, Uganda, la facción libia controlada por el mariscal Khalifa Haftar y Etiopía. Así, Adís Abeba puede contar con Hemetti en la pulseada que sostiene con Egipto por la gran represa etíope sobre el Nilo. Las cifras son contundentes: desde el anuncio público de su apoyo a las FAR, tanto Etiopía como Kenia anunciaron una producción de oro sólo para el primer trimestre de 2025 equivalente al doble de la de todo 2024.
Sin embargo, la relación privilegiada entre Abu Dabi y las FAR no es exclusiva. Si bien denuncia con regularidad “la parcialidad del ‘Quad’” y la participación de los EAU en las atrocidades cometidas por las tropas de Hemetti, el gobierno sudanés dista mucho de haber roto con la potencia en ascenso del Golfo. Mientras les sigue vendiendo grano y ganado, Jartum importa cantidades masivas de productos manufacturados de los Emiratos para frenar la inflación y luchar contra la hambruna. Esta interdependencia también es apremiante en el sector financiero: antes de la guerra actual, este sector ya se encontraba subdesarrollado debido a las sanciones estadounidenses que prohibían la mayor parte de las transacciones comerciales y financieras con Sudán. Ahora bien, en ese país ya operaban muchos bancos emiratíes incluso antes de que Estados Unidos comenzara a suavizar las restricciones en 2017. Además, desempeñan un papel clave en el comercio nacional. A pesar de los esfuerzos de Jartum por diversificar su economía exportadora –por ejemplo, creando refinerías de oro en Qatar–, el bando de Al-Burhan debe transigir con una dura realidad: las exportaciones oficiales de oro, es decir, las que están bajo control gubernamental, también dependen de los Emiratos. Y estos también negocian con empresas sudanesas ubicadas en el norte del país y especializadas en refinar oro; incluso apoyan a políticos de esa región que, sin embargo, tienen fama de ser cercanos a las FAS.
Los EAU y su peso pesado, Abu Dabi, son doblemente vencedores en esta guerra, dado que se elevan al rango de “nación pivote” al apoyar a las FAR y obligar a la otra parte a negociar. En un nivel más geopolítico, la federación emiratí se mantiene firme frente a sus dos rivales del Golfo, Arabia Saudita y Qatar, así como frente a Egipto. Sin embargo, la responsabilidad emiratí rara vez se discute en los círculos diplomáticos e institucionales. La Liga Árabe, tradicionalmente dividida, se cuida bien de abordar el tema de esta injerencia. Si Estados Unidos y la Unión Europea tuvieran voluntad, aunque más no fuera para reducir la intensidad de esta guerra que afecta sobre todo a los civiles, podrían ejercer presión sobre los Emiratos. Sin embargo, hasta la fecha, sólo las empresas privadas vinculadas con las FAR y con sede en los EAU fueron objeto de sanciones estadounidenses. Y, como indica un informe de la organización estadounidense The Sentry, especializada en denunciar crímenes de guerra, las FAR recrearon de todos modos estructuras similares en Dubái para seguir con sus operaciones ilegales.6
Ciertamente, el 20 de noviembre de 2025, en respuesta a la indignación generalizada provocada por las imágenes de las masacres de El Fasher, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, denunció las atrocidades cometidas por las FAR y anunció sanciones inminentes. Pero una semana después, el Parlamento Europeo adoptó una resolución denunciando la devastadora guerra civil en Sudán, sin mencionar la injerencia de los Emiratos Árabes Unidos. Gracias al intenso lobby de Abu Dabi, la resolución incluso cita a los Emiratos como un actor clave en los esfuerzos de mediación que apuntan a alcanzar la paz con sus demás socios del “Quad”.7 La Unión Europea, señala el Observatorio de Europa, “busca estrechar sus lazos económicos con el Estado del Golfo [los EAU] y está comprometida en ambiciosas negociaciones de libre comercio que, según un alto funcionario emiratí que solicitó el anonimato para hablar de estas discusiones sensibles, avanzan a una velocidad fulgurante”. En este contexto, ¿qué peso pueden tener las vidas de millones de civiles sudaneses?
Arnaud Julien-Thomas, periodista, enviado especial. Traducción: Merlina Massip.
[^3] Corte Penal Internacional, “Déclaration du Bureau du Procureur de la CPI sur la situation à El Fasher, au Darfour Nord”, Corte Penal Internacional, 3-11-2025.
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Gérard Prunier, “Un país que quizá ya no exista”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, marzo de 2024. ↩
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“Le Darfour, nouvel ‘épicentre mondial de la souffrance humaine’”, ONU info, 17-11-2025. ↩
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Hicham Alaoui, “De l’Algérie au Soudan, les répliques du ‘printemps arabe’”, y Gilbert Achcar, “Où va la ‘révolution de décembre’ au Soudan?”, Le Monde diplomatique, respectivamente marzo y mayo de 2020. ↩
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Nicholas Bariyo y Benoit Faucon, “Sudan offers Russia its first naval base in Africa”, The Wall Street Journal, Nueva York, 1-12-2025. ↩
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“Les Émirats arabes unis, plus que jamais plaque tournante de l’or des conflits”, swissaid.ch, 4-11-2025. ↩
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“The RSF’s business network in the UAE”, thesentry.org, octubre de 2025. ↩
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“Les Émirats arabes unis évitent d’être blâmés pour les atrocités de la guerre au Soudan dans le texte du Parlement européen”, observatoiredeleurope.com, 27-11-2025. ↩