Un papa que se ha situado como una barrera contra los intentos reordenadores del mundo de las élites más poderosas de Occidente. Una imagen de la Virgen María que se vuelve símbolo de la campaña de la centroizquierda brasileña, último escollo serio en el intento de esas mismas élites de avanzar sobre América del Sur.
Dos episodios que hace algún tiempo hubieran parecido imposibles, sobre todo vistos desde Uruguay, pero que no extrañan a las “comunidades cristianas de base” del continente, acostumbradas a un largo camino en el que cierta corriente del catolicismo y los intentos de transformación social han caminado juntos.1
En ese marco, y a casi cuatro décadas desde la última visita de Juan Pablo II, llega un papa a Uruguay. Si aquel era el cruzado contra el comunismo, León XIV reivindica la opción preferencial por los pobres. Si aquel estaba alineado con el presidente de Estados Unidos de entonces, Ronald Reagan, León XIV está muy lejos del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump. El mundo de los años 1980 no solo había mostrado a Juan Pablo II amonestando al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal por formar parte del gobierno sandinista, también era el de la transición democrática en Brasil. De hecho, cuando Karol Wojtyla llegó a Uruguay, Brasil estaba viviendo el proceso constituyente que llevaría a las primeras elecciones directas en 1989, en las que competiría un joven diputado nordestino, Luiz Inácio Lula da Silva.
Como Wojtyla no visitó el país del norte en ese viaje, los obispos de Porto Alegre, Pelotas y Bagé estuvieron en Cerro Largo. Los acompañaron delegaciones de fieles brasileños mucho menos numerosas que las 50.000 almas esperadas por el ingenio popular. Esa tríada de obispos –uno conservador (João Cláudio Colling, Porto Alegre), otro tolerante con los radicales (Jayme Chemello, de Pelotas) y un decidido apoyo de la teología de la liberación (Ángelo Félix Mugnol, de la fronteriza Bagé)– reflejaba el mapa de tensiones dentro del catolicismo en Brasil, religión aún dominante y todavía sin la sombra del pentecostalismo fomentado por la intervención reaganiana y posreaganiana.2
Hoy, ver a Lula arropado por el manto de Nuestra Señora de Aparecida en su pulso con el ultraderechista Flávio Bolsonaro, con quien disputará la presidencia el 25 de octubre, da un tinte de relativo clivaje religioso a los comicios3 y tiene un “detrás de escena” que va a ser motivo de análisis comunicacional por años. Refleja, como pocos episodios, el vínculo entre las fake news y las bases reales de lo “no dicho”. Porque, en los hechos, no es verdad que Flávio Bolsonaro haya propuesto quitar a la virgen negra su carácter de patrona de Brasil. Y al mismo tiempo, todo lo que Bolsonaro propone está en contradicción con lo que esa imagen representa para la religiosidad popular del país.4
Pero si Reagan tuvo en Juan Pablo II un aliado para el tramo final de la Guerra Fría, Washington encontró en León XIV un freno. No deja de ser curioso el modo en que una institución apagada y castigada, tanto por la caída de fieles como por la avalancha de escándalos que pautaron su llegada al siglo XXI, emergió de sus aparentes cenizas como casi la única voz audible en contra de la propuesta de dominación global del trumpismo. Eso fue lo que ocurrió cuando el carisma tranquilo de León XIV difundió la encíclica Magnifica humanitas en mayo. Subtitulada “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, pareció una bocanada de oxígeno ante la blitzkrieg de Trump. El imperialismo relámpago que pisoteaba el viejo orden de Naciones Unidas, que secuestraba presidentes, que se apropiaba sin dobleces de recursos estratégicos, que bombardeaba países, que amenazaba a sus aliados europeos y que se sentaba a elaborar el menú del mundo con los dueños de las grandes empresas tecnológicas, se encontró, de pronto, con un líder espiritual que le plantaba cara. No era la primera vez. En noviembre de 2025 el papa calificó de “inhumanas” las redadas contra inmigrantes, en febrero rechazó la “Junta de Paz” de Trump para Gaza y en abril fustigó la amenaza de “borrar del mapa” a la civilización iraní. No extraña, entonces, que el presidente de Estados Unidos haya declarado ese mismo mes “no soy fan del papa León”. Un Trump que se disfrazaba de Jesús en imágenes generadas artificialmente y un León XIV condenando desde Camerún a “los tiranos de la guerra”. El papa parecía ser más una caja de resonancia que una voz mesiánica. Y lo que hacía resonar iba mucho más allá de las fronteras de su fe.
¿Esto implica que quien descenderá de los cielos en el aeropuerto de Carrasco será un papa gramsciano? Ni tan rápido ni tan lejos. Es indudable que hay un desfase de la cúspide vaticana respecto de su rol histórico de asociación con las élites (algo que no aplica necesariamente a su representación arzobispal en cada territorio). Esto permite que León XIV conecte, casi con naturalidad, con sectores de la población uruguaya que de otra manera hubieran permanecido indiferentes o atrincherados en la ironía. Porque si se lo mira con la perspectiva de la “teología de los signos de los tiempos” que pedía Juan XXIII,5 León XIV no puede colocarse en otro lugar que no sea en las antípodas del trumpismo.
Roberto López Belloso, director de Le Monde diplomatique, edición Uruguay.
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Para la larga y compleja relación entre catolicismo e izquierda en Brasil, ver el estudio de la académica Guadalupe Tuñón, de la Universidad de Princeton, “When the Church Votes Left: How Progressive Bishops Supported the Workers’ Party in Brazil”, American Political Science Review, Cambridge University Press, febrero de 2026. ↩
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Para un análisis de las tensiones del catolicismo brasileño de ese tiempo ver Kenneth P Serbin, “The Catholic Church, religious pluralism and democracy in Brazil”, Kellog Institute, Working Paper 263, kellogg.nd.edu, febrero de 1999. ↩
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Guilherme Pavarin, “Católicos mais com Lula, evangélicos mais com Flávio: o que as pesquisas mostram sobre a batalha do voto e as religiões”, BBC, 1-10-2026. ↩
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“'Disputa religiosa em torno de Nossa Senhora Aparecida leva fake news de volta ao centro da eleição presidencial, destaca imprensa internacional”, BBC, 29-9-2026. ↩
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Citado por Gustavo Gutiérrez en Teología de la Liberación. Perspectivas. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1975. ↩
