La Unilab representa uno de los proyectos educativos más innovadores de Brasil en el siglo XXI. Creada por la Ley 12.289 del 20 de julio de 2010 y vinculada al Ministerio de Educación, nació con una misión singular: articular la educación superior, la investigación y la extensión en diálogo con la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), especialmente con los de África y con Timor Este.

La elección de la ciudad de Redenção, en Ceará, como sede principal de la universidad tiene un profundo simbolismo. Redenção fue la primera ciudad brasileña en abolir oficialmente la esclavitud, en 1883, cinco años antes de la firma de la Ley de Oro. De este modo, la ubicación reafirma la dimensión histórica y política del proyecto: consolidar una institución que una la memoria de la resistencia negra, la producción de conocimiento y la integración entre los pueblos del Sur global. Asimismo, la instalación de un campus en São Francisco do Conde, en el Recôncavo Baiano, refuerza este vínculo con las raíces de la diáspora africana en Brasil. La ciudad, con mayoría negra, muestra profundas marcas de esclavitud y de resistencia cultural y religiosa afrobrasileña. El Recôncavo es reconocido como uno de los territorios más simbólicos de herencia africana del país, cuna de tradiciones como el candomblé, la samba de roda y otras expresiones que ayudaron a constituir la identidad cultural brasileña. De ese modo, Redenção y São Francisco do Conde dialogan entre sí como espacios de memoria y lucha: el primero, como marca de libertad legal; la segunda, como territorio de resistencia cultural viva.

Uno de los mayores diferenciadores de la universidad es su alumnado multicultural. Recibe estudiantes brasileños, especialmente del interior de Ceará y Bahía, así como cientos de estudiantes extranjeros de países africanos de habla portuguesa, además de los procedentes de Timor Este. Esta interacción diaria produce una experiencia académica única, marcada por la pluralidad de cosmovisiones y la apreciación de la diversidad étnica, cultural y lingüística. Al mismo tiempo, genera desafíos relacionados con la adaptación social, las políticas de permanencia estudiantil y la financiación de becas de cooperación internacional.

A pesar de su relevancia estratégica, la Unilab se enfrenta a desafíos recurrentes, como la necesidad de ampliar las inversiones en infraestructuras y laboratorios, garantizar la permanencia de los estudiantes, especialmente para los extranjeros que llegan sin una red de apoyo, mantener su carácter internacionalista ante las presiones de las políticas de austeridad y fortalecer su visibilidad nacional e internacional, consolidándose como un centro de excelencia en cooperación académica.

Aun así, Unilab sigue siendo un laboratorio vivo de integración Sur-Sur. Formando profesionales comprometidos con la transformación social, la universidad reafirma que la educación puede ser un instrumento de emancipación colectiva y la construcción de nuevos horizontes geopolíticos para la lusofonía. No es sólo una universidad, sino un proyecto de diplomacia educativa, memoria histórica e integración cultural.

Reparar en el presente

El proceso de esclavitud que marcó el continente africano fue, ante todo, un asalto sistemático: una conjunción de violencia militar, alianzas comerciales fraudulentas y redes políticas que facilitaron la captura y trata de personas. Entre los siglos XV y XIX, las potencias europeas establecieron puestos y rutas comerciales en la costa africana, explotando rivalidades locales y creando un mercado donde la vida humana se convirtió en una mercancía. Las invasiones, incursiones y colaboraciones forzadas por los jefes locales, a menudo impulsadas por armas y bienes europeos, convirtieron comunidades enteras en fuentes de mano de obra cautiva. Este proceso no fue un evento aislado, sino un conjunto de prácticas depredadoras sostenidas por intereses económicos que se articulaban con la esclavitud interna, la guerra y la desarticulación de las estructuras sociales africanas.

El cruce del Atlántico, conocido como el Paso Medio, profundizó esta violencia: barcos abarrotados, condiciones inhumanas, altas tasas de mortalidad y la completa negación de derechos se tradujeron en un trauma colectivo cuyos efectos resuenan hasta hoy. Al llegar al destino impuesto, las personas se encontraron atrapadas en economías coloniales y sistemas productivos basados en una explotación extrema. Además de la brutalidad física, hubo un ataque cultural e institucional: destrucción de redes comunitarias, imposición de lenguas y religiones, así como de leyes que naturalizaban la subordinación racial. A pesar de esta violencia epidémica, la resistencia fue constante: fugas, quilombos, preservación de prácticas religiosas, lingüísticas y artísticas, que constituyeron las bases de la diáspora africana y las identidades afrodescendientes.

El concepto de política de reparación debe entenderse en un sentido amplio, más allá de la dimensión individual de las personas directamente afectadas por el proceso de esclavitud y el racismo estructural. Reparar no sólo es reconocer el sufrimiento de millones de hombres, mujeres y niños secuestrados y sometidos a un régimen de violencia, sino también afrontar el daño económico, social e institucional impuesto al propio continente africano. El comercio transatlántico de esclavos desarraigó poblaciones enteras de sus territorios, desmanteló sistemas productivos, interrumpió la dinámica de desarrollo y fortaleció una lógica de dependencia económica que aún resuena en tiempos contemporáneos. En este sentido, la reparación requiere pensar no sólo en políticas de memoria, sino también en mecanismos concretos de justicia económica, capaces de contribuir a la reconstrucción y fortalecimiento de las naciones africanas.

En este horizonte, la creación de Unilab puede entenderse como parte de un gesto de reparación histórica e internacionalista de Brasil. Al ofrecer educación superior a jóvenes brasileños, pero especialmente a africanos, el país regresa al continente a personas formadas y graduadas en diversas áreas estratégicas del conocimiento. Estos profesionales, cuando pueden y quieren regresar a sus comunidades, se convierten en vectores de transformación social, política y económica, colaborando para el desarrollo local y regional. Así, el proyecto Unilab va más allá de la lógica de la cooperación técnica tradicional y asume un carácter de política reparadora, articulando la formación académica, la producción científica y el fortalecimiento de las relaciones Sur-Sur. Es en este gesto de recuperar conocimientos, oportunidades y redes de integración que Brasil fortalece su papel como agente de justicia histórica y la construcción de un futuro compartido entre los pueblos de la diáspora.

Ficha

Cursos y objetivos

Actualmente, la Unilab ofrece cursos de grado y posgrado en áreas estratégicas como Ciencias Humanas y Sociales, Ciencias Exactas y Tecnológicas, Ciencias de la Salud y Ciencias Agrícolas. Además de los estudios de grado, cuenta con programas de máster y doctorado en áreas interdisciplinarias, fortaleciendo la producción de conocimientos centrados en la realidad social de Brasil y los países socios.

Entre sus objetivos centrales se encuentran la promoción de la integración académica y cultural entre estudiantes brasileños y extranjeros, el fomento de la cooperación internacional Sur-Sur frente al modelo histórico de dependencia Norte-Sur, el fomento de la investigación centrada en cuestiones sociales y regionales, como la salud pública, el desarrollo agrario, la sostenibilidad y las políticas educativas, además de la apreciación de la lengua portuguesa como patrimonio común y medio de circulación del conocimiento.

Herlon Miguel, creador de la Escuela de Literatura Negra, se especializa en la comunicación y el pensamiento crítico sobre raza, cultura y política. Artículo publicado por Le Monde diplomatique, edición Brasil.