Hileras de viñedos recién plantados bordean las ondulantes colinas del árido paisaje. Cerca del lugar encontramos una bicicleta infantil abandonada, una valija vieja y una bota polvorienta: son los vestigios de una comunidad palestina recientemente expulsada por los colonos israelíes. Un anciano, Issa Abu al-Qabach, más conocido como Abu Safi, relata cómo lo sacaron de su casa en Khirbet al-Rathim. “No dejaron de amenazarnos, cada noche, cada día, a cada hora, nos humillaron... Cinco me golpearon con los M16 entre los ojos. Me dijeron: ‘Si no te vas, te matamos, te damos cinco días para irte’”.

Las colinas al sur de la ciudad de Hebrón se encuentran entre las zonas donde la vitivinicultura avanza más rápido. A medida que los ataques se hacen más intensos, las tierras palestinas primero se vacían, después se confiscan y finalmente se integran a los asentamientos, y esto allana el camino de la anexión de Cisjordania por parte de Israel. “Mi abuelo compró estas tierras a otra tribu durante la era otomana... Pasaron a mi padre, después a nosotros... Vivíamos de sus cosechas, de sus bendiciones”, agrega Abu Safi. Pero hoy “todo desapareció... Nos arruinaron, nos dispersaron... Nos desarraigaron”. Abu Safi murió algunos meses después de esta entrevista. Su caso ilustra la grave situación de la “Dheffa”, “la orilla” occidental del río Jordán. Así, Khirbet al-Rathim es una de las 70 comunidades palestinas desplazadas por la fuerza desde octubre de 2023. En los últimos dos años, más de 1.000 palestinos fueron asesinados y miles más resultaron heridos en ataques perpetrados por el ejército israelí o por colonos.

Las plantaciones de vid ofrecen oportunidades económicas a los colonos, al mismo tiempo que les impiden a los palestinos volver a sus tierras. Dos empresas vitivinícolas instaladas en la región de Hebrón venden sus botellas en el mercado francés: La Forêt Blanche, fundada por un colono declarado culpable por el asesinato de tres palestinos, y Antipod, que opera en el asentamiento israelí de Kiryat Arba y comercializa su producción bajo tres marcas (Jerusalem Winery, Noah Winery y Hevron Heights Winery).

Antes de fundar su campo vinícola, Menachem Livni, uno de los dirigentes del grupo extremista Jewish Underground (HaMakhteret HaYehudit en hebreo), había sido condenado por el asesinato de tres estudiantes palestinos en Hebrón y por haber herido a 33 personas en 1983. También había sido implicado en intentos de asesinato contra alcaldes palestinos en Cisjordania y en un proyecto de atentado a la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén. Condenado a cadena perpetua en 1985, fue liberado menos de siete años después gracias a un indulto presidencial.1

Cuando salió de la cárcel, se lanzó a la vitivinicultura en la región de Hebrón, fundando en 2003 la bodega Livni Winery. Inmediatamente después se asoció con dos franceses, el enólogo Bruno Darmon y el empresario Yaacov (Jacques) Bris. Juntos, rebautizaron la bodega como La Forêt Blanche en 2018.

Desposesión progresiva

La finca de Livni no es un caso aislado: otras empresas vitivinícolas de la región también están vinculadas con colonos implicados en actos de violencia contra palestinos. Documentos obtenidos por la organización de vigilancia Kerem Navot revelan que la sociedad Ba’al Hamon también cultiva vides en las colinas al sur de Hebrón. Entre sus accionistas figura Shimon Ben Gigi, “coordinador de seguridad” en Havat Maon, un puesto de avanzada de colonos considerado ilegal incluso por la jurisprudencia israelí. Ben Gigi fue procesado por agresión y citado por la Justicia en múltiples incidentes de violencia y acoso contra habitantes palestinos.2

Las regiones vinícolas constituyen una parte apreciable de los territorios ocupados, sean palestinos o sirios. Según un informe elaborado para el Consejo Vitivinícola de Israel, la superficie de viñedos en los Altos del Golán ocupados se estima en 1.320 hectáreas.3 En Cisjordania es más difícil evaluar la extensión de los viñedos implantados por los colonos, ya que Israel no hace ninguna distinción entre su territorio reconocido y el de sus asentamientos. Sin embargo, según el Consejo, las colinas de Judea –parte de las cuales se ubican más allá de la Línea Verde, la frontera reconocida internacionalmente– se encuentran entre las regiones vitivinícolas más importantes después del Golán.

El investigador israelí Dror Etkes advierte: las cifras oficiales no reflejan la verdadera magnitud de la agricultura en los asentamientos de Cisjordania. “Muchas confiscaciones de tierras no están registradas. Observamos que hubo una expansión en los últimos años, sobre todo en zonas como el sur de Hebrón”, explica la persona que cartografió 1.300 hectáreas de viñedos en Cisjordania. En su computadora portátil muestra imágenes aéreas que documentan la desposesión progresiva de los campesinos palestinos a lo largo de las décadas.

No lejos de Ramala, esta expansión de los asentamientos transformó profundamente el paisaje de Jabal Al-Taweel (“la colina alta”). Iman Hamayel recuerda una infancia impregnada de los sonidos y sabores de la tierra de su familia en Jabal Al-Taweel, en el municipio de Al-Bireh: “Mi madre y yo íbamos ahí temprano de mañana, acompañadas por el canto de los pájaros. Ambas llevábamos una canasta y la llenábamos de higos. Durante la temporada de cosecha solíamos ir a recoger aceitunas después del colegio. Era como una fiesta [...] Pero después nos empezaron a prohibir que fuéramos”.

A fines de la década de 1990, los propietarios palestinos perdieron el acceso a sus tierras cuando el asentamiento de Psagot, establecido en 1979 en terrenos pertenecientes a Al-Bireh, se fue expandiendo de modo gradual, acaparando huertos y olivares. Desde 1967, Israel confiscó más de 200.000 hectáreas de tierra.4 En 1998, Yaakov Berg, nacido en la Unión Soviética e instalado junto con su familia en este asentamiento ilegal, comenzó a plantar viñedos en tierras confiscadas a los palestinos. Cinco años después, durante la Segunda Intifada, mientras él y su esposa fundaban la bodega Psagot, el ejército israelí levantó una valla que impedía definitivamente a los propietarios palestinos acceder a sus tierras en Jabal al-Taweel.

“Una vez, mi madre logró burlar los controles para poder ver la tierra... Habían arrancado los olivos y las higueras y plantado vides”, sigue Hamayel. De forma totalmente ilegal, Berg construyó una casa con pileta en las tierras palestinas expoliadas. En 2003, la administración civil israelí en Cisjordania emitió una orden de demolición en su contra que nunca fue ejecutada. Su bodega, Psagot, se benefició de más de un millón de euros de subvenciones públicas.5 También recibió financiación de la familia estadounidense Falic, que invirtió más de un millón de dólares y se convirtió en el accionista mayoritario de Psagot.6 Sus viñedos se extienden ahora sobre más de ocho hectáreas de tierras palestinas privadas.

Al igual que Psagot, muchas bodegas ubicadas en los territorios ocupados se benefician de generosos subsidios, ventajas fiscales y acceso al agua de riego proporcionada por la empresa pública israelí. “El gobierno israelí en general, y más todavía el actual, invierte masivamente en este sistema”, confirma Etkes. Estas subvenciones estatales y el apoyo de la familia Falic permitieron a Psagot pasar del estatuto de pequeño emprendimiento al de exportador reconocido. La bodega cuenta ahora con un centro de recepción que ofrece visitas, banquetes y eventos privados, así como una sección de pastelería de reciente apertura. Según el sitio web de la bodega,7 “vive un crecimiento constante”, con una producción de aproximadamente un millón de botellas de vino, más del 70 por ciento de las cuales se exporta al mundo entero, incluyendo Francia.

Europa, el mejor cliente

En los estantes de un hipermercado kosher y en una vinoteca de las afueras de París se exhiben en un lugar destacado botellas con las etiquetas La Forêt Blanche, Golan Heights Winery o Jerusalem Winery. También se ofrece una amplia variedad de vinos de los asentamientos en los sitios web de venta como Anavim, Mes Vins Cacher, La route des vins, Winess, Houra, La Bouteille dorée o Vinoclub. Invariablemente, las etiquetas aseguran que se trata de “vino de Israel”. Más raramente incluyen esta precisión eufemística: “Elaborado en los Altos del Golán, bajo jurisdicción israelí”. Esta declaración está desprovista de todo valor legal, dado que ningún texto del derecho internacional reconoce tal “jurisdicción” sobre este territorio sirio anexado en 1981. Según las Naciones Unidas, los Altos del Golán siguen siendo hasta hoy un territorio ocupado.

En el supermercado Auchan, en la sección kosher, se pueden encontrar vinos Recanati y Barkan. Si bien estos emprendimientos vitivinícolas tienen su sede en Israel, obtienen las uvas de los Altos del Golán y en la Cisjordania ocupada. Un informe del centro de investigación independiente Who Profits revelaba ya en 2011 que Barkan posee viñedos en Cisjordania y los Altos del Golán, mientras que Recanati ostenta viñedos de los Altos del Golán en su mismo sitio web.8

Israel produce cerca de 45 millones de botellas de vino al año y sus exportaciones se duplicaron en diez años, según el Instituto Israelí de Exportación; la Unión Europea (UE) absorbe alrededor de un tercio de esta cifra. A pesar de su condición de principal productor mundial y de la profunda crisis económica actual del sector vitivinícola, la propia Francia importa aproximadamente 600.000 litros de vino israelí al año por un valor de más de cinco millones de euros, lo que la convierte en el más importante mercado europeo de Israel (implica aproximadamente el 10 por ciento de sus exportaciones totales de vino).

Como principal socio comercial de Israel, la UE representa, por su parte, cerca de un tercio de su comercio exterior, con un valor aproximado de 42.000 millones de euros anuales. Ante las protestas de la sociedad civil y las organizaciones de derechos humanos, Bruselas intenta cumplir con el derecho internacional, al menos de manera superficial, preservando tanto como sea posible los intereses de Tel Aviv.

Desde 2004, los exportadores israelíes están obligados a suministrar un código postal que indique el lugar de producción, para que las mercancías procedentes de los asentamientos no se beneficien de un trato preferencial en virtud del acuerdo comercial entre la UE e Israel. Esta disposición se reforzó en 2012 para garantizar que los acuerdos bilaterales no se apliquen a la Cisjordania ocupada ni a los Altos del Golán. En 2013, la UE publicó directivas adicionales prohibiendo que las subvenciones y los préstamos beneficien a los asentamientos. Un documento relativo a preguntas frecuentes (FAQ) publicado online poco después por la Comisión Europea9 incluía la siguiente pregunta: “Produzco vino en un asentamiento de Cisjordania. ¿Estas directivas afectarán mis exportaciones al mercado europeo?”. Respuesta: “No... No existe ninguna limitación concerniente a las exportaciones hacia la Unión Europea de productos fabricados en asentamientos. Sin embargo, en conformidad con el Acuerdo de Asociación, estos productos no se beneficiarán de exenciones de aranceles aduaneros”. En 2015 se produjo un nuevo episodio: la Comisión Europea publicó una nota interpretativa en la que solicitaba a los Estados miembros que vigilaran que los productos procedentes de asentamientos israelíes se etiquetaran como tales. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea consolidó esta exigencia, en 2019, al dictaminar que los Estados miembros tienen que garantizar que haya un etiquetado diferente para los productos procedentes de los asentamientos y prohibir su comercialización bajo la etiqueta “Hecho en Israel”.

En un informe de 2014,10 François Dubuisson, profesor de Derecho Internacional de la Universidad Libre de Bruselas (ULB), demostró que, a la luz de las obligaciones internacionales, los Estados simplemente deberían prohibir los productos provenientes de los asentamientos. Esta opinión fue confirmada diez años después por la Corte Internacional de Justicia en una opinión consultiva que concluyó que los gobiernos que autorizan el comercio con los asentamientos israelíes contribuyen a que se mantengan y expandan.11 Como hace observar Dubuisson, contentarse con indicar en un producto su origen ilegal es insuficiente: “Es como poner ‘hecho con trabajo infantil’ en un producto y luego explicar que es decisión del consumidor comprar o no productos elaborados con trabajo infantil”.

En 2016, insatisfecho con la aplicación en Francia de las directivas de Bruselas, Berg, el dueño de los vinos Psagot, recurrió a la Justicia. Con el respaldo de la Organización Judía Europea y el apoyo del Consejo Representativo de Instituciones Judías de Francia, denunció “discriminación”. Pero su ofensiva se le volvió en contra: el Consejo de Estado remitió el caso al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que, en 2019, dictaminó que la etiqueta “Producto de Israel” inducía a un error al ocultar el hecho de que Israel actúa como potencia ocupante en estos territorios. El TJUE reiteró que la mención “asentamiento israelí” es un requisito vinculado con el respeto del derecho internacional y consideraciones éticas. Su fiscal incluso llegó a invocar el precedente del boicot a los productos sudafricanos durante el apartheid, subrayando el derecho de los consumidores europeos a rechazar ciertas compras.

Pero incluso esta “mínima medida” de imposición de un etiquetado más transparente no se está respetando. Un informe de 2020 del Proyecto Europeo de Medio Oriente (EuMEP) reveló que solo el 10 por ciento de los vinos producidos en los territorios ocupados se vendían con las etiquetas correctas. Durante nuestra investigación, realizada en 2025, no encontramos ningún etiquetado legal en las numerosas botellas que tuvimos entre manos. Al analizar los vinos encontrados en 2025 en dos vinerías francesas y una docena de tiendas online, contabilizamos casi 300 vinos diferentes provenientes de los territorios ocupados. La mayoría llevaba la especificación “vino de Israel”.

Además de engañar al consumidor, la etiqueta “Producto de Israel”, ¿permite que los productores de vino de los territorios ocupados se beneficien con tarifas preferenciales gracias al Acuerdo de Asociación UE-Israel? Según una fuente aduanera, los aranceles aduaneros “son bajos o nulos”, pero solo si el producto es originario de Israel dentro de las fronteras reconocidas internacionalmente. Sin embargo, en los hechos, las normas sobre diferenciación territorial y etiquetado se ignoran. La razón, como señala un informe de 80 organizaciones publicado en el sitio web de Oxfam, es “el fraude deliberado de los productores israelíes”, que confunden productos de los asentamientos con productos procedentes del interior de las fronteras reconocidas de Israel.12 El uso de localizaciones falsas dentro de Israel también les permite obtener un trato comercial preferencial. Así, las direcciones en las etiquetas de las botellas de Jerusalem Winery vendidas en Francia no se corresponden con su lugar real de producción, ubicado en el asentamiento de Kiryat Arba. Documentos de la empresa sugieren que esta podría estar utilizando la dirección de su planta embotelladora y de su registro administrativo para disimular el verdadero origen de estos vinos, producidos en territorio ocupado.

Dubuisson resume la situación así: “Por un lado, hay un fraude ejecutado con una total ausencia de cooperación por parte de las autoridades israelíes, y, por otro lado, los medios de los servicios aduaneros son insuficientes; todo esto sumado a la complicidad de la Unión Europea. Las autoridades europeas claramente están tomando medidas que permiten salvar las apariencias, para simular que se está haciendo algo para aplicar las reglamentaciones europeas [...] pero, en realidad, están tolerando que esto pase de manera indiscriminada y que el sistema sea altamente ineficaz”.

En setiembre de 2025, después de dos años de masacres y devastación en Gaza, la Comisión Europea propuso suspender las disposiciones comerciales del Acuerdo de Asociación UE-Israel, lo que privaría a Israel de parte de su acceso preferencial al mercado europeo, y resultaría entonces en aproximadamente 227 millones de euros de aranceles aduaneros suplementarios por año. Sin embargo, en el momento en que publicamos estas líneas, ese proyecto quedó en letra muerta. En Francia, el diputado Aymeric Caron presentó un proyecto de ley para prohibir la importación de productos de los asentamientos, pero como no se sometió a votación durante el turno parlamentario asignado a La Francia Insumisa el 27 de noviembre de 2025, el texto tiene pocas chances de ser debatido.

Referencias bíblicas

A fines del siglo XIX, el barón Edmond de Rothschild, ferviente defensor del movimiento sionista, adquirió tierras en Palestina e importó cepas francesas con la esperanza de crear oportunidades económicas para los colonos judíos. Para los investigadores israelíes Ariel Handel y Daniel Monterescu, esta voluntad de modernizar la vitivinicultura en los asentamientos judíos se inspiró en las concepciones asociadas con la “misión civilizadora imperial francesa”, dentro de la cual el vino se consideraba un vector de cultura y de progreso. A pesar de las inversiones considerables, la empresa fracasó: las cepas de uva francesas no se adaptaron bien al clima y los suelos locales, y los vinos no lograron imponerse en los mercados extranjeros.

“Israel no era conocido por su vino hasta principios de la década de 1990, con la creación de Golan Heights Winery”, recuerda Handel. El objetivo, entonces, era el de reconfigurar la imagen de los Altos del Golán para que apareciera “ya no como un territorio ocupado, un espacio de guerra y sangre, sino como una especie de Europa en Israel... Un lugar turístico y de buen gusto”. El papel del vino en la naturalización de la ocupación del Golán es tal que los colonos de Cisjordania hoy reproducen este modelo. “Empezaron a vender a Cisjordania como si fuera una nueva Toscana: vino y quesos, habitaciones para huéspedes”, señala Handel. Se ofrecen circuitos enológicos para turistas locales e internacionales dentro de los territorios ocupados. TripAdvisor y otras plataformas promocionan estos itinerarios de wine-washing. Una publicidad de una “visita privada de los vinos de las colinas de Judea desde Jerusalén” promete así “un día de placer y apreciación del patrimonio vitivinícola de Israel”, llevando a los visitantes a establecimientos como el de Psagot.

Los colonos viticultores se presentan de buen grado como pioneros que “traen la viticultura después de 2.000 años” “resucitando” las tradiciones bíblicas, como indica Monterescu.13 “La agricultura en general, y la viticultura en particular, ocupa un lugar muy importante en la cosmología judía –explica–. Tiene una profunda resonancia cultural y religiosa. Es, entonces, tanto un medio de expansión territorial como de captación de territorio, y además es un indicador de raíces religiosas”. Mencionada cientos de veces en la Biblia, la vid también aparece en numerosos yacimientos arqueológicos, donde todavía se pueden ver antiguos lagares. Los viticultores mesiánicos de los asentamientos intentan establecer de esta manera un vínculo directo entre la viticultura moderna y la época bíblica.

Frente a este discurso, los viticultores palestinos enfatizan que la producción de vino local nunca desapareció, aunque disminuyó bajo el dominio islámico debido a la prohibición religiosa relativa al alcohol. Fadi Batarseh es enólogo en la bodega Cremisan, ubicada entre Jerusalén y Belén, fundada en 1885 por monjes salesianos. Recuerda que, “incluso antes de la fundación de Cremisan, muchas familias cristianas producían su propio vino en sus casas”.

La vid sigue siendo uno de los cultivos más extendidos en Palestina, después del olivo y la palmera datilera. Las uvas se consumen frescas o se transforman en pasas, melaza, vinagre o productos de confitería, mientras que las hojas se cosechan para su uso en diversos platos locales. Batarseh participó en un programa para cartografiar variedades de uva autóctonas: “Nuestros análisis genéticos revelaron la existencia de 21 genotipos diferentes, cuatro de los cuales se adaptan a la vinificación: tres blancos y uno tinto”. En 2008, Cremisan comenzó a producir vinos surgidos de variedades de uva locales –Dabouki, Hamdani-Jandali y Baladi–, que luego recibirían distinciones en concursos internacionales. Después de este éxito, la bodega israelí Recanati lanzó un vino similar en 2014, elaborado con uvas provistas por un agricultor palestino cerca de Belén.

Los agricultores palestinos, al preservar estas variedades endémicas, se convirtieron en los “guardianes” de un antiguo saber vitivinícola, observa Monterescu. Pero una vez que las bodegas israelíes accedieron a estas uvas, el agricultor palestino “se volvió superfluo: ya no es necesario”. “Hoy en día, numerosos viticultores israelíes producen Dabouki, Hmandani-Jandali y Hamdani” y comercializan estas cepas autóctonas como “las antiguas uvas bíblicas de Israel”, explica el especialista.

Para Canaan Khoury, productor de vino en la Cisjordania ocupada, en el pueblo palestino de Taybeh, la apropiación de estas variedades de uva por parte de los colonos busca legitimar la ocupación. “Puedo rastrear la presencia de mi familia en Taybeh hasta hace 600 años. Para alguien que llegó de Nueva York hace algunos años, es más difícil justificar su presencia”.

Mientras que los vinos de los asentamientos circulan de forma libre, los productos palestinos están sujetos a restricciones draconianas. “No podemos importar ni exportar nada libremente. [...] Nos cuesta más transportar el vino desde la bodega hasta el puerto que desde el puerto hasta Tokio”, se lamenta Khoury. Por no hablar de la violencia de los colonos y el acaparamiento de recursos:14 “El ejército nos confiscó tierras y los ataques de los colonos son constantes [...] Ni siquiera tenemos acceso a nuestro propio suministro de agua. Los israelíes nos la roban y nos la revenden en cantidades limitadas”, explica nuestro entrevistado. Unas semanas después de nuestra reunión en su finca, los colonos llevaron a cabo nuevos ataques y talaron varias vides.

Aunque no se hace muchas ilusiones, Khoury sigue cultivando la tierra, cosechando uvas con su familia, produciendo vino y construyendo nuevas instalaciones. “Bromeamos diciendo que las construimos para que los colonos puedan usurparlas”, sonríe. Lo que lo impulsa a seguir adelante, dice, es su apego a su herencia familiar, a la tierra y el deseo de ofrecer a su hijita un ejemplo de resistencia, de arraigo y de lucha por un futuro en Palestina.

Meriem Laribi y Marta Vidal, periodistas. Traducción: Merlina Massip.

Actualización

La decisión de autorizar el registro de tierras cisjordanas como propiedad del Estado de Israel “anula el fallo de un tribunal militar que congeló el registro de tierras tras la ocupación de Cisjordania en 1967” (El País, Madrid, 15 de febrero). Según la organización de la sociedad civil Peace Now [Paz Ahora], equivale a tomar el control de “aproximadamente el 83 por ciento del área C, [lo que representa] el 50 por ciento de Cisjordania”. Las misiones ante Naciones Unidas de 85 países declararon una semana después que “tales decisiones son contrarias a las obligaciones de Israel en virtud del derecho internacional y deben revertirse de inmediato” (France 24, 17 de febrero). Pese a que al cierre de esta edición la sección de noticias de los sitios web uruguayos de Cancillería y Presidencia de la República no daban cuenta del comunicado, la embajada de Palestina ante Naciones Unidas sí incluye al país entre los firmantes.


  1. “Israël: condamnés à la détention à vie Les derniers membres du ‘réseau terroriste juif’ ont été libérés au bout de sept ans”, Le Monde, 28-12-1990. 

  2. “Witnesses weren’t questioned, cases were closed: A year after the attack, Palestinian villagers still seek justice”, Haaretz, 29-11-2022. 

  3. Herzog Strategic, “Consejos y recomendaciones a la luz de los cambios en las políticas arancelarias y las condiciones comerciales entre Israel y Estados Unidos, y su impacto en el sector vitivinícola israelí, para el Consejo de la viña y el vino en Israel” (en hebreo). 

  4. “State business. Israel’s misappropriation of land in the West Bank through settler violence”, btselem.org, noviembre de 2021. 

  5. Según los datos del ministerio israelí de finanzas consultados por Shalom Akhshav (Paix Maintenant), y recolectados por la organización Who Profits, que registró también alrededor de un millón de euros de subvenciones gubernamentales recibidas por Psagot desde 2018. 

  6. “US duty free magnates fund controversial Israeli settlements”, Associated Press, 5-9-2019. 

  7. En la sección “About us” del sitio web de Psagot

  8. recanati-winery.com/en/single-vineyard 

  9. eeas.europa.eu/archives/delegations/israel/documents/presscorner/20130719faqguidelineseugrantsen.pdf 

  10. François Dubuisson, “The international obligations of the European Union and its member states with regard to economic relations with Israeli settlements”, febrero de 2014. 

  11. Corte Internacional de Justicia, “Opinión Consultiva de la CIJ del 19 de julio de 2024. Consecuencias jurídicas para los demás Estados”, icj-cij.org

  12. “Trading with illegal settlements: how foreign states and corporations enable Israel’s illegal settlement Enterprise”, oxfam.org, 15-9-2025. 

  13. Ver la película de Ian McGonigle Redemption: Wine and prophecy in the land of Israel, 2021. 

  14. Christophe Chaland, “‘Aidez-nous à faire face’: l’appel du curé de Taybeh, village chrétien de Cisjordanie, face aux violences des colons”, Le Pèlerin, 29-7-2025.