Laureano González. Fin de Siglo; Montevideo, 2025. 120 páginas, 590 pesos.

El título puede resultar una barrera para ingresar en este mundo que transcurre en un San Carlos real con muy poco de mágico, más allá de que haya un “inverosímil controlado” por detrás. Sin embargo, quien se anime a abrir la puerta y pasar se encontrará en medio de una historia que atrapa por un uso de técnicas narrativas que suelen verse como opuestas pero que acá funcionan como un mecanismo de relojería. Hay suspenso y al mismo tiempo hay humor, como si la risa estuviera siempre acompañada por el estremecimiento de no saber si no va a desencadenarse una tragedia. La incrédula credulidad del protagonista que quiere creer lo lleva, como un agente Mulder del subdesarrollo, a seguir ese archivo X que nunca hubiera pasado los filtros de los guionistas de Fox ya que ¿quién iba a creerle a ese gordo mentiroso? Para colmo, con pescadores involucrados en el asunto que, ya se sabe, son los reyes de la mentira. Pese a eso, la trama se suelta de esas prevenciones y empieza a construir una crónica de pueblo con dictadura de fondo, que en cierta medida recuerda la atmósfera de Rojo (2018), esa excelente película argentina de Benjamín Naishtat. Así las cosas, mientras el lector se va involucrando también él (o ella) en esa búsqueda que unas páginas antes le habían hecho querer dar un paso atrás para que el narrador no siguiera metiéndose en terreno minado, ya no puede más que acompañarlo y quedar imantado por esa labia del mentiroso del pueblo que, en una de esas, está diciendo la verdad.